El instinto de “despertar”
Chögyam Trungpa Rimpoché
Extractos de enseñanzas publicadas en el libro Cutting through spiritual materialism
Traducción y edición: María Mercedes Márquez
Diciembre, 2000
Las escrituras mahayana hablan acerca de “aquellos que están completamente listos para abrirse”, de “los que están a punto de abrirse” y de “aquellos que tienen el potencial para abrirse”. Los que tienen el potencial para abrirse son personas intelectuales que están interesadas en el tema pero que no permiten suficiente espacio como para que brote este instinto.
Los que están a punto de abrirse, poseen mentes bastante abiertas pero están pendientes de sí mismos más de lo necesario. Los que están completamente listos para abrirse han escuchado la palabra sagrada, la clave: tathagata, alguien ya lo ha hecho, alguien que ya ha cruzado a la otra orilla, es el camino abierto, es posible, es el camino del tathagata, el camino del bodhisattva. Así que, independientemente de cómo, cuándo, dónde y por qué, simplemente se abren. Es una cosa muy hermosa, ya le ha sucedido a alguien más, ¿por qué no a usted? ¿Por qué discrimina entre “yo” y el resto de los bodhisattvas?
“Tathagata” significa “aquellos que han experimentado la tathata” es decir “el que las cosas sean tal cual son”, aquellos que han experimentado “tal cual es”. En otras palabras, la idea de tathagata es una vía de inspiración, un punto de partida; nos dice que otras personas ya lo han hecho, que otros ya lo han experimentado.
Este instinto ya ha inspirado a alguien, el instinto de “despertar”, de la apertura, de la serenidad en el sentido de inteligencia. El camino del bodhisattva es para aquellos que son valientes y están convencidos de la poderosa realidad de la naturaleza-tathagata que existe en ellos. Aquellos ya despiertos por tal idea como el “tathagata” están en el camino del bodhisattva, el camino del bravo guerrero que confía en su potencial para completar el viaje, que confía en la naturaleza-de-Buda o naturaleza-búdica.
La palabra “bodhisattva” quiere decir: “aquel que es lo suficientemente valiente como para recorrer el camino del bodhi”. “Bodhi” significa “despierto”, “el estado despierto”.
Esto no quiere decir que el bodhisattva debe estar ya totalmente despierto, sino que está dispuesto a recorrer el camino de los que han despertado. Este camino consiste en seis actividades trascendentales las cuales tienen lugar espontáneamente. Estas son: la generosidad trascendente, la disciplina, la paciencia, la energía, la meditación y la sabiduría.
Estas virtudes son llamadas “las seis paramitas”, porque “param” significa “el otro lado o la otra orilla”, “el otro lado del río” y la sílaba “ita” quiere decir “que ha llegado”. “Paramita” significa entonces “llegar al otro lado o a la otra orilla”, lo cual indica que las actividades del bodhisattva deben tener la visión, la comprensión que trasciende las nociones centralizadas del ego. El bodhisattva no está tratando de ser bueno o amable, sino que es espontáneamente compasivo.
Tal actitud es el completo opuesto a la generosidad trascendente. Así que el bodhisattva debe experimentar la completa comunicación de la generosidad trascendiendo la irritación y la actitud del estar a la defensiva. De otro modo, cuando las supuestas espinas nos amenacen con pincharnos, sentiremos que estamos siendo atacados, que debemos defendernos a nosotros mismos, entonces salimos corriendo de esa tremenda oportunidad que nos ha sido dada para comunicarnos y no hemos sido lo suficientemente valientes como para siquiera mirar hacia la otra orilla del río. Estamos viendo hacia atrás y tratando de escapar.
La generosidad es una disposición a dar, a abrirse sin motivos filosóficos, ni piadosos ni religiosos, solo simplemente lo que es requerido en cualquier momento en cualquier situación, no tener miedo de recibir nada. La apertura podría tener lugar en una autopista. No tememos que la contaminación y el polvo o los odios o las pasiones de la gente vayan a abrumarnos; nosotros simplemente nos abrimos, nos rendimos completamente, damos.
Esto quiere decir que nosotros no juzgamos, que nosotros no evaluamos. Si intentamos juzgar o evaluar nuestra experiencia, si tratamos de decidir hasta qué punto deberíamos abrirnos, hasta qué punto deberíamos permanecer cerrados, entonces la apertura no va a tener ningún significado para nada y la idea de paramita, de la generosidad trascendente será en vano. Nuestra acción no va a trascender nada, dejará de ser el acto de un bodhisattva.
Toda la implicación de la idea de la trascendencia es que nosotros comúnmente vemos a través de nociones limitadas, de concepciones limitadas, a través de la mentalidad de la guerra de esto como opuesto de aquello. Generalmente, cuando vemos un objeto, no nos permitimos a nosotros mismos verlo apropiadamente. Automáticamente nosotros vemos nuestra propia versión del objeto en lugar de ver el objeto tal cual es.
Entonces usualmente nos quedamos bastante satisfechos porque hemos elaborado nuestra propia versión del asunto dentro de nosotros mismos. Después hacemos comentarios al respecto, emitimos juicios, asumimos o rechazamos, pero allí no se está dando una verdadera comunicación para nada. De modo pues que la generosidad trascendente es dar lo que sea que usted tenga. Su acción debe ser completamente abierta, debe estar completamente desnuda. No le compete a usted emitir juicios, es asunto de los receptores el hacer el gesto de recibir.
Si los receptores no están listos para su generosidad, ellos no la recibirán. Si están listos para ella, entonces vendrán y la tomarán.
Esta es la genuina, desapegada y altruista acción del bodhisattva. El bodhisattva no está conciente de sí mismo diciéndose: “¿Estaré cometiendo un error? El nunca toma partido. El bodhisattva, figurativamente, simplemente permanecerá allí como un cadáver. Permita que la gente le mire y le examine. Usted está a la disposición de los demás. ¡Que noble acción, que completa acción, acción que no contiene ninguna hipocresía, ningún juicio filosófico ni religioso para nada! Es por eso que es trascendente. Por eso es que es paramita. Es hermosa.
La disciplina
Si seguimos adelante y examinamos la paramita de la “moralidad” o de la “disciplina”, la shila paramita, encontramos que se aplican los mismos principios. Esto es, que shila o disciplina, no es un asunto de atarnos a nosotros mismos a un predeterminado grupo de leyes o patrones, ya que si el bodhisattva es una persona completamente abierta y desinteresada, entonces actuará de acuerdo a la apertura, no tendrá que seguir reglas, no tendrá que caer dentro de ciertos patrones.
Es imposible para el bodhisattva destruir o hacerle daño a otros porque representa la generosidad trascendente. Se ha abierto completamente y así no discrimina entre esto y aquello. Simplemente actúa de acuerdo con lo que es.
Desde el punto de vista o la perspectiva de otra persona -si alguien estuviese observando al bodhisattva- parece que siempre actúa correctamente, parece que siempre hace lo apropiado en el momento apropiado, pero si nosotros fuésemos a tratar de imitarlo, sería imposible hacerlo porque su mente es tan precisa, tan acertada, que nunca comete errores.
Nunca cae en problemas inesperados, nunca crea caos en una forma destructiva, simplemente cuadra con el patrón de la situación, se acomoda automática y espontáneamente. Aún cuando la vida parece ser caótica, el bodhisattva simplemente se acomoda, participa en el caos y de una u otra manera las cosas se solucionan. El bodhisattva puede cruzar el río por decirlo así, sin caer en su turbulencia.
Si nosotros somos completamente abiertos, si no nos estamos observando para nada sino siendo completamente abiertos y comunicando con las situaciones sean éstas como sean, entonces la acción es pura, absoluta, superior.
Sin embargo, si nosotros intentamos lograr una conducta pura a través del esfuerzo, nuestra acción será torpe. Independientemente de cuan pura pueda ser, aún así habrá torpeza y rigidez involucrada.
En el caso del bodhisattva, toda su acción fluye, no hay rigidez para nada, todo cuadra perfectamente en su lugar como si alguien hubiese estado durante años y años tratando de resolver toda la situación. El bodhisattva no actúa en forma premeditada, simplemente comunica. Comienza desde la generosidad de la apertura y cuadra dentro del patrón de la situación que se ha dado.
Es una metáfora utilizada con mucha frecuencia, que la conducta del bodhisattva es como el andar del elefante. Los elefantes no se apuran, ellos simplemente caminan poco a poco y con seguridad a través de la jungla, un paso después de otro. Ellos simplemente echan a andar apropiadamente, nunca se caen ni cometen errores. Cada paso que toman es sólido y definitivo.
La paciencia
El siguiente acto del bodhisattva es la paciencia. De hecho usted no puede realmente dividir las seis actividades del bodhisattva en prácticas estrictamente separadas ya que una conduce y contiene la próxima.
Así que en el caso de la paramita de la paciencia, esta acción no es un asunto de tratar de controlarse a sí mismo, de tratar de volverse un trabajador eficiente tratando de ser una persona extremadamente aguantadora independientemente de la propia debilidad física o mental una y otra vez, hasta que uno se desploma totalmente muerto. La paciencia también involucra la utilización de hábiles métodos o medios, tal como sucede con la disciplina y la generosidad.
La paciencia trascendente nunca espera nada. Al no esperar nada, no nos impacientamos. Sin embargo, generalmente en nuestras vidas nosotros tendemos a esperar mucho, nos empujamos a nosotros mismos y este tipo de acción está muy basada en el impulso.
Encontramos algo excitante y hermoso y mientras más seamos empujados hacia atrás, más nos empujamos a nosotros mismos con mucha fuerza hacia ello porque el impulso es una fuerza conductora sin sabiduría. La acción del impulso es como aquella de una persona corriendo sin ojos para poder ver, como la de un ciego tratando de alcanzar su destino, pero la acción del bodhisattva nunca provoca una reacción. El bodhisattva puede acomodarse a cualquier situación porque nunca desea o está fascinado por nada. La fuerza por detrás de la paciencia trascendente no está conducida por un impulso prematuro ni por nada de esa naturaleza. Es muy lenta y precisa y continua como el paso del elefante.
La paciencia también palpa el espacio. Nunca teme nuevas situaciones porque nada puede sorprender al bodhisattva -nada. Sea lo que sea que surgiese -ya sea destructivo, caótico, creativo, acogedor o invitador- el bodhisattva nunca es perturbado, nunca es sorprendido o espantado porque está conciente del espacio entre la situación y el mismo.
Una vez que se está atento y conciente del espacio entre la situación y uno mismo, entonces cualquier cosa puede suceder en ese espacio. Sea lo que sea que ocurra lo hace en medio del espacio. Nada tiene lugar “aquí” o “allá” en términos de relaciones o batalla. Por lo tanto, la paciencia trascendente significa que tenemos una relación que fluye con el mundo, que nosotros no luchamos con nada ni contra nada.
La energía
Y así podemos continuar a la próxima etapa, la paramita de la energía, virya, la cual es el tipo de energía que inmediatamente nos conduce a las situaciones de forma que nunca perdamos una oportunidad. En otras palabras, es alegría, energía jubilosa como Shantideva lo resalta en su Bodhisattva-charyavatara. Esta energía es júbilo, es alegría, en lugar del tipo de energía con la que trabajamos tan duro porque sentimos que debemos hacerlo.
Se trata de una energía jubilosa porque estamos completamente interesados en los patrones creativos de nuestras vidas. Toda la vida de uno es abierta por la generosidad, activada por la moralidad, reforzada por la paciencia y ahora uno llega a la próxima etapa, la de la alegría.
Uno nunca ve las situaciones como poco interesantes o viciadas para nada, porque la forma de ver la vida del bodhisattva es extremadamente abierta de mente, intensamente interesada. Nunca juzga, aunque ello no significa que se vuelve completamente apático, no.
Tampoco quiere decir que está absorto en lo que podríamos llamar una “conciencia más elevada”, ”en el elevado estado del samadhi” y por eso no puede diferenciar el día de la noche o el desayuno del almuerzo. No significa que se vuelve impreciso o que su mente se vuelva vaga, sino que más bien, de hecho, el ve los valores conceptuales y verbales tal como son y luego el ve más allá del concepto y de la evaluación. Ve la igualdad de estas pequeñas distinciones que nosotros hacemos comúnmente. Ve las situaciones desde una perspectiva panorámica y por lo tanto se interesa mucho por la vida tal cual es. El bodhisattva no lucha para nada, el simplemente vive.
Hace un voto cuando emprende el camino del bodhisattva de que no alcanzará la iluminación hasta haber ayudado a todos los seres sintientes a lograr antes que él, el estado despierto de mente o la Budeidad. Comenzando con tal noble acción de dar, de apertura, de sacrificio, continúa andando este camino poniendo grandísimo interés en las situaciones cotidianas sin nunca cansarse de trabajar con la vida.
Esto es virya, trabajar duro con alegría. Hay una tremenda energía en el darse cuenta de que hemos dejado de tratar de volvernos el Buda, de que ahora verdaderamente nosotros tenemos el tiempo para realmente vivir la vida, de que hemos ido más allá del patrón neurótico del apuro.
Es interesante que aún cuando el bodhisattva ha tomado el voto de no lograr la iluminación, debido a que es tan preciso y acertado, el nunca desperdicia un segundo. El siempre vive la vida completa y totalmente y el resultado es que, antes de que se de cuenta de dónde está, ha alcanzado la iluminación.
Pero esta ausencia de querer lograr la iluminación continúa por extraño que parezca, inclusive aún hasta después de haber alcanzado la Budeidad. Entonces, la compasión y la sabiduría realmente brotan reforzando su energía y convicción. Si nosotros nunca nos cansamos de las situaciones, nuestra energía es alegre. Si estamos completamente abiertos, totalmente despiertos a la vida, nunca hay un momento de fastidio. Esto es virya.
La meditación
La siguiente paramita es dhyana o meditación. Existen dos tipos de dhyana. La primera es la del bodhisattva, donde, debido a su energía compasiva, experimenta conciencia panorámica despierta continuamente. Diana literalmente significa “conciencia despierta”, estar en un estado “despierto”. Pero esto no sólo se aplica a la práctica de la meditación en el sentido formal. El bodhisattva nunca busca lograr un estado de trance, ni de bienaventuranza ni de absorción. Está simplemente despierto a las situaciones de la vida tal cual son.
Está particularmente despierto en cuanto a la continuidad de la meditación con la generosidad, la moralidad, la paciencia y la energía. Hay una sensación constante de “despertar”. El otro tipo de dhyana es la práctica de la concentración del reino de los dioses. La principal diferencia entre ese tipo de meditación y la meditación del bodhisattva es que el bodhisattva no se afinca en nada, aún cuando tiene que lidiar con evidentes situaciones.
El bodhisattva no establece una autoridad central en su meditación, ni se está viendo a sí mimo actuar o meditando, así que su acción siempre es meditación y su meditación siempre es acción.
La sabiduría
La próxima paramita es prajna o “sabiduría”. Prajna es simbolizada tradicionalmente por una espada de dos lados muy afilados, la cual corta a través de toda confusión. Aún cuando el bodhisattva ha perfeccionado las otras cinco paramitas, no teniendo la sabiduría, las otras acciones son incompletas. En los sutras encontramos que las cinco paramitas son como cinco ríos fluyendo hacia el océano de la sabiduría.
También encontramos en los sutras que el chakravartin o emperador universal, sale a la guerra a la cabeza de cuatro armadas diferentes. Sin el emperador como líder, las armadas no tienen dirección alguna. En otras palabras, prajna es la inteligencia, el patrón básico al que todas estas otras virtudes llegan y se disuelven. Es aquello que corta a través de las versiones conceptualizadas respecto a la acción del bodhisattva -generosidad, disciplina, y el resto.
El bodhisattva pudiese ejecutar sus acciones metódicamente y apropiadamente, pero sin la sabiduría, sin la espada que corta a través de la duda y el titubeo, su acción no es para nada trascendente. Así que prajna es inteligencia, el ojo que todo lo ve, lo opuesto del ego haciéndolo todo siempre pendiente de sí mismo.
El bodhisattva transmuta al vigilante del ego en sabiduría discriminativa, prajna paramita. “Pra ” significa “super”, “jna” significa “saber”: super-conocimiento, completo, acertada sabiduría que todo lo ve. Se ha cortado con una conciencia con fijaciones en “esto” o “aquello” y “eso”, lo que produce la sabiduría de dos vertientes, la prajna del conocimiento y la prajna de la visión. La prajna del conocimiento tiene que ver con las emociones.
Es el cortar con las emociones conflictivas -las actitudes que tenemos hacia nosotros mismos- dejando ver, por lo tanto, lo que uno es. La prajna de la vision, es la trascendencia de las primitivas ideas preconcebidas acerca del mundo. Es el ver las situaciones tal cual son.
Por lo tanto, la prajna de la visión permite lidiar con las situaciones en la forma más equilibrada posible. Prajna corta completamente a través de cualquier tipo de conciencia que tenga la más ligera inclinación hacia separar “esto” de “aquello”. Esta es la razón por la cual la espada tiene dos filos.
Ella no corta solamente en “esta” dirección sino que lo hace en “aquella” también. El bodhisattva ya no experimenta la irritante cualidad que surge del distinguir entre “esto” y “aquello”. El simplemente zarpa a través de las situaciones sin necesidad de chequear de nuevo.
Las seis paramitas son interdependientes.