Mente tranquila, mente clara
Aprenda meditación
Material didáctico preparado por María Mercedes Márquez en base a la traducción y edición de enseñanzas impartidas por el Ven. Khempo Karthar Rimpoché y el Señor del Refugio, Chogyam Trungpa Rimpoché.
Caracas, 1999
Deseo comenzar por agradecerle su deseo de aprender a meditar. Ello evidencia un estado de ser particularmente importante, refleja una actitud de búsqueda y al mismo tiempo de madurez, pues aún cuando no se lo haya planteado así, usted está asumiendo la responsabilidad de la evolución de su propia humanidad.
Formamos parte de una cultura que nos enseña que siempre hay algo externo por obtener para poder sentirnos felices, realizados y satisfechos. En esta constante búsqueda ‘allá afuera’, perdemos el contacto con nuestra interioridad, con la sabiduría básica de nuestra mente. Si se intenta analizar más a fondo la sed de novedades, esta parece surgir de negligencia hacia nuestra vida interior. Como no nos remontamos a la fuente original, nos viene la idea de que intentando toda suerte de cosas nuevas podremos llenar este vacío.
A través de la práctica de la meditación, estamos emprendiendo el camino que nos lleva a entrar en contacto nuevamente con esa fuente de sabiduría que siempre ha estado presente, que siempre ha formado parte de nosotros mismos, nuestra propia esencia, nuestro potencial iluminado.
Consagrar la vida a la indagación espiritual no es en absoluto un signo de esclerosis sino un esfuerzo constante por hacer que la burbuja de la ilusión explote.
La práctica espiritual se fundamenta en la experiencia, experiencia que es siempre fresca y renovada pues se trata de integrar las enseñanzas al momento actual, de saber utilizar las circunstancias de la vida que nosotros llamamos buenas o malas, de hacerle frente a los pensamientos que surgen en nuestra mente, comprendiendo a través de nuestro propio esfuerzo, cómo es que los vamos encadenando y qué podemos hacer para trascenderlos.
Las siete posiciones corporales
La forma ideal de sentarnos para realizar apropiadamente la práctica de la meditación shámata o meditación de la tranquilidad, depende de llegar a lograr siete posiciones corporales específicas. En general, estas posiciones contribuyen a que veamos la verdadera naturaleza de la mente, contribuyen a estabilizar la mente.
1. Para comenzar se recomienda utilizar un cojín duro y plano de unos diez centímetros de altura. Este tipo de cojín le permitirá la estabilidad necesaria para poder construir la correcta posición de meditación ya que, sobre un cojín blando e irregular, a usted le va a ser muy difícil llegar a sentarse con la columna recta, tendrá dolores en la región lumbar y va a estar balanceándose todo el tiempo de un lado a otro.
Sentados sobre el borde delantero del cojín, cruzamos las piernas una delante de la otra y colocamos las rodillas sobre la alfombra. Idealmente, las piernas deben cruzarse en posición de loto completo [el pié derecho sobre el muslo izquierdo y el pié izquierdo sobre el mulso derecho], pero si esto no es posible, entonces en la posición de medio loto [montando un solo pie]. Si esto tampoco es posible aún, simplemente con las piernas cruzadas, una delante de la otra con ambos pies y rodillas reposando sobre la alfombra.
Levantamos una pierna primero y luego la otra y acomodamos la posición de nuestro trasero sobre el cojín. La columna debe estar recta. El sentarnos en esta forma hace posible que logremos estabilidad en la posición y podamos mantener la columna recta. Al hacerlo así, estamos propiciando la tranquilidad de la mente a la vez que evitamos el desarrollo de procesos neuróticos y un sentimentalismo incontrolado.
2. Llevamos la punta de los pulgares a la primera coyuntura de los anulares, cerramos los puños suavemente y los colocamos hacia abajo sobre las rodillas, al mismo tiempo que estiramos y enderezamos los brazos. Esta posición nos ayuda a mantener la columna recta como un pilar y a permanecer centrados en nuestra actividad.
3. Apretamos los orificios inferiores del cuerpo, empujamos el vientre hacia adentro, elevamos el diafragma, sacamos el pecho, tiramos los hombros hacia atrás y cuando tenemos la columna bien derecha, aflojamos la parte inferior del cuerpo manteniendo la espalda recta. Cerrar los orificios inferiores contribuye a mantener el calor corporal propiciando así una sensación de confort.
4. Enderezamos la nuca empujando suavemente la barbilla hacia atrás. Esto hace posible la alineación de la nuca con el resto de la columna vertebral creando así un eje central.
5. La lengua deberá permanecer pegada, plana, contra el paladar superior. Siempre con suavidad, sin tensión alguna, permitimos que la lengua repose en la posición indicada, contribuyendo así a disminuir la salivación y la constante necesidad de estar tragando, con lo que evitamos un motivo de distracción, a la vez que se experimenta una mejoría en casos de tos.
6. Fijamos la vista en la punta de la nariz y a partir de allí trazamos una línea recta imaginaria hasta un punto frente a nosotros a la distancia de un brazo aproximadamente, siempre manteniendo la posición de la cabeza y la barbilla, sólo bajando un poco la vista, pero los ojos deben siempre, permanecer abiertos. Simplemente fijamos la vista allí pero no nos involucramos más allá con el sitio que hemos escogido. Simplemente la vista está fija allí y nada más.
7. Visualizamos como si nos estuvieran halando hacia arriba por el tope de la coronilla de la cabeza. Esto contribuye a enderezar aún más la columna, mientras nos proporciona alivio y comodidad al acomodar las vértebras.
Relación de las posiciones con las energías de viento
¿Por qué necesitamos sentarnos en estas posiciones? ¿Es esto una tradición o una cosa cultural? El cuerpo físico es una combinación de elementos; el dolor físico y las enfermedades son causados por desequilibrios en los elementos del cuerpo.
Cuando hablamos de “elementos” dentro de este contexto, no nos estamos refiriendo tanto a la carne, sangre, fluidos y otros, sino más bien a las cinco energías de viento. Se habla de “energía” porque hay cierta actividad o poder que tiene efectos beneficiosos o perjudiciales, y se habla de “viento” porque hay movimiento.
Hay cuatro vientos periféricos o energías de viento secundarias y un viento central o energía del viento central.
Cuando podemos retener estas cuatro energías de viento y acercarlas a la energía de viento central, experimentamos buena salud y una sensación de confort y bienestar en nuestras vidas, tanto física como mentalmente. Si las cuatro energías de viento periférico pueden ser dirigidas hacia la energía de viento central, comenzamos a tener grandes realizaciones. Cuando estas cuatro energías de viento no están correctamente balanceadas y retenidas, somos susceptibles a muchos tipos de enfermedades, distracciones y conflictos. Esto resulta en caos y confusión.
Las siete posiciones del cuerpo son importantes porque ayudan a retener las energías de viento. Simplemente el asumir correctamente estas posiciones, aún sin focalizar la mente en un objeto de concentración en particular, proporciona un aire de tranquilidad, un aire de armonía y apertura. De las posiciones del cuerpo, tres de ellas contribuyen a retener la así llamada “energía del viento omnipresente”.
Enfocar la vista abajo frente a nosotros
Sentarse en la posición de loto completo o medio loto
Colocar las manos sobre las rodillas
Esta energía de viento presente en todo el cuerpo corresponde al elemento agua.
Por ejemplo, la habilidad del cuerpo para producir calor y el funcionamiento de la circulación, se deben a esta energía de viento omnipresente.
La posición de cerrar o apretar los orificios inferiores y empujar nuestros órganos abdominales hacia arriba, contribuye a retener la así llamada “energía de viento que se mueve hacia abajo”.
El retener esta energía de viento contribuye a domar la mente y a desarrollar tranquilidad y apertura, así como también a la salud física y bienestar general. La energía de viento que se mueve hacia abajo corresponde al elemento tierra y su actividad es responsable de causar que tengamos movimientos intestinales.
La posición de corregir el descuido de la parte baja de la espalda y elevarla a una posición más derecha contribuye a retener y balancear apropiadamente la llamada “energía de viento del metabolismo”. La energía de viento del metabolismo corresponde al elemento fuego, y su actividad afecta la digestión de los alimentos.
Finalmente, las dos posiciones de colocar la lengua contra el paladar superior y empujar la barbilla hacia atrás, contribuyen a retener la así llamada “energía de viento que se mueve hacia arriba”. Esta energía de viento corresponde al elemento aire y el retenerla contribuye a la tranquilidad de la mente. Estas son las cuatro energías secundarias. Cuando son retenidas y dirigidas correctamente, es posible tener salud física y bienestar, así como armonía mental, tranquilidad y apertura.
Ahora bien, el desarrollo de diferentes etapas de progreso meditativo y realización espiritual está relacionado con la energía de viento central. Mientras más podamos retener las cuatro energías de viento y dirigirlas hacia la energía de viento central, mayor será la tranquilidad de la mente y mayor nuestra realización e interiorización. La energía de viento central corresponde al elemento espacio. Las presentes instrucciones son para la meditación Shámata o práctica básica de meditación sentada, diseñada para desarrollar tranquilidad y apertura de mente.
La técnica
La meditación shámata, también conocida como la práctica de la atención vigilante o la meditación de la tranquilidad, involucra una intensiva utilización de la mente pues se trata de aprender a tener una actitud abierta de aceptación hacia cualquier cosa que surja en la mente mientras observamos su movimiento.
Aprender, dentro de este contexto viene a significar que abordamos el proceso de aprendizaje desde cero. Que aún cuando hayamos podido estar expuestos a otras prácticas meditativas, nos aproximamos a esta experiencia desde cero, es decir, como conociendo algo nuevo, abordándola por primera vez desde la apertura y la ausencia de ideas pre-concebidas.
Tener una actitud abierta de aceptación quiere decir que el proceso de aprendizaje debe realizarse desde una mente abierta, llena de interés, de sana curiosidad.
Sea lo que sea que surja en la mente, lo aceptamos con una actitud de apertura.
Sin juicio, sin comparaciones, sin elaboraciones intelectuales, sea lo que sea.
Al mantener una atención vigilante, relajados, tranquilos, sin caer en la paranoia, al estar centrados en el aquí y el ahora de ser “uno” con la técnica, podemos llegar a ver con claridad nuestros patrones habituales de comportamiento.
Al igual que las nubes en el cielo, que surgen del espacio celeste y en ese mismo espacio se disuelven, los pensamientos surgen constantemente de la mente que es esencialmente espacio infinito, pura vacuidad. Los pensamientos vienen y van. Simplemente, sin rechazarlos ni entretenernos en ellos, nos damos cuenta de que necesitan de nuestra atención para poder sobrevivir.
Así que nos sentamos siguiendo las instrucciones anteriores, y tranquilos, reposados, sin tener que ir a ninguna parte, emprendemos nuestra práctica.
Comenzamos con una expiración lenta y profunda donde permitimos que salga todo el aire residual que se ha quedado en los rinconcitos de los pulmones, luego el cuerpo sigue inspirando y expirando por sí solo sin que nosotros tengamos que intervenir en ello para nada.
Centramos la atención de la mente en el aire que sale por la nariz y en el aire que entra por la nariz. Cada vez que el aire está saliendo por la nariz, mi atención está puesta allí, sin juicios, sin etiquetas, sin comparaciones, sin dispersión de ninguna naturaleza, totalmente allí, centrados en ese proceso.
Tratamos de ser “uno” con ese aire que, rozando las paredes interiores de la nariz, sale y se disuelve frente a nosotros. Con ese aire que igualmente entra por la nariz, que visualizamos como si bajara hasta más abajo del ombligo, que sube, sale y se disuelve nuevamente frente a nosotros.
Sin juzgar, sin comparar, sin emitir opiniones de ninguna naturaleza, sin involucrarnos emocionalmente en los pensamientos y emociones que pudiesen surgir, continuamos tranquilamente centrados en la respiración. Cuando nos damos cuenta de que nos hemos distraído con algún estímulo exterior, o que nos hemos entretenido con algún pensamiento o con alguna imagen que hubiese podido aparecer en el espacio mental, simplemente volvemos a retomar la técnica de ser uno con la respiración.
Así, en lugar de estar alimentando nuevamente la tendencia a la dispersión, reaccionando constantemente tanto a los estímulos externos como a los estímulos internos, nos mantenemos centrados en una sola cosa, en la técnica de la meditación.
La práctica de la meditación shámata permite que, a través del estar centrados y atentos, comencemos a ver con más claridad las tendencias habituales de nuestra mente. Se da todo un proceso de descubrimiento que nos lleva a interesarnos más y más en meditar para continuar averiguando y descubriendo acerca de nosotros mismos.
Sin embargo, los beneficios de la práctica no se quedan en el cojín. Debemos incorporar a nuestras situaciones cotidianas, todo lo que vamos aprendiendo en las sesiones de meditación, tratando de estar atentos y centrados en lo que estamos haciendo.
Antes de comenzar toda práctica, nos centramos en la intención de hacerla lo mejor posible y en la motivación de que sirva no sólo para nuestro propio beneficio, sino para beneficio de todos sin excepción alguna.
Empezar a practicar la meditación significa que nos estamos involucrando en un proceso gradual de desarrollo que tiene que ver con la transformación de la percepción, la transformación de la experiencia y la sincronización de la mente y el cuerpo.
Así como se van debilitando progresivamente nuestras tendencias habituales como lo son el constante parloteo mental, el estar repasando el pasado y especulando acerca del futuro, y nuestra adicción al entretenimiento mental, igualmente se va desarrollando la conciencia de la interdependencia de toda forma de vida y toda circunstancia, de todo lo que sucede, y a consecuencia de esta toma de conciencia, comienzan a surgir nuestra bondad y compasión fundamentales.
La meditación hace hincapié en la experiencia personal. Buscamos desarrollar sabiduría intuitiva a través de la experiencia propia, lo cual es la forma ideal de aprendizaje. Si tratamos de mirar con más detenimiento, podremos darnos cuenta de que la calidad de vida que llevamos está determinada por la forma como percibimos a los demás seres y las circunstancias e igualmente, por la manera en que abordamos cada experiencia.
A través de la práctica de la meditación aprendemos que nuestra forma de percibir está condicionada por nuestros patrones psicológicos, por nuestra actitud mental. En la práctica de la meditación shámata el desarrollo de la atención está dirigido hacia adentro. Tranquilizando, aquietando la mente, propiciamos la observación desde la apertura y la claridad mental.
Un decorador de interiores relataba lo siguiente en una revista especializada. “En una oportunidad, una sensible mujer se despidió de cierto maestro espiritual recalcándole que ella no podía evitar pensar en el hecho de que aun cuando él dejaba caer sobre ella la sabiduría de oriente, su encanto podía ser opacado por nada menos que por los gritos de un niño o los acordes de una melodía”. Luego de escucharla el decorador hizo el siguiente comentario: “ese es el problema con la perfección, usualmente depende de la ausencia del inconveniente”.
Se ha traído aquí este comentario porque refleja cómo es que algunos malentendidos se han venido generalizando y traen como consecuencia la perpetuación de la confusión.
Es conveniente aclarar, que cuando emprendemos el camino espiritual y practicamos la meditación, no lo hacemos porque estamos buscando la perfección. Aún cuando el resultado final sea el alcanzar el estado de Buda que implica la mente despierta, iluminada, nosotros estamos involucrados en el viaje, no en el destino.
Por otra parte, se habla de la necesidad de la “ausencia del inconveniente” para poder practicar y no es así ya que por el contrario, el practicante utiliza todo fenómeno, tanto externo como interno, para reforzar tanto su intención de hacer la práctica lo mejor posible, como su motivación, de hacerla no sólo para su propio beneficio, sino por el beneficio de todos, de modo que, muy por el contrario, mientras más inconvenientes u obstáculos, como los queramos llamar, mayor será el beneficio si permanecemos centrados y con una mente abierta, libre de conceptualizaciones.
Lo que queremos dejar bien claro es que la meditación no es una retirada de la vida sino una extensión de ella; es un laboratorio portátil pues podemos llevarla con nosotros doquiera que vayamos a fin de proporcionarnos fuerza interior y confianza en nosotros mismos. La meditación es un proceso de aprendizaje, de atenta concentración en una cosa o situación para lograr percibir su naturaleza esencial y poder abordarla apropiadamente.
Cuando nosotros hablamos acerca de técnicas de meditación estamos hablando de técnicas de vida. Meditar es ver lo que realmente tenemos y descubrir la riqueza que ya existe en nosotros. La meditación es un estado mental de alerta completamente opuesto a la pereza.
Debemos permanecer alertas en todo momento de nuestra vida cotidiana plenamente conscientes de lo que estamos haciendo, de cómo lo estamos haciendo y de por qué lo estamos haciendo. Cuando una persona se encuentra bajo el poder de la rabia, por ejemplo, es completamente inconsciente de lo que está sucediendo en su mente. Ser inconscientes nos lleva a hacer daño y también a irrespetar a otros seres vivientes. Ser inconscientes de nuestro propio comportamiento y de nuestra actitud mental, nos hace perder nuestra humanidad.
La práctica meditativa nos enseña a desarrollar una profunda comprensión de nuestro propio ser y de todos los demás fenómenos. Comenzamos por aprender cómo es que funciona nuestra propia mente. Cada uno de nosotros ha de conocer su propia mente.
A medida que desarrollamos la atención vigilante, la mente se vuelve no sólo más calmada sino también más clara y menos distraída. En cierto sentido nos volvemos más inteligentes cuando no estamos distraídos por los fenómenos externos o absortos en nuestro propio parloteo mental, fantasías y otras actitudes mentales habituales.
El estado confuso de mente que normalmente experimentamos es bastante diferente a la verdadera naturaleza de la mente la cual es libre de complicaciones, es gentil, pacífica y bondadosa. La esencia de nuestra mente no la constituyen ni los patrones mentales ni los patrones emocionales que comúnmente pensamos que lo son. Los hábitos emocionales negativos hacen la vida miserable y destruyen la paz en nuestras mentes, en nuestras familias y en el mundo. Aún más, bajo la influencia de estos hábitos nos volvemos autodestructivos y nuestra ignorancia nos previene de conocer cómo nutrirnos y mantenernos a nosotros mismos.
Podemos asumir que nuestros problemas están fuera de nosotros mismos y responsabilizar a otras personas o eventos por nuestras dificultades; podemos tratar de cambiar las cosas, pero trabajar con las cosas que están fuera de nuestra mente en esta forma, no nos lleva realmente a la raíz del problema. Si en verdad queremos que las cosas cambien, necesitamos trabajar por crear el cambio internamente. Dar rienda suelta a la energía que está por detrás de nuestras emociones negativas sólo aumenta nuestra capacidad para experimentarlas en el futuro. En lugar de cultivar la negatividad, debemos reconocer y cultivar las cualidades positivas que tenemos.
No importa cuan miserables seamos, todos tenemos cualidades positivas. La sola presencia de las negatividades implica que las cualidades positivas deben estar presentes. Las dos ideas están inseparablemente ligadas en la misma forma en que el frente de algo implica la existencia de la parte de atrás.
Estamos aquí, escuchando estas enseñanzas, aprendiendo acerca de la meditación. Luego comenzamos a poner en práctica todo lo que vamos aprendiendo, comenzamos a vivir lo que sabemos, lo que entendemos y finalmente, comenzamos a despertar a la comprensión de nosotros mismos y de los demás, sin esfuerzo, con frescura y sencillez, viviendo concientes de estar inmersos en un proceso creativo sin fin.
Cuando hablamos de creatividad, acerca de un proyecto creativo, generalmente lo hacemos refiriéndonos a algo que deseamos hacer motorizados por la fuerza de nuestra sensibilidad y dinamismo.
Podemos enumerar muchos tipos de proyectos creativos: un guión cinematográfico, un diseño arquitectónico, un programa de TV, una composición musical, la organización de una empresa, el programa para vacaciones, el menú de la semana o, cómo mejorar las finanzas, pero son pocos los seres que están claros al considerar el diseño de su forma de abordar la experiencia de la vida como el mayor y principal proyecto creativo y, ¡así es!
Cuando meditamos comenzamos a atendernos a nosotros mismos, a ocuparnos de nosotros mismos en una forma más profunda y significativa, empezamos a conocer nuestras potencialidades y limitaciones. Gracias a la práctica de la meditación podemos lograr soluciones creativas beneficiosas, no sólo para nosotros sino también para los demás.
Utilizamos la mente para lograr una vida equilibrada y sana.
Cuando comprendemos la naturaleza de la mente, podemos enfrentar la experiencia de la vida con una seguridad y una integridad que le impregnan una calidad saludable a todo lo que hacemos, nos relacionamos en forma más calmada y fácil con el mundo que nos rodea. Por otra parte, a través de la meditación, podemos aprovechar las cualidades curativas de la mente. Dentro de la mente podemos encontrar el sentido de propósito y las habilidades que pueden darle significado a nuestra vida.
¿Cómo vivimos?
¿Qué está sucediendo en nuestra vida?
¿Cómo nos afecta nuestra experiencia?
Este es el fundamento de la realidad y la fuente de la conciencia espiritual. Todos los aspectos de nuestra vida son maestros potenciales a los cuales podemos abrirnos y de quienes podemos aprender cuando vemos las posibilidades de crecimiento que existen en todo lo que hacemos.
A medida que nuestra conciencia se desarrolla, todo nuestro marco de referencia se va transformando. Podemos ver la interrelación que hay entre el pensamiento y la acción, y, en consecuencia, tenemos más sensibilidad al comunicarnos con los demás. Nuestras observaciones penetran a niveles más profundos: descubrimos cómo se producen los sentimientos y cómo funciona el pensamiento.
Cuando nuestra conciencia se desarrolla más aún, podemos incluso percibir el vínculo que hay entre el pasado, el presente y el futuro, y, en consecuencia, aprender a dirigir nuestras acciones de manera tal, que nuestra vida nos satisfaga y sea plena.
Al levantarnos, ocupándonos de los niños, haciendo el desayuno, manejando en el carro, ocupados en el trabajo, haciendo el mercado, en una cola, viendo la televisión, conversando con otros, caminando, limpiando la casa, atendiendo al marido, todas las situaciones de la vida son maestros potenciales que siempre están allí, abiertos y generosos esperando tan sólo por nuestro interés por comenzar a vivir.
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