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La loca sabiduría, sus ocho aspectos

y Padmasambhava

Chögyam Trungpa

Edición y Comentarios: María Mercedes Márquez

Abril, 2022

¡Grabar!

¡Tashi Delek amigos!

Bienvenidos todos a la sesión del día de hoy. Comencemos por tomar refugio

En el Buda, en el Dharma y en la Noble Sangha

voy por refugio hasta alcanzar la iluminación.

Que, a través de esta práctica, de la generosidad y de otras acciones virtuosas,

pueda realizar el Buda para beneficio de todos.

[3 veces]

1.

Sesión de meditación

Comencemos con una breve sesión de meditación.

Nos ubicamos en un sitio tranquilo donde nadie va a interrumpir lo que estamos haciendo y nos hemos librado de distracciones innecesarias, como el celular. 

Nos sentamos cómodamente, pero tratando siempre de mantener la espalda recta.

Si estamos sobre un cojín - firme y plano- lo hacemos sentándonos hacia el borde delantero del cojín y cruzando las piernas, una delante de la otra, buscamos que ambas rodillas reposen sobre el piso. Hemos recomendado para los que no tiene un cojín apropiado, tomar dos o tres toallas, las doblamos del tamaño del cojín que queremos y las metemos dentro de una funda de modo que queden bien prensadas hasta lograr ese cojín firme y plano que andamos buscando.

Si estamos sobre una silla, nos sentamos hacia el borde delantero de la silla, es decir, lejos del espaldar, con ambos pies sobre el piso, facilitando así el poder mantener la espalda recta. En cuanto a las manos, en este caso, colocamos las manos sobre el regazo con la palma de la mano izquierda volteada hacia arriba; luego, la mano derecha sobre la izquierda, también con la palma hacia arriba y la punta de ambos pulgares apenas tocándose. Muy relajadas las manos, los brazos, los hombros.

Ahora podemos visualizar como si nos estuviésemos halando con una cuerda por el tope de la cabeza para estirar aun más la columna; al hacerlo, la barbilla baja un poco de modo que la mirada vaya en esa dirección, hacia abajo. Pegamos la lengua suavemente contra el paladar tocando la parte interior de los dientes de arriba. Los ojos, como hemos dicho, permanecen entornados sin enfocar en nada en particular. Simplemente abiertos al espacio frente a nosotros.

Comenzamos por centrar la mente en la respiración, en el aire cuando entra y sale por la nariz. Ni antes ni después, sino ahí con cada inspiración y cada expiración. La mente enfocada en la respiración; la mente es la que conoce cada inspiración y cada expiración. No hay que hacer nada más que esto. Si en algún momento nos damos cuenta de que la mente se ha distraído con otra cosa, la regresamos a la respiración, sin juicios, sin comentarios.

Nos comprometemos a realizar la práctica según las instrucciones, y nos regocijamos en nuestra sincera motivación de estar haciéndola para que esta contribuya a nuestro beneficio y al beneficio de todos sin excepción.

“Que la virtud que vamos a cultivar pueda ser causa

de la eliminación de los obscurecimientos de todos los seres

y establecerlos en el estado despierto no sujeto a cambio.”

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2.

C. “Loca Sabiduría” es el título y Chögyam Trungpa Rimpoché es el autor de este libro que vamos a estudiar. Les recomiendo que, en todo momento, lleven las palabras de Rimpoché a sus propias experiencias del pasado y del presente; de ese modo, les resultará mucho más fácil entenderlas que si las ven de lejos como algo que le sucedió a ese ser llamado Padmasambhava que no tiene nada que ver con ustedes.

Hablaremos, dice Rimpoché, de Guru Rimpoché, más conocido en occidente con el nombre de Padmasambhava. Este es un tema muy complejo y resulta sumamente difícil expresar en palabras algunos de sus aspectos. Rimpoché dice que espera que nadie considere este humilde intento de descripción como un retrato definitivo de Padmasambhava.

Maestro originario de la India, Padmasambhava llevó las enseñanzas completas del buddhadharma de la India al Tíbet, y sigue siendo hoy en día una fuente de inspiración para nosotros en occidente. Hemos heredado sus enseñanzas y, desde este punto de vista, podríamos decir que Padmasambhava aún sigue vivo.

Buscando que podamos aproximarnos un poco más a la comprensión de quién fue Padmasambhava, Rimpoché dice que parece que la mejor manera de caracterizar a Padmasambhava para un público de cultura occidental y cristiana es decir que fue un santo, así que vamos a considerar la profundidad de su sabiduría, de su forma de vida y su manera tan ingeniosa de relacionarse con sus discípulos. Estos eran tibetanos, de un pueblo extremadamente salvaje e inculto. [Padmasambhava llegó al Tíbet en el siglo VIII].

A pesar de que ellos mismos lo habían invitado al Tíbet, no sabían muy bien cómo recibir y acoger a un gran guru del extranjero. Eran muy testarudos y toscos, gente eminentemente práctica, quienes entorpecieron como pudieron la actividad de Padmasambhava en el Tíbet, aunque los obstáculos no provenían tan sólo de los habitantes, sino también de las diferencias climáticas y geográficas y del medio social en general.

Antes de examinar en detalle la vida y la actividad docente de Padmasambhava, me parece útil, dice Rimpoché, tratar de entender el concepto de “santo” según la tradición budista, porque, la noción de santidad en el cristianismo y en el budismo son, en cierto modo, opuestas.

En la tradición cristiana se suele considerar santo al que tiene una comunicación con Dios a tal grado, que a veces cae en una embriaguez divina que le permite hacer promesas tranquilizadoras a la gente. El vulgo considera al santo un modelo de consciencia superior y de desarrollo acabado.

Para el budismo, la espiritualidad es algo muy distinto. Es un enfoque no teísta, es decir que no se plantea el principio de una divinidad externa. La espiritualidad según el budismo consiste en un despertar interno y no en una relación con algo externo.

En el contexto budista, un santo, Padmasambhava, por ejemplo, o un ser excepcional como el propio Buda, da fe del hecho de que un simple ser humano, común y corriente y desorientado, tiene la capacidad de despertar, de armarse de valor y despertar gracias a un acontecimiento fortuito de la vida, del tipo que sea.

C. Me parece que esto que acabamos de escuchar es importante tenerlo presente, porque la manera en que la idea de “santidad” es entendida en el budismo, nos puede ayudar a aproximarnos con más facilidad al Buda, a Padmasambhava y a todos los grandes bodhisattvas, mahasiddhas, yoguis y maestros budistas realizados y, lo que es más importante aún, a nuestra propia experiencia personal.

De la misma forma en que afirmamos que los seres sintientes somos “budas en potencia”, podemos decir que somos “santos en potencia”, y en nuestro caso en particular, que estudiamos y practicamos para llegar a ser unos santos y santas budistas y así poder estar en mayor capacidad de ayudar a todos los seres a liberarse de sus sufrimientos.    

Rimpoché sigue diciendo que llega un momento en que el dolor, los sufrimientos de todo tipo, la aflicción y el caos que forman parte de la vida del ser humano empiezan a despertarle, a sacudirlo y conmocionado se pregunta: ¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Por qué ocurre esto? Luego escarba más a fondo y se da cuenta de que hay algo dentro de él que está haciendo estas preguntas, algo inteligente, un estrato de su mente que no está totalmente sumido en la confusión.

Lo mismo sucede en nuestra propia vida. Tenemos una sensación de confusión -o que al menos nos parece ser confusión-, pero -y aquí viene lo importante- es que esa confusión está apuntando a algo sobre lo que vale la pena reflexionar, porque las preguntas que nos planteamos cuando estamos sumidos en la confusión son potentes y auténticas. ¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Qué es esto? ¿Qué es la vida?, y muchas cosas más.

Exploramos un poco más y nos preguntamos: ¿quién hizo esa pregunta? ¿Quién preguntó “quién soy yo”? ¿Quién preguntó “qué es”? y seguimos cuestionándonos, metiéndonos cada vez más dentro de nosotros mismos. Ésa es la espiritualidad no teísta en toda la acepción de la palabra.

C. ¿Les quedó clara la descripción de lo que se entiende por espiritualidad en el budismo? Si desean que vuelva a leer algún párrafo o quieren hacer una pregunta o comentario, levanten la mano.

Contrario a lo que pudiésemos pensar, las fuentes externas de inspiración no nos estimulan a adaptarnos a otras situaciones externas, más bien, las situaciones externas existentes “nos hablan de nuestra confusión”, lo que nos lleva a pensar más y más detenidamente, a reflexionar más detenidamente.

C. ¿Qué quiere decir esto de que “nos hablan de nuestra confusión”? Me gustaría escuchar cómo interpretan ustedes esto.

Por lo general, cuando nos topamos con un conflicto, nuestra tendencia es la de ubicar la causa del conflicto principalmente en la otra u otras personas involucradas, en la situación externa que se está dando. Pero cuando reflexionamos con honestidad y entusiasmo por ver, por “ver-nos”, encontramos que toda la situación nos está diciendo que el conflicto es interno, que es dentro de nosotros donde tenemos que buscar la causa de lo que está pasando. De modo que, cuando iniciamos este proceso, surge naturalmente otra interrogante: una vez que hayamos descubierto quién y qué somos, ¿cómo haremos para aplicar estos conocimientos a nuestra situación vital? ¿Cómo los pondremos en práctica?

Al parecer, sigue diciendo Trungpa Rimpoché, hay dos maneras de encarar el problema. La primera consiste en intentar vivir de acuerdo con lo que nos gustaría ser, y la segunda, en tratar de ser lo que realmente somos.

3.

El materialismo espiritual o tratar de vivir según lo que a uno le gustaría ser.

1) Esforzarse por vivir según lo que a uno le gustaría ser es como fingir que uno es un ser divino, una persona realizada o cualquier otro modelo de esta índole.

C. Todos hacemos esto. Todos hemos hecho esto, hemos vivido o quizás sigamos haciéndolo. Vivir según lo que nos gustaría ser, según el ideal que pensamos cuadra con nosotros mismos. Personalmente, cuando trato de ver mi comportamiento a lo largo de los años, la adolescencia parece ser el período donde encuentro mayor nivel de falsedad, de pretensión, de hipocresía. Me había planteado un ideal demasiado elevado y hacía todo lo posible por estar a la altura de esas pretensiones completamente irreales. Sufría mucho por supuesto, claro que sufría, pero la “careta” que presentaba al mundo era la de una muchacha feliz, dichosa, sin conflictos, segura de sí misma, sociable, simpática e inteligente. Me las sabía todas, y nadie, por supuesto, nadie debería saber jamás lo que en realidad sucedía.

Uno va creciendo y superando falsedades, pero no llega del todo al grado de autenticidad que le gustaría porque no sabemos cómo hacerlo, no tenemos una guía. De allí que, al encuentro con el dharma, inmediatamente supe de qué se trataba, y como por encanto, como por arte de magia, desapareció todo el sufrimiento, y, por el contrario, por primera vez en mi vida pude respirar tranquila, abandonar todo esfuerzo, no más lucha por ser un personaje inventado por mi imaginación. Ya no me interesaba seguir pretendiendo ser quien quería ser, porque lo que realmente me importaba era llegar a ser un ser humano completamente autentico.

¡Qué gran alivio!

Si alguno de ustedes desea agregar algo, por favor, adelante.

Cuando tomamos consciencia de las cosas que andan mal en nosotros, sigue diciendo Rimpoché, de nuestras debilidades, problemas y neurosis, hay un impulso natural que nos lleva a hacer todo lo contrario como si la posibilidad de equivocarnos o estar confusos fuera algo inaudito, y entonces nos decimos: “piensa positivamente, haz como si todo estuviera bien”.

A pesar de que sabemos que algo anda mal a nivel de las situaciones concretas de la vida diaria, a nivel de lo cotidiano y corriente, no le damos la debida importancia y nos decimos cosas como: “Mejor me olvido de esa “mala nota; pensaré de otra manera y fingiré que soy buena”. Esta actitud se conoce en la tradición budista como “materialismo espiritual”.

C. Si nos fijamos bien y reflexionamos un poco, podemos ver que esta actitud nace y se desarrolla en medio de nuestra vida diaria, es decir, está relacionada con el mundo material, con los convencionalismos. Ya sea en el medio familiar, cuando somos estudiantes o posteriormente en el medio laboral, constantemente estamos aplicando esta metodología del auto engaño para seguir adelante.  

Aplicamos al espíritu normas y estilos propios del mundo material. Mantenemos al espíritu bajo enormes cadenas de condicionamientos mundanos fundamentados principalmente alrededor del bien y el mal, que impiden que respire libremente. Así vivimos hasta que nos damos cuenta y comenzamos a hacer algo por liberarnos.  

Es una actitud poco realista, dice Rimpoché. Podríamos considerar como materialismo espiritual cualquier otro método -budista, hinduista, judío o cristiano- que nos proporcione técnicas para asociarnos con lo bueno, con lo mejor, con la excelencia, con el ideal de éxito, con lo supremamente bueno, o con el bien supremo, como quiera que lo entendamos. Cuando nos ponemos en contacto con lo bueno, nos sentimos felices, fascinados. Pensamos: “¡por fin he encontrado la respuesta!”.

Esa respuesta nos dice que lo único que debemos hacer es considerar que ya estamos liberados; luego, cuando empezamos a pensar que ya somos libres, nos basta con dejar que la vida siga su curso. Acto seguido, añadimos otro elemento para reforzar nuestro materialismo espiritual: vinculamos todo lo que desconocemos o no entendemos en nuestra búsqueda espiritual con citas de diferentes libros sagrados que aluden a lo que está más allá del pensamiento y más allá del verbo, a lo inefable, al Ser Inefable y quién sabe a cuántas cosas más, es decir, relacionamos nuestra incapacidad de comprender lo que nos sucede con esas cosas indecibles e inexplicables.

 

De esa manera, nuestra ignorancia se transforma en el descubrimiento más grandioso, y a ese “gran descubrimiento” lo hacemos coincidir con alguna hipótesis doctrinal, tal como la existencia de un redentor o alguna otra interpretación de textos sagrados.

Antes no sabíamos absolutamente nada, pero ahora “sabemos” algo que en realidad no sabemos. Ahora sí hay algo delante de nosotros. No somos capaces de descubrirlo con palabras, conceptos e ideas, pero hemos aprendido que, para empezar, podemos deformarnos hasta transformarnos en algo bueno, así que, por lo menos hemos encontrado un punto de partida que consiste en tomar nuestra confusión y, de manera directa y consciente, transformarla en un estado libre de confusión.

Lo que nos lleva a actuar así es precisamente nuestra búsqueda de placer, de placer espiritual. Al hacerlo afirmamos que la naturaleza del placer que buscamos está más allá del conocimiento, porque en realidad no tenemos la menor idea de la clase de placer espiritual que conseguiremos con esta maniobra, y todas las interpretaciones espirituales de las escrituras que se refieren a lo que está más allá del conocimiento las aplicamos al hecho de que no sabemos qué estamos haciendo en el plano espiritual.

Sin embargo, nuestra convicción espiritual es ahora certeza puesto que hemos logrado suprimir las dudas originales con respecto a quién y qué somos, la sensación de que quizás no seamos nada. Hemos borrado todo eso y es posible que ya ni siquiera lo recordemos.

Al suprimir ese desconcierto del ego que nos condujo a lo desconocido -un desconocido cuya naturaleza no entendemos- nos encontramos ante dos tipos de juegos que nacen de la confusión: el juego de lo desconocido y el de lo desconocido trascendente. Ambos forman parte del materialismo espiritual.

No sabemos qué somos, ni tampoco quiénes somos, pero sí sabemos que nos gustaría ser algo o alguien. Decidimos seguir tratando de ser lo que nos gustaría ser, a pesar de que no sabemos qué es. Ése es el primer juego. Luego, para remate, junto con querer ser algo, también quisiéramos asegurarnos de que existe algo en el universo o el cosmos que corresponde a ese “algo” que somos.

Tenemos la sensación de descubrir ese algo que quisiéramos conocer, pero en realidad no logramos entenderlo, y es así como se transforma en lo desconocido trascendente. Como no lo entendemos, nos decimos: “transformaremos esa confusión mayor, esa confusión gigantesca en la espiritualidad de la infinitud divina” o algo por el estilo.

Esto nos debería dar una cierta imagen de lo que es el materialismo espiritual. El peligro de este es que, cuando caemos bajo su influencia formulamos todo tipo de hipótesis. En primer lugar, están las hipótesis de orden personal y casero que formulamos porque queremos ser felices. En segundo lugar, las hipótesis espirituales que surgen cuando permitimos que ese gran descubrimiento, ese descubrimiento gigantesco y trascendente siga siendo un misterio.

 

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