Entre uno mismo y los otros
Cultivando una actitud iluminada
S.S. XIV Dalai Lama
Edición: María Mercedes Márquez
Caracas, 2007
Su Santidad Tenzin Gyatso, el XIV Dalai Lama, es el autor de “Mi tierra y mi gente” y “La apertura del ojo de la sabiduría” entre muchos otros libros. Este texto fue originalmente ofrecido como conferencia durante el viaje del Dalai Lama a los Estados Unidos en 1979.
Habiendo sido extraído del ejemplar correspondiente al período primavera-verano de la publicación titulada The Tibet Journal, Volumen V, Nº 1 y 2 de 1980. Traducido del tibetano al inglés por el profesor Jeffrey Hopkins de la Universidad de Virginia. No conservamos información sobre la traducción al español. Aun así, vaya a todos nuestro agradecimiento por haberlo hecho posible.
Ahora el mundo se está haciendo cada vez más pequeño. Como la comunicación y la movilidad ponen en contacto a todos los puntos del globo, las diferentes culturas espirituales del mundo también se acercan unas a otras cada vez más. Pienso que esto es muy bueno, porque si entendemos las diferentes formas que cada pueblo tiene de vivir, de pensar, sus filosofías y tradiciones espirituales, esto puede ayudar al establecimiento de una comprensión mutua. Si podemos entendernos unos con otros, automáticamente desarrollaremos respeto. A partir de allí podremos lograr una verdadera armonía.
Pienso que este desarrollo interior especial de la comprensión de los demás es algo muy importante para la humanidad. Por ejemplo, debido a la falta de un entendimiento mutuo, toda la humanidad enfrenta actualmente muy serios problemas, pero si pudiéramos generar una genuina empatía, eso daría lugar a cierto tipo de equilibrio, a cierto tipo de actitud, cuyo fruto afectaría positivamente a las futuras generaciones.
La base para el establecimiento de una comprensión mutua reposa sobre el desarrollo individual de un sentido general de amor y comprensión. ¿Cómo podremos desarrollar este tipo de amor y comprensión? En la técnica budista conocida como “Reemplazar el estar conscientes de sí mismos por estar conscientes de los demás”, uno empieza por contemplar que todos los seres compartimos la concepción innata de un “yo”.
Sobre la base de este pensamiento de “yo” es que, tanto nosotros como los demás, empezamos a desear la felicidad y a evitar el sufrimiento.
Luego uno contempla como la sensación de “yo” hace referencia a un solo ser mientras que “los demás” o “los otros” son innumerables. La pregunta aquí es: ¿Qué es más importante, yo o los otros? Todos los otros son como yo, pero mientras que yo soy un solo ser, los otros son una infinidad. Desde este punto de vista, “los otros” son infinitamente más importantes que un solo “yo”. De modo que, en lugar de utilizar a los otros para beneficiarnos a nosotros mismos, deberíamos hacer uso de nosotros para beneficiarlos a ellos. Este es un sistema democrático porque la mayoría es mucho más importante que una sola persona.
Aquí podemos incorporar una visualización. En un espacio ilimitado, imagínese ubicado a un lado de una línea y a todo el infinito número de seres al otro lado de la línea. Luego imagine una tercera persona que no está ubicada, está en el medio. Pregúntese a sí mismo: ¿Si yo fuera la persona ubicada en el medio, para quién trabajaría? Naturalmente que uno se sentiría mucho más cerca de la mayoría. Esta es una contemplación para considerar, es una forma de desarrollar una actitud diferente hacia los otros.
Otra contemplación enfoca la naturaleza práctica de una mente orientada hacia los demás. Aquí uno considera la imposibilidad de existir sin los otros, sin ninguna compañía o sin ningún contacto interpersonal. La naturaleza de la existencia humana es interdependiente. Todos estamos juntos aquí, en este mismo planeta. Si tenemos que vivir juntos ¿por qué no tener una buena actitud, una sana actitud mental hacia los demás? ¿Por qué extender el odio y otras emociones negativas de unos a otros produciendo conflictos y problemas innecesarios?
Si utilizamos la empatía para desarrollar la compasión hacia otros, de inmediato nuestras vidas serían mucho más felices, experimentaríamos más satisfacciones y dondequiera que fuésemos, llevaríamos con nosotros una sensación de paz, una atmósfera de gentileza.
Ahora mismo, por ejemplo, si alguien en este salón se enojara y empezara a gritar, inmediatamente la atmósfera se pondría tensa. Si todos sienten y denotan sentimientos cordiales entre sí, la atmósfera se hace realmente pacífica y armoniosa, mientras que al permitirnos que aflore una actitud negativa, aún si las condiciones externas para el placer y la felicidad estuvieran presentes, nosotros no las experimentaríamos como tales.
Si nuestra mente está perturbada, estas condiciones externas no nos serían de ayuda en absoluto, si, por el contrario, mantenemos interiormente una actitud de empatía, conscientes de las cosas que nos rodean, entonces podremos enfrentar muchos problemas a pesar de las dificultades.
Actualmente la violencia está muy extendida en el mundo, pero es dudoso que cualquier problema pueda ser resuelto realmente por medio de la violencia. A través de la violencia podremos eliminar un aspecto o nivel de determinado problema, pero al final esto probablemente sólo ocasionará otros aún mayores. Cuando encaramos el problema con compasión, con una motivación amable, aunque los efectos inmediatos puedan tardar más, al final las cosas se resolverán de una manera más completa y sin correr el peligro de crear mayores dificultades.
El amor y la compasión resultan muy importantes a lo largo de la vida. No son meras palabras para ser recitadas en oraciones, sino que constituyen una fuerza a ser aplicada en la vida cotidiana. Tenemos que ponerlas en práctica. Yo mismo utilizo las prácticas mencionadas y a través de mi experiencia con ellas puedo ver los beneficios que producen. Debido a que las encuentro beneficiosas es que pensé mencionarlas aquí.
Cultivando una actitud iluminada
Debemos estar conscientes de que aún cuando las personas pudiesen diferir en el idioma, el tipo de vestido, la orientación espiritual, etc., todas son similares en el hecho de que todos son seres humanos que sustentan el pensamiento de un “yo” y en que desean y buscan la felicidad e intentan evitar el sufrimiento. Los camarógrafos que filman esta charla tienen la idea de querer ser felices, libres de sufrimientos. Cada uno de ustedes en esta audiencia tiene el pensamiento: “Quiero encontrar felicidad, quiero evitar sufrimiento”.
Este pensamiento es muy natural, muy normal, y todos por igual tenemos derecho a trabajar por la felicidad y por evitar el sufrimiento. Para lograr esto, existen muchos medios y técnicas diferentes y cada uno de nosotros tiene su propia idea personal acerca de los mejores medios para lograr la felicidad y evitar el sufrimiento. En realidad, según esta idea, nosotros damos forma a nuestra vida.
Si investigamos con el fin de descubrir cuál es la naturaleza de la felicidad que buscamos y del sufrimiento que deseamos evitar, descubrimos muchas respuestas en diferentes niveles, pero, básicamente hay dos tipos de placer y dos tipos de sufrimiento: el sufrimiento físico, el cual tiene causas materiales y el sufrimiento mental. El progreso material sólo es efectivo en el logro de la felicidad que depende del cuerpo y para librarse del sufrimiento relacionado con el cuerpo. Es difícil creer que podemos librarnos de todos los sufrimientos sólo por medios externos. Así vemos que existe una gran diferencia entre buscar la felicidad dependiendo de las cosas materiales y buscarla dependiendo de las cualidades interiores del propio pensamiento, de la propia mente.
¿Cómo contribuye el desarrollo espiritual cuando queremos mantener la felicidad mental y vencer el sufrimiento mental? Siendo que el sufrimiento se experimenta en forma relativa, la misma cantidad de sufrimiento afecta a dos personas con diferente intensidad dependiendo de sus actitudes espirituales. De la misma manera, nuestras actitudes mentales afectan grandemente la manera como manejamos cada situación en la vida y siendo así, ellas son las que dan forma a nuestra vida.
Todas las religiones del mundo plantean sus ideas, sus preceptos y aconsejan respecto al cultivo de nuestras actitudes mentales. Aunque pueden diferir en puntos de la práctica, la moral y los detalles filosóficos, cada una de ellas intenta proveernos de un camino que nos conduzca a un estado mental pacífico, disciplinado, ético y sabio.
En este sentido todas las religiones tienen el mismo propósito esencial. Si consideramos sólo el aspecto filosófico, encontramos que existen muchas diferencias entre ellas y en realidad los argumentos no tienen fin. Pero esto sólo constituiría un esfuerzo innecesario. Es mucho más útil tratar de implementar en la vida diaria los preceptos comunes.
Todos podríamos beneficiarnos si intentamos poner en práctica y hacer uso de cualquier precepto acerca de lo bueno que hemos oído en cualquiera de las religiones. Un practicante de cualquier religión es básicamente un guerrero, pero no un guerrero que pierde el tiempo en falsos enemigos. El busca enemigos reales: la ignorancia, la rabia, el error, la adicción, el apego, la frustración, etc. Estos son enemigos reales, enemigos totales, enemigos que nosotros mismos debemos enfrentar y vencer.
¿Cómo es que el guerrero espiritual lucha contra estos enemigos, contra sus propias cualidades negativas? Atacándolas con las armas de la actitud calmada, de la estabilidad meditativa y la sabiduría.
Primero, desarrolla la calma de la mente, esto es como tomar el arma para disparar. Luego, apunta con el control de la estabilización meditativa y finalmente, dispara la bala de la sabiduría. Así como el soldado vence al enemigo externo, el guerrero espiritual vence al enemigo interno de la propensión al sufrimiento y la insatisfacción.
Gracias al desarrollo material de la tecnología, viajamos al espacio exterior. Sin embargo, esto no ha eliminado el sufrimiento de la mente del ser humano. La tecnología deja sin examinar e investigar muchas facetas de la vida humana tales como la naturaleza absoluta de la mente, la esencia de la mente, la sustancia básica de la mente, la condición corroborativa de la mente, etc.
En cada tradición espiritual hay muchos consejos y preceptos con respecto a la producción de un estado mental que genere felicidad y esté más allá del sufrimiento, pero la base de todos ellos es el amor y la compasión. Una buena mente, sentimientos cálidos y un buen corazón, constituyen la base más importante de una vida espiritual. Si ustedes no tienen esa mente, ni siquiera serán capaces de funcionar armoniosamente en esta vida. No serán felices y quienes los rodean, su pareja, sus hijos, sus vecinos, etc. tampoco lo serán.
Es así como la ausencia de cordialidad afecta la sociedad produciendo un detrimento, emitiendo ondas de perturbación mental que los perturban a ustedes, a su familia, amigos, vecinos, ciudad, etc., y que hasta cierto punto influencian negativamente a la nación, al continente y al mundo. Sucede lo contrario si uno tiene una mente amorosa.
Es por esto que en la sociedad humana es muy importante que cada individuo cultive una base de amor, de compasión y bondad. Estas cualidades son preciosas, son algo necesario en la vida de cada individuo. Por ello merece la pena realizar el esfuerzo por desarrollarlas.
Desde cualquier punto de vista, todo ser humano es igual en su deseo de felicidad y no querer sufrir, pero como uno mismo es sólo una persona y los otros son infinitos en número, deberíamos considerar que la felicidad de los otros es más importante que la nuestra.
Resulta innecesario establecer la gran diferencia que existe entre la cantidad de satisfacción que hay cuando sólo una persona es feliz y la cantidad de satisfacción que hay cuando un infinito número de personas son felices. Si uno detesta el sufrimiento ¿qué necesidad hay de mencionar cuánto mayor es la infinita masa de seres que detestan el sufrimiento? Por ello constituye un error utilizar a otros para el beneficio propio, más bien debe disponerse de sí mismo para el beneficio y el bienestar de los demás.
Debemos considerar nuestras propias acciones de cuerpo, palabra y mente como una fuerza para beneficiar a otros. Deberíamos realizar cualquier esfuerzo por generar una mente altruista, un deseo de beneficiar a otros, de que alcancen la felicidad y abandonen el sufrimiento.
Ya sea que uno crea o no en una religión, que uno crea o no en el renacimiento, no hay nadie que no aprecie el amor y la compasión. Desde el momento de nuestro nacimiento estamos bajo el cuidado y el amor de nuestros padres; luego, más tarde en nuestras vidas, cuando la enfermedad y la vejez nos agobian, volvemos a depender de la bondad de otros. Si al comienzo y al final de nuestras vidas somos totalmente dependientes de la bondad de otros, ¿por qué a medio camino descuidamos la bondad hacia los demás?
¡Que excelente sería si todos pudiéramos practicar la generosidad hacia otros! Por esta razón, no importa con quién me encuentre yo ni a dónde vaya, siempre menciono la importancia de realizar un esfuerzo por practicar el amor y la bondad. Desde mi propio punto de vista, actualmente tengo 44 años y estoy concentrando mis energías, mis meditaciones, etc., en el desarrollo e incremento de una mente. El cultivo de una mente amorosa es esencial en la práctica del camino del Buda. Deberíamos tomarlo como la verdadera base y la estructura de nuestra práctica.
Un método importante, poderoso, para cultivar esta mente de amor y compasión lo encontramos un breve texto titulado “Transformación del Pensamiento en Ocho stanzas” escrito en el siglo XII por el Geshe Kadampa Tangri Thangpa. Me gustaría leérselo a ustedes.
El primer verso hace hincapié en la importancia del desarrollo de la base de una consciencia empática hacia los otros: “Con la idea de alcanzar la iluminación para beneficio de los demás, que es más valiosa que cualquier joya que concede todos los deseos, siempre miraré a los otro con afecto.” Los otros deben ser tomados y considerados como más importantes aún que uno mismo, porque es precisamente en dependencia con otros seres humanos, que uno comienza a generar la aspiración altruista a la más elevada iluminación, y es en dependencia con otros seres sintientes que uno practica las acciones del camino del bodhisattva con el fin de alcanzar la iluminación, y es para el beneficio del infinito número de seres inmersos en el sufrimiento, que uno logra finalmente la iluminación. Por ello, los seres sintientes son el sujeto de observación y la base de todos los maravillosos desarrollos, y siendo así, son más preciosos que una joya que concede todos los deseos. Ellos merecen nuestro amor y afecto aún cuando ocasionalmente realicen acciones que nos dañen y nos perturben.
La segunda stanza dice: “Que siempre que esté con otros, piense en mi como el más bajo entre todos y en lo más profundo de mi corazón, considere a los otros como superiores.” En el verso anterior, Geshe Tangri estaba hablando de la actitud general que uno debe mantener en la práctica. Aquí está hablando de cómo debe uno posicionarse en relación con los otros.
En general, uno debe cultivar una mente de amor y compasión, pero esto no debe hacerse de manera arrogante o con egoísmo, ni debe estar limitado por los puntos de vista mundanos. Uno debe sustentar el pensamiento de amor y compasión con mucha profundidad en su corazón y cuando uno se asocie con otros, evitar el egoísmo y el orgullo.
Si uno asume una actitud humilde, sus buenas cualidades aumentarán, mientras que, si uno abriga el orgullo, ni siquiera conseguirá estar en armonía con los demás y esta mente negativa agregará sentimientos de celos, cólera, temor y desconfianza, contribuyendo en consecuencia sólo con la infelicidad de la sociedad y con una atmósfera desagradable.
La tercera stanza dice: “Que tan pronto surja el error en todas mis acciones, poniéndome en peligro a mí y a los demás, busque dentro de mi mente y firmemente lo advierta y lo encare.” Cuando uno trata de cultivar la mente del amor y la compasión, uno no debe hacer a un lado sus propios errores y distorsión mental, pues de hacerlo, ellos nos crearán un problema. La rabia, el orgullo, etc. sirven de obstáculos para el desarrollo de la actitud iluminada. Ellos la dañan. La destruyen. Uno no puede simplemente dejarlos pasar desapercibidos. Ellos deben ser enfrentados y luego eliminados por medio de la aplicación de los poderes opuestos o antídotos.
Como se dijo anteriormente, la rabia, el orgullo, la rivalidad, etc., son nuestros enemigos reales. Tomemos por ejemplo la rabia, ya que no hay nadie que haya estado libre de enojarse alguna que otra vez. Si observamos la experiencia de la rabia, es fácil decir que nadie puede ser feliz con el encuadre mental de la rabia. ¿Quién puede sentirse feliz y colérico a la vez? ¿Qué doctor hay que prescriba la cólera como un tratamiento para alguna enfermedad? ¿Quién dice que cultivando la rabia uno puede ser más feliz? De modo que, mientras practicamos el cultivo de una mente amorosa, debemos observar constantemente el surgimiento de factores de engaño o de distorsión mental y no permitirnos ninguna oportunidad para que estas emociones conflictivas asuman el control.
La presencia del error en nuestra mente no sólo nos hace repulsivos a los ojos de los demás, sino que destruye nuestra verdadera paz mental con su sola existencia. Por ejemplo, algunos errores hacen tan infelices a las personas que llegan a cometer suicidio. Vemos así que los errores son extremadamente poderosos y destructivos. A medida que practicamos, debemos vigilar constantemente el flujo de nuestra mente y descubrir los errores para aplicarles inmediatamente el antídoto de la meditación.
La cuarta stanza dice: “Cuando vea a seres débiles arrastrados por la violencia, la no-virtud y las aflicciones, que los considere preciosos y tan queridos como si hubiera encontrado un valioso tesoro.” Cuando nos encontremos con personas de mala índole, que denoten disposiciones agresivas en contra nuestra, no deberemos simplemente ignorarlos o descartarlos, sino que debemos generar el sentido de una bondad aún mayor hacia ellos.
La quinta stanza dice: “Cuando, debido a la envidia, otros me traten mal y con abuso, difamación y menosprecio, que yo sufra la derrota y les ofrezca a ellos la victoria.” Aunque en el camino de los asuntos mundanos es apropiado responder con fuerza a alguien que nos ha acusado injustamente y sin razón, en términos de la práctica del dharma, una reacción violenta no constituye una respuesta aceptable. Desde el punto de vista de la práctica de la actitud iluminada, es incorrecto responder defensivamente, excepto en algunas pocas circunstancias especiales. ¿Es eso práctico? ¿Creen ustedes que es práctico?
La siguiente stanza: “Cuando alguien a quien he beneficiado con grandes esperanzas me hiriere cruelmente, que yo considere a esa persona mi supremo maestro.” Hay ocasiones en que hemos sido muy bondadosos ayudando mucho a otros, y la persona que precisamente debe retornarnos en alguna forma la bondad, en lugar de mostrar gratitud se torna ingrata y se vuelve contra nosotros. Aún cuando esta circunstancia es muy triste, dentro del contexto de la práctica de la actitud iluminada, uno debe mostrar una bondad aún mayor hacia esa persona.
Tener un sentimiento aún mayor de bondad. En la “Guía del modo de vida del Bodhisattva.” Shantideva dice algo muy importante: “nuestro enemigo es el mejor de los maestros.” Al depender de los maestros ordinarios, uno puede aprender acerca de la importancia de ser paciente, pero no puede conseguir la oportunidad de realmente practicar la paciencia.
La verdadera práctica del implemento de la paciencia proviene del encuentro con el enemigo. Por ello, como el bodhisattva debe tener la cualidad de la paciencia, una persona que practica el dharma debe practicar la paciencia. Con el fin de poder hacerlo, debe tener la oportunidad de una situación en la cual sea necesario hacer el esfuerzo de la paciencia.
De modo que si no tenemos a alguien que actúe con nosotros como un enemigo no podremos desarrollar la verdadera paciencia y una tolerancia que no se desvíe. Para alguien que esté comprometido en las prácticas del bodhisattva, quien se presenta como un enemigo debe ser tratado con enorme aprecio.
La próxima stanza dice: En resumen, que yo, directa o indirectamente proporcione beneficio y felicidad a todos los seres sintientes, mis madres. Que yo, secretamente, asuma sobre mí sus daños y sufrimientos.” Estas líneas ponen en acción la práctica de dar y tomar (tonglen), es decir, por amor a otros, ofrecer la felicidad propia y las causas de felicidad, y por compasión, tomar de los otros sus sufrimientos y las causas que pudiesen hacerlos sufrir. Aunque en nuestra práctica no podemos realmente ni tomar el sufrimiento de los otros ni darles nuestra felicidad, el hecho de meditar en que lo hacemos así, ayuda mucho en el desarrollo de la actitud iluminada.
La octava stanza: “Que todo esto permanezca incontaminado por manchas surgidas de los ocho principios mundanos. Que al percibir todos los fenómenos como ilusorios, sin apego, me vea libre de las ataduras de la existencia cíclica.” La primera línea de este verso significa que la práctica debe ser realizada concentradamente para alcanzar la iluminación como el mejor medio para beneficiar a otros. Uno no debe caer bajo la influencia de las formas de pensar mundanas tales como el apego a la ganancia o la pérdida, a la fama o el anonimato, el elogio o el insulto, el placer o el dolor. Uno debe practicar puramente.
Hasta ahora el tema ha tratado acerca del método o aspecto relativo al desarrollo de una actitud iluminada. Estas son cualidades a cultivar en las prácticas en cuanto al método.
Ahora bien, en cuanto a la sabiduría, uno debe comprometerse con esta práctica del método con el entendimiento de la existencia no-inherente o no-objetiva de los tres círculos de la compasión: el objeto de la compasión, el practicante de la compasión y el acto de compasión.
Debemos entender que estos tres factores son como una ilusión porque es necesario tener claro que, aunque ellos parezcan ser inherentemente existentes, carecen de existencia propia. Si las cosas existieran de la misma manera que parecen existir, si las cosas existieran tan concretamente como parece, entonces, al nosotros mirar o investigar la situación, esta existencia inherente debería hacerse aún más clara, más obvia.
Por ejemplo: convencionalmente hay un “yo” que está pasando por el placer, el dolor, etc., pero cuando nosotros buscamos este “yo”, no podemos encontrarlo. No importa de qué fenómeno se trate, ya sea interno o externo, ya sea el propio cuerpo de uno u otro tipo de fenómeno, cuando tratamos de encontrar a quién se le asigna determinado fenómeno, no podemos hallar nada.
La “cosa” que representa un objeto designado sólo por medio de la fuerza de la conceptualización, no es algo que puede encontrarse cualitativamente. Sin embargo, las cosas se nos presentan como si existieran objetivamente desde su propio lado. Si existieran en esta forma, este modo de existencia debería hacerse cada vez más claro con la investigación.
Pero con la investigación no se encuentra nada y podemos ver, a través de nuestra propia experiencia, que nuestro normal modo de ver un objeto está grandemente distorsionado. Siendo así, se dice que todos los objetos de la percepción son como ilusiones. La sabiduría consiste en este entendimiento de la vacuidad de las cosas.
¿Cuáles son los beneficios de entender esta naturaleza no-inherente e ilusoria de todo lo que existe? Que este entendimiento elimina el entendimiento erróneo de la realidad que da lugar al error y a la aflicción emocional. Por ejemplo: al imponerle a un fenómeno una realidad inherente de bueno o malo, que está más allá de lo que éste realmente tiene, damos lugar al apego o a la aversión.
Cuando nos ponemos furiosos con algo o estamos deseosos de algo, es debido a una sensación muy fuerte de que ese objeto es bueno o malo, pero a veces más adelante, cuando la emoción decae y miramos este mismo objeto otra vez, puede que nos cause risa.
Así, el beneficio o la ayuda de la sabiduría consiste principalmente en que nos impide superponer el concepto de bueno o malo sobre los objetos que sólo están allí. Abandonando esta tendencia de la sobre imposición podremos dejar de desear y de odiar.
Para concluir, las dos partes unificadas de esta práctica son el método y la sabiduría. El método consiste en el cultivo de la mente altruista de la compasión y el aspecto de la sabiduría consiste en el entendimiento de la existencia no inherente o vacuidad. Ambas cosas deben ir juntas.