Todo depende de usted

Todo depende de ti

Dzigar Kongtrül Rimpoché

Extractos de su libro titulado It’s up to you

Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez

Este libro está dedicado a la iluminación de todas las madres seres sintientes.

Es dedicado a la longevidad de aquellos que sostienen el linaje

de las tradiciones de sabiduría.

Que la paz que resulta de la inteligencia y la compasión

prevalezca a través del mundo.

C.  Dzigar Kongtrul comienza dedicando el libro a todas las madres seres sintientes.  Estoy segura de que muchos de ustedes se preguntarán qué quiere decir con esto.  En las enseñanzas del Buda encontramos, que hemos llegado a nuestra actual existencia luego de haber recorrido un largo, largo, largo camino a través de incontable número de vidas.  Estamos hablando del continuo mental.  Estamos hablando de nuestras acumulaciones mentales. Teniendo esto en cuenta, el practicante desarrolla apertura y compasión hacia todos los seres sin excepción dado que, en alguna existencia previa, cada uno de ellos ha sido nuestra madre.    

Prefacio 

Pema Chödron

Escuché las enseñanzas de Dzigar Kongtrul Rimpoche por primera vez durante la primavera del año 2000.  Recuerdo la charla vívidamente porque despertó en mi algo que no había experimentado con el mismo impacto desde mi primer maestro, Chögyam Trungpa Rimpoché fallecido en 1987.  Era una sensación de reconexión con una perspectiva completamente abierta en la realidad, como si yo hubiese estado en una habitación en penumbra y de pronto desapareciesen las paredes, así como también el techo y el piso y allí estaba la simple y directa libertad.  Recuerdo haber pensado, “¡Sí, así es como es!”  También supe que cualquier persona puede experimentarlo y que Rimpoché estaba dando instrucciones muy claras de cómo hacerlo.  Escuché con jubiloso entusiasmo sintiendo que Kongtrul Rimpoché era mi nexo personal con esta libertad interior y que debía acercarme y aprender más de él.   

Más tarde, habiendo escuchado muchas enseñanzas de Rimpoche, comencé a tratar de articular exactamente qué es lo que hay en su estilo de presentación que resuena tan profundamente. 

En parte consiste en el prolongado e intensivo entrenamiento budista que recibió de maestros extremadamente sabios y experimentados.  De alguna manera ambos, la profundidad de sus estudios y las bendiciones del linaje de sus maestros emanan cuando habla.  En parte se debe a su experiencia de vida, la cual está caracterizada por nunca rendirse sino siempre retarse a sí mismo a dar un paso más allá de lo que es seguro y predecible. 

Encuentro contagioso su arrojo y su ausencia de miedo. En parte, es su buen corazón, su gentileza y su humildad.  En parte es que se ha sumergido a sí mismo con todo su corazón en la cultura Occidental.  El conoce las mentes de sus estudiantes con una intimidad que es posible sólo porque sabe qué se siente estando dentro de sus zapatos.  En parte, es su forma directa casi sin rudeza alguna. 

En parte es su sentido de humor.  En parte uno se siente entendido y apreciado.  En parte es porque uno siente que no puede salirse con la suya con nada y que, si uno está escondiendo algo o retrocediendo, él va a hablar acerca de eso.  Sea cual sea el ingrediente mágico, estoy segura de que no soy la única que está apoyada e incentivada por las enseñanzas de Kongtrül Rimpoché.  El tiene muchos estudiantes cuyas vidas han sido transformadas por tomar sus palabras de corazón y ponerlas en práctica en sus vidas cotidianas. 

Hace como un año, algunos de nosotros le pedimos a Rimpoché el favor de considerar tomar las enseñanzas que durante varios años había estado impartiendo los domingos en la mañana y las convirtiera en un libro.  Él sabía que de no estar escritas estas enseñanzas podrían perderse fácilmente y que de no ser publicadas  tan sólo los afortunados que habían escuchado las charlas podrían beneficiarse.  Nosotros queríamos que una audiencia mucho más amplia pudiese beneficiarse  de lo que habíamos recibido. 

Al principio Rimpoché no pareció estar interesado diciendo que prefería mantener pequeña la audiencia esperando ver algún genuino cambio de corazón en los estudiantes que estaban sinceramente dedicados a explorar sus instrucciones.  Pero a medida que empeoraba la situación mundial, nosotros le insistimos una vez más presentar las enseñanzas de manera más pública y para nuestro deleite un día como de la nada dijo “¡Hagámoslo!”

Que puedan ustedes beneficiarse de la sabiduría y la claridad de Rimpoche tanto como yo he podido hacerlo y que este libro sirva para ustedes de nexo personal con un maestro vivo y el dharma viviente.

Prefacio

Matthieu Ricard

Dzigar Kongtrül Rimpoché no sólo es un cercano hijo de corazón de mi maestro raíz Dilgo Khyentsen Rimpoché, sino también uno de mis propios maestros, así que parece tan inútil y fuera de lugar para mi escribir este prefacio como prender una vela en pleno día.  Sin embargo, como no puedo negarme a esta gentil y estimada solicitud, compartiré unas pocas palabras acerca del impacto que sus enseñanzas han tenido en tantos de nosotros.

Las enseñanzas de Kongtrül Rimpoché son tremendamente frescas y accesibles a los occidentales, pero al mismo tiempo no son una debilitada adaptación de las enseñanzas del Buda para occidente, más bien constituyen una auténtica expresión de estas enseñanzas formuladas en palabras y de maneras que reflejan su larga y prolongada experiencia en el mundo occidental. 

Con frecuencia las adaptaciones son compromisos que comienzan por eliminar las más poderosas e indispensables herramientas de la práctica budista; nos conducen a tomar los pocos puntos del dharma que nos parecen atractivos y a dejar fuera todo lo que nos inquieta o molesta como negando una poderosa y apropiada medicina y aplicando simplemente un bálsamo calmante.  Los puntos que nos molestan son con frecuencia precisamente aquellos en los que necesitamos trabajar porque ellos apuntan a las causas más profundas de nuestro sufrimiento.

Por ejemplo, si el “yo” existe, entonces ciertamente liberarse de él sería tan doloroso e indeseable como sacarse  el corazón  del pecho.  Pero si resulta que el aferramiento a esta creencia en la permanente existencia del yo es fundamentalmente una percepción equivocada que subyace en la raíz de nuestro sufrimiento, ¿entonces cuál es el problema en liberarse del mismo? 

En sus enseñanzas, Kongtrül Rimpoché demuestra con una claridad sin concesiones la forma en la que identificarnos como un sólido ser y la resultante sensación de importancia de uno mismo, ofrecen un blanco abierto para las dolorosas flechas de la rabia, la obsesión, el orgullo y los celos. 

De igual manera, la idea de renuncia puede crear una nube de incomodidad sobre nosotros. Si renuncia significa privarnos de aquello que es verdaderamente bueno, sería absurdo renunciar a cualquier cosa. Pero si simplemente quiere decir abandonar las mismísimas causas del sufrimiento, ¿quién no sentiría gran entusiasmo y la adoptaría lo más pronto posible?  Cuando un viajero totalmente agotado llega a saber que la mitad de su morral está lleno de piedras pesadas, ¿no  va a estar encantado de sacarlas?

Otro testamento esencial para la autenticidad de las enseñanzas de Rimpoché es su inquebrantable devoción a sus maestros y el fuerte énfasis que pone en nutrir la bodhichitta, la actitud altruista que nos conduce a darnos cuenta, como lo plantearon los maestros de la antigüedad, que “cualquier cosa que no signifique beneficio para otros, simplemente no es digna de ser asumida.”  Como alguien quien ha sido enormemente inspirado por los consejos dados en este libro, le recomiendo estudiarlo y practicarlo.  Ahora, dejemos que las enseñanzas de Kongtrül Rimpoché hablen por sí solas.

Prefacio

Kongtrul Rimpoché

Estas enseñanzas están inspiradas por las necesidades y preguntas de mis estudiantes mientras trabajan por integrar la práctica genuina a sus vidas.  Aún cuando las enseñanzas impartidas aquí están profundamente enraizadas en las enseñanzas tradicionales que recibí de mis maestros, yo no las considero tradicionales como tales. Más bien, son producto de mis propias contemplaciones e interiorizaciones. 

También tienen la intensión de incentivar a los estudiantes a involucrarse en la jubilosa y honesta reflexión personal como una manera de profundizar su entendimiento del camino espiritual. Al final, todas las enseñanzas, tanto tradicionales como informales, tienen un solo propósito: ayudar a reducir el centralismo individualista y abrir espacio para la verdad.

It’s up to you  está basado en una serie de charlas sucesivas  que he tenido con mis estudiantes a través de un circuito cerrado de conexiones telefónicas.  Yo llamo estas charlas “conexiones personales” porque nos proveen una forma de mantenernos en contacto de manera regular.  También nos proporcionan un enlace directo a la visión y la práctica. 

Que el linaje de maestros, madres dakinis, y todos aquellos de gran sabiduría me perdonen por mis errores en este libro. Yo los llamo, a ustedes los lectores, a tomar de él lo que encuentren de utilidad

SÚPLICA  AL  LINAJE  DE LONGCHEN  NYINGTHIK

Samantabhadra, Vajrasattva y Vajradhara, maestros del Linaje de la Mente hagan que todo sea auspicioso. Garab Dorje, Manñjushirmitra, Shri Singha, Jñanasutra, Vimalamitra, Padmasambhava, la asamblea de maestros del Linaje del Símbolo

protéjanme con sus bendiciones, su compasión y su sabiduría.

Señor del dharma Trisong Detsen y tus hijos; gran traductor Señor Vairotsana; Reina de la Gran Bienaventuranza, principal de las dakinis,

Guirnalda de perlas en un rosario los Maestros del Linaje de La Escucha

Otorguen las bendiciones de sus mentes de sabiduría.

Segundo Buda de esta era de desperdicios, Longchempa; Jigme Lingpa,

Khyente Wangpo, Señor del dharma Jamgön Kongtrül,

Renunciante Patrül, gran descubridor de tesoros Chogyur Lingpa y el resto,

Maestro raíz y del Linaje, otorguen sus bendiciones en el centro de mi corazón.

Señor emanación de Khyentse, único ojo del mundo

Esplendoroso soberano Tenzin Gyatso, inigualable protector del mundo

Jamyang Dorje, maestro del dharma del mundo y todos mis maestros

 Libres de las imperfecciones del mundo

Con el abrazo compasivo de su sabiduría velen y piensen en mí con gentileza.

¿Cómo podría alguien torpe y confundido como yo, un holgazán que sólo se alimenta, duerme y hace sus necesidades introducir a alguien al sagrado dharma?

Debe ser que el mérito que he acumulado en vidas pasadas no fue tan pequeño

Pues he conocido en persona a todos ustedes budas con sus ojos de sabiduría

Y he tenido la fortuna de estudiar el significado de lo que ustedes enseñaron.

Así, con la más pura intensión y de acuerdo con el mandato de mi maestro

Cualquier cosa que he tratado de decir para ayudar a mis madres seres sintientes

He tratado de compilarlo en este pequeño volumen.

Que todos, quiénes viendo, escuchando o pensando en esto

Gradualmente se vuelvan discípulos de todos ustedes budas

Realicen espontáneamente el objetivo de los dos aspectos

Y alcancen perfecta iluminación.

¡Mangalam!

Introducción

El deseo de la felicidad es universal y más allá de encontrar felicidad y sentido en nuestras vidas, la mayoría de nosotros queremos ser buenos, decentes seres humanos.  Querer ser buenos, felices y decentes no es tan sólo un deseo razonable sino también noble.  Irónicamente, la mayor parte del tiempo luchamos por tratar de lograr esto.  Tenemos una idea de cómo queremos ser, pero siempre nos encontramos yendo en contra de nuestras propias dudas, temores e inseguridades.

En el camino espiritual nosotros hablamos acerca de la iluminación.*

* Iluminación es el completo e irreversible despertar de nuestra verdadera naturaleza en la cual, la sabiduría de ambos, de ver la naturaleza de lo fenoménico y conocer lo fenoménico en toda su variedad es revelada.

¿Pero cómo reconciliamos iluminación con lo que vemos cuando nos miramos al espejo? 

Si vamos tras la iluminación tratando de pasar por encima de nuestra confusión, nuestra práctica permanecerá divorciada de nuestra experiencia inmediata. Sin embargo, cuando nos enfocamos solamente en nuestras tendencias habituales, quedamos atrapados en nuestra propia auto-absorción y dolor.  Esta lucha por reconciliar la noción que tenemos de iluminación con nuestra propia confusión constituye el mismísimo punto de partida del camino.  Es una expresión de nuestro más profundo anhelo de liberación y felicidad, el cual en sí mismo constituye un indicativo del gran potencial mental que todos nosotros poseemos.   

Al mismo tiempo, el hecho de que tengamos este gran potencial no significa que seamos completamente nobles o que estemos completamente iluminados desde el principio. Podemos tener confusión, pero en lugar de tratar de apartarnos o de luchar contra la confusión, podemos hacer buen uso de ella.  Requiere de cierta madurez aprender a acomodar ambos, nuestro gran potencial y nuestra neurosis. Nosotros podemos desarrollar esta madurez a través de la práctica de la reflexión personal de lo fenoménico y conocer lo fenoménico en toda su variedad es revelada.

La reflexión personal es el espíritu y la práctica de ver honestamente cualquier cosa que surja en nuestra experiencia, sin juzgarla.  Habitualmente, esto nos resulta difícil de hacer.  Nuestra tendencia consiste en tratar de librarnos de las experiencias desagradables e ir tras las agradables. La especial belleza y la gentileza de la práctica de la reflexión personal es que no nos exige que experimentemos nada que no sea lo que experimentamos. 

El ver sin preferencias conduce a ambos, al gran potencial de la mente y a nuestra confusión a la luz de nuestra inteligencia innata. Hacer esto altera la lucha histórica que venimos teniendo con nuestra mente, transformándola en la mismísima base del camino de la iluminación.  La reflexión personal es el hilo común que corre a lo largo de todas las tradiciones y linajes de la práctica budista. Protege nuestra práctica de volverse simplemente otro proyecto al traer la vida a las enseñanzas y convertirlas en una experiencia viviente.

Primera parte

La práctica de la reflexión personal

Mirando en el espejo

Cuando miramos en el espejo, lo que no queremos ver es un ser humano ordinario.  Quisiéramos ver alguien especial. Sea que estemos conscientes de esto o no, simplemente no estamos contentos  de ver un ser humano corriente con neurosis, obstáculos y problemas.  Queremos ver una persona feliz, pero en lugar de eso vemos alguien que está luchando. Queremos pensar acerca de nosotros mismos  como seres compasivos, pero lo que vemos es alguien que es egoísta.  Deseamos ser elegantes pero nuestra arrogancia nos hace ordinarios y en lugar de ser una persona fuerte o inmortal, vemos alguien que es vulnerable a las cuatro corrientes del nacimiento, la vejez, las enfermedades y la muerte.  El conflicto entre lo que vemos y lo que queremos ver causa tremendo dolor.

El dolor de la importancia que uno se da a si mismo

Somos prisioneros de este dolor por la sensación de ser especiales, es decir, por  la importancia que nos atribuimos a nosotros mismos. Esta constituye el aferramiento subyacente que tenemos a “YO, YO, YO; MI, MI, MI; MÍO, MÍO, MÍO”, el cual colorea o tiñe toda nuestra experiencia.  Si miramos más de cerca, encontramos un fuerte elemento de importancia personal en todo lo que pensamos, decimos y hacemos.

“¿Cómo puedo sentirme bien?  ¿Qué van a pensar los demás?  ¿Qué voy a ganar?  ¿Qué voy a perder?  Estas preguntas están todas enraizadas en nuestra importancia personal.  Incluso nuestra sensación de no estar a la altura de lo que deberíamos ser es una forma de importancia personal.  Nos gusta vernos a nosotros mismos como fuertes y en control, pero somos más bien como frágiles conchas de huevos que pueden romperse fácilmente.  Esto nos hace sentir profundamente vulnerables, y no de una buena manera. 

Este vulnerable ser, requiere protección, armaduras, reunir fuerzas y construir paredes y, en consecuencia, quedamos dolorosamente atrapados; estamos cada vez más temerosos de relajarnos con las cosas tal cual son y nos sentimos cada vez más inseguros de que algo salga de la manera que nosotros queremos.  Toma coraje ir más allá de la importancia que nos atribuimos a nosotros mismos y ver quiénes somos realmente, pero este es nuestro camino. El punto de todas las enseñanzas budistas, tanto formales como informales, es el de reducir la distorsionada importancia personal y abrirle campo a la verdad.  Este proceso comienza con la reflexión personal.

Un espíritu cuestionador

El gran pandita indio Aryadeva*,  una vez dijo que el simple hecho de cuestionar que las cosas pudiesen no ser lo que parecen puede sacudir la mismísima base del aferramiento habitual. Este espíritu cuestionador constituye el punto de partida de la reflexión personal.  ¿Pudiese ser que esta apretada sensación de ser no es lo que parece? ¿En verdad necesitamos tenerlo todo bajo control, y podemos hacerlo?  ¿Existe vida más allá de la importancia de uno mismo? 

*Generalmente se cree que vivió en el siglo II.  Aryadeva fue el principal discípulo de Nagarjuna, quien fue conocido por compilar y expandir las enseñanzas sobre la visión de la vacuidad.

Esta clase de preguntas abren la puerta para investigar la causa de nuestro sufrimiento. La práctica en sí de la reflexión personal nos exige que demos un paso atrás, que examinemos nuestra experiencia y no sucumbamos al momentum de la mente habitual. Esto nos permite mirar sin juzgar cualquier cosa que surgiese y esto va directamente en contra de la común inclinación de la importancia personal.  La reflexión personal es el hilo que corre a lo largo de todas las tradiciones y linajes de práctica budista. También nos lleva más allá de las fronteras de la práctica formal.  Podemos traer al espíritu cuestionador  de la reflexión personal a cualquier situación, en cualquier momento.  La reflexión personal es una actitud, un enfoque, y una práctica.  En síntesis, es una forma de hacer que la práctica cobre vida para nosotros de manera individual.  

Nuestro verdadero rostro

Si le damos un vistazo a nuestra mente habitual sin autoengaños ni juicios, más allá de ella veremos lo que realmente somos.  Más allá del YO  y lo que hace o no quiere, más allá del YO que está constantemente peleando o luchando en el mundo, yace nuestra verdadera naturaleza y nuestro verdadero rostro.   

Este es el rostro de nuestro estado natural libre de las luchas por llegar a ser lo que no somos.  Es el rostro de un ser potencialmente realizado cuya sabiduría, cualidades y coraje están más allá de cualquier medida. Viendo ambos, a nuestro más profundo potencial y  nuestras obscuraciones, comenzamos a entender la causa de nuestro sufrimiento –y podemos comenzar a hacer algo al respecto.  Cuando practicamos la reflexión personal, tomamos la liberación en nuestras propias manos. Este camino no comprometido exige un verdadero coraje y ausencia de temor. El ir más allá de la noción ordinaria de YO conduce directamente a la verdad de nuestra esencia búdica, a nuestro verdadero rostro  y a la liberación del sufrimiento.

Lo fantasmagórico de la mente yoica

El aferrarse a la noción ordinaria de YO, o EGO, constituye la fuente de todo nuestro dolor y confusión.  La ironía es que cuando buscamos este YO que consentimos y protegemos no podemos encontrarlo.  El YO es cambiante e inatrapable.  Cuando decimos “Yo soy viejo”, estamos refiriéndonos a nuestro cuerpo como si fuese el YO.  Cuando decimos “Mi cuerpo”, el YO se convierte en el propietario del cuerpo.  Cuando decimos “Estoy cansado”, el YO es equiparado con las sensaciones físicas o emocionales. 

El YO son nuestras percepciones cuando decimos “Yo veo”, y nuestros pensamientos cuando decimos “Yo pienso”.  Cuando no podemos encontrar un YO dentro o fuera de estas partes, entonces podemos concluir que el YO es aquello que está dándose cuenta de todas estas cosas –el conocedor o la mente. Pero cuando buscamos la mente, no podemos encontrar ninguna forma, consistencia ni  color. 

Esta mente que identificamos como el YO la cual llamamos mente yoica, controla todo lo que hacemos.  Sin embargo, no puede ser hallada, lo cual es en cierta forma algo fantasmagórico; es como si un fantasma estuviese haciéndose cargo de nuestro hogar.  La casa parece estar vacía, pero  se ha hecho todo el trabajo doméstico.  La cama está lista, nuestros zapatos han sido lustrados, el te ha sido servido y el desayuno ya sido cocinado. 

Lo gracioso es que nosotros nunca cuestionamos esto.  Simplemente asumimos que algo o alguien esta allí; pero todo este tiempo nuestra vida ha sido manejada por un fantasma y ya es tiempo de ponerle fin a esto.  Por una parte, la mente yoica nos ha servido, pero no nos ha servido bien.  Nos ha engañado hacia los sufrimientos del samsara y nos ha esclavizado.  Cuando la mente yoica nos dice “Ponte bravo” nosotros nos ponemos bravos; cuando  esta dice “Aférrate”, desplegamos nuestros apegos. 

Cuando miramos dentro de este arreglo esclavizante que tenemos con nuestra mente yoica, podemos ver cómo nos presiona, como juega con nosotros y como causa que hagamos cosas que traen consecuencias indeseables.   Si usted quiere dejar de ser el esclavo de un fantasma, usted debe pedirle a la mente yoica que le muestre su rostro.  ¡Ningún verdadero fantasma se va a mostrar cuando escuche esto!  Usted puede practicar esta simple meditación a lo largo del día. 

Cada vez que usted no sepa qué hacer con usted, rete su mente yoica a que muestre su rostro.  Cuando esté cocinando la cena o esperando el autobús, rete su mente yoica a que le muestre su rostro.  Hágalo especialmente cuando esta lo abrume, cuando se sienta amenazado, temeroso o subyugado por ella.  Simplemente enderece su postura y rete la mente yoica.  No se sea tonto, no se muestre escurridizo o guabinoso ni ande dando vueltas. 

Una vez que usted rete la mente yoica sea firme pero gentil, penetrante pero nunca sea agresivo.  Simplemente dígale ¡“Muéstrame tu rostro”!   Cuando ninguna mente se muestre diciendo “Aquí estoy yo”, la mente yoica comenzará a perder su asidero en usted y sus luchas se harán cada vez menos intensas.  Vea si esto no es cierto.

Cuando cuestionamos la mente yoica directamente, esta es expuesta a lo que es: a la ausencia de todo lo que creemos que es.  De hecho, podemos ver a través de esta aparentemente sólida mente yoica o ego.  Pero entonces ¿con qué nos quedamos?  Nos quedamos con una abierta e inteligente consciencia  desprovista de un ego a quien consentir o proteger.  Esta  es la mente sabia primordial de todos los seres.  El relajarse en medio de este descubrimiento es verdadera meditación, y la verdadera meditación proporciona la mayor realización y liberación del sufrimiento.

La forma en la que el practicante aborda la vida

La búsqueda de la mente yoica es muy importante.  Esta es la única forma de saber que no puede ser hallada  y si no podemos encontrar la mente yoica no podemos encontrar el ego, entonces ¿cómo podemos tomar todos nuestros pensamientos, emociones y experiencias de manera tan personal?  

Recuerdo mi primera experiencia de ausencia de YO.  Sentí una fuerte sensación de libertad y una profunda apreciación de cuán fundamentalmente perfectas pueden ser las cosas si yo no permitía que mi importancia personal si interpusiera en el camino y complicara las cosas. Me sentí aliviado de conducir a la luz a todos mis inútiles esfuerzos por mantener un YO. 

La gente tiende a apreciar la naturaleza. Asociamos al mundo natural con belleza, con aquello que es puro e intocado.  Cuando vemos a alguien cortando árboles o excavando  en el territorio virgen, eso nos perturba.  Podemos darnos cuenta de la belleza de nuestra propia naturaleza interior cuando dejamos de manipular todo lo que se cruce en nuestro camino  buscando fortificar una sensación de YO.  Esta es la forma en la que el practicante enfoca la vida.   Si usted piensa  un poco ¿cómo vamos a poder practicar la reflexión personal cuando nos aferramos a un YO?  Todo se vuelve personal: nuestro  dolor; nuestra rabia; nuestras  calamidades. 

Cuando asumimos a los pensamientos y las emociones de manera personal, estas nos torturan.  Mirar nuestros pensamientos y emociones de esta manera es como frotar nuestra nariz contra algo desagradable, ¿de qué sirve sino para crear más dolor?  Esta no es la clase de mirada de la que estamos hablando aquí.   Con el enfoque de la ausencia de YO nosotros podemos disfrutar de cualquier cosa que surgiese en nuestra consciencia.  Podemos aceptar que todo lo que surge es resultado de nuestras acciones pasadas, de nuestro karma, pero que no es lo que somos.

Utilizando los pensamientos y las emociones

Los pensamientos y las emociones siempre van a surgir.  El propósito de la práctica no consiste en librarse de ellos.  Podemos ponerle un alto a los pensamientos y a las emociones tanto como podemos ponerle un alto a las circunstancias de la vida que aparentemente se vuelven en contra nuestra.  Sin embargo, podemos escoger darles la bienvenida y trabajar en ellos.  Por una parte, estos no son más que sensaciones.  Cuando no los solidificamos o juzgamos  como buenos o malos, como correctos o incorrectos, favorables o desfavorables, podemos utilizarlos para progresar en el camino.  

Podemos utilizar los pensamientos y las emociones viéndolas surgir y disolverse.  A medida que lo hacemos vemos que son insustanciales.  Cuando podemos ver a través de ellos, nos damos cuenta de que no pueden encadenarnos, ni conducirnos por caminos equivocados, ni distorsionar nuestro sentido de la realidad y dejamos de seguir con la expectativa de que cesen de surgir. 

La misma expectativa de que los pensamientos y las emociones deben cesar es un malentendido.  Podemos librarnos a nosotros mismos de este malentendido en meditación.  En el sutra dice: “¿De qué sirve el estiércol si no para fertilizar las cosechas de caña de azúcar? De  igual modo podemos decir “¿De qué sirven los pensamientos y las emociones -de hecho, todas nuestras experiencias-  si no para incrementar nuestra realización?”

Lo que nos impide hacer un buen uso de ellos son los temores y las reacciones que surgen a partir de nuestra propia sensación de importancia personal.   Por lo tanto, el Buda nos enseñó a dejar las cosas tranquilas.  Sin sentirse amenazado ni tratando de controlarlas, simplemente permita que las cosas surjan naturalmente y déjelas tranquilas, déjelas ser.   Cuando la mente yoica se torna transparente a través de la meditación, no tenemos razón para tenerle miedo.  Esto reduce grandemente nuestro sufrimiento.  De hecho, podemos desarrollar una pasión por ver todos los aspectos de nuestra mente.  Esta actitud yace en el corazón de la práctica de la reflexión personal. 

El teatro de los reflejos

Cuando estamos viendo una película en el cine podemos relajarnos y disfrutar del espectáculo porque sabemos que es una ilusión.  Este mágico despliegue que estamos viendo es el resultado del encuentro de un proyector, un film, una luz, una pantalla y de nuestras propias percepciones.  En momentáneos destellos de color, formas y sonido, estos crean una ilusión de continuidad la cual percibimos como personajes, decorados, movimientos y lenguaje.  Lo que nosotros entendemos y llamamos “realidad” funciona más o menos de la misma manera.  Nuestra habilidad para conocer, nuestras percepciones sensoriales, las semillas de nuestro karma* pasado y el mundo fenoménico todos se juntan para crear “el espectáculo” de nuestras vidas.

*Las semillas kármicas provienen del residuo de acciones pasadas, positivas o negativas, y son activadas por causas y condiciones particulares.  Si nosotros tenemos la semilla o la tendencia a ponernos bravos, por ejemplo, cuando las apropiadas condiciones se junten, nos encontraremos a nosotros mismos respondiendo con agresividad.

Cuando miramos a nuestro alrededor, podemos ver que nada existe aisladamente, el cual es otra forma de decir que todo es interdependiente.  Todo depende de una infinita cantidad de causas y condiciones para poder llegar a tomar vida, surgir, y acabarse momento a momento.  Por ser interdependientes, las cosas no poseen verdadera existencia propia. 

Por ejemplo, ¿cómo podríamos separar a la flor de las muchas causas y condiciones que la producen  -agua, tierra, sol, aire, semilla, etc.?  ¿Podemos hallar una flor que exista independientemente de estas causas y condiciones?  Todo está tan intrincadamente conectado que es difícil señalar dónde comienza una cosa y dónde termina otra.  Esto es lo que se quiere decir por “la naturaleza ilusoria o vacía de todo fenómeno”.

El mundo exterior en toda su variedad y nuestro mundo interior de pensamientos y emociones no son lo que parecen.  Todo fenómeno parece existir objetivamente, pero su verdadera forma de existencia es como un sueño: aparente y sin embargo insustancial.  La experiencia de la vacuidad no es encontrada fuera del mundo de las apariencias ordinarias como mucha gente equivocadamente lo asume.  En verdad, nosotros experimentamos vacuidad cuando la mente se libera de la tendencia a aferrarse a las apariencias.

Viendo la vacuidad del mundo fenoménico nos libera de la pesada noción de que las cosas son sólidas o intrínsecas.  Una vez que entendemos que nada existe de manera independiente, todo lo que surge parece más como un sueño y menos amenazante. 

Esto proporciona una profunda sensación de relajamiento y sentimos menos necesidad de controlar nuestra mente y nuestras circunstancias.  Debido a que la naturaleza de todo es vacuidad, es posible ver nuestra vida como si mirásemos una película.  Podemos relajarnos y disfrutar del espectáculo.

Disfrutando del espectáculo

Podemos disfrutar más de contemplar nuestra mente que de ver una película de Hollywood.  La pantalla, el proyector, la historia, los personajes y el drama están todos dentro de nuestra propia experiencia, y todo el samsara y el nirvana forman parte del espectáculo.  Una producción teatral tan extraordinaria no podría comprarse ni por millones de dólares.  Nuestro boleto para este teatro es “ver a través”: ver que lo  fenoménico no existe de la manera como aparece.  

El ver a través de las apariencias –de los pensamientos, las emociones y los objetos externos- es muy importante.  Cuando no vemos a través de la apariencia, investimos aquello que es fluido, cambiante e inatrapable con una existencia que no tiene, y el mundo parece ser que nos invita o nos amenaza.  Esto hace que la paz mental sea casi imposible.  

Por ejemplo, algo nos pone bravos y nosotros tenemos que perseguirlo, llegar al fondo de eso, o llegar a alguna conclusión.  Estamos teniendo una intensa conversación y simplemente tenemos que ganar el punto, o estamos experimentando confusión y tenemos que obtener alguna claridad.  Un pensamiento está simplemente conduciendo al nacimiento de otro. Pero en determinado momento es necesario que nos demos cuenta de si son relevantes o no; estos son tan solo pensamientos y emociones, insustanciales, efímeros, pasajeros.

¿Qué tal si pudiésemos ver a través de nuestras creencias y temores de la manera en que vemos una película?  Podríamos comenzar a entretenernos con ellos, reírnos de ellos y dejarlos tranquilos.  Tomarlos demasiado en serio arruina el propósito de todo lo que estamos tratando de hacer en nuestro camino.  Podríamos hacernos un gran favor simplemente dejando tranquila esta mente discursiva. 

Desde la perspectiva budista, el dejar las cosas tranquilas les permite ser lo que son en lugar de lo que nosotros queremos que sean.  Hay un dicho que dice: “La meditación es mucho más placentera cuando no es fabricada; el agua del lago es mucho más clara cuando no la mueves” -lo que significa dejarla tranquila.  Este es el significado de la reflexión personal.  

No perder su asiento

El punto de la práctica de la reflexión personal es el experimentar las cosas claramente, sin enturbiar las aguas tratando de cambiarlas o controlarlas.  Las personas que cree que pueden cambiar o controlarlo todo por lo general sufren mucho porque esto es simplemente imposible.   Algunas veces los practicantes se resienten contra los pensamientos perturbadores y las emociones o piensan que ellos deberían estar libres de ellos. 

Aquellos que han venido practicando por muchos años pudiesen preguntarse ¿Por qué después de todo este tiempo continúo experimentando tanta agitación mental?  ¿Por qué mi mente no está en paz?  Esta pregunta refleja un punto de vista equivocado respecto al propósito de la práctica.  Sin importar cuan avanzados pudiésemos estar en la práctica o la realización, la actividad natural de la mente no cesa.  Es una expresión de la naturaleza de la mente la cual está preñada con posibilidades.  En lugar de resentir la vitalidad de la mente, nosotros podemos utilizarla para profundizar y enriquecer nuestra práctica.

El punto de la práctica consiste en trabajar con ambos, con pacíficos y no pacíficos estados mentales.  Generalmente encontramos perturbadores   a los pensamientos y emociones no pacíficas.  Si se relacionan con nuestro bienestar, surge la ansiedad. Pero es importante saber que todo esto es muy natural.  Los pensamientos son el fruto de nuestro karma; las emociones y la ansiedad son como el jugo de esa fruta. Experimentarlos no significa necesariamente que usted ha perdido su asiento como practicante. 

Cuando los pensamientos perturbadores y las emociones surgen, su única elección es dejar que se desplieguen naturalmente.  No trate de controlarlos ni alentarlos.  Darles importancia sólo los vuelve más “reales”.  Por el contrario, cambie su actitud un poquito. 

Verá que esta mente ansiosa y perturbada es tan sólo una expresión de la naturaleza básica de la mente –la cual es pura vacuidad y está OK.  Todo está en un buen lugar, y no hay necesidad de tanta lucha o preocupación.  Ver proporciona paz.  La paz se da cuando brilla la verdadera naturaleza de las cosas por encima de sus apariencias. 

Una mente que es lo suficientemente sutil como para reconocer la verdadera naturaleza de sus expresiones –saber que su naturaleza es apertura, libre de obstrucciones y llena de potencial-  está en paz.  Para esta clase de realización todos nosotros necesitamos practicar constantemente la reflexión personal. 

La reflexión personal es el portón a la liberación.  También proporciona una mayor apreciación y disfrute. 

Comenzamos a disfrutar pasar tiempo con nuestra propia mente y disfrutamos de reflejar las enseñanzas sobre nuestra experiencia.  Como el sol emergiendo tras las nubes, las enseñanzas del dharma se tornan claras y las bendiciones del linaje –de esos maestros realizados que han estado antes que nosotros-  penetran nuestros corazones y disuelven nuestra habitual relación con la mente.  

Luego, queda claro cómo debemos utilizar esta vida y cómo debemos relacionarnos con la felicidad ordinaria y el dolor cotidiano. Siendo que ambos son expresiones de nuestra naturaleza básica, luchar por ser felices o más felices es tan inútil como luchar por liberarse del sufrimiento y del dolor.  A fin de poder encontrar paz, debemos conectarnos con nuestra vida en este mismo nivel básico. 

El legado de los cavernícolas y los sabios

Desde la época de los cavernícolas hasta el presente, los seres humanos han buscado paz y felicidad a través de la caza, de cultivar los campos, de la recolección de bienes materiales, etc. etc.  Hemos estado tan ocupados buscando paz y felicidad fuera de nosotros mismos que no hemos tenido tiempo para cosecharlos en nuestra propia mente. 

La mayoría de la gente no piensa mucho acerca del hecho de que la codicia, el apego, la agresión, los celos y las acciones negativas no constituyen causas de la paz y la felicidad, sino que  más bien son causas de sufrimiento y dolor.  Ir más allá de estos requiere una reflexión más profunda sobre la naturaleza de la mente.  Esta necesidad básica de reflexión personal ha sido ignorada, pero sin ella tenemos poca posibilidad de separar nuestras intensiones de la influencia de otros. 

Los hábitos preconcebidos de la sociedad y las tradiciones son fuertes dentro de nosotros; sin embargo, este consenso acerca de cómo vivir –acerca de lo que es bueno o malo, favorable o desfavorable para nosotros-  es simplemente el consenso de nuestros ancestros convencionales.*  Esto no necesariamente implica una gran sabiduría. Ciertamente existe algo de sabiduría convencional, pero la mayoría nos dice cómo crear, vivir y beneficiarnos del samsara, ignorando el hecho de que el mismo samsara es un gran problema.

* Literalmente: “los mayores que nombraron las cosas”.

La mayoría de nosotros confía en la fortaleza de nuestras intenciones para proporcionarnos lo que queremos, pero con frecuencia nuestras intenciones no están del todo claras, o no podemos hacer que nuestras intenciones y acciones vayan a la par a fin de propiciar la fruición que deseamos.  Momento a momento surgen pensamientos y emociones.  

Cada pensamiento se basa en una percepción o creencia y la mayoría de las creencias provienen del consenso de otros, cuyas “lecturas” del mundo fenoménico no son del todo acertadas.

El consenso de ancestros convencionales ignora las trampas del samsara y el hecho de que crear más samsara es una trampa mortal.  Su perspectiva de cultivar la paz y la felicidad es bastante ignorante: en lugar de cultivar una sensación independiente de paz y felicidad dentro de la mente, trata de obtenerla de los recursos materiales.  Este consenso nos conduce por el camino equivocado. 

Hay muchos caminos equivocados dentro de la sociedad, pero todos básicamente iguales: para satisfacer nuestras necesidades interiores, todos ellos nos conducen fuera de nosotros mismos.  Ya sea que nos lleven hacia los bienes materiales o las relaciones sociales y la codependencia emocional, todos ignoran el propio potencial de la mente para proveernos  de paz y felicidad.  

C. Encuentro necesario hacer un alto para reconsiderar lo que acabamos de escuchar.  Como seres humanos crecemos creyendo que lo que nuestros padres y parientes mayores, maestros y relaciones mayores nos inculcan, constituyen los ejemplos y las normas a seguir.

En cuanto a la forma de pensar y el comportamiento de nuestros padres en particular, aún cuando podamos identificar desde temprana edad la presencia de comportamientos equivocados, el verlos no nos libera porque estamos supuestos a seguir su ejemplo. Es así como gran cantidad de niños y jóvenes crecen en constante conflicto entre lo que intuyen como beneficioso y saludable y el ejemplo  o la norma impuesta por sus padres, parientes cercanos o amistades, aunque estos sean equivocados.   

Este fenómeno lo encontramos con frecuencia entre grupos humanos donde los padres no tuvieron mayores posibilidades de estudio y desarrollo intelectual y emocional y sus hijos quienes ahora reciben educación y sus mentes se abren a la comprensión del mundo desde otras perspectivas.  Claro que hay excepciones, no podemos generalizar. 

Sin embargo, el punto a donde quiero llegar es a la posibilidad que nos brindan las enseñanzas de identificar patrones negativos de comportamiento en nosotros producto de la influencia de nuestros padres o familiares mayores cercanos.  Como practicantes tenemos la posibilidad de trabajarlos y trascenderlos una vez que los hemos identificado como perjudiciales, aún cuando vaya en contra de lo establecido dentro del núcleo familiar.  Los beneficios de nuestro trabajo interior al liberarnos de ellos pueden llegar a ser fuente de inspiración para los demás.

Al contrario de los cavernícolas, sigue diciendo Rimpoché, los grandes sabios del pasado buscaron y encontraron independencia de los hábitos preestablecidos y las tradiciones de la sociedad. Ellos se revelaron contra la gran tragedia humana de la ignorante mente yoica y encontraron la fortaleza para cosechar paz a través de mirar directamente a la mente.  Pasaron su tiempo en soledad, desarrollando una vigilia consciente e involucrándose en profunda reflexión personal. 

Este pasado no convencional va en contra de la inclinación del consenso de los ancestros convencionales.  Hasta este punto, la mayoría de los seres humanos han ignorado la necesidad de desarrollar un camino de vigilia consciente.  Esta es la tragedia de la ignorancia. Existen dos niveles de ignorancia: la ignorancia del absoluto o de la naturaleza esencial de todo fenómeno, y la ignorancia que nos impide una lectura acertada del mundo relativo. 

Estas dos clases de ignorancia son como dos clases de hilo; cuando son estrechamente tejidos no resulta fácil identificarlos, sin embargo, ellos construyen la fábrica de la ilusión o engaño.   Como resultado de la primera clase de ignorancia, nos falta sabiduría.  No teniendo una comprensión de nuestra propia verdadera naturaleza, percibimos aquello que es ilusorio y espacioso como si fuese sólido y real. 

La segunda clase de ignorancia consiste en la incapacidad para entender claramente las leyes de karma e interdependencia, lo que después resulta en una forma equivocada de relacionarnos con el mundo.  En el mundo relativo, los fenómenos externos están cambiando constantemente, nuestra mente interior está constantemente cambiando y por lo tanto nuestras percepciones están cambiando constantemente. 

Podemos ver que todo es transitorio, incluyéndonos a nosotros mismos.  Pero al yo o ego, le gustaría que creyésemos que todo es permanente.  Si de hecho nosotros admitiésemos que todo es transitorio, no tendríamos ninguna base sólida para desarrollar apego –y el ego se basa en el apego. 

Al aferrarnos a un ego inexistente  interpretamos nuestro mundo de manera equivocada y perdemos el verdadero tesoro de nuestra mente.   Como resultado de nuestra creencia en un yo que debe ser preservado a toda costa, el ego controla cada uno de nuestros actos mentales, emocionales, verbales y físicos.  Aún cuando nuestra mente de sabiduría es completamente radiante en todo momento, nos volvemos como un príncipe desterrado; como un monarca que vive vagabundo, sin tener consciencia de su propia herencia.   

Consecuentemente, nosotros ignoramos la forma en la que funciona el karma.  Ignorando la ley de causa y efecto, olvidamos la necesidad de involucrarnos en acciones que aporten resultados beneficiosos.  Por el contrario, nos involucramos en acciones que producen el karma de más sufrimiento.

Podríamos afirmar que todo el sufrimiento en el samsara es guiado por nuestra ignorancia individual y su ego.  Este condicionamiento no es tan sólo nuestro; es el predicamento de cada ser viviente. 

El hecho de que la raza humana haya sobrevivido hasta este momento sin alcanzar iluminación se debe a la ignorante creencia en el yo y su equivocada perspectiva de la realidad.   Sin el ego como nuestro principal punto de referencia, la mente es naturalmente abierta, sin confusiones y capaz de disfrutar de todo sin juicios.  Existen muchas formas para describir esta experiencia: vacuidad, naturaleza búdica, prajnaparamita, dharmakaya, o la naturaleza de la mente* 

*En esencia, la mente es libre de ignorancia y obstrucciones, con el potencial para experimentarlo todo de una manera fresca.  Revelar este potencial es el propósito de la práctica de la reflexión personal y nuestra herencia natural.

Estos términos son utilizados aquí de diferentes maneras: 

-La naturaleza de la mente, el verdadero estado de la mente es libre de ignorancia y obstrucciones, con el potencial para experimentarlo todo de una manera fresca. 

-La naturaleza búdica, también llamada esencia búdica, describe el potencial no fabricado para la budeidad que está presente en la mente de cada ser sintiente.   

-El dharmakaya, consiste en la abierta, libre de obstrucciones y completamente clara naturaleza de nuestra mente.  Es la base de la cual surgen todas las cualidades –tanto para las del samsara y para las del nirvana-  sin embargo, este permanece sin ser afectado por ninguno. 

-Prajnaparamita, es un término sánscrito para la perfección de la sabiduría que reconoce la vacuidad.

Nuestra herencia natural

La mayoría de nosotros pasamos nuestro tiempo tratando de enriquecer nuestras vidas y hacerlas significativas. Luchamos por volvernos poderosos e influyentes.  Trabajamos duro por volvernos ricos o tratamos de alcanzar algo significativo a través de la pintura, de la música o alguna otra forma de expresión.  Luego de toda una vida de trabajo, muy bien pudiésemos obtener algo de satisfacción, pero si tuviésemos la disciplina de conectarnos con nuestra propia herencia natural, podríamos alcanzar esa sensación de riqueza y bienestar en cada momento.

La riqueza inherente

Un grueso monedero y ahorros en el banco  no necesariamente nos hacen sentirnos ricos. Muchas personas increíblemente ricas se sienten pobres en el fondo de sus corazones.  Podemos pasar toda una vida trabajando duro por cambiar nuestras circunstancias materiales, pero, sin riqueza interior, la sensación de pobreza e insatisfacción nunca desaparece. Aquellos con riqueza en sus corazones no dependen de tener las circunstancias externas perfectas o abundancia de bienes materiales.  Ellos pudiesen tener gran aprecio por las riquezas convencionales y las situaciones de poder, pero también tienen una sensación muy sutil y fundamental de poseer una riqueza interior.

Esta riqueza inherente es llamada yün  en tibetano. Chögyam Trungpa Rimpoché  explica que todo depende de su propio yün particular.  Por ejemplo, los hombres y las mujeres tienen su propio yün en ellos.  Ese yün interior magnetiza el yün de las otras cosas. Cuando nuestro yün interior se conecta con el yün del mundo fenoménico, nos sentimos ricos, mucho más ricos que las personas que poseen enormes riquezas, aún con muy poco dinero en el bolsillo. 

De igual modo, aún con muy poco estatus o poder nos sentimos más poderosos que mucha gente en posiciones poderosas e incluso, si no somos particularmente hermosos, nos sentimos más hermosos que muchos de los que aparecen en las portadas de las revistas de moda.  ¿Cómo puede ser esto?

Este estado mental surge de la espaciosidad y la riqueza de nuestra naturaleza básica. Meditar sobre la naturaleza de la mente crea más espacio en nuestra mente.  Hay más espacio para experimentar nuestras emociones humanas, y más espacio para aflojar y dejar que la mente yoica se disuelva. Dentro de esta apertura descubrimos un potencial infinito. 

La riqueza y el significado no están fuera de nosotros y la vida no es tan sólo acerca de qué es lo que puedo ganar o qué es lo que no tengo.  Cuando nos abrimos a la riqueza de la experiencia estamos mucho menos temerosos y podemos disfrutar la vida más a fondo.  Apreciamos la belleza de nuestro mundo y de todo con lo que nos topamos. 

Con esta riqueza mental sin restricciones, incluso un pordiosero en las calles puede sentirse como un monarca universal.   En la medida en que reconozcamos nuestra riqueza interior, tendremos una poderosa sensación de seguridad en la que podemos confiar en cualquier situación.  Sabiendo que podemos depender de nosotros proporciona alegría y satisfacción. Cualquier cosa que surja en nuestra vida, buena o mala, confortable e incómoda, es disfrutable.  Es mi deseo que cada uno de nosotros pueda percibir, aunque sea un destello de esta experiencia. Entonces no nos enredaremos tanto en las circunstancias de la vida. 

Mérito y riqueza

Si la riqueza natural es inherente a todos los seres ¿por qué es tan difícil experimentarla?  ¿Cómo podemos tomar posesión de esta riqueza?  ¿Existe acaso un código de barras que podríamos utilizar para tener acceso a ella?  La respuesta es sí.  El código de barras de la riqueza es  m é r i t o.  Es muy importante saber cómo el mérito perfila o le da forma a  nuestra vida. 

El mérito afecta todo lo que somos y hacemos y todo lo que seremos y haremos en el futuro.  Cualquier buena fortuna que experimentemos en esta vida es el fruto de nuestras buenas acciones pasadas.  Estas son las acciones que nos movieron hacia la verdad y la expresión de nuestra bondad natural.  Pudiésemos pensar que nuestras circunstancias afortunadas se deben simplemente a nuestro trabajo duro.  Pero en verdad, estas se deben a nuestras acciones pasadas y a la gentileza que hemos recibido de otros. Sin mérito, nunca podríamos obtenerlas ni experimentarlas, sin importar cuán duro tratásemos. 

Todos tenemos atributos positivos –físicos, intelectuales, creativos-  que nos hacen sentirnos especiales e incluso orgullosos.  Puede que tengamos tanta riqueza que parece que somos extraordinarios.  Pero todos estos atributos y circunstancias positivas son el resultado de nuestras acciones pasadas y no se deben solamente a nuestros esfuerzos presentes.  

Si mantenemos esto en mente, nunca nos volveremos arrogantes respecto a ellos ni nos sentiremos abatidos cuando se esfumen y cambien.  Si no nos identificamos con los atributos y circunstancias positivas como “yo” o “mío”, estos nunca se volverán una carga.  Si por el contrario apreciamos de dónde provienen, podamos utilizarlos para darle forma a nuestro mundo a través de decisiones y acciones meritorias.  Esta es la mejor forma de reinvertir nuestro mérito actual. 

Existen dos clases de mérito.  La primera clase de mérito  limpia la vía para que nuestra inteligencia básica y nuestro camino se revelen y en esta forma nos proporciona circunstancias y cosas deseables.  La segunda clase de mérito nos permite experimentarlas y disfrutarlas.

Acumulamos la primera clase de mérito a través de cualquier acción de cuerpo, palabra o mente que reduzca la importancia personal y beneficie a otros, y a través de cualquier acción inspirada por nuestro anhelo de conectarnos con aquellos que han alcanzado liberación y realizado la riqueza interior. 

Para acumular la primera clase de mérito utilizamos nuestro conocimiento de la causa y el efecto del karma para crear las condiciones que promuevan y apoyen nuestro  verdadero bienestar y el de otros.

Si la primera clase de mérito nos proporciona circunstancias deseables, la segunda clase de mérito nos permite disfrutarlas. Sin el mérito para disfrutar nuestra riqueza nos consumimos por las preocupaciones y el estrés.  Están las preocupaciones y el estrés de querer tener riquezas y luego las preocupaciones y el estrés de incrementarlas y protegerlas.  En lugar de proveer una sensación de abundancia, las circunstancias positivas y riquezas tienen el efecto contrario. 

Por ejemplo, usted puede estar viviendo en una gran pobreza y necesidades cuando de repente gana la lotería.  La primera clase de mérito le proporciona esta riqueza.  La segunda clase de mérito le permite disfrutarla y utilizarla bien.  Le asegura que no experimentará tanta confusión, estrés y conflictos como resultado de su riqueza como para llegar a la conclusión que mejor habría estado sin ella.  Esta clase de falta de madurez indica carencia de la segunda clase de mérito.   Sorprendentemente, esta segunda clase de mérito es más difícil de acumular que la primera. 

La habilidad para disfrutar la riqueza proviene de apreciar profundamente nuestro mundo.  El aprecio es sólo posible cuando aflojamos la importancia personal.  A fin de disfrutar nuestra buena fortuna, tenemos que trabajar en nuestra mente de maneras más sutiles. 

Resumiendo, la riqueza es nuestra naturaleza básica, pero si nosotros utilizamos nuestra riqueza de atributos y circunstancias para reforzar nuestra importancia personal, destruimos nuestra habilidad para disfrutarlas.   Cuando aflojamos la importancia personal podemos experimentar el mérito de  apreciar.

El no apreciar nuestro mundo muestra carencia de la segunda clase de mérito.   Tenemos al sol, a la luna y al mundo natural los cuales ningún dinero puede comprar ¿pero realmente los apreciamos?  Trate de imaginar lo que sería el mundo si no existiesen las montañas, los bosques, los lagos, los ríos o las estaciones.  Piense acerca de la belleza de cada una de las cosas naturales y cuán profundamente esta le afecta.  ¿Aprecia usted su preciosa vida humana?  Ninguna cantidad de dinero podría comprar este nacimiento humano. 

Usted obtuvo esta vida debido a la primera clase de mérito.  No apreciarla demuestra una carencia de la segunda clase de mérito.

Luego piense acerca de su cuerpo y pregúntese cómo sería si usted no tuviese ojos, ni oídos, si no tuviese nariz, ni lengua, ni dientes.  ¿Y qué si los órganos internos de su cuerpo no funcionasen bien o si algo estuviese mal con su consciencia mental, con sus percepciones sensoriales o sus emociones? ¿Y usted realmente aprecia el trabajo que lleva a cabo? 

La mayoría de nosotros pasamos nuestra vida trabajando muy duro.  Si no sentimos aprecio por lo que hacemos  no llegaremos a madurar el fruto de todo nuestro tiempo y energía porque carecemos de la segunda clase de mérito.  Contemple estas cosas para cultivar un mayor aprecio por todo lo que tiene, incluyendo al linaje, a los maestros, las enseñanzas y la práctica. 

No piense que la espontánea riqueza presente del mundo externo, las montañas, los bosques, los lagos, las cuatro estaciones, los doce meses y la rotación del sol y la luna no se deben a su mérito.  Debido a sus previas acciones positivas esta riqueza es suya para disfrutar.  Su cuerpo humano con sus ojos, su nariz, oídos, boca, etc., también han llegado a darse debido a su muy buen karma de una vida pasada.  Estos son los aspectos externos e internos de nuestra herencia humana.

La parte secreta de esta herencia es la mente. Nuestra mente está dotada con cinco sentidos increíbles: vista, oído, olfato, gusto y tacto, los cuales nos conectan con el mundo exterior, y más allá de estos cinco sentidos tenemos la sexta consciencia, o consciencia mental.  Esta es la habilidad para conocer y etiquetar nuestro mundo.  Nosotros reconocemos, por ejemplo, por su color, su aroma y otras propiedades, que una flor es una flor. 

Este estupendamente complejo conocimiento se da en un instante, incluso antes de que  surja el pensamiento.  Ninguna computadora o máquina puede competir con esto.    La sexta consciencia incluye el mismo proceso de pensamiento, lo que también es maravilloso.  Esto nos presenta con el ego y la tendencia a consentirnos y protegernos a nosotros mismos; nos presenta con todas nuestras emociones negativas, confusión, sufrimiento y dolor. 

Claro que nadie quiere sufrir o estar adolorido, pero el sufrimiento nos provee la oportunidad de experimentar algo más que la vida en el samsara.  Todo lo que experimentamos, incluyendo al sufrimiento, surge de la esencia de la mente y de su tremendo potencial y vitalidad o carga. 

Aun cuando estemos sufriendo en el samsara porque no estamos utilizando muy bien este potencial, podemos comenzar a apreciar el hecho de que está allí.   El aprecio que se dirige hacia el interior constituye la fuente de innumerables buenas cualidades.  Genera apertura, bienestar y humildad, los cuales proveen protección de la arrogancia, los celos y la importancia personal.  Así, abre la vía para un gran disfrute de otros y del mundo que nos rodea.  

El más mínimo acto de aprecio proporciona gran mérito.  Se dice que ofrendar incluso solo una postración con profundo reconocimiento y aprecio es igual al acto de hacer ofrendas tan vastas como la tierra a todos los budas y bodhisattvas de los tres tiempos.

Cuando no cultivamos el aprecio nos encontramos consumidos por la lástima de nosotros mismos.  Pudiésemos por ejemplo estar llevando a cabo un retiro en algún lugar realmente hermoso.  De repente nos damos cuenta de que no tenemos ciertas cosas que deseamos en nuestra cabaña y comenzamos a enviar insistentes notas escritas a la persona encargada: “Necesito esto, necesito esto otro.”  Viendo esto con sentido de humor podemos ver cuan lastimera la mente puede llegar a ser.

Tenemos tan solo una mente.  Si esta es consumida por la lástima de nosotros mismos, su gran potencial no está siendo utilizado de la mejor manera posible.  No solo eso, estamos desperdiciando nuestro tiempo.  El tiempo es algo precioso.  Cuando se pierde, no se puede recuperar.  Con un aprecio más profundo por nuestra existencia acumulamos la segunda clase de mérito y nos conectamos con la riqueza de nuestra vida.   

A medida que crece el aprecio, proporciona una tremenda sensación de satisfacción interior.  Esto se siente en el corazón como una sensación de gran riqueza.  Si nosotros no sentimos esta satisfacción interior, esto demuestra carencia de aprecio por lo que tenemos.  Cuando la mente se centra en lo que no tenemos, nunca tenemos suficiente.  Una mente atrapada en una mentalidad de pobreza no está viendo el punto del asunto.

La mentalidad de pobreza hace que sea más difícil ser rico que pobre.  Hace más difícil el estar en una posición de poder o respeto que no tener poder ni respeto de ningún tipo y hace más difícil el ser amado que no ser amado para nada.  Es muy difícil estar a la altura de la ocasión de ser rico, poderoso, respetado o amado porque nos sentimos fragmentados interiormente.  Por una parte, lo queremos todo.  Al mismo tiempo sentimos que no lo merecemos.  Esto hace que surjan toda clase de confusiones e inseguridades.

El remedio para la inseguridad

El remedio para la inseguridad es la satisfacción.  Todos conocemos personas muy listas que  tienen un alto concepto de sí mismos pero que interiormente son dolorosamente inseguros.  Puede que sus rostros estén perfectamente maquillados, pero puede que su ropa interior apeste y ellos no tienen la libertad o la fortaleza para afrontarlo.  Su inteligencia está dedicada a impresionar a la gente de manera que puedan continuar consintiéndose a sí mismos. 

Para remediar esta inseguridad tenemos que regresar a la satisfacción: estar satisfechos con nuestros logros, con nuestro camino espiritual y cualquier otra cosa que nuestro buen karma nos ha proporcionado.  Una sensación de satisfacción puede liberar toda la alegría que está atrapada dentro. 

Alcanzar este lugar en su mente y su corazón refleja no sólo sobre nuestra herencia natural sino también  sobre la tiranía de la mente habitual y el descontento que esta engendra.

Para ayudarlo en este camino usted dispone de los mapas dejados por los budas, bodhisattvas, profesores y maestros del linaje del pasado.  ¿Qué fue lo que ellos encontraron en sus caminos y qué fue lo que hicieron al respecto?  ¿Qué funcionó para ellos y qué no?  Debido a su gentileza usted tiene esta increíble información para usarla y disfrutarla.

El maestro como espejo

Los seres humanos necesitamos maestros.  El en camino budista a la iluminación, el maestro nos muestra cómo vernos a nosotros mismos de manera apropiada.  Esta idea es muy sencilla: vea su mente, vea lo que está haciendo con su mente y cámbielo, pero en la práctica es difícil de hacer.  Para poder ver la mente con claridad debemos hacerlo sin que el ego esté involucrado.  El maestro es particularmente importante en este proceso, el maestro nos señala cosas que nosotros no podemos ver con claridad. 

 Atisha* el gran pandita hindú del siglo once, enseñó que las más importantes instrucciones fundamentales son aquellas que restriegan duro sobre nuestros puntos vulnerables.  Exponer estos puntos vulnerables es el trabajo del maestro.  En este sentido, el maestro es el mejor de los espejos.  Hay momentos en los que pareciera que el maestro está siendo duro con nosotros. 

Pudiésemos sentir que hemos sido criticados, que nunca se nos da un respiro o que nuestros logros nunca son apreciados.  Pero no debemos tomarlo de esa manera; por el contrario, algo maravilloso y fundamental pudiese tener lugar: podríamos ver  todos esos asuntos acerca de nosotros mismos que ordinariamente no vemos.

*Atisha fue el maestro y erudito que llevó al Tibet las enseñanzas que posteriormente llegarían a constituir la base del linaje Kadampa de Budismo Tibetano.  Estricto seguidor de la tradición monástica budista, Atisha hacía énfasis en la práctica de exponer nuestras faltas como una vía para reducir el egocentrismo o  la importancia personal.

C. Ya sea que recibamos las instrucciones y enseñanzas de un maestro o de un instructor, es indispensable la presencia de la apertura mental en el discípulo para que pueda producirse un mayor beneficio. Cuando se habla de la relación maestro-discípulo pudiésemos pensar que el discípulo será el único beneficiado del encuentro. 

Esto nos viene de la forma convencional de ver el proceso educativo donde damos por sentada una relación que impone la distancia basada en conocimiento vs ignorancia. Pero cuando hablamos de “relación” en el budismo, nos estamos refiriendo al encuentro de dos mentes por lo que se dan beneficios para ambas partes. 

He encontrado en mi experiencia personal de instructora que no todos los asistentes tienen la misma disposición para la apertura. Es más, es sorprendente a veces notar el cerramiento con que llegan algunos a las charlas. Uno se pregunta cómo es que están aquí si hay tanto rechazo en sus mentes. Es algo que se manifiesta en todo lo que hacen o dejan de hacer, en todo lo que dicen o dejan de decir y en algunos casos pasan semanas, meses y años y continúa el cerramiento. Uno se pregunta cómo podrán llegar a beneficiarse si tienen la mente tan cerrada.

También se da el caso de otros donde se evidencia poco a poco la transformación interior que se va llevando a cabo. Además de los propios condicionamientos personales que trae cada quien, existen también múltiples condicionamientos culturales que dificultan el proceso de apertura, pero hay un aspecto que me interesa mucho y es el que tiene que ver con el concepto que tenemos de  “autoridad”;  el mayor o menor nivel de conflicto que esto representa en nuestra comunicación con nosotros mismos, con los demás y el mundo en general.

A lo largo de nuestro proceso de crecimiento hemos venido desarrollando un ego que equivocadamente nos ha llevado a sentirnos y vernos a nosotros mismos como una autoridad. A esa autoridad la llamamos YO.  Este concepto lo aplicamos todo el tiempo en nuestra relación con nuestros hijos, amigos, compañeros de trabajo, incluso con nuestros padres, profesores y con el  público en general.  Cada vez que planteamos la presencia de YO o la forma como ese YO ve las cosas, estamos reforzando la autoridad que creemos que somos.

En el budismo se enfatiza la relación maestro-discípulo como única vía para una genuina comprensión de las enseñanzas e instrucciones; como guía en el camino a la iluminación.  Si realmente deseamos sacarle provecho a la relación, es necesario que abandonemos nuestros conflictos de autoridad porque aquí nadie está jugando a ganar.

Cuando me encontraba en presencia de mi maestro, Dilgo Khyentse Rimpoché* sigue diciendo Rimpoché, la mismísima ecuanimidad, claridad y especialidad de su mente exponía naturalmente mi egocentrismo o la importancia que yo me daba a mi mismo. 

* Dilgo Khyentse Rimpoche, uno de los más prominentes eruditos y maestros de meditación nyigma del siglo veinte. 

Yo sabía que él siempre podría ver a través de mi auto-absorción sin importar cuán significativo o complejo yo pensara que fuese mi asunto.  Esta era una no-hablada comprensión que teníamos como maestro y discípulo.  Esta forma de comunicarse  fue una de las cosas que aprendí de él.  También veía esta misma forma de interacción con otros estudiantes. 

Algunas veces personas cuyas mentes eran salvajes, realmente alocadas, inmediatamente quedarían domados por su presencia.  Esto es lo que se quiere decir con el maestro como espejo: el maestro es el espejo que refleja no sólo cómo y dónde estamos atorados interiormente sino también nuestra sanidad básica fundamental.  Este es el principal aspecto y propósito de la relación maestro-discípulo.

Para que el maestro pueda servir como espejo tenemos que estar dispuestos a vernos en ese espejo; de otra manera, nunca veremos la suciedad ni las manchas sin importar cuántos espejos tengamos a nuestro alrededor. Pudiésemos tener miedo, pero cuando se sostenga el espejo debemos tener la disposición de mirar.  Esto requiere de un giro mental muy simple.  Incluso luego de muchos años de práctica, puede que no ocurra por sí mismo.  Necesitamos al maestro y a las bendiciones de linaje. 

C. Esto tiene mucho que ver con lo que comentamos anteriormente.  Si no estamos dispuestos a vernos en ese espejo, seguiremos viendo lo que usualmente vemos ¿A quién? A “mi”, quien, según sus predicamentos, siempre ve las cosas como son, siempre tiene la razón, siempre hace las cosas correctamente. Necesitamos al maestro y a las bendiciones del linaje.

Es consecuencia lógica que a las personas más cerradas se les dificulte la conexión con el linaje y esto retrasa su desarrollo como practicantes.  En algunos casos se debe a que no tuvieron ninguna clase de formación espiritual en su niñez, lo que les ha endurecido el corazón y las prácticas devocionales les resultan difíciles de llevar a cabo de manera apropiada. No se permiten a sí mismas acceder a su bondad fundamental y gentileza; no hay confianza como para juntar las manos en una súplica sincera aceptando su vulnerabilidad y se limitan a repetir palabras en tibetano que ni siquiera saben qué significan.

Algunos hombres también tienen dificultad con esto debido principalmente a condicionamientos culturales donde el gesto de juntar las manos pudiese interpretarse como debilidad en vez de fortaleza y determinación. Aprovecho la oportunidad para recordarles la importancia de tener el texto de las prácticas en casa para poder hacerlas en español y así propiciar las bendiciones del linaje y una conexión más profunda con los beneficios de cada práctica en particular.

Nuestra principal conexión con el maestro es el linaje y el camino  es el hecho de que no tenemos miedo de mirar en el espejo.  De hecho, nos intriga ver las diversas clases de suciedades y la limpieza que necesita llevarse a cabo y saber que nadie puede hacerlo sino nosotros mismos. 

Anhelamos ir más a fondo en el dharma y poder realmente integrar las enseñanzas a nuestra vida cotidiana. A menos que las enseñanzas nos penetren profundamente, allí no hay mayor sentido en una comprensión meramente intelectual; esta sólo incrementa el ego. Debemos siempre asegurarnos, que las enseñanzas están orientadas a reducir el egoísmo o la importancia personal.

Emanación del gran practicante no-sectario del siglo diez y nueve Jamyang Khyentse Wangpo, Dilgo Khyentse Rimpoché es conocido por representar todas las cualidades de un gran practicante.  Habiendo pasado más de veinte años en retiro y estudiando con muchos maestros realizados, dedicó su vida a beneficiar a otros.  Él es mi maestro raíz, dice Rimpoché.

Con menos importancia personal y más espacio para la verdad, las bendiciones de los budas y bodhisattvas siempre están con nosotros.  Sin importar cuán difícil pudiese ser nuestra vida, no hay nada que no pueda ser cambiado por sus bendiciones.  De esta manera, en esta vida y la próxima, llegará a darse la fruición si estamos dispuestos a vernos en el espejo.  Cuando practicamos la  reflexión personal de manera gentil y con alegría, con gran aprecio por nuestra propia sabiduría, así como también por la sabiduría del linaje, la mente de nuestro maestro se establece en nosotros. 

El maestro puede sentirse seguro respecto a nuestro camino porque confiamos, nosotros sabemos que el mirar conduce a la liberación y por lo tanto tenemos el coraje de practicar la reflexión personal.  Luego, todo lo que experimentamos se convierte en nuestro espejo y cada experiencia nos ofrece una oportunidad para ir más allá de una mente rígida. 

Aquí no hay nivel de “avanzado” donde llegamos a un punto donde dejamos de practicar la reflexión personal; ni siquiera luego de muchos años de prácticas y retiro. Tal expectativa muestra que estamos en el camino equivocado.  Pudiésemos estar cansados y no desear seguir adelante, o pudiésemos pensar que ya hemos llegado, pero la pasión por mirar nunca debe cesar.  Debe más bien incrementarse y ser cada día más profunda.   Esto es en sí mismo un signo de logro.

En el camino de la reflexión personal usted es el único que puede acceder al principio, a la mitad del camino y al final.  Sólo usted sabe qué trabajo necesita hacerse y sólo usted puede hacerlo.  Esto es fácil una vez que sabe cómo tener acceso a usted mismo claramente.

Entrenándose en la valentía

Aquellos practicantes que se entrenan en desarrollar valentía se vuelven verdaderos guerreros.  La guerra que llevamos a cabo no es con enemigos fuera de nosotros mismos sino con las poderosas fuerzas de nuestras propias tendencias habituales y emociones negativas.  La mayor de estas es el miedo.  A fin de no tener miedo debemos comenzar por experimentarlo.

Enfrentar el miedo cambia nuestras perspectivas y hace que surja el coraje para enfrentar nuestra neurosis, así como también nuestras cualidades iluminadas. Tanto el miedo como las preocupaciones son comprensibles en ciertos momentos.  Sería estúpido no estar pendientes de nuestro propio bienestar y egoísta no estar pendientes de los demás.

Estar pendientes o interesarnos es algo natural de la bondad humana, pero cuando esto nos previene de aceptar nuestra vida, el miedo nos estropea, nos mutila.  Nos encontramos a nosotros mismos diciéndose NO al mundo; NO a nuestro karma; NO, NO, NO a todo, lo cual es una forma muy dolorosa de vivir.  Cuando pasamos nuestra vida deseando que ésta fuese diferente, es como estar viviendo la vida de otra persona.  O, pudiésemos decir que es como vivir nuestra propia vida a pesar de nosotros mismos.  Mientras tanto, todo el espectro de las experiencias de nuestra propia vida pasa desapercibido.

Alguien me preguntó recientemente si yo tenía miedo de morir.  Sinceramente, le tengo más temor a no vivir mi vida profunda y totalmente, a vivir una vida dedicada a protegerme y consentirme a mi mismo. Este enfoque de la vida llevado por el miedo es como cubrir el sofá con plástico para que no se vea usado.  Esto le roba a usted la habilidad de disfrutar y apreciar su propia vida. 

Exige coraje el aceptar la vida totalmente, el decir SI a nuestra vida, SI a nuestro karma, SI  a nuestra mente, emociones y cualquier otra cosa que se revele.  Este es el comienzo de la valentía.  Es la apertura fundamental para enfrentar las verdades más duras.  Abre espacio para todo el dolor, la alegría, la ironía y el misterio que provee la vida.   

Necesitamos valentía especialmente para enfrentar las cuatro corrientes de la vida humana: el nacimiento, la vejez, las enfermedades y la muerte. Luego de nueve meses de embarazo, una madre no puede decir “no, no quiero  dar a luz este bebé porque tengo miedo.”  Con miedo o sin él, la madre tiene que ir al hospital y dar a luz.  Las madres hacen esto de manera muy hermosa.  Hoy día es difícil encontrar un sentido más verdadero de coraje.

Nosotros no podemos decir “yo no quiero envejecer.”  Envejecemos día a día.  La manera de envejecer hermosamente consiste en aceptar nuestro envejecimiento y hacerlo bien.  Todo es impermanente y llega a su fin.  Cada momento de surge es un momento de destrucción. Si aceptamos el envejecimiento como el proceso natural de la impermanencia, aun así, tendremos un brillo en nuestros ojos cuando seamos viejos.  

No podemos decir “yo no quiero enfermarme.”  La enfermedad es parte integral de tener un cuerpo.  Nuestro cuerpo es como una compleja máquina con muchas partes que se mueven; está sujeto al sufrimiento  y la impermanencia de todas las cosas compuestas.  Piense acerca de la frecuencia con la que tiene que reparar su carro, el cual es una máquina mucho más simple.  Se asombrará de que su cuerpo funcione tan bien como lo hace. ¡Si aceptásemos este cuerpo compuesto, sorpresivamente pudiésemos experimentar la enfermedad de una manera muy diferente!

Finalmente, nosotros no podemos decir “yo no quiero morir.” Todo lo que nace está sujeto a la decadencia.  Necesitaremos muchísimo coraje y aceptación en nuestro lecho de muerte. No importa qué tanto nuestros seres queridos se ocupen de nosotros, debemos dejarlos atrás. Aferrarnos a ellos sólo hace la partida más dolorosa. Este viaje lo debemos hacer solos. Nadie puede experimenta nuestro dolor ni impedir que suceda. Nuestra muerte forma parte de nuestra vida.  Si la aceptamos con coraje y alegría, llevaremos a cabo de manera hermosa la transición de este mundo al próximo.  

Ir en contra de las cuatro corrientes de la existencia es como construir un castillo de arena en la playa.  Las olas lo derrumbarán inevitablemente.  Si nosotros no aceptamos los movimientos y el flujo de la marea persistiremos en construir nuestro castillo mientras sufrimos el temor de su destrucción.  Entonces nunca disfrutaremos de nuestra vida y ni que hablar de experimentar a fondo lo que significa envejecer, enfermarse y morir.  Pero si aceptamos y reflexionamos sobre el flujo natural del envejecimiento, de las enfermedades y la muerte, no tendremos nada contra qué luchar ni rechazar.  No nos sentiremos decepcionados cuando seamos confrontados con lo inevitable y no tendremos nada que temer.

C. Es importante notar que comenzamos a instaurar este patrón de aceptación cuando iniciamos la práctica Shámata, siguiendo las instrucciones de permanecer abiertos y centrados ante cualquier cosa que surja tanto interior como exteriormente. 

Con una mente abierta, sigue diciendo Rimpoché, el miedo puede convertirse en nuestro mejor aliado porque enfrentar el miedo significa enfrentar su vida y enfrentar su vida significa vivir su vida.   Usted se vuelve valiente y victorioso sobre el mundo del bien y el mal, de lo correcto y lo incorrecto, de la comodidad y el dolor.   Esta noción significa mucho para mí como mi propio nombre, Jigmé Namgyel que significa “Victoria sin miedo” pero pienso que es una buena recomendación para todos.

 

Encontrando refugio

En la historia de la vida del Buda encontramos que fue precisamente la realización del sufrimiento –del sufrimiento del nacimiento, de la vejez, de las enfermedades y de la muerte- lo que inspiró su búsqueda de liberación. De la misma manera, nuestra propia búsqueda de la verdad puede ser inspirada por nuestros más profundos temores. 

Toma coraje, agallas en verdad, el ver las cosas tal cual son, pero si estamos abiertos a eso podremos ver que el sufrimiento no es lo que parece ser.  La disposición de ver el sufrimiento es la precursora del tomar refugio de manera genuina.  Todos estamos buscando un lugar donde reposar, un lugar donde poder sentirnos seguros y en calma, y de una u otra manera, nosotros siempre estamos tomando refugio en algo. La búsqueda de refugio expresa un deseo fundamental de felicidad.  Esta puede conducirnos al Dharma, o puede llevarnos a refugios poco confiables que nos dejan vulnerables a tremendos sufrimientos.

Refugios poco confiables

La mayoría de nosotros busca seguridad y bienestar en el mundo fenoménico: en nuestros logros, ideales, riquezas o familiares.  Las posibilidades son ilimitadas, pero son todas compuestas, siempre cambiantes, modificables y constituyen causa de sufrimiento. Para los seres sintientes viviendo en las cuatro corrientes de la existencia, el sufrimiento está presente en todo.  No requiere de mucho pensamiento el llegar a ver que el samsara es un refugio poco confiable.

Muchos de nosotros, busca refugio en las relaciones, pero debido a que estas giran alrededor de la importancia de uno mismo, las relaciones humanas son complicadas e impredecibles.  No importa cuánto las estimemos o cuidemos como fuentes de fortalezas, siempre estamos caminando sobre cáscaras de huevo.  Los esposos puede que duerman en la misma cama, que prueben de la comida del otro, que intercambien expresiones románticas y aún así no confían plenamente el uno en el otro. De modo que las relaciones pueden ser espinosas y llenas de peligros. 

Pudiésemos apreciar mucho a otra persona, pero apreciamos mucho más a este “YO”.  De hecho, es debido a que me aprecio a MÍ que los aprecio a ELLOS.  Este enfoque del mundo está basado en la confusión y el apego.  Mientras exista un problema con YO, siempre habrá problemas con ELLOS.

Pero queremos olvidarnos de esta parte del panorama.  Simplemente disfrutemos de la vida, tomemos unas vacaciones, relajémonos  con la familia, enamorémonos.  Estos son los puntos de referencia que nos mantienen sobre la marcha.  ¿Pero qué pasa cuando se derrumban?   Es duro ser feliz, seguir adelante y sentirse afortunado cuando nuestro mundo se conmociona mientras nuestros apegos se mantienen fuertes. 

Pero el apego nos convence ser superficiales respecto a nuestro dolor e ir tras estas fuentes poco confiables de refugio.  Estos son los refugios que buscamos en el samsara.   Están supuestos a ser infalibles, pero fallan todo el tiempo.  Nunca llenan nuestras necesidades de seguridad porque buscar seguridad fuera de la mente constituye un escenario natural para el sufrimiento y el dolor. 

Tomar refugio en el samsara puede que proporcione una felicidad temporal, pero también nos vuelve más vulnerables e inseguros, y la inseguridad conduce a más codicia, apego, dolor y confusión.  Al final, nos quedamos sin ningún refugio para nada.  Con todas nuestras vulnerabilidades y dificultades ¿hacia dónde ir?


Refugio infalible

El refugio que ofrece algo más que un escape del sufrimiento son Las Tres Joyas.  Con el Buda como guía e inspiración, el Dharma como el camino y la Sangha como nuestros compañeros, disponemos de una forma de trabajar con nuestro sufrimiento. También tenemos el ejemplo de aquellos quienes alcanzaron liberación en este camino. Con este refugio, nosotros podemos expresar nuestra dedicación a la comprensión no sólo de nuestra propia confusión sino también de nuestra sabiduría innata. 

A través del reconocimiento de un verdadero e infalible refugio, podemos ver dónde no buscar refugio y donde no invertir nuestra confianza.  Sin abandonar nuestra relación con los seres humanos o con la riqueza y bondad de la vida, no tomamos refugio en ellos.  Una cosa son las relaciones con el mundo; tomar refugio en ellas es otra totalmente. 

Sólo usted sabe de corazón dónde tomar refugio.  Tan sólo use su inteligencia para ver a través de las inquietudes de esta vida y verá qué tan bien estas sirven como refugio; entonces voltee su mente incluso brevemente hacia Las Tres Joyas,  pudiese encontrar que no se siente tan vulnerable o desamparado. 

Con el anhelo que tomar refugio en algo más que la ignorancia y la importancia personal, usted descubrirá una gran valentía, incluso enfrentando una enfermedad abrumadora, pérdidas, odios, confusión y dolor, así que cuando se sienta conmovido hasta lo más profundo de usted mismo, recite la oración del refugio. 

Cuando pierda toda esperanza, simplemente oriente su mente hacia Las Tres Joyas. Usted podrá encontrar que tomar refugio en Las Tres Joyas le resulta mucho mejor.  El ver su poder en su vida le brindará confianza en la liberación. 

El refugio y la reflexión personal

Una vez que dejamos de ignorar la futilidad del samsara incursionamos en el camino de la liberación.   No podemos dar este paso sin la reflexión personal.   Las tendencias habituales causan que ignoremos la impermanencia, el karma y los sufrimientos del samsara.  Ignoramos la preciosidad de nuestro nacimiento humano y de nuestro potencial para trabajar con nuestra mente.

Ignoramos nuestra vulnerabilidad, la cual es la causa de tanto sufrimiento. Cuando permanecemos en estado de negación, incluso si tomamos refugio mil veces, nada va a cambiar.  La negación es de hecho lo primero que realmente debemos abandonar.

El ver la futilidad del samsara proporciona un sentimiento de desencanto o corazón partido.  Esta es la realización de que todo en lo que hemos venido tomando refugio, desde tiempo inmemorial no ha sido confiable. 

A partir de esta realización, surgen sentimientos de ternura y tristeza* hacia nuestro mundo, junto con una profunda sensación de renunciación. Anhelando acercarnos a la verdad, nos damos cuenta de que no hay refugio más genuino que Las Tres Joyas.

*Este sentimiento de desencanto o corazón partido es tenido por todos los grandes maestros como la raíz para desarrollar genuina renunciación.  

Esto no es simple “propaganda” del dharma.  Cuando usted toma refugio, no lo hace para su propio beneficio.  Nadie lo beneficia a usted y nadie sino usted sufre cuando usted toma refugio en el samsara. 

Usted escoge: usted puede tomar refugio en el samsara o puede hacerlo en el despertar, pero llegado cierto momento usted tiene que abandonar sus dudas y decidirse de una vez por todas.   

Danzando con los hábitos y temores

Desde hace tanto tiempo atrás como para que ninguno de nosotros pueda recordarlo, hemos venido tomando refugio habitualmente en el samsara a fin de preservar y consentir al ego. Luchando por mantener la identidad de quien creemos que somos, nos encontramos siendo llevados por hábitos y temores.  Aprender a danzar con ellos es la única forma de encontrar quién somos en realidad.

Danzar significa reconocer la energía primaria de la situación y movernos con ella.  Nuestro enfoque común consiste en calibrar las situaciones para ver si estas nos amenazan o nos resultan de utilidad; qué puedo obtener o de qué me puedo liberar.  Al abordarlo todo con una sensación de sospecha y lucha nos complace pensar que estamos en control de las cosas, pero en verdad, nuestro karma pasado está simplemente manifestándose.  Sin embargo, en vez de luchar con esta, podemos escoger danzar.

Danzar requiere de nosotros que estemos atentos y conscientes del espacio y de los objetos que nos rodean.  No podemos simplemente movernos, debemos aprender a estar alertas y responder a nuestra pareja.  Nadie está totalmente en control.  Aprender a relajarse y danzar reduce nuestros temores y proporciona espacio y consciencia a las respuestas habituales.  Esto trae consigo una completa sensación de bienestar.

Saber quién somos

En parte, el bienestar surge a partir de darnos cuenta de los hábitos y aprender a danzar con ellos.  Más allá de eso, de saber quién somos, más allá de los hábitos y temores, más allá de los aspectos mundanos y espirituales de nuestra vida.  Estos son todos meros adornos de nuestra vida; ellos no dicen nada sin la persona que los lleva. Puede que nos identifiquemos con ellos, pero ellos no son quién realmente somos.  Si exageramos su importancia, parece que no hay vida ni gratificación más allá de ellos.  Estar obsesionado con los adornos no constituye un verdadero camino espiritual. 

Un verdadero camino tiene que ver con darnos cuenta de nuestra verdadera naturaleza.  Incluso el amor y la compasión, cualidades positivas a desarrollar en el camino espiritual, son meros adornos de nuestra verdadera naturaleza.  ¿Cómo poder meditar en nuestra espacial naturaleza cuando estamos tan ocupados identificándonos con las diversas cualidades de nuestra mente?

El aferramiento es una trampa egoísta.  Necesitamos más bien relajarnos con la vacuidad, la cual es la naturaleza abierta e insustancial de todo.  Este es nuestro verdadero rostro y naturaleza.

Habituándonos a la vacuidad

Entrenarse en la vacuidad quiere decir abandonar la lucha y relajarse.  Experimentamos vacuidad directamente al abandonar el aferramiento y la  fijación de que las apariencias son sólidas.  Esto incluye a las apariencias externas e internas tales como los pensamientos, emociones y sueños.  El abandonarlos aporta conciencia de espacio, luego podemos ver los adornos del espacio por lo que ellos son: expresiones de la vacuidad.

La vacuidad es nuestra mayor protección del miedo. No tenemos por qué sentir temor de ser retados porque no hay nada sólido que retar. No necesitamos armarnos de una coraza contra la destrucción ni aferrarnos a nada por seguridad.  Tal como el firmamento acomodando las nubes, nosotros acomodamos cualquier cosa que nos brinde la vida, libres de temores y predisposiciones.  Este es el entrenamiento mental fundamental.

Las enfermedades, la vejez y la muerte llegarán a nuestras vidas, pero ¿qué pueden en verdad destruir?  Puede que destruyan nuestro bienestar físico, pero no pueden destruir nada que sea realmente “yo”.  Este “yo” es la experiencia misma de espacio: es abierta, sin obstrucciones y libre de temor.  El increíble sufrimiento del reino humano –el dolor del nacimiento, de la vejez, de las enfermedades y la muerte-  no pueden destruirnos.  Una vez que nos sentimos cómodos con la especialidad, con la vacuidad, nos liberamos del miedo.

Al habituarnos a nuestro estado natural dejamos de apostarle a cosas que por su propia naturaleza no se mantienen.  Sin este entendimiento la vida es difícil.  Los temores que tuvimos cuando niños permanecen con nosotros a través de nuestra vida de adultos.  Esto no es natural, pero hoy día es algo común.  Tradicionalmente, la gente tenía mucha más comprensión y aceptación de la vida.  Sin esta comprensión y aceptación, los adultos son abrumados por temores infantiles.  Siempre hay algo que hace que nuestro corazón se encoja con miedo de perder nuestro bienestar. 

Sin saber cómo danzar con los temores y los hábitos - asumir nuestro lugar, pararnos de manera apropiada y hacer nuestras cosas- no podemos trabajar con ellos y tenemos que poder hacerlo porque los temores y los hábitos siempre regresan. 

La dinámica de la inseguridad

Cuando nos resistimos a la naturaleza de la impermanencia, la mente entra en la ansiedad y el miedo. Nuestras tendencias habituales persisten en crear una semblanza de seguridad: tratamos de aferrarnos a ensoñaciones y fantasías; tratamos de mantener los temores alejados; pudiésemos incluso tratar de vivir una vida “dhármica”.  Esto es como volver a arreglar los muebles mientras nuestra casa está siendo devorada por el fuego.  Sin un sentido de nuestra naturaleza básica estamos atrapados en esta dinámica de inseguridad.

Nuestro moderno sistema de vida esta lleno de inseguridad y aislamiento.  Vivimos en la misma calle durante años, pero no conocemos a nuestros vecinos. Trabajamos en la misma oficina durante años, pero no sabemos nada acerca de la gente con la que trabajamos –y no nos parece que tengamos nada que hacer preguntando. 

Aun cuando vivimos en el  mundo,  sufrimos toda la soledad, el desamparo y otras emociones de no tener conexión con el mundo para nada.   En cierta forma la gente de la televisión parece más real que la gente con la que vivimos y trabajamos.  Sentimos que los conocemos y entendemos; sus guiones nos proporcionan una clara idea de quiénes son, pero no hay guiones para la gente en nuestras vidas y tratar de conocerlos hace que surjan emociones muy complejas e inseguridades.  Llegado este punto sentimos que –además de detenernos ante las luces rojas y los signos de “alto”- en verdad no sabemos cómo relacionarnos con el mundo.

Si hemos sido criados dentro de este estilo de vida, es difícil acabar con nuestro aislamiento e inseguridad. Las relaciones son difíciles porque tememos relacionarnos persona-a- persona con un maestro, con la sangha, o con cualquier otro.  También es difícil cuando cambian las situaciones. 

¿Quién somos sin nuestra taza de café en la mañana, sin nuestras rutinas y alrededores familiares?  En medio de alrededores familiares no tenemos que enfrentar estos temores, pero cuando las cosas cambian somos como animales domésticos abandonados a su suerte en la maleza.  ¿Qué haremos cuando las cosas cambien de verdad, cuando nos enfrentemos a la vejez, a las enfermedades y la muerte?

Sin importar cuánto cambien las cosas, siempre podemos confiar en nuestra naturaleza básica y bienestar.  No necesitamos tener tanto control.  No necesitamos pasar toda una vida manteniendo siempre el mismo trabajo, jugando con los mismos amigos y comiendo el mismo alimento en un esfuerzo por mantener alejados a nuestros temores.

La vívida cualidad de la incertidumbre

La mayoría de los temores surgen de la incertidumbre.  Por supuesto que no es muy excitante saber todas las cosas con anterioridad, es como ir a un restaurante donde ya hemos probado todo lo que tienen en el menú. 

Pero cuando estamos atrapados en el miedo no podemos dar un paso adelante a menos que sepamos qué es lo que está más allá.  Ni siquiera nuestra vida se siente como nuestra vida tan controlada como está por el miedo.   

Si pudiésemos simplemente permitirle a esta incertidumbre estar allí, podríamos conectarnos con su vívida cualidad.  La vida es mucho mejor cuando dejamos que las cosas sean. No tenemos por qué refugiarnos en lo familiar.  Podemos enfrentar la vida a nivel de experiencia directa –fuese eso lo que fuese. 

Si no luchamos con nuestra experiencia no tenemos por qué sentirnos sentenciados ni a su merced y no necesitamos sentirnos atorados a la hora de alcanzar un estado mental calmado o cualquier otro estado mental.  Podemos simplemente estar presentes.

A medida que somos testigos de nuestras vidas desarrollándose naturalmente en el espacio de consciencia no obstruida nos damos cuenta de que nosotros mismos somos espacio y, como un espacioso jardín adornado con muchos retoños, todas nuestras experiencias, incluyendo hábitos y temores, se vuelven adornos de este espacio. 

El espacio básico de consciencia no obstruida es la riqueza de la que hablamos desde el comienzo hasta el final del camino de la práctica.  Para comenzar, es debido a que nuestra naturaleza es como el espacio que nosotros podemos funcionar en el espacio.  Sin el espacio no podría haber movimiento ni cambio, pero gracias al espacio ¡cualquier cosa es posible!

El impulso de la ilusión

Dado que nuestra naturaleza es  completamente libre de obstrucciones ¿qué causa que la mente luche y de vueltas y qué alimenta ese impulso?  Se dice que los seres sintientes “giran” en el impulso de la ilusión del samsara.  Ilusión, o trülpa en tibetano, es simplemente ver lo que no está allí realmente. La raíz de esta interpretación equivocada de la realidad es la  ignorancia.

Partiendo de esta constante interpretación equivocada –de manera sorprendente pero dolorosamente suficientemente - surge un mundo enteramente funcional apoyado por la ley de causa y efecto.  El motor que mantiene esta ilusión es la mente conceptual con todos sus pensamientos y creencias. 

Hay una sutil creencia en una sólida identidad que debe ser protegida y consentida, y también densos pensamientos acerca del bien y el mal; de lo que nos gusta y disgusta; de amigos y enemigos; de posibilidades e imposibilidades.  Algunas veces nos involucramos en la mente conceptual intencionalmente y algunas veces no, pero la mente se involucra a sí misma todo el tiempo.  No hay reposo en su proceso de categorizar la experiencia basándose en nuestras preferencias y creencias. 

Ya sea que estemos conscientes de esto o no, estamos atrapados en este impulso desbocado la mayor parte del tiempo.  Sin nuestras categorías no podemos navegar por nuestra vía en el mundo y ciertamente no podemos saber quién somos sin nuestras preferencias y opiniones.  Pero en verdad, estos conceptos sólo encienden nuestras emociones y socavan cualquier posibilidad de paz que tengamos.  Los conceptos y las creencias son como la cera de una vela; encendida gracias a la cera, las emociones son como las llamas que mantienen vivo el impulso de la ilusión.

El poder de los pensamientos y las creencias

Los  pensamientos surgen continuamente, momento a momento y puede que entre ellos no exista ninguna conexión.  Si nos fijamos en un pensamiento, incluso en un pensamiento benevolente puede convertirse totalmente en nuestro mundo y cambiar el curso de nuestra vida. Esto es particularmente cierto si tenemos las semillas kármicas o somos propensos a ir en determinada dirección.

Hay una historia tibetana que ilustra muy bien el poder del pensamiento no examinado.  Un hombre renunció a su vida como granjero para vivir en retiro en la montaña. Era tan diligente en la práctica que desarrolló el poder de realizar hazañas milagrosas.  Un día, un caminante le dio un puñado de semillas de cebada.

Pensó, “puedo comerme esto ahora o puedo sembrarlas y cosecharlas posteriormente.  Entonces seré autosuficiente y no tendré que depender de otros para mi sustento”.  Así que eso fue lo que hizo. Su plan tuvo tanto éxito que terminó con todo un campo de cebada y pasó el resto de sus días consumido por el trabajo –todo porque falló en enfocar ese solo pensamiento desde el camino. 

Es igualmente importante estar claros acerca de nuestras creencias; cómo influencian nuestra vida y si verdaderamente llenan nuestra intención de paz y felicidad.  Tener fuertes creencias  -políticas, sociales, religiosas, e incluso creencias altruistas-  no es necesariamente un problema, pero cuando se mezclan con la importancia personal quedamos controlados emocionalmente por nuestras creencias. 

Esto conduce a reacciones emocionales.  Cuando la importancia personal –el ego, el yo- asume lo mejor de nosotros mismos, nos volvemos auto-virtuosos y perdemos la dignidad de nuestra inteligencia. Llegado este punto, debemos dar un paso atrás y obtener una mejor perspectiva.  ¿Qué tan importantes son estos enfoques nuestros? 

¿Acaso nos ayuda el mantenerlos con tanta fuerza como si tuviesen existencia propia?  ¿Estamos siendo desleales a nuestras creencias cuando tenemos una mente abierta?  Cuando a través de la reflexión personal usted conduce a estas sutiles creencias y emociones a la consciencia, quedará claro que usted tiene que seguir trabajando.

Mirando de nuevo

En occidente se dice con frecuencia que la gente vive llevada por el sexo, por el dinero y el poder.  Ahora bien, usted pudiese pensar “Yo no estoy atrapado en tales cosas; mi motivación es diferente. Realmente no tengo nada en que seguir trabajando.”  Pero mire de nuevo, puede que vea las cosas de manera diferente.

Una vez soñé que alguien me acusaba de estar motivado por el sexo, por el poder y el dinero. Cuando me desperté, pensé “¡Eso es ridículo! He venido trabajando en mi mismo durante mucho tiempo como para que exista la posibilidad de quedar atrapado en tales cosas.  Esa persona está verdaderamente fuera de base.” Pero cuando miré esa posibilidad con honestidad pude ver que era cierto –no de manera obvia tipo Hollywood, pero sí en mi propio estilo psicológico.   

Podía ver en mí mismo un profundo anhelo de formar pareja con otra persona, lo cual constituye una forma de estar atrapado por el sexo, y aun cuando he tratado de evitar todas las formas ordinarias de quedar atrapado en el poder, a un nivel sutil yo anhelaba el poder para influenciar a las personas e impactarlos.  Este sutil apego al poder es de donde provienen todas las locuras de poder.

Y cuando llegué al tema del dinero, pude ver mi pasión por la libertad que el dinero puede comprar: libertad para viajar, para hacer retiros, para beneficiar a otros.  Aun con intensiones positivas, ese sutil apego estaba allí.  Al examinar nuestros pensamientos y creencias descubrimos nuestros más profundos apegos.  Una vez que son conducidos a la luz, estos conceptos ya no podrán continuar teniendo poder sobre nosotros.

Viendo a través de la mente conceptual

La mente conceptual es un problema, sólo si está fundamentada en la importancia personal (ego)(yo) y el apego.  Los pensamientos en sí mismos y acerca de ellos son ilusorios, pasajeros e imposibles de atrapar.  Son neutrales en el sentido de que pueden ayudarnos o hacernos daño.  Si entendemos su naturaleza, podemos utilizarlos para nuestro beneficio en el camino.  La mente conceptual tiene un tremendo poder para trabajar en contra del impulso de la ilusión y nos acerca a la verdad. 

El estudio y la contemplación del dharma, por ejemplo, pueden aclarar la ignorancia. El pensamiento de beneficiar a otros puede instantáneamente erradicar el sufrimiento de la importancia personal.  Utilizado de esta manera, la mente conceptual es una fuerza poderosa, aunque ilusoria, para contra-atacar el impulso de la ilusión.  Ultimadamente, sin embargo, la forma más poderosa de contra-atacar la ilusión es ver a través de la misma mente conceptual.

C. Rimpoche comenzó diciendo: “la mente conceptual es un problema sólo si está fundamentada en la importancia personal y el apego.” ¿Qué quiere decir con esto? Estamos acostumbrados a resolverlo todo, pensando. 

Hemos llegado a tener tanta confianza en nuestra propia mente conceptual como para buscar en ella la solución a todos nuestros conflictos, pero al hacerlo, no tomamos en cuenta lo más importante: que, como ésta se fundamenta en la idea que tenemos acerca de nosotros mismos -en una ilusión- y en la excesiva importancia que nos atribuimos a nosotros mismos, el egoísmo de o lo que llamamos ego o yo,  las conclusiones a las que frecuentemente llegamos son igualmente egoístas y de una u otra manera, equivocadas.  

Es cuestión de lógica.  No podemos ver claramente a través de un cristal opacado por el sucio; pero la tendencia habitual es a olvidarnos completamente de lo que hemos escuchado en las enseñanzas y más bien hacerle caso a ese caos interior que nos domina; a todos esos pensamientos y emociones conflictivas porque nos hemos familiarizado con ellos y equivocadamente buscamos su ayuda para solucionar la propia confusión.  Entonces ¿quién ayuda a quién aquí?  Es como un ciego ayudando a otro ciego.  

Estamos demasiado centrados en nosotros mismos. 

Ese constante girar alrededor de nuestros contenidos mentales e intereses estrictamente personales nos resta energía y nos aleja de la claridad de lo que es. Si recordamos las enseñanzas sobre la importancia de la bodhichitta en medio de nuestra confusión y temor y nos abrirnos al hecho de que somos millones de seres en la misma situación deseando liberarnos de este sufrimiento, podremos generar un intenso anhelo de paz y ecuanimidad, de sosiego y alegría para todos nosotros.  Este sincero anhelo, mantenido con firmeza en nuestro corazón, logrará apaciguar el caos, disminuir la intensidad de la confusión y finalmente brindar claridad a nuestras vidas al disipar la oscuridad creada por el egoísmo.

Desacelerarnos

El desacelerarnos no necesariamente significa que debemos meditar.   Significa más bien prestar más atención al espacio en nuestra vida –interior y exterior- Significa no salir corriendo al cine o volverse un zombi frente al televisor cada vez que tenga algo de tiempo libre.  Haga algo más natural para desacelerarse: tómese su tiempo para mecerse en una mecedora, en una hamaca, o siéntese en el jardín y contemple las flores, asómese a la ventana y contemple el cielo.  

A fin de poder desacelerarnos tenemos que reconectarnos con el espacio de nuestra mente y de nuestra vida. Es particularmente importante desacelerarnos cuando estamos viviendo momentos difíciles –justo cuando la mayoría de nosotros tiene el desafortunado hábito de gastar.  No es nada fácil desacelerarse y tornarse más consciente de lo que está sucediendo, pero al final nos será de mucha ayuda. Algunas personas son tan aceleradas que parece tuvieran cafeína en vez de sangre, incluso si no toman café.  Estar acelerados es un indicativo de la falta de  lungta, o energía natural.  

C. Al escuchar estas palabras la tendencia inmediata en la mente de muchos es la de justificar el no hacerlo con argumentos tales como por ejemplo “eso suena muy fácil para el lama, pero yo no tengo ni una mecedora y mucho menos un jardín.”   Me pregunto ¿por qué tenemos que ser tan negativos?  ¿Por qué ante recomendaciones como estas no buscamos más bien la alternativa que tenemos a nuestro alcance?  De hacerlo así podríamos ver que está bien, no tenemos una mecedora, pero de pronto tenemos una hamaca o un chinchorro, y si tampoco disponemos de eso, entonces quizás podemos pensar en nuestra propia cama donde no tendremos inconveniente en acostarnos y tranquilamente desacelerarnos un poco. 

De pronto no tenemos un jardín, pero sí una ventana a través de la cual puedo contemplar un cielo maravilloso, amplio, infinito, en calma, luminoso, abierto, que me puede ayudar a conectarme con mi propia luminosidad, especialidad y apertura.  Siempre tenemos una alternativa a la mano.  El todo está en nuestra disposición o actitud de buscarla.

Desde el momento en que nos levantamos en la mañana estamos enredados en la ansiedad de las demandas de la vida, sigue diciendo Rimpoché. Debemos tratar de desacelerarnos, poco apoco a través del tiempo. Con un poquito más de espacio en nuestras vidas no estaremos corriendo como robots cuando nos despertamos; estaremos más presentes a medida que atravesamos el día.

Conozco un dicho en tibetano que se es bastante cierto: “Aquellos que tienen mucha lungta se ocupan de su cabello y de su cabeza tan pronto se levantan y los que tienen la lungta muy baja buscan sus zapatos”. 

Esta descripción de alguien con una buena lungta es realmente la descripción de alguien que no es acelerado.  Así que cuando se levante en la mañana, siéntese y siéntase a usted mismo en su cuerpo. Luego ocúpese de su cabello y de su cabeza y empiece a descender a partir de allí.  Trate de no alcanzar primero sus zapatos –yo solía hacer esto y mi madre siempre me recordaba el dicho.

C. Aquí nos resulta de mucha ayuda el centrarnos en una actitud o disposición apropiada cada vez que nos despertemos. Si, independientemente de las circunstancias, al abrir los ojos permitimos que surja y nos embargue la sensación de agradecimiento por abrir de nuevo los ojos a la vida y seguidamente nos centramos en la intención de vivir el día que apenas comienza recordando las enseñanzas y aportando bienestar y alegría a todos los seres,  con toda seguridad será diferente y estará lleno de sentido.

Separar a la naturaleza básica del hábito

Una vez usted se desacelera puede que note algo muy interesante. A medida que experimenta más espacio en su mente, se acrecienta la distancia entre usted y sus reacciones emocionales.  Puede que aun continúe reaccionando a partir del hábito, pero estas reacciones no lo han realmente enganchado con su anzuelo.  Puede que reaccione a partir del deseo por ejemplo sintiéndose poco apegado, o puede que usted diga algo agresivo sin realmente estar sintiendo la emoción de la agresividad.  Ver esto es el comienzo para poder separar su verdadera naturaleza de sus hábitos.  

C. La observación desapegada de nuestras propias emociones, es decir, sin involucrarnos en juzgarlas o etiquetarlas.  Simplemente verla.

Es importante saber que estas reacciones emocionales no son quien realmente somos, dice Rimpoché.  Estas provienen de convenciones sociales aprendidas, de lo que nos han enseñado valorar y de cómo se nos ha enseñado reaccionar. Por ejemplo, alguien lo pasa en la autopista y usted se encuentra reaccionando agresivamente, tal y como ha visto a otros hacerlo.  Puede que incluso se sorprenda ante la intensidad de su reacción.  En momentos como estos, trate de desacelerarse, de calmarse y reflexionar acerca de sus reacciones. Puede que lo encuentre raro en comparación con la forma como usted respondería naturalmente.

C. Esto que acaba de decir Rimpoché tiene mucho que ver con algo que escuchamos anteriormente.  Que nuestras intensiones no siempre cuadran con nuestras acciones.

De allí la importancia de la atención para poder atrapar la tendencia habitual antes de que se ponga en marcha nuevamente.  ¿Recuerdan a Pema Chödron cuando hablaba acerca de “refrenarnos”, de no volver a hacer lo mismo una y otra vez?

Muchas tendencias habituales surgen a partir de semillas del pasado a las que no podemos seguirle el rastro, dice Rimpoché.  Estas yacen latentes en la consciencia alaya* hasta que son activadas por causas y condiciones particulares, en cuyo momento nos encontramos a nosotros mismos reaccionando con apego, celos, inseguridad o agresividad.  

*Conocida como “el depósito de conciencia”, la consciencia alaya constituye una función de la mente que almacena huellas kármicas de cuerpo, palabra y mente, que maduran cuando las necesarias causas y condiciones están presentes.  Es algo apagada e inactiva comparada con los aspectos más dinámicos de la mente tales como la consciencia mental y sensorial, pero sin embargo sirve como fundamento para todo tipo de engañosas tendencias mentales.  Nosotros experimentamos la consciencia alaya directamente en las primeras etapas del sueño, justo antes de comenzar a soñar. 

Independientemente de dónde provienen, debemos aprender a disociarnos de nuestras tendencias neuróticas habituales.  Esto no quiere decir dejar de responder a las cosas; significa aportar consciencia  a nuestras reacciones.  Al ver que estas no son ni permanentes ni sólidas podemos relacionarnos con ellas de manera inteligente y beneficiosa.  Las emociones  sólo pueden dominarnos cuando no estamos  atentos  y conscientes de ellas.  Entonces es como  un perro persiguiendo su propia cola.  Esto nos hace sentirnos mal con nosotros mismos.  En una mente que reacciona de manera automática puede surgir una tremenda carga de auto agresión, pero el etiquetar nuestras emociones como terribles o malas tiene un tinte puritano que implica que estas nunca deberían ocurrir; que deberíamos ser tan puros e iluminados como un buda.

Sin embargo, tratar de suprimir las reacciones crea explosiones más adelante.  Trate más bien de trabajar con su mente de manera que sea más madura y que vaya más con la práctica.  La diferencia entre no reaccionar y suprimir las reacciones yace en estar conscientes.  La clave está en mantener consciencia de la naturaleza de la reacción, así como también de la manera como se expresa.  Recuerden que estas tendencias habituales no sólo surgen de esta vida, vienen de muchas vidas reaccionando de maneras habituales y aun cuando puede que sean complejas, profundas y difíciles de trascender, no tienen por qué ser tan intimidantes porque nuestros hábitos no son quien realmente somos.  Esta es la diferencia entre naturaleza y hábito.

Incrementando la confianza

Si no estamos demasiado confundidos ni somos demasiado duros con nosotros mismos, más allá de las reacciones habituales descubriremos sanidad. Al identificarnos menos con nuestros hábitos y más con nuestra naturaleza básica las cosas se iluminan. Con más espacio en nuestra mente tomamos nuestras reacciones con menos seriedad. 

Podemos observarlas en la misma forma en que observamos jugar y jugar a unos niños sabiendo que pronto se van a cansar de hacerlo.   Al ver esto una y otra vez ganamos confianza.  Ya no perdemos nuestro sentido de cordura ni tampoco nos convertimos en nuestras reacciones, y debido a que no tenemos tantas inquietudes respecto “a quien reacciona”, no quedamos atrapados en la perspectiva puritana ni en el enfoque de “que malo soy” de la  agresión personal. 

Incluso sin estar completamente iluminados podemos ver que nada de esto es sólido ni tampoco blanco o negro.  Entonces nuestras emociones no presentan tanto peligro en términos de crear karma negativo –así como los pensamientos tampoco crean un fuerte karma si no quedamos atrapados en ellos.  Este tipo de madurez es muy importante. 

C. El lama dijo: “al identificarnos menos con nuestros hábitos y más con nuestra naturaleza básica (búdica) las cosas se iluminan.”

¿Recuerdan lo que hemos hablado acerca de tomar refugio, de la tendencia que tenemos a refugiarnos en fuentes que simplemente no son de fiar, que no son confiables?  

En este caso la tendencia es a refugiarnos en nuestra propia confusión, en nuestra depresión o lo que fuere en vez de hacerlo rápidamente en las enseñanzas que nos guían y nos indican qué hacer en cada caso en especial. Si nos encontramos en nuestra casa, lo primero que tenemos que hacer es sentarnos en el cojín.  A partir de allí todo mejorará. Si estamos fuera, entonces centrarnos en la respiración visualizando que en cada expiración vamos aflojando nuestro aferramiento a las emociones negativas y la confusión, dando paso a una mayor tranquilidad y claridad.

Cuando uno va a entrar en batalla, uno estudia al oponente, dice Rimpoché.  De la misma manera, tenemos que estudiar nuestras reacciones emocionales.  Como todas las trampas del samsara, no importa cuán duro tratemos de evitarlas, caemos en ellas y es mucho más difícil lidiar con ellas que con las sensaciones físicas.  Físicamente podemos trabajar hasta que nuestros músculos se quemen; podemos aguantar un dolor de cabeza hasta alcanzar una Aspirina, pero tenemos muy poca tolerancia hacia el caos emocional y la confusión.

Es importante aprender a simplemente relajarse con sensaciones intensas tales como la depresión, la inseguridad y el miedo.  No hay necesidad de etiquetarlas como “buenas” o “desagradables” y tampoco hay necesidad de librarnos de ellas.  Simplemente déjelas estar allí, déjelas tranquilas.  Esto es mucho más simple, y más efectivo, que tratar de evitar el miedo o tratar de librarse de cosas atemorizantes, que a fin de cuentas tampoco va a funcionar. 

Si nuestra mente es lo suficientemente espaciosa como para acomodar nuestras emociones, descubriremos su potencial iluminador.  Al reconocer la increíble energía que yace en sensaciones como el miedo, nos encontraremos libres de temor en presencia del mismo miedo. Entonces nos sentiremos menos como el perro que está bravo con su propia cola y más como un león o un verdadero guerrero: como un guerrero sentado erguido con la solidez de la tierra bajo nosotros y el cielo arriba.  De esta manera cultivamos una genuina confianza; todo nuestro ser se vuelve más auténtico y nos expresamos de manera más auténtica en todo lo que hacemos independientemente de nuestro estado mental. 

Trabajando con la depresión

El aportarle consciencia a la depresión funciona de la misma manera.  Con frecuencia la gente se siente muy mal por estar deprimidos.  Cuando no entendemos lo que significa la depresión, esta nos derrumba; pero cuando le agarramos el golpe -por decirlo de alguna manera- podemos permitir más espacio  alrededor de nuestra depresión y simplemente dejarla allí  tranquila. 

Con frecuencia la depresión surge cuando las esquinas ocultas y oscuras que hemos venido tratando de evitar salen de hecho a la superficie.  Puede sentirse como un nudo apretado en nuestro pecho o una increíble sensación de ansiedad.  Puede sentirse como que la tierra se ha abierto frente a nosotros y estamos cayendo a las profundidades de un reino inferior, o puede que simplemente nos sintamos melancólicos. Con frecuencia la depresión viene acompañada de fuertes sensaciones físicas. 

En la tradición tibetana, este desequilibrio físico es llamado sok lung, o “viento perturbador” *    Pero no importa cómo se sientan, recuerden que la depresión es tan sólo “una experiencia” y la experiencia de la depresión puede ser muy valiosa para llegar a conocer todos los aspectos de nuestra mente.  Cuando llegamos a conocer nuestra mente nos sentimos mucho más libres y menos temerosos. 

*tibetano: srog rlung.  Literalmente, “viento que viaja en el canal de la fuerza vital”.  En la terminología médica tibetana hace referencia a un desequilibrio físico donde el viento en el canal central está perturbado.  Con frecuencia esto causa depresión, ansiedad y paranoia.

Sea física o conceptual la depresión, el asunto importante es en tratar de relajarse con ella. Simplemente relájese con la depresión sin alimentarla con miedo reaccionando física, mental o emocionalmente.   No hay necesidad de pelear o de identificarse con estas respuestas habituales.  Esto sólo hace que parezcan más sólidas y difíciles de lidiar. 

Inicialmente, la experiencia de la depresión no es cosa del otro mundo; es más como un dolor de cabeza.  Si aportamos consciencia a la depresión, esta no dominará nuestra vida.   Siempre es importante regresar a la comprensión de que el sufrimiento no es algo personal.  Forma parte integral del estar vivos y algo que todos compartimos. Mucha comprensión puede surgir a partir de aportarle consciencia al sufrimiento en vez de pensar acerca de este o de juzgarlo.  Con cualquier sensación surge también un cierto despertar que nos permite apreciar cualquier experiencia. 

Paciencia e intrepidez

La mente producto de la práctica es una mente ubicada. No necesitamos andar cobardemente o de un lado para otro a causa de ninguna de nuestras emociones o pensamientos.  No tenemos por qué comportarnos como el perro que, frente a la posibilidad de una lucha con otro perro, antes de que comience la confrontación simplemente mete el rabo entre las piernas y sale huyendo. Cuando somos confrontados por nuestros fuertes hábitos con frecuencia sentimos que no estamos preparados para lidiar con ellos.

Pero la mente producto de la práctica puede acomodar todo el espectro de pensamientos y emociones.  Nunca debemos permitir ser intimidados por nuestra propia mente.  Todas nuestras tendencias, dificultades y dolor surgen a partir de nuestra excesiva importancia personal (ego).  El aferramiento a lo que pensamos que somos es u hábito muy fuerte.  No podemos esperar que desaparezca de la noche a la mañana.  Podemos contemplar este viejo hábito como a un viejo conocido que no nos deja tranquilos. Lidiar con él requiere de paciencia e intrepidez. 

Cuando yo era un pequeño en nuestro pueblo en India, vivía allí otro muchacho que solía molestarme.  Cada vez que me perseguía yo salía corriendo.  Un día decidí simplemente quedarme parado. 

Al principio dio vueltas alrededor de mí, pero después ya no sabía qué hacer, así que simplemente se marchó.  Nosotros podemos enfrentar nuestros hábitos de manera muy parecida.  Los seres sintientes poseen diferentes niveles de madurez, pero todos tenemos el mismo potencial.

Desde este punto de vista, todo es trabajable para todos nosotros. Aquí  no estamos hablando acerca de tener grandes experiencias meditativas; estamos hablando de trabajar con la experiencia de todos los días dentro de una consciencia relativa, utilizando nuestro entrenamiento espiritual y práctica de meditación  como apoyos. 

De modo que no piensen que cuando se vuelven practicantes tienen que dejar atrás la mayor parte de su mentalidad. Eso sería un enfoque equivocado del camino espiritual. El fundamento de la práctica es su experiencia directa independientemente de su contenido. Usted no tiene por qué reaccionar ni tampoco consentir esas emociones.  Simplemente bríndeles espacio y véalas con claridad.   

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