Qué hace que usted sea budista
Dzongsar Khyentse Rimpoché
Extractos del libro What makes you not a Buddhist
Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez
Enero, 2008
No es la ropa que usted viste, las ceremonias que oficia, o la meditación que usted hace dice Dzongsar Khyentse Rimpoché. No es lo que usted come, qué tanto toma bebidas alcohólicas o con quién tiene relaciones sexuales, es, más bien, si usted está de acuerdo con los cuatro descubrimientos fundamentales que el Buda hizo bajo el árbol bodhi, y si lo está, usted puede considerarse a sí mismo un budista.
En una oportunidad, cuenta Rimpoché, estaba sentado en un avión en la silla del medio de la hilera del medio de un vuelo trasatlántico y un hombre muy simpático sentado junto a mi hizo el intento de ser amigable. Viendo mi cabeza rapada y mi hábito color castaño, asumió que yo era budista. Cuando fue servida la cena, siendo muy considerado, este hombre se ofreció a ordenar para mí una cena vegetariana. Habiendo asumido correctamente que yo era budista, también asumió que siendo así, no como carne. Ese fue el inicio de nuestra conversación. El vuelo era largo, de modo que, para pasar el tiempo, discutimos sobre budismo.
C. Me ha parecido importante detenernos aquí para considerar nuestra tendencia a “asumir”. A lo largo de nuestra vida vamos aprendiendo de las experiencias y eso de alguna manera contribuye a que equivocadamente tomemos lo que hemos vivido como pautas inmutables y le atribuyamos contenidos a la apariencia y a los comportamientos que no necesariamente están allí.
Llegamos aún más lejos asumiendo tranquilamente que las personas están pensando o han pensado de determinada manera cuando en verdad puede que no lo hayan hecho así. Eso es lo que entendemos por “asumir”. Doy por sentado que si está actuando de esta manera es porque piensa de esta otra y así vamos de equívoco en equívoco.
Muchos de los conflictos, pleitos, discusiones o malentendidos se derivan de esta tendencia tan común en los seres humanos. Asumir o pensar es lo mismo. Decimos, por ejemplo: “Yo pensé que querías esto”. Nada nos habría costado preguntar ¿Quieres esto? Pero una vez más, buscando ser expeditos y competentes acelerando aún más el ritmo de las cosas, asumimos campantemente que las cosas son de la manera en la que las estamos viendo o entendiendo. Pero no es así. Resumiendo, la recomendación es tratar de desarrollar un interés más genuino en los demás que nos lleve a preguntar, averiguar, a asegurarnos, a investigar en vez de seguir alimentando este hábito que genera tanta confusión, frustración y descontento.
Con el paso del tiempo, sigue diciendo Rimpoché, he llegado a darme cuenta de que, con frecuencia, la gente asocia al budismo y a los budistas con paz, meditación y no-violencia. De hecho, muchos parecen pensar que hábitos color azafrán o castaño, y una pacífica sonrisa es todo lo que se necesita para ser un budista.
Siendo yo mismo un entusiasta budista, debo sentirme orgulloso de esta reputación, particularmente del aspecto relacionado con la no-violencia, el cual es tan raro en esta era de guerras y violencia, y especialmente de violencia religiosa. A través de la historia de la raza humana, la religión ha parecido propiciar la brutalidad. Incluso hoy día la violencia extrema religiosa domina las noticias. Sin embargo, pienso que puedo decir con confianza que hasta ahora los budistas no nos hemos desacreditado a nosotros mismos. La violencia nunca ha jugado un papel en la propagación del budismo.
Pero, siendo un budista entrenado, también me siento un poquito descontento cuando el budismo es asociado con nada más allá del vegetarianismo, la no-violencia, la paz y la meditación. El príncipe Sidharta, quien sacrificó todas las comodidades y lujos de la vida palaciega, debe haber estado buscando por algo más que pasividad cuando decidió emprender la búsqueda de la iluminación.
Cuando surge una conversación como la que tuve con mi compañero de viaje, una persona que no es budista puede preguntar casualmente ¿Qué hace que alguien sea budista? Esta es una pregunta difícil de responder porque si la persona tiene un genuino interés, una conversación a lo largo de una cena no será suficiente para responderla, y, por otra parte, generalizaciones pueden llevar a interpretaciones equivocadas. Suponga entonces que usted puede proporcionarles la verdadera respuesta, la respuesta que apunta a la mismísima base de los 2500 años de esta tradición.
Una persona es budista si él o ella aceptan las siguientes cuatro verdades:
- Que todas las cosas compuestas son impermanentes
- Que todas las emociones conducen al sufrimiento
- Que todas las cosas carecen de existencia inherente
- Que el nirvana está más allá de los conceptos.
Estos cuatro planteamientos pronunciados por el propio Buda, son conocidos como “Los cuatro sellos”.
Tradicionalmente, sello significa algo como una huella que confirma autenticidad. Para propiciar la simplicidad y el flujo de la enseñanza, nos referiremos a estos planteamientos como ambos: “sellos” y “verdades”, pero no deben ser confundidos con Las Cuatro Nobles Verdades budistas, que solamente tienen que ver con aspectos del sufrimiento. Aún cuando se cree que los cuatro sellos engloban todo el budismo, parece que la gente no quiere oír hablar de ellos. Sin una explicación adicional, en muchos casos estos solamente sirven para desanimar los espíritus y fallan en inspirar futuro interés. Cambia el tema de la conversación y hasta allí llega todo.
El mensaje de los cuatro sellos está supuesto a entenderse literalmente, no metafórica ni místicamente, y está supuesto a ser tomado seriamente, pero los sellos no son edictos ni mandamientos. Con un poco de contemplación uno puede ver que no hay nada moralista o ritualista en ellos. No se menciona nada acerca de una forma de proceder buena o mala. Estas son verdades seculares basadas en la sabiduría, y la sabiduría es el primer interés de un budista.
La moral y la ética son secundarias. Unas cuantas bocanadas de un cigarrillo y un poco de distracción no impiden a nadie ser un budista. Esto no quiere decir que tengamos licencia para ser perversos o inmorales. Generalmente hablando, la sabiduría surge de una mente que tiene lo que los budistas llaman “una correcta visión”. Pero uno no tiene ni siquiera que considerarse a sí mismo un budista para tener una correcta visión. Ultimadamente, es esta visión la que determina nuestra motivación y acción. Es la visión la que nos guía en el camino del budismo. Si adicionalmente a los cuatro sellos podemos adoptar comportamientos beneficiosos, eso nos hace incluso mejores budistas.
Pero ¿qué hace que usted no sea un budista?
Si usted no puede aceptar que todas las cosas compuestas o fabricadas son impermanentes, si usted cree que existe alguna sustancia esencial o concepto que es permanente, entonces usted no es un budista.
Si usted no puede aceptar que todas las emociones conducen al sufrimiento, si usted cree que de hecho algunas de ellas son puramente placenteras, entonces usted no es un budista.
Si usted no puede aceptar que todos los fenómenos son ilusorios y vacíos, si usted cree que ciertas cosas existen por sí mismas de manera totalmente independiente, entonces usted no es un budista.
Si usted piensa que la iluminación existe dentro de las esferas del tiempo, espacio y poder, entonces usted no es un budista.
Entonces ¿qué es lo que hace que usted sea un budista?
Puede que usted no haya nacido en un país budista o dentro de una familia budista; puede que usted no vista los hábitos o tenga la cabeza rapada; puede que usted coma carne e idolatre a Los Rolling Stones y a Paris Hilton. Eso no significa que usted no pueda ser un budista.
A fin de ser un budista, usted debe aceptar que todos los fenómenos compuestos son impermanentes, que todas las emociones conducen al dolor; que las cosas no tienen existencia inherente y que la iluminación está más allá de los conceptos. No es necesario estar constante y eternamente conscientes de estas cuatro verdades, pero estas deben residir en su mente. Usted no anda caminando por allí recordando persistentemente su propio nombre, pero cuando alguien pregunta por su nombre, usted lo recuerda instantáneamente. No hay duda. Cualquier persona que acepte estos cuatro sellos, independientemente de las enseñanzas del Buda, incluso habiendo nunca escuchado el nombre del Buda Sakyamuni, puede ser considerado que está en el mismo camino que él.
La hermosa lógica de Los Cuatro Sellos
Considere el ejemplo de la generosidad. Cuando comenzamos a realizar el primer sello, la impermanencia, vemos todo como transitorio y sin mayor valor; como si debiera estar en una bolsa para el Salvation Army (Centro de Acopio de ropa y objetos diversos para personas de escasos recursos). No tenemos necesariamente que desprendernos de las cosas y regalarlo todo, pero tampoco tenemos que aferrarnos a ellas. Cuando vemos que nuestras posesiones son simples fenómenos compuestos, impermanentes, que no podemos aferrarnos a ellas por siempre, la generosidad está casi completamente realizada.
Entendiendo el segundo sello, que todas las emociones son sufrimiento, vemos que el avaro ego, es el principal culpable aportando nada más que una sensación de pobreza. Por lo tanto, al no aferrarnos al ego, no encontramos ninguna razón para aferrarnos a nuestras posesiones y ya no hay más sufrimiento de avaricia. La generosidad se convierte en un acto de alegría.
Al realizar el tercer sello, que todas las cosas carecen de existencia inherente, vemos la futilidad del apego porque nada a lo que nos aferremos existe verdaderamente en la forma en la que la asumimos. Es como soñar que usted está distribuyendo un billón de dólares a extraños en la calle. Usted puede dar generosamente porque es dinero soñado y sin embargo puede disfrutar de toda la alegría de la experiencia.
La generosidad basada en estos tres enfoques inevitablemente hace que nos demos cuenta de que no hay un objetivo, que no se trata de un sacrificio hecho a fin de obtener reconocimiento o para asegurarnos un mejor renacimiento. La generosidad sin una etiqueta que marque un precio, sin expectativas ni ataduras, provee algo de luz respecto al cuarto enfoque: la verdad de que la liberación, la iluminación, está más allá de todos los conceptos.
Si medimos la perfección de una acción virtuosa, como la generosidad, a través de estándares materiales como por ejemplo cuánta pobreza es eliminada, nunca podremos alcanzar perfección. Las carencias en general y las carencias de los destituidos en particular son interminables. Incluso los deseos de los adinerados son interminables.
De hecho, los deseos de los humanos nunca pueden ser totalmente satisfechos. Según Sidharta, la generosidad debe ser medida por el nivel de apego que uno tiene hacia lo que está dando y al ego que lo está otorgando. Una vez que ha realizado que el ser y todas sus posesiones son impermanentes y no tienen una verdadera naturaleza inherente, usted deja de tener apego y eso es perfecta generosidad. Por esta razón la primera acción incentivada en los sutras budistas es la práctica de la generosidad.
Un mayor entendimiento del karma, la pureza y la no-violencia
El concepto de karma, indiscutible marca que distingue al budismo también cae dentro de estas cuatro verdades. Una vez que se juntan causas y condiciones y no hay obstáculos, surgen consecuencias. Karma es consecuencia. Este karma es acumulado por la consciencia, es decir, por la mente o el ego. Si este ego actúa a partir de la codicia o la agresión, se genera karma negativo. Si un pensamiento o una acción son motivados por el amor, la tolerancia y un deseo de que otros sean felices, se genera karma positivo.
Sin embargo, la acción y el karma resultante son en sí mismos o inherentemente como un sueño, como una ilusión. Trascender el karma, ambos, tanto positivo como negativo, es nirvana. Cualquier acción llamada una buena acción que no esté basada en estas cuatro verdades es simplemente algo correcto, no es ultimadamente el camino de Sidharta. Aún cuando usted fuese a alimentar a todos los seres hambrientos en el mundo, si usted actuase en completa ausencia de estos cuatro enfoques, entonces sería simplemente una buena acción, no el camino a la iluminación. De hecho, pudiese ser una buena acción diseñada para alimentar y satisfacer su ego.
C. Rimpoché ha dicho: Karma es consecuencia. Este karma es acumulado por la consciencia, es decir, la mente o el ego. Aquí podemos apreciar que, al hablar de consciencia, mente o ego, se está refiriendo a diferentes estratos –burdos o más sutiles- de la misma mente.
Es debido a estas cuatro verdades que los budistas pueden practicar la purificación, dice Rimpoché. Si uno piensa que está teñido por karma negativo, que es débil o “un pecador” y está frustrado pensando que estos obstáculos siempre se están interponiendo en el camino a la realización, entonces uno puede consolarse sabiendo que como son compuestos son impermanentes y por lo tanto pueden ser purificados. Por otra parte, si se piensa que no se tiene la habilidad ni el mérito, uno puede consolarse sabiendo que puede acumular mérito involucrándose en buenas acciones porque la falta de mérito es impermanente y por lo tanto cambiante.
La práctica budista de la no-violencia no consiste en mostrarse sumiso con una sonrisa o aparentar un estado meditativo. La causa fundamental de la violencia reside en tener una fijación en una idea extrema tal como la justicia o la moralidad. Esta fijación usualmente surge a partir del hábito de incurrir en puntos de vista dualistas tales como bueno y malo, feo y bello, moral e inmoral.
La inflexible actitud correcta toma todo el espacio que pudiese permitir la empatía hacia otros. Se pierde la sanidad. La violencia es evitada al entender que todos estos enfoques o valores son compuestos e impermanentes, así como también lo es la persona que los sostiene. Cuando usted no tiene ego, cuando no se aferra a la idea que tiene de sí mismo, nunca hay razón para ser violento.
Cuando entendemos que nuestros enemigos están bajo la poderosa influencia de su propia ignorancia y agresión, que están atrapados por sus hábitos, es más fácil perdonarlos por sus irritantes comportamientos y acciones. Del mismo modo, si alguien que reside en un asilo para personas con perturbaciones mentales lo insulta, no tiene sentido ponerse bravo. Cuando hayamos dejado de creer en los extremos de la fenomenología dualista, habremos trascendido las causas de la violencia.
Los Cuatro Sellos: un paquete completo
En el budismo, cualquier acción que establece o destaca los cuatro enfoques, es un camino legítimo. Incluso prácticas aparentemente ritualistas tales como prender incienso o practicar meditaciones esotéricas y recitar mantras, están diseñadas para ayudarnos a enfocar nuestra atención en una o en todas las verdades. Cualquier cosa que contradiga los cuatro enfoques, incluyendo alguna acción que pudiese parecer amorosa y compasiva, no es parte del camino.
Incluso la meditación en la vacuidad se vuelve pura negación, nada más que un camino nihilista, si no está de acuerdo con las cuatro verdades. Buscando una mejor comunicación podríamos decir que estos cuatro enfoques constituyen la espina dorsal del budismo. Los llamamos “verdades” porque son simple hechos. No son manufacturados, no son revelaciones místicas del Buda.
No se volvieron válidas sólo después que el Buda comenzó a enseñar. Vivir según estas verdades no es un ritual ni una técnica. No califican como normas morales o éticas y no pueden ser propiedad de nadie ni comercializadas.
En el budismo no hay nada como un “blasfemo” o un “infiel” porque no hay nadie a quien serle fiel, a quien insultar, o de quien dudar. Sin embargo, aquellos que no se dan cuenta o que no creen en estos cuatro hechos son considerados por los budistas como ignorantes. Tal ignorancia no es causa para un juicio de carácter moral. Si alguien no cree que los humanos hayan pisado la luna, o piensa que la tierra es plana, un científico no lo va a llamar blasfemo, simplemente ignorante.
De la misma manera, si no cree en estos cuatro sellos eso tampoco lo hace un infiel. De hecho, si alguien fuese a producir prueba de que la lógica de los cuatro sellos es defectuosa, de que aferrarse al ego no causa sufrimiento, o que algún elemento desafía la impermanencia, entonces los budistas deberían voluntariamente seguir más bien ese camino porque lo que buscamos es iluminación e iluminación significa realización de la verdad. Sin embargo, hasta ahora durante todos estos siglos, no ha surgido ninguna prueba para invalidad a los cuatro sellos.
Si usted ignora los cuatro sellos, pero insiste en considerarse a usted mismo como un budista simplemente debido a un enamoramiento con las tradiciones, entonces esa es una devoción superficial. Los maestros budistas creen que aún cuando escojas la etiqueta de budista para identificarte, a menos que tengas fe en estas verdades, continuarás viviendo en un mundo ilusorio, creyendo que es sólido y real.
Aun cuando tales creencias proveen alivio temporal de la ignorancia, ultimadamente siempre conducen a alguna forma de ansiedad. Luego usted pasa todo su tiempo resolviendo problemas y tratando de liberarse de la ansiedad. Su constante necesidad de resolver problemas se vuelve como una adicción. ¿Cuántos problemas ha resuelto usted sólo para contemplar el surgimiento de otros nuevos problemas? Si usted está contento con este ciclo, entonces no tiene por qué quejarse.
Pero cuando usted ve que esto nunca tendrá fin, allí precisamente yace el comienzo de la búsqueda de la verdad interior. Mientras que el budismo no es la respuesta para solucionar todos los problemas temporales del mundo ni las injusticias sociales, en caso de que usted ande buscando y sucede que tenga química con Sidharta, entonces usted puede que encuentre convenientes las cuatro verdades. En ese caso, usted debe considerar seriamente seguirlo.
Riqueza dentro de la renuncia
Como seguidor de Sidharta, usted no tiene necesariamente que imitar cada una de sus acciones –usted no tiene que escaparse mientras su esposa está durmiendo. Mucha gente piensa que el budismo es sinónimo de renunciación; dejar atrás el hogar, la familia y el trabajo y seguir el camino de un asceta. Esta imagen de austeridad se debe en parte al hecho de que gran cantidad de budistas reverencian a los mendicantes de los textos y enseñanzas budistas, tal como los cristianos admiran a San Francisco de Asís. No podemos evitar quedar atrapados por la imagen del Buda caminando descalzo en Magadha con su cuenco de limosnas, o Milarepa en su cueva subsistiendo a base de sopa de ortigas.
La serenidad de un simple monje en Burma aceptando limosnas, cautiva nuestra imaginación, pero también está una variedad enteramente diferente de seguidores del Buda: King Ashoka, por ejemplo, quien desmontó de su corcel real adornado con oro y perlas y proclamó su deseo de difundir el dharma del Buda a través del mundo. Se arrodilló, tomó un puño de arena y proclamó que levantaría tantas estupas como granos de arena en su mano y, de hecho, el cumplió su promesa.
De modo que uno puede ser un rey, un comerciante, una prostituta, un drogadicto o un alto ejecutivo y aún así aceptar los cuatro sellos. Fundamentalmente, no es el acto de dejar atrás el mundo materialista sino la habilidad de ver nuestro aferramiento habitual a este mundo y a nosotros mismos y renunciar a ese aferramiento.
A medida que comenzamos a comprender los cuatro enfoques, encontramos que no necesariamente tenemos que descartar cosas; más bien, comenzamos a transformar nuestra actitud hacia estas cambiando así por lo tanto su valor. Sólo por el hecho de que usted tenga menos que otra persona no significa que usted sea más puro moralmente o más virtuoso. De hecho, la misma humildad puede ser una cierta forma de hipocresía.
Cuando entendemos la ausencia de esencia propia y la impermanencia del mundo material, la renuncia deja de ser una forma de autocastigo. Esto no significa que seamos duros con nosotros mismos. La palabra sacrificio asume un significado diferente. Descartar tal sentimentalismo forma parte de la bienaventuranza. Una vez que la renuncia es entendida como bienaventuranza, se tornan menos significativas las historias de muchos otros príncipes, princesas y guerreros que una vez renunciaron a sus vidas palaciegas.
Este amor por la verdad y la veneración por los buscadores de la verdad es una antigua tradición en países como India. Incluso hoy día, en vez de descalificar a los renunciantes, la sociedad de la India los venera, de manera tan respetuosa como nosotros podemos venerar a nuestros profesores de Harvard o Yale. Aún cuando la tradición está difuminándose en esta era de reinos de cultura corporativa, usted aún puede encontrar sadhus desnudos y pintados de cenizas quienes han renunciado a una exitosa práctica del derecho para convertirse en vagabundos mendicantes.
Me causa escalofríos ver cómo la sociedad de la India respeta a estas personas en vez de deshacerse de ellos como una peste o mendicantes vergonzosos; no puedo dejar de imaginarlos a la puerta del Hotel Marriot en Hong Kong y preguntarme cómo se sentirían respecto a estos sadhus cubiertos de arena los nuevos ricos chinos que tratan desesperadamente de copiar las formas occidentales de vida. ¿Les abriría a ellos la puerta el portero? ¿Cómo reaccionaría el conserje del Hotel Bel-Air en los Ángeles? En lugar de rendirle culto a la verdad y venerar a los sadhus, estamos en una era donde se le rinde culto a las carteleras y se venera la liposucción.
Adoptando la sabiduría; abandonando las moralidades distorsionadas
A medida que usted escucha esto usted pudiese pensar: yo soy generoso y no siento tanto apego por las cosas. Pudiese ser cierto que usted no está fuertemente atado, pero en medio de sus generosas actividades, si alguien se lleva su bolígrafo favorito, usted puede llegar a ponerse tan bravo como para querer morderle la oreja.
O usted puede descorazonarse si alguien dice algo como “¿Esto es todo lo que puede dar? Cuando damos, estamos atrapados en la noción de “generosidad”. Nos aferramos al resultado –si no a desear un buen renacimiento, al menos reconocimiento en esta vida, o a lo mejor solo una placa sobre la pared. He conocido muchas personas quienes piensan que son generosos simplemente porque han donado dinero a cierto museo o incluso a sus propios hijos, de quienes esperan una solidaridad de por vida.
Si no está acompañada de los cuatro enfoques, la moralidad puede ser igualmente distorsionada. La moralidad nutre al ego conduciéndonos a volvernos puritanos y a juzgar a otros cuya moralidad es diferente de la nuestra. Con la fijación en nuestra propia versión de moralidad, descalificamos a otras personas y tratamos de imponer sobre ellos nuestra ética, aún cuando esto signifique privarlos de su libertad. El gran erudito y santo hindú Shantideva, siendo él mismo un príncipe que había renunciado a su reino, enseñó que es imposible que nosotros podamos evitar encontrar cualquier cosa y todo beneficioso, pero que, si podemos aplicar tan sólo uno de estos cuatro sellos, estaremos protegidos de toda ausencia de virtud.
Si usted piensa que en cierta forma todo el Occidente es satánico o inmoral, será imposible conquistarlo y rehabilitarlo; pero si usted tiene tolerancia dentro de usted mismo, esto es igual a una conquista. Usted no puede alisar el mundo entero para volverlo un camino fácil de andar con sus pies descalzos, pero usando zapatos, usted se protege a si mismo de superficies rudas y desagradables.
Si podemos entender los cuatro enfoques no solo de manera intelectual sino también experimental, comenzamos a liberarnos de establecer fijaciones sobre cosas que son ilusorias. Esta libertad es lo que llamamos sabiduría. Los budistas veneran la sabiduría sobre cualquier otra cosa. La sabiduría sobrepasa la moralidad, el amor, el sentido común, la tolerancia y el vegetarianismo.
No se trata de un espíritu divino al que buscamos en alguna parte fuera de nosotros mismos. Lo invocamos primero escuchando las enseñanzas sobre los cuatro sellos –sin aceptarlos de primeras, sino más bien analizándolos y contemplándolos. Si usted está convencido de que este camino va a aclarar algo de su confusión y aportarle algún alivio, entonces usted puede de hecho poner en práctica la sabiduría.
En uno de los métodos budistas más viejos, el maestro les da a sus discípulos un hueso y los instruye en contemplar su origen. A través de esta contemplación, los discípulos eventualmente ven el hueso como el resultado final del nacimiento; al nacimiento como el resultado final de las formaciones kármicas; a las formaciones kármicas como resultado final del deseo, etc. etc.
Profundamente convencidos por la lógica de causa, condición y efecto, ellos comienzan a aplicar atención consciente a cada situación y a cada momento. Esto es lo que llamamos meditación. Las personas que nos pueden aportar esta clase de información y entendimiento son veneradas como maestros, porque aún cuando ellos poseen una profunda realización y pudieran vivir felizmente retirados en el bosque, ellos están dispuestos a permanecer por aquí cerca con el fin de explicar el enfoque a aquellos que aún permanecen en la oscuridad.
Debido a que esta información nos libera de toda clase de hipos innecesarios, desarrollamos un aprecio automático hacia el que nos la explica. Siendo así, los budistas rinden homenaje al maestro.
Una vez que usted ha aceptado intelectualmente el enfoque, puede aplicar cualquier método que profundice su entendimiento y realización.
En otras palabras, usted puede utilizar cualquier clase de técnicas o prácticas que le ayuden a transformar su hábito de pensar que las cosas son sólidas en el hábito de verlas como compuestas, interdependientes e impermanentes.
Esto es verdadera meditación y práctica budista, no sólo sentarse quieto sobre el cojín como si usted fuese un pisapapeles. Aún cuando sabemos intelectualmente que vamos a morir, este conocimiento puede ser eclipsado por algo tan pequeño como un elogio casual. Alguien comenta sobre cuan simpáticos se ven nuestros nudillos y la siguiente cosa que hacemos es encontrarnos tratando de hallar formas de preservarlos.
De repente sentimos que tenemos algo que podemos perder. En estos días somos constantemente bombardeados por tantas cosas nuevas que perder y tantas cosas nuevas que ganar. Más que nunca, nosotros necesitamos métodos que nos recuerden y nos ayuden a acostumbrarnos al enfoque, quizás incluso guindando un hueso humano del espejo retrovisor si no se rapa la cabeza y se retira a una cueva. Combinadas con estos métodos, la ética y la moralidad se tornan útiles.
La ética y la moralidad pueden ser secundarias en el budismo, pero son importantes cuando nos acercan a la verdad. Pero aún cuando alguna acción pudiese parecer beneficiosa y positiva, si está desprovista de las cuatro verdades, el mismo Sidharta nos alertó abandonarla.
El te y la taza de te: La sabiduría dentro de la cultura
Los cuatro sellos son como el te, mientras que todos los otros métodos para actualizar estas verdades –las prácticas, los rituales, las tradiciones y los adornos culturales- son como una taza. Las habilidades y los métodos son observables y tangibles, pero la verdad no lo es.
El reto consiste en no dejarse llevar por la taza. La gente está más inclinada a sentarse derecha en un sitio tranquilo sobre un cojín de meditación que a contemplar cuál vendrá primero, mañana o la próxima vida. Las prácticas externas son perceptibles, de modo que la mente es rápida para etiquetarlas como budismo, mientras que el concepto “todas las cosas compuestas son impermanentes” no es tangible y es difícil de etiquetar. Es irónico que aún cuando la evidencia de la impermanencia está por todas partes, aún así esta no nos resulta obvia.
La esencia del budismo está más allá de la cultura, pero es practicada por muchas culturas diferentes, las cuales utilizan sus tradiciones como la taza que contiene las enseñanzas. Si los elementos de estos adornos culturales ayudan a otros seres sin causar daño, y si no contradicen las cuatro verdades, entonces Sidharta incentivaría tales prácticas.
A través de los siglos se han producido muchas clases de tazas, pero a pesar de las buenas intensiones por detrás de ellas y qué tan bien pudiesen funcionar, estas se convierten en obstáculos si nos olvidamos del te adentro.
Aún cuando su propósito consiste en mantener la verdad, tendemos a enfocarnos en los métodos más que en los resultados. De modo que la gente camina con tazas vacías, o se olvidan de tomar su te. Nosotros los seres humanos nos podemos encantar, o al menos distraer por el ceremonial y el color de las prácticas culturales budistas. El incienso y las velas son exóticos y atractivos; la impermanencia y la ausencia de autoimportancia no lo son. El mismo Sidharta dijo que la mejor forma de veneración consiste en simplemente recordar los principios de impermanencia, el sufrimiento de las emociones, que lo fenoménico no tiene existencia inherente y que el nirvana está más allá de los conceptos.
A nivel superficial, el budismo puede parecer ritualista y religioso. Las disciplinas budistas tales como los hábitos color castaño, los rituales y los objetos rituales, el incienso y las flores, incluso los monasterios, tienen forma, pueden ser observados y fotografiados.
Nos olvidamos de que estos consisten en medios para lograr un fin. Nos olvidamos de que uno no se vuelve seguidor del Buda llevando a cabo rituales o adoptando disciplinas tales como el vegetarianismo o llevando los hábitos. Pero la mente humana ama tanto los símbolos y los rituales que éstos se vuelven casi inevitables e indispensables. Los mandalas de arena tibetano y los jardines zen son muy bellos; nos pueden inspirar e incluso ser una vía para entender la verdad. Pero la verdad en sí misma no es ni bella ni no bella.
Aún cuando podamos arreglárnosla sin cosas como los gorros rojos, los gorros amarillos y los gorros negros, existen algunos rituales y disciplinas que son universalmente recomendables. No se puede afirmar definitivamente que está mal meditar mientras uno está tumbado en una hamaca o sosteniendo un trago adornado con una pequeña sombrilla, mientras se esté contemplando la verdad. Pero antídotos tales como sentarse derecho tienen un gran beneficio.
La postura correcta no es tan sólo accesible y económica, tiene el poder de despojar a sus emociones del rápido reflejo habitual que lo acapara a usted y lo lanza a la deriva. La postura correcta le brinda un poco de espacio para volverse sobrio.
Otros rituales institucionalizados tales como ceremonias en grupo y estructuras religiosas jerárquicas pueden tener un beneficio, pero es importante notar que han sido objeto del sarcasmo de maestros del pasado. Personalmente pienso que estos rituales deben ser la razón por la que tanta gente en Occidente cataloga al budismo como una religión aún cuando no existe ni el más mínimo rastro de culto en las cuatro verdades.
Ahora que el budismo está floreciendo en occidente, he escuchado a personas alterando las enseñanzas budistas para adaptarlas a la moderna forma de pensar. Si hubiese algo que adaptar, serían los rituales y los símbolos, no la verdad misma. El Buda dijo que su disciplina y sus métodos deben ser apropiadamente adaptados al tiempo y el lugar.
Pero las cuatro verdades no necesitan ser actualizadas o modificadas y de todos modos es imposible hacerlo. Usted puede cambiar la taza, pero el te permanece puro. Luego de sobrevivir 2.500 años y recorrer 40.8781.035 pies desde el árbol bodhi en India central hasta Times Square en la ciudad de New York, el concepto de “todas las cosas compuestas son impermanentes” aplica aún hoy día. La impermanencia sigue siendo impermanencia en Times Square. Usted no puede modificar estas cuatro reglas; no hay excepciones sociales ni culturales.
Al contrario de algunas religiones, el budismo no consiste en pautas de supervivencia que dictan cuántos esposos una esposa debe tener, o dónde pagar los impuestos, o cómo castigar a los ladrones. De hecho, estrictamente hablando, los budistas ni siquiera tienen un ritual para las ceremonias de casamiento.
El propósito de las enseñanzas de Sidharta no fue decirle a la gente lo que ellos querían escuchar. El enseñó debido a su fuerte impulso de liberar a otros de sus malentendidos e infinitas malinterpretaciones de la verdad. Sin embargo, a fin de explicar estas verdades de manera efectiva, Sidharta ensenó de diferentes maneras y a través de distintos métodos, de acuerdo con las necesidades de sus diferentes audiencias. Estas diversas formas de enseñar ahora han sido etiquetadas como las diferentes “escuelas” de budismo, pero el enfoque fundamental de todas las escuelas es el mismo.
Es normal para las religiones tener un líder. Algunas, como la Iglesia Católica Romana, tienen una elaborada jerarquía para tomar decisiones y dictar juicios liderizada por una figura todopoderosa. Contraria a la creencia popular, el budismo no tiene esa clase de figura o institución. El Dalai Lama es un líder secular para la comunidad tibetana en exilio y un maestro espiritual para muchas personas en todo el mundo, pero no necesariamente para todos los budistas.
Para todas las formas y escuelas de budismo que existen en Tíbet, Japón, Laos, China, Corea, Cambodia, Tailandia, Vietnam y occidente, no existe una autoridad con el poder de decidir quién es un verdadero budista y quién no lo es. Nadie puede declarar quién debe ser castigado y quién no.
Esta ausencia de poder central pudiese causar caos, pero es también una bendición porque toda fuente de poder en cada institución humana es corruptible.
El mismo Buda dijo: “usted es su propio maestro”. Claro que, si un erudito maestro hace el esfuerzo de presentarle a usted la verdad, usted es un ser afortunado. En algunos casos, tales maestros deben ser reverenciados incluso más que el Buda, porque aún cuando miles de budas pueden haber existido, esta persona es la que trajo la verdad a su puerta. Encontrar un guía espiritual está totalmente en sus manos. Usted es libre de analizarlo a él o a ella. Cuando está convencido de la autenticidad de su maestro el aceptarlo, aguantarlo y disfrutarlo a él o a ella forman parte de su práctica.
Con frecuencia el respeto es confundido como distintivo religioso. Debido a inevitables apariencias externas, y también debido a la falta de habilidad de algunos budistas, los observadores pudiesen pensar que nosotros estamos rindiéndoles culto al Buda y a los maestros del linaje como si ellos fuesen dioses. En caso de que usted se encuentre pensando cómo decidir cuál camino es el camino correcto, simplemente recuerde que cualquier camino que no contradiga las cuatro verdades debe ser un camino seguro. Ultimadamente, no son los maestros de alto rango los que cuidan del budismo, sino las cuatro verdades.
No puedo enfatizar suficientemente que entender las cuatro verdades constituye el aspecto más importante del budismo. Durante siglos, los eruditos y pensadores le han sacado total provecho a la invitación de Sidharta de analizar lo que él había encontrado. Cientos de libros examinando y debatiendo sus palabras son evidencia de ello.
De hecho, si usted está interesado en el budismo, lejos de ser etiquetado como blasfemo, usted es incentivado a explorar cada duda. Para comenzar, innumerables personas inteligentes han llegado a respectar la sabiduría y la visión de Sidharta y sólo después es que ofrecen su confianza y devoción. Es por esta razón que, hace muchos años, príncipes y ministros no dudaron ni por un momento abandonar sus palacios para ir en pos de la verdad.
Practicando la armonía
Descontando las profundas verdades, en estos días incluso las verdades más prácticas y obvias son ignoradas. Somos como monos que permanecen en el bosque y hacen sus necesidades sobre las mismas ramas de las que cuelgan. Cada día escuchamos gente hablar acerca del estado de la economía, sin reconocer la conexión entre recesión y codicia. Debido a la avaricia, a los celos y al orgullo, la economía nunca llegará a ser lo suficientemente fuerte como para asegurar que cada persona tenga acceso a las necesidades básicas de la vida. El lugar donde habitamos, la tierra, se vuelve cada vez más contaminada. He conocido gente que condena a los gobernantes y emperadores del pasado y a las religiones antiguas como la fuente de todos los conflictos.
Pero el mundo moderno y secular no lo ha hecho nada mejor; si acaso algo, lo ha hecho peor aún. ¿Qué es lo que el mundo moderno ha hecho mejor? Uno de los principales efectos de la ciencia y la tecnología ha sido el destruir el mundo con mayor rapidez. Muchos científicos creen que todos los sistemas vivientes y todos los sistemas que mantienen la vida sobre la tierra están declinando.
Es hora de que la gente moderna como nosotros mismos le prestemos algo de atención a los asuntos espirituales, incluso si no tenemos tiempo de sentarnos en un cojín, incluso si nos desagradan los que llevan rosarios alrededor de sus cuellos, e incluso si nos avergonzamos de exhibir nuestros aprendizajes religiosos a nuestros amigos seculares.
Contemplando la naturaleza impermanente de todo lo que experimentamos y el doloroso efecto de aferrarse al concepto de yo proporciona paz y armonía, si no a todo el mundo, al menos dentro de nuestra propia esfera. Tengan en mente que como budistas, ustedes tienen la misión de refrenarse tanto como puedan de hacer daño a otros y ayudar a otros tanto como les sea posible. Esta no es una responsabilidad enorme, porque si usted acepta genuinamente y contempla las verdades, todos estos actos fluyen naturalmente.
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