UNAS NOTAS SOBRE LA VERDAD DEL KARMA

 

Unas notas sobre la verdad del karma

 Ven. Jamgon Kongtrul Rimpoché

Extracto de su libro titulado La antorcha de la certeza

Traducción y edición: María Mercedes Márquez

Diciembre, 1999

De acuerdo a las enseñanzas budistas sobre el karma, este término implica acción y resultado. Una acción es cualquier cosa que uno piense, diga o haga. Una causa es aquello que motiva una acción. Un resultado es la experiencia que surge de una acción y su correspondiente intención. Los resultados a veces se experimentan antes de la próxima vida y también pueden ser experimentados mucho más tarde.

Las acciones se consideran acumulativas, y cada una de ellas lleva su particular acumulación de vida en vida. Esta acumulación constituye la base de la existencia cíclica, la base del samsara. El samsara persiste hasta que hayamos experimentado todas las consecuencias de nuestras acciones no-virtuosas o malsanas y hayamos dejado de generar otras nuevas consecuencias dañinas.

Las acciones son agrupadas en dos categorías principales de acuerdo a la naturaleza de sus motivaciones y resultados.  No son vistas como intrínsecamente buenas o malas.

Las acciones samsáricas son aquellas motivadas por la ignorancia y tienen como resultado el renacimiento.  El tipo particular de renacimiento que tengamos dependerá de si nuestras acciones han sido grandemente edificantes o dañinas.  Las acciones futiles tienen el resultado de la negligencia.

Las acciones pueden calificarse también de meritorias y no-meritorias dependiendo de que conduzcan a un nivel más elevado o más bajo de conciencia.  Otro tipo importante de acciones son las que conducen a la liberación y que consisten en actos edificantes motivados por el deseo de liberar a todos los seres de los sufrimientos del samsara.

Aún cuando de las acciones edificantes surge la felicidad, la felicidad samsárica no es muy valorada por ser tan frágil.  Sólo la liberación ofrece una felicidad duradera.

Las enseñanzas del karma tienden a despertar en nosotros la necesidad de evitar las acciones dañinas y cultivar las edificantes.  Aunque la práctica espiritual con el tiempo destruye las raíces emocionales de la acción samsárica, el simple control de la conducta es considerado un buen comienzo. 

Por otra parte, las deficiencias del samsara consolidan nuestra creciente convicción de que la liberación es la única meta que vale la pena. La existencia samsárica se devalúa sistemáticamente, cada aspecto de la misma se advierte repleto de sufrimiento y carente de alguna satisfacción duradera. 

Aún el reino humano, inicialmente considerado como el más ricamente dotado, muestra un alto contenido del más intenso sufrimiento.

Es por medio de la práctica que van disminuyendo en nosotros las cualidades negativas y enriqueciéndose la positivas en cada una de las acciones que se realizan., acumulándose mérito y sabiduría. 

Los efectos acumulativos de las acciones edificantes o positivas constituyen el mérito y se considera sabiduría trascendental, la comprensión directa de la realidad absoluta.