La sabiduría de la meditación
Ven. Jamgön Kongtrul Rimpoché
Traducción y edición: María Mercedes Márquez
Mayo, 2008
El que nos encontremos en el samsara o el nirvana depende de nuestro estado mental. Cuando fallamos en reconocer la auténtica naturaleza de la mente, eso es samsara. Cuando experimentamos la pura naturaleza de la mente libre de confusión, eso es nirvana. Samsara y nirvana son estados mentales, no dos lugares separados. La práctica de la tranquila meditación sentada llamada shiné en tibetano y shámata en sánscrito, propicia la estabilidad mental necesaria para poder experimentar interiorización respecto a la pura naturaleza de la mente.
En las enseñanzas del Buda, el mundo fenoménico depende de la mente: lo material y lo no-material son en esencia mente, y por lo tanto reflejan nuestra actitud o estado mental. En el mundo fenoménico, la experiencia del sufrimiento no proviene de los dharmas o de los fenómenos: estos no se aferran a nosotros y nos confunden.
Es a través de la expectativa y la duda, del aferramiento y la aversión que nuestras mentes crean el samsara; no son los conceptos o los valores, sino la forma como nosotros reaccionamos a ellos. Por ejemplo, decimos que la situación en la que vivimos hace nuestras vidas difíciles, como si esta dificultad fuese impuesta por el mundo que nos rodea. Podremos decir que es difícil vivir en New York con sus altísimos rascacielos y gran cantidad de vehículos, pero no son estos lo que lo hacen samsárico.
Nosotros simplemente estamos buscando alguien a quien culpar. Si pensamos que los problemas están fuera de nosotros y que debemos liberarnos de ellos, estamos atascados en el samsara. Este mismísimo aferramiento a un afuera y un adentro, es lo que crea el samsara.
Mientras meditaba en una cueva, Milarepa notó una pequeña grieta en la roca. La aprehensión de que “algo” pudiese emerger de la grieta surgió con frecuencia. Milarepa continuó aferrándose a esta idea, y un día, mientras se encontraba entonando uno de sus cánticos de realización, de la roca surgió “algo”. En ese momento, ese “algo” le dijo: “Tu mente me hizo aparecer. Yo no hago esto deliberadamente, pero como tu mente insistía en llamarme, aquí estoy”.
Esto es un ejemplo de un estado mental o calidad de percepción creando samsara.
Nuestros patrones mentales habituales surgen involuntariamente y con tal fuerza que no tenemos poder sobre ellos, y, con estas confusas proyecciones creamos problemas para nosotros mismos. Vivimos apoyando nuestra propia confusa noción de que el mundo a nuestro alrededor crea confusión y sufrimiento para nosotros.
A fin de liberarnos de estos patrones habituales, debemos comenzar por domar nuestra mente y desarrollar estabilidad mental. De allí la importancia de la meditación. Meditación significa “acostumbrarse a” o “construir un buen hábito”. Tal y como estamos ahora, nosotros experimentamos fallas y patrones negativos que no han surgido de repente.
Desde tiempo sin principio, hemos venido construyendo, re-forzando y acumulando estos hábitos en la conciencia. Sin embargo, estos pueden destruirse al acostumbrarnos a hábitos positivos en la práctica de la meditación. Esto nos va a permitir experimentar la naturaleza de nuestra mente, nuestra propia naturaleza búdica la cual siempre ha sido pura.
La práctica de meditación shiné, shámata, va a desarrollar paz, estabilidad y una mente centrada en un solo punto, y la meditación lhagton, vipáshyana, es el resultado de una saludable práctica shiné.
La palabra lhagton significa “viendo más”, más de lo que usualmente vemos. En lugar de ver las cosas a través de nuestra propia confusión, las vemos como estas realmente son. A través de la experiencia de una mente más pacífica, tenemos una perspectiva más estable.
Tomemos el ejemplo de la llama de una vela. Su propósito es el de proporcionar luz, permitirnos ver aquello que no podemos percibir en la oscuridad. Si la llama vacila constantemente, será más difícil ver las cosas con claridad, este movimiento no va a permitir que la llama exprese su habilidad para dar luz. Para poder hacerlo, la llama debe estar protegida de modo que pueda permanecer estable mientras es expresada la totalidad de la luz.
De la misma manera, para experimentar genuina sabiduría discriminativa y la verdadera naturaleza de todo fenómeno, necesitamos una mente calmada y centrada en un solo punto. Es así por lo que la práctica shiné constituye la raíz de toda meditación. Sin embargo, no debemos descuidar las prácticas de abandonar patrones negativos de cuerpo, palabra y mente ni aquellas prácticas que resultan en la acumulación de mérito.
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Que nuestra sincera motivación y esfuerzos
contribuyan a liberar a todos los seres de toda forma de sufrimiento