El poder de una compasión insoportable

El poder de una compasión insoportable

Su Santidad el XVII Karmapa 

Traducción y edición: María Mercedes Márquez

Las prácticas de la gentileza amorosa y la compasión constituyen elementos indispensables de todas las tradiciones religiosas. Estas son cualidades que cada persona puede practicar independientemente de su afiliación religiosa o ascendencia. De hecho, entrenarse para desarrollar gentileza amorosa y compasión provee un puente entre todas las religiones y todas las muchas partes de nuestra sociedad global.

Yo soy budista, pero aún así tengo que vivir mi vida como miembro de una mayor comunidad mundial y asumir un papel en la sociedad donde el budismo no es la única tradición espiritual. Hay muchas formas diferentes de religión y espiritualidad, y también muchas diferentes clases de gente, incluyendo aquellos que se inclinan hacia enfoques religiosos o espirituales y los que no.

Siendo que nuestra comunidad mundial es tan vasta y diversa, es importante que respetemos a la totalidad de las tradiciones religiosas y espirituales, no ubicándonos como “oponentes” de ninguna otra tradición.  La manera de lograr felicidad en el mundo es haciendo un trabajo significativo en nuestra propia vida con una positiva motivación, que ve a todas las personas y a todas las tradiciones como iguales.

Los humanos se diferencian de otras clases de seres sintientes por su habilidad para conectarse naturalmente con aguda inteligencia y no-violencia, con gentileza amorosa y compasión.  Desde el momento en que nacemos, vamos constantemente tras la felicidad pensando en formas de poder llegar a ser felices y librarnos de sufrimiento, y tratamos activamente de que esos deseos lleguen a madurar.  Las propensiones hacia la gentileza amorosa, la compasión y la no-violencia que desplegamos en este empeño por la felicidad demuestran lo que hace únicos a los seres humanos.

Para que cualquier clase de especie de ser sintiente  continúe existiendo, los miembros de esa especie deben tener afecto unos por otros y apoyarse mutuamente. A fin de que nuestra comunidad humana sobreviva, debemos nutrir y mantener conexiones de amor, compasión, no-violencia y altruismo.  Estas conexiones constituyen lo que nos va a permitir no solo sobrevivir, sino hacer de nuestras vidas, algo significativo.  Si nos concentramos en asegurarnos que estas conexiones estén presentes, eso en sí mismo será suficiente.

Todas las enseñanzas del Buda están basadas en refrenarnos de dañar a otros e involucrarnos en ayudarlos. Por lo tanto, es de gran importancia para los budistas tener estos dos principios como la base de su práctica.  Las raíces de la práctica budista son las actitudes de altruismo y no hacer daño. 

En otras palabras, las raíces de la práctica budista son la gentileza amorosa y la compasión.  De estas dos cualidades, la compasión es la más importante: en general, nosotros desarrollamos gentileza amorosa apoyándonos en la compasión.  Al comienzo, sin embargo, la compasión es más importante.  Nuestra compasión debe tener un amplio foco, no solo incluirnos a nosotros mismos sino a todos los seres sintientes.

¿Por qué debe nuestra compasión incluir a todos los seres sintientes?  Porque todos los seres sintientes –nosotros y los otros- deseamos ser felices y liberarnos de sufrimiento.  Este deseo básico es el mismo para todos. 

Sin embargo, vemos que la mayoría de los seres sintientes experimentan solo sufrimiento; ellos no logran obtener felicidad. Así como nosotros deseamos liberarnos del sufrimiento en nuestra propia experiencia y disfrutar de felicidad, a través de meditar en la compasión llegamos a ver que todos los otros seres tienen también este mismo deseo. Los otros seres no son sólo dignos de nuestra compasión, ellos también son los que causan que nuestra meditación en la compasión sea posible.

De acuerdo con las enseñanzas budistas mahayana, todos los seres sintientes son nuestros padres del pasado, del presente y del futuro.  Esto significa que, de todos los seres sintientes, algunos han sido nuestros padres en el pasado, otros lo son actualmente en el presente, y otros lo serán en el futuro.  No existen seres que no sean, a fin de cuentas, nuestros padres. 

Por esta razón, todos los seres sintientes tienen una conexión afectuosa hacia nosotros. Tienen una conexión de gentileza hacia nosotros.  Pero estos afectuosos y gentiles padres están atrapados en un estado de sufrimiento, imposibilitados de materializar sus deseos de felicidad.  De modo que es crucial para nosotros comenzar en este mismo momento, a meditar en la compasión por ellos.  

Cuando practicamos diversas clases de meditación en la compasión, no es suficiente con simplemente sentir una sensación compasiva en nuestras mentes.  Debemos llevar nuestra meditación en la compasión a los más profundos niveles posibles. Para hacer esto posible, debemos reflexionar en el sufrimiento de los seres sintientes en todos los seis reinos del samsara, la rueda de la existencia cíclica. 

Estos seres sintientes que están atravesando  sufrimientos tan intensos son los mismos seres que constituyen nuestros padres del pasado, del presente y el futuro.  Resumiendo, estamos íntimamente conectados con todos estos seres sintientes, por lo tanto, es posible para nosotros llevar más allá nuestra conexión con ellos brindándoles beneficios. 

La más excelente conexión que podríamos hacer es la de cultivar un corazón compasivo hacia ellos y pensar de maneras que reduzcan sus sufrimientos.  Reflexionando en nuestra conexión con estos seres, debemos generar un nivel de compasión que no pueda soportar que sus sufrimientos continúen.  Esta gran, insoportable compasión es extremadamente importante. 

Sin ella, puede que sintamos una sensación compasiva en nuestras mentes de vez en cuando, pero esta sensación no va a propiciar la totalidad del poder de la compasión.  No puede constituir la base de una práctica global.

Por otra parte, una vez que la insoportable compasión nace en nuestros corazones, inmediatamente nos sentiremos llamados a la acción altruista.  Automáticamente comenzaremos a pensar cómo hacer para liberar a los seres del sufrimiento.

Por lo tanto, la forma de desarrollar altruismo es a través de meditar en la compasión.  Cuando nuestra compasión se vuelve genuina y profunda, nuestras acciones por el beneficio de otros no significarán esfuerzo alguno y estarán libres de dudas.  Es por eso es tan crucial para nosotros el profundizar nuestra práctica de la compasión hasta que esta se vuelva insoportable.

Al contrario de nuestra clase de compasión usual –meditando una que otra vez en la noción general de que los seres sintientes experimentan sufrimiento- la compasión insoportable penetra y mueve nuestro corazón.  Si fuésemos a ver a alguien atrapado en un fuego devastador, no dudaríamos en asistir a esa persona. 

Allí mismo y al instante, inmediatamente comenzaríamos a pensar y a involucrarnos en formas de sacarla del fuego.  De igual modo, con insoportable compasión vemos el sufrimiento de todos los seres sintientes de todos los seis reinos e inmediatamente buscamos maneras de liberarlos de sus sufrimientos. 

No solamente tratamos genuinamente de liberarlos de sus sufrimientos, sino que también estamos totalmente dispuestos a soportar cualquier clase de obstáculos que pudiésemos encontrar en nuestro camino a fin de poder liberarlos.  No enfrentamos complicaciones ni dudas.

Todos los seres sintientes tienen compasión básica o fundamental.  Incluso aquellos que generalmente consideramos iracundos, tienen compasión; ellos simplemente no han conducido su compasión básica hasta un nivel de refinamiento. 

Si los iracundos no tuviesen compasión para nada, sería imposible para ellos desarrollar compasión practicando en el camino.  Todos los seres tienen compasión, pero sus puertas hacia la maestría de la compasión hace tiempo que están cerradas. 

De modo que incluso aunque pareciera que algunas personas no tienen compasión para nada, todos y cada uno tiene al menos una pequeña semilla de compasión.  Esa pequeña semilla puede crecer hasta llegar a ser una gran compasión; el potencial que todos tenemos para una gran compasión puede llegar a manifestarse. 

Aun cuando los grandes y nobles seres pueden permitir que brille a través de ellos la totalidad de su potencial compasivo, nosotros, seres ordinarios, no podemos hacerlo.   Aún cuando poseemos la semilla de la compasión, no tenemos la compasión que deseamos.  Precisamente, cuando más necesitamos de la compasión, no podemos acceder a ella; la puerta a nuestra propia compasión está cerrada. 

Incluso si entendemos la gran importancia de la gentileza amorosa y la compasión, también encontraremos que es bastante difícil incorporarlas a nuestra experiencia genuina y totalmente.  Lo que nos impide cultivar aún más nuestro corazón de gentileza amorosa y compasión son las aflicciones mentales, especialmente la rabia. 

Las emociones tales como la rabia infligen el mayor daño a nuestro camino hacia la auténtica compasión.  Por esta razón, debemos ver con honestidad nuestras emociones y preguntarnos ¿Me está beneficiando esta emoción?  ¿Es que acaso no tiene ningún beneficio? Es necesario que nos involucremos en un análisis introspectivo detallado.

Si nuestra investigación revela que estas emociones negativas no son beneficiosas, la próxima etapa vital consiste en que tomemos a todas las demás emociones bajo la misma consideración todo el tiempo.  Debemos ver los problemas como problemas, a los defectos como defectos.

Consideremos el ejemplo de la rabia.  Las enseñanzas budistas contienen ricas descripciones de los defectos de la rabia.  Estos describen la manera en que la rabia y la agresión producen cantidad de resultados desagradables, tanto en el futuro inmediato como en vidas futuras. 

Mientras que algunas de estas enseñanzas pudiesen parecer que se aplican solo para aquellos que de hecho creen en la existencia de futuros períodos de vidas, las descripciones del Buddhadharma de los defectos de la rabia siguen siendo relevantes para aquellos que no sostienen esta creencia.

Cuando nos ponemos bravos, nuestro rostro cambia y asumimos una apariencia amenazadora. Nos volvemos poco atractivos para otros; incluso aquellos cercanos a nosotros encuentran difícil estar en nuestra compañía.  Siendo que la rabia infunde temor en otros, perjudica enormemente nuestras relaciones.

Cuando vemos claramente los defectos de la rabia y las cualidades positivas de la gentileza amorosa, nuestra práctica de ésta última y de la compasión se fortalece y nos sentimos encantados de entrenarnos en desarrollar estas cualidades. 

Cuando esto sucede, nos esforzamos aún más.  Cuando así lo hacemos, los resultados que experimentamos también se vuelven mucho más poderosos.  Poder discernir respecto a lo que es beneficioso y lo que es defectuoso, es, por lo tanto, de gran importancia.

Sin tal discernimiento, nuestra compasión puede caer en los viejos hábitos.  Quizás, cuando tratemos de practicar compasión seamos tratados de mala manera por alguien.  Habitualmente respondemos mirando a esa persona de manera negativa y desarrollando resentimiento. 

Pero si tenemos una profunda comprensión de los aspectos problemáticos de nuestras emociones negativas, y podemos verlos como si fuesen enfermedades, dejaremos de ver a los agresores que nos hacen daño como malos en sí mismos. 

Más bien, entenderemos que estos agresores no están actuando a partir de su propia libertad interior; que ellos están afligidos por la enfermedad de sus propias emociones negativas. Una vez que nos hemos liberado del resentimiento de esta manera, estamos en libertad de desarrollar nuestra gentileza amorosa y compasión ilimitadamente, sin obstáculos.

Existen muchos otros obstáculos que pueden prevenir nuestra práctica de la compasión de alcanzar su completo poder. Entre todas estas condiciones adversas, una de las más perjudiciales es la de los celos.  Estos nos pueden robar nuestra libertad e interrumpir amorosas relaciones entre las personas.  Los celos ocurren cuando no podemos tolerar ni siquiera saber de otros siendo más felices que nosotros.

Cuando continuamente sentimos la necesidad de que otros están por debajo de nosotros y que ninguno nos iguale, eso también son celos. 

Cuando estamos controlados por los celos, sólo nos sentimos confortables cuando otros vienen a nosotros por ayuda; solamente nos sentimos bien cuando los demás encuentran esperanza en nosotros; no podemos aguantar encontrarnos en situaciones en las que otros tienen algo que nosotros necesitamos.

Aún más, en esta era, muchas personas en la sociedad sienten que estas manifestaciones de celos están justificadas.  Muchos parecen creer que cuando tenemos actitudes competitivas hacia otros, y queremos dirigirnos a otros de manera agresiva buscando alguna compensación, creen que esto no es sólo aceptable, sino que también es incentivado.

Para fortalecer nuestra compasión y hacer que germine nuestra semilla de compasión necesitamos el camino. Una vez que entramos al camino de la compasión comenzamos a conectarnos con la compasión que necesitamos a fin de ayudar a otros, y más allá de eso, empezamos a desarrollar la compasión que necesitamos a fin de alcanzar iluminación. 

Nosotros ya tenemos compasión, sabiduría y muchas otras cualidades positivas; sin embargo, nuestras aflicciones mentales son mucho más fuertes que todas estas la mayor parte de las veces. Es como si las aflicciones hubiesen encerrado a todas nuestras cualidades positivas en una caja.  Un día, abriremos esa caja y todas las buenas cualidades van a brotar.  Veremos que nos tenemos que salir buscando nuestra compasión tratando de obtenerla en otro lado. 

En todo caso, esta no se encuentra disponible para ser comprada en ningún sitio. Lo que vamos a descubrir es que la compasión está presente en nuestras mentes de manera espontánea, y llegado ese punto una gran abundancia de excelentes cualidades estará inmediatamente a nuestra disposición.

Una de las formas en que la gente en Tíbet genera la compasión es visualizando a Avalokiteshvara, el bodhisattva de la compasión y recitando su mantra, OM MANI PADME HUM.  Personalmente, tengo memorias de cuando yo era muy niño, de la madre de mi madre recitando el mantra de Avalokiteshvara todo el tiempo. 

Aun cuando ella era ciega, continuaba recitando mantras con gran diligencia.  Ella siempre tenía un temperamento alegre y una sonrisa, como si no tuviese problemas para nada. Siempre mantenía una presencia digna y agraciada, y la mirada de sus ojos era como la de una persona normal, como la de una persona que podía ver.

Tal es el poder de practicar gentileza amorosa y compasión.  El gran afecto y la continua súplica al bodhisattva de la compasión era lo que unía a mi familia.

Mi abuela lo pasó a mi madre, mi madre me lo pasó a mí, y yo lo estoy pasando a ustedes como una reliquia, como una herencia.  Materialmente hablando, mi familia no tenía recursos, de modo que esto es lo que tengo para ofrecerles como mi principal herencia familiar.