EL ALTAR BUDISTA TIBETANO

El altar budista tibetano

Ven. Khempo Karthar Rimpoché

Traducción y edición: María Mercedes Márquez

Mayo, 2012

Hacer ofrendas a los iluminados forma parte de la práctica del budismo y ciertas ofrendas específicas están presentes en todo altar hecho en la forma tradicional.  Sin embargo, estas son mucho más que una forma o un sistema ritualista, pues constituyen una extensión viable del propósito de beneficiar a todos los seres sintientes. 

El hacer ofrendas es un antídoto contra el patrón del apego y la codicia. Por un lado, está el aspecto material de las ofrendas donde la persona ofrenda algo particularmente valioso de sus posesiones, también puede ofrendar simbólicamente la totalidad de sus posesiones con el pensamiento de propiciar beneficios para todos los seres, para que remedien sus sufrimientos y se desarrolle a su vez la perfección de la generosidad. Generalmente las ofrendas en el altar son siete, colocadas en siete recipientes y hay significados para cada una de ellas.

Agua para beber

La primera ofrenda es agua para beber. Se hace con el pensamiento de que cualquier beneficio que uno acumule pueda en el presente traer como consecuencia la extinción del sufrimiento de la sed, especialmente de los seres en el reino de los ‘pretas’ o espíritus hambrientos. Que ellos reciban alivio y se liberen del padecimiento de la sed. La ofrenda es igualmente hecha con el fin de que todos los seres puedan desarrollar amor, bondad y compasión.

Agua para lavarse

El agua para tomar y el agua para lavarse son ofrendas al cuerpo de los budas.  Al hacer estas ofrendas a los objetos de refugio (el Buda, el Dharma y la Sangha), se obtiene un mérito que propicia la purificación física y la limpieza de nuestros propios cuerpos, los cuales están sometidos a negatividades y son muy vulnerables. 

La ofrenda se hace también con el fin de que se disuelvan los obstáculos, velos o impedimentos que interfieren con nuestra meditación, que bloquean el entendimiento del dharma, y también con el fin de purificar todo obstáculo presente en la práctica del dharma.

Flores

La tercera ofrenda a los iluminados es la de flores para embellecer lo que los rodea aún cuando el ofrendar flores es algo innecesario en la perfección de sus reinos búdicos. 

De nuevo, se hace para el beneficio de aquellos que hacen la ofrenda y con la intención de que todos los seres logren nobles formas donde habitar y finalmente, que la totalidad de los seres personifiquen en sus formas, las señales y atributos de la iluminación, tal como los budas.

Incienso

Se hacen ofrendas de incienso o de fragancias nobles, a fin de extinguir todos los olores desagradables y malsanos que pudieran aparecer y ultimadamente, para que el mérito acumulado traiga como consecuencia la realización de la perfección del profundo aroma de la disciplina.  Se ha dicho que todo aquel que ha perfeccionado la disciplina está rodeado de una dulce y suave fragancia.

Luces

Esta quinta ofrenda se hace con el pensamiento de que la ignorancia sea purificada en todos los seres y que el mérito de esta traiga como consecuencia, que el conocimiento y la experiencia trascendente se manifiesten en todos los seres, tal y como lo hacen en los budas.

Perfume

Hacemos esta ofrenda a fin de que temporalmente sean purificados todos los patrones negativos tales como la agresión, la ignorancia y los apegos, y para que finalmente sean purificados no sólo los patrones habituales de los seres, sino que también el medio ambiente que los rodea.

Alimento

El propósito de tales ofrendas a los iluminados objetos del Refugio es el de liberar temporalmente a los seres del sufrimiento producido por el hambre y las carencias y de propiciar la abundancia de alimento.  Igualmente, es hecha también a fin de que los seres puedan experimentar el perfecto estado meditativo, el samadhi, y que todos puedan vivir del alimento espontáneo de la meditación.

Sonidos placenteros

Estos tienen el propósito de que, junto con el sonido de las hojas de los árboles y el canto de los pájaros, el Dharma pueda ser escuchado y que todo lo dicho esté en perfecto acuerdo con la verdad.

Es importante conocer el propósito y simbolismo de estas ofrendas a los iluminados, fuentes de toda inspiración. De igual modo, ya sea que usted ofrende muchas o pocas cosas, lo importante es que pueda darse cuenta de que lo fundamental yace en la actitud con la cual se hacen las ofrendas.  La ofrenda es un medio para acumular interminable cantidad de mérito. 

Por otra parte, ofrendamos lo que podemos. Mientras más ofrendas sean sinceramente hechas, con más frecuencia se encontrará uno rodeado de aquello que ha ofrendado. El hacer las siete ofrendas no es una limitación cultural relacionada solamente con un ritual tradicional o cultural.  De ser sólo ese el significado, sería una gran pérdida de tiempo hablar acerca de ellas.  Son, por el contrario, universalmente importantes y significativas.

Examinando sus razones personales, usted podría encontrar que realiza ofrendas por otras causas diferentes a las ya expuestas.  Quizás piense que es algo exótico, o lo hace porque sabe que otra persona acostumbra a hacerlo, o porque le ha nacido un sentimiento de celos o competencia.  Ninguna de estas razones implica la actitud correcta ya que, en vez de propiciar la acumulación de cualidades meritorias, tales ideas podrían hacer todo lo contrario. 

Tenemos como ejemplo la historia de un monje Kadampa, quien acostumbraba a hacer ofrendas muy sencillas.  Ese día esperaba la visita de sus benefactores, así que se levantó muy temprano en la mañana y preparó sus ofrendas en forma muy elaborada, plena de detalles. 

Una vez que hubo concluido, observó que todo lucía muy bien. Las había preparado con tanto esmero, sin embargo, mientras sentado allí contemplaba su obra, se preguntó por qué había hecho tan elaborada preparación ese día cuando era simplemente uno de tantos y regularmente no acostumbraba a hacerlo. 

Entonces se dio cuenta que la razón era la próxima visita de sus benefactores y tomando un puñado de cenizas de su chimenea las tiró sobre las ofrendas creando un verdadero caos.  Se sentó de nuevo lleno de remordimiento por su horrible actitud y no pudo contener el llanto.

Cuando llegaron sus benefactores, lo encontraron tanto a él como a su altar y ofrendas llenos de cenizas.  No pudiendo explicarse lo sucedido, le preguntaron si había sido quizás un ladrón que había venido a robarle y había causado todo aquello.  El monje, en medio de su llanto les contestó que había sido algo peor que un ladrón ordinario, que le había robado el ladrón de la actitud equivocada, que éste le había robado la posibilidad de una profunda acumulación de cualidades meritorias.

El punto es que uno puede caer fácilmente en las trampas de una actitud negativa por lo que es indispensable preguntarse y responderse con honestidad cuál es la motivación real que hay detrás de cada acción que realizamos.  Uno hace ofrendas no por razones mundanas, uno ofrenda todo lo que posee a fin de poder experimentar la perfecta liberación y al mismo tiempo estar en capacidad de liberar a todos los seres sin excepción alguna.

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Que nuestra sincera motivación y esfuerzos contribuyan a liberar a todos los seres de cualquier forma de sufrimiento, y puedan finalmente alcanzar la iluminación.