Los Cinco Skandhas

Khenchen Sherab Rimpoché

Extraído del libro El Sutra del Corazón 

Edición: María Mercedes Márquez  

Caracas, 2023

Khenchen Sherab Rimpoché es un distinguido maestro de la orden nyngma de budismo tibetano. Ha sido profesor en la Sanskrit University de Benares, miembro fundador del Central Institute of Higher Tibetan Studies de Sarnath y quien estableció el Padmasambhava Buddhist Center de Nueva York. Es autor de numerosos libros y viaja impartiendo enseñanzas por India, Europa, Rusia y Estados Unidos.

 

>Shariputra, todo hijo o hija de la familia que desee alcanzar la profunda sabiduría trascendente deberá partir sólo del siguiente punto de vista,

 y, entonces,

también verá con nitidez que los cinco agregados

se hallan igualmente vacíos por naturaleza<

 

Es importante comprender qué son los skandhas y, exactamente, en qué sentido se encuentran vacíos, dado que se trata de uno de los puntos principales del Sutra del Corazón, comienza diciendo Rimpoché.

Una explicación pormenorizada sobre este tema se halla en el Abhidharma, la tercera cesta del Tripitaka, las tres compilaciones de textos que exponen el marco teórico inicial del budismo. El vajrayana, que es en su mayor parte posterior al parinirvana del Buda, se incluye tanto en la tercera cesta, como parte del Abhidharma, y también se le denomina la cuarta cesta. El vajrayana, el vinaya, el sutra y el abhidharma, forman juntos la doctrina completa del Buda Shakyamuni.

En el Abhidharma, el conocimiento del mundo fenoménico se realiza a partir de una clara comprensión de las dos verdades, la relativa y la absoluta. Dado que se pretende percibir tanto a los skandhas como a su vacuidad, la manifestación de los fenómenos debe verse y comprenderse claramente tal cual es, sin amplificación ni disminución alguna, sin añadir ni quitar nada, y, por otra parte, entender que la vacuidad no está hecha ni fue creada por nadie, es natural, nonata, increada por naturaleza e indivisible.

Todo lo que existe en el mundo fenoménico, tanto en el samsara como en el nirvana, puede clasificarse en dos categorías: lo divisible y lo indivisible.

Nada queda fuera de estos dos grupos.

Los cinco skandhas pertenecen al grupo de lo divisible y, de hecho, conforman esta categoría puesto que skandha, en sánscrito, significa “cúmulo”, esto es, la unión de varios elementos distintos como en una gran feria o mercado, y se opone, por lo tanto, a un elemento único e individual. 

En castellano los cinco skandhas se denominan los cinco “agregados” y son los siguientes: 1) el agregado de las formas, 2) el agregado de las sensaciones, 3) el agregado de las conceptualizaciones, 4) el agregado de las formaciones mentales y 5) el agregado de las consciencias.

1) El agregado de las formas

Todo cuanto tiene forma posee volumen y peso y tiene la capacidad de bloquear u obstaculizar. Por forma no se entiende sólo al propio cuerpo, sino todo aquello que posee masa y ofrece resistencia. Así pues, todo lo que está formado por materia es parte del agregado de la forma.

De un modo más preciso, el Abhidharma divide el skandha de las formas en quince subdivisiones: cuatro formas causales y once formas resultantes. Las cuatro formas causales son los elementos tierra, agua, fuego y aire. El elemento espacio no se tiene en cuenta puesto que no presenta resistencia ni posee masa o una estructura material.

En estos cuatro elementos, diez de las once formas resultantes tienen su causa, origen y desarrollo material. Estas diez formas resultantes todavía se dividen en cinco resultados que aparecen como el sujeto y cinco resultados que aparecen como el objeto. Los primeros son, la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, y los segundos, la forma, el sonido, el olor, el sabor y el tacto.

Pero aún queda una forma resultante que no es ni un elemento físico ni un elemento de la consciencia. Se la conoce como “forma invisible” y se trata de una energía, un poder o una capacidad especial de la persona, que puede ejercer una gran influencia como guía en la vida cotidiana, siempre y cuando se tenga confianza en uno mismo o en las propias ideas.

La forma invisible existe sólo a nivel mental y conceptual, y puede ser dañina o beneficiosa. *

*Ejemplos de formas invisibles son las promesas, las decisiones, los nombramientos, las calificaciones, los rangos y los títulos.

Esta es la explicación del skandha de las formas como raíz de todos los fenómenos perceptibles, pero existe una comprensión más profunda de la misma y el modo en que se manifiesta.

Aunque su fundamento inmediato es perceptible en un primer nivel, este a su vez emerge basándose en un estrato mucho más sutil denominado por algunos budistas -a falta de un término más apropiado en su tiempo- “átomos sin partes”. En este nivel, millones de partículas subatómicas, insustanciales en sí mismas, se agrupan o se agregan y dan lugar a la apariencia de la masa.

Finalmente, no existe una base sobre la que las cosas reposen ni una materia final independiente. Por medio de infinitas combinaciones de un sinfín de “átomos sin partes” se produce una manifestación interdependiente, causal y condicionada de los cuatro objetos causales y los once objetos resultantes. Este es el agregado, la skandha de las formas.

2) El agregado de las sensaciones

Las sensaciones forman el segundo skandha. De nuevo, estas remiten a un conjunto de distintos elementos agregados, aunque, en este caso, a diferencia de las formas que son materiales, las sensaciones se consideran parte de la mente, y la masa y la consciencia son algo muy distinto.

Debido a que como seres comunes no poseemos una comprensión clara de los agregados, podríamos pensar que las sensaciones o, incluso las emociones, se identifican con el organismo, pero, aunque evidentemente existe una relación estrecha entre ambos, sus funciones son bastante distintas.

La importancia de las sensaciones radica en que condicionan al agregado mental y determinan lo que finalmente se experimenta. Se las clasifica en dieciocho categorías, a partir de la combinación de los seis sentidos -la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto y la mente- y los tres estados de atracción, rechazo e indiferencia, puesto que, para dar lugar a una sensación en particular, se reúnen muchas causas dispares; además, nos gusta tener sensaciones alegres y placenteras, en cambio, evitamos las sensaciones tristes y desagradables.

Nuestro apego a los estados placenteros es tal, que cuando las circunstancias son adversas nos enfadamos, nos frustramos o nos volvemos celosos, y entonces se generan karmas distintos que pasan a ser causa de futuras percepciones o experiencias. Las sensaciones se muestran, por lo tanto, como una de las principales influencias en nuestra vida en el samsara.

3) El agregado de las percepciones o conceptualizaciones

El tercer skandha comprende las operaciones del análisis y el examen. El agregado de las conceptualizaciones se caracteriza por su gran cantidad de impulsos, dada su tendencia a crear distinciones a las que luego se aferra y, tratándose de conceptualizaciones de la dualidad, generan nuevos apegos.

Tamaño, color, pureza, ubicación, sexo o especie aparecen como conceptos, principalmente, por debajo del nivel consciente en este tercer skandha de las conceptualizaciones. De este modo, la mente sigue patrones inconscientes, pautas con las que da nombre a las experiencias y construye un mundo de objetos mentales al que no se le puede atribuir una existencia real fuera del propio flujo de pensamientos.

Algunas conceptualizaciones nos vienen dadas y otras las ponemos nosotros. Para empezar, todas las normas, sistemas y tradiciones propias de nuestro país, ciudad o familia son formaciones mentales, ideas, y, por lo tanto, parte del agregado de las conceptualizaciones.

Todo lo que aprendemos son conceptualizaciones, así como todo lo que está permitido o prohibido; no hay nada de lo que se pueda decir que existe como una realidad objetiva.

Se puede comprobar este hecho si se examina y se observa por uno mismo. Vivimos según juicios que afirman y dan certeza a nuestro mundo, por lo demás, tan enigmático y cambiante. Por ejemplo, cuando un niño mira la imagen de una vaca, su padre o un profesor le enseñará a decir “vaca” hasta que lo aprenda o, de lo contrario, se le dirá que se equivoca o que no lo hace bien.

La “palabra”, debe asociarse a la “imagen” y ambas deben unirse hasta que se diga espontáneamente “vaca”. Es un ejercicio que debe trabajarse porque la imagen de la vaca y el término “vaca”, no tienen ninguna relación intrínseca, sino que son dos cosas totalmente diferentes. Dar un nombre a las cosas genera un mero concepto o idea que, a partir de entonces, se toma por una realidad concreta.

En países distintos la misma vaca tiene nombres diferentes, como muestra de distintas maneras de pensar, de conceptuar.

Cuando los tibetanos ven la imagen no dicen “vaca” sino “pa”, y en la India dicen “go”. Unos dicen vaca, otros pa y otros go, pero ¿quién está en lo cierto y quién se equivoca? Incluso si se acudiera a un tribunal para obtener una resolución, ¿quién podría dictaminar realmente que una palabra es la verdadera y la otra es la falsa? Pienso que, o todos tiene razón o todos se equivocan.

Como en este simple ejemplo, todo se sustenta en conceptos y juicios y no en realidades objetivas e independientes. Nociones tales como la limpieza o la belleza cambian de una cultura a otra. En el Tíbet, incluso las tradiciones y creencias de la población del este o del oeste son bastante diferentes.

Pero estos ejemplos son realmente obvios. Nos hallamos ante códigos que parten de ideas dualísticas, como dos guantes, la parte delantera y la trasera o el este y el oeste. El mundo se halla repleto de sistemas arbitrarios aún más profundos y variados que éstos, pero todos forman parte del calificador, tenaz y generador de ideas, la skandha de las conceptualizaciones.

4) El agregado de las formaciones mentales

El término “formación” se utiliza para el cuarto skandha para expresar la idea de la producción, tanto en el dominio de la mente como del cuerpo. Este es el agregado del karma, que parte de la mente, pero se refleja en la palabra y el cuerpo, puesto que cualquier acción forma parte del cuarto skandha.

La noción de karma proviene del sánskrito y significa “acción” o “actividad”. El Buda Shakyamuni enseñó que todo karma surge de la mente, mientras que los estados mentales son productores y creadores, y el cuerpo y la palabra, sus agentes.

Así pues, la actividad de la mente fluye a través de los canales del cuerpo y la palabra, se manifiesta externamente por reflejo y retorna debido al movimiento cíclico del karma.

En gran medida, el karma sólo puede entenderse por inferencia puesto que, a pesar de no tener existencia propia, aquello que produce, sí llega a manifestarse en un ciclo reproductivo continuo donde estos efectos se transforman y pasan a ser, a su vez, causa de otros.

En el mundo físico, por ejemplo, si se observa una flor se pueden llegar a deducir las causas y condiciones por las que esta ha llegado a manifestarse. Aunque estas causas y condiciones no sean evidentes, se pueden realizar deducciones sobre ellas, sobre el proceso que ha seguido la flor. Del mismo modo, se puede predecir su futuro sin error.

Si se toma la semilla de una flor, se puede afirmar tranquilamente que, si se trata de una buena semilla, lo que constituye la causa, e interaccionan las condiciones adecuadas, se obtendrá sin duda un resultado, la flor. Es algo inevitable que sucede tanto si se quiere como si no: las causas y las condiciones transcienden las preferencias de cada uno.

Este esquema se repite en los fenómenos interiores, en la corriente de pensamientos de la mente. Las actividades de la palabra y el cuerpo se producen en un nivel superficial en el que otros también las perciben, pero la actividad mental, que actúa de manera continua en toda persona, es más sutil y profunda.

Si uno se concentra puede percibir y observar la propia pero no resulta fácil ver claramente la de los demás. Esta se puede llegar a notar, pero puede que no se llegue a ver o percibir directamente sino mediante deducción, del mismo modo que se deduce la existencia del fuego a partir del humo. Toda esta actividad forma parte del skandha de las formaciones mentales.

5) El agregado de las consciencias

El quinto skandha de las consciencias es muy poderoso y constituye el origen de las actividades de los skandhas de las conceptualizaciones y las formaciones mentales. Tiene su base en un estado de consciencia muy sutil conocido como alayavijñana, en sánscrito, y kunshi, en tibetano, esto es, “la conciencia receptáculo”.

Estamos hablando de una consciencia sutil, ni positiva ni negativa, apenas variable, donde toda la información y los patrones de conducta de una persona son reunidos y almacenados para emerger de nuevo y proyectarse en la experiencia a partir de la presencia de causas y circunstancias.

El skandha de las consciencias no depende de los cinco órganos de los sentidos, aunque, en el momento en el que estos se activan, las consciencias operan de acuerdo con cada uno de ellos. Siendo así, se habla de consciencia de la vista, del oído, del olfato, del gusto y del tacto.

Como un rayo de luz que pasara a través de cinco ventanas distintas, la información sensorial pasa por distintas “ventanas” para ser reunida en la consciencia mental que juzga si ésta es positiva, negativa o neutra. A pesar de todo, sin los cinco órganos de las consciencias, la misma consciencia mental puede recibir aún experiencias.

Por ejemplo, cuando nos acostamos y no somos conscientes de los órganos de los sentidos, la mente sigue trabajando en el estado de sueño al proyectarse a sí misma como sujeto y objeto en su propio universo desdoblado. Entonces surgen las pautas del pasado, y, a veces, incluso se experimenta el futuro.

No se trata de algo unitario a lo largo de toda su evolución desde el principio hasta el momento presente, inmutable para siempre; no es un objeto firme, más bien es como la corriente o el curso de un río compuesto de billones de instantes en constante flujo. 

La consciencia mental puede ser positiva y virtuosa o negativa y perversa.  Cualidades como la bondad, la compasión, la devoción o la comprensión diáfana de la verdadera naturaleza, se consideran como distintos aspectos de la consciencia positiva; en cambio, si la mente manifiesta cualidades como la ira, la envidia, el apego o la ignorancia, se la considera negativa o perversa. Este es el skandha de las consciencias.

En resumen, los cinco skandhas de las formas, las sensaciones, las conceptualizaciones, las formaciones mentales y las consciencias son compuestos e interdependientes. Ninguno de ellos es algo firme o unitario, sino más bien el flujo de cientos de elementos combinados. Además, en ningún momento se existe fuera de los cinco agregados, puesto que representan los cimientos del samsara, aquello que hace posible nuestras ataduras y apegos.

Sin embargo, a su vez, constituyen la llave de la propia iluminación, porque sólo a partir del momento en que los comprendemos, en que nos hacemos una imagen clara de lo que son y cómo actúan, sólo entonces el nirvana puede hacerse presente en el flujo de la mente. Cuando esto ocurre, la respuesta de Avalokiteshvara a Shariputra de que los cinco skandhas se encuentran vacíos por naturaleza, se comprende con claridad.

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