El viaje de la mente
Poniendo las enseñanzas del bardo en práctica efectiva durante esta vida
Ven. KhenchenThrangu Rimpoché
Traducción, edición y Comentario: María Mercedes Márquez
C. En mayo y junio de 1997 en Vancouver, Columbia Británica, el muy venerable Khenchen Thrangu Rimpoché impartió una enseñanza de cinco días sobre el bardo titulada El Viaje de la Mente. Lo que sigue a continuación es una transcripción editada de esa enseñanza impartida por Rimpoché en tibetano y traducida al inglés por Lama Yeshe Gyamtso.
Recibir instrucciones sobre el bardo, “estado intermedio” o “intervalo” y también practicar estas instrucciones es muy importante, particularmente porque hemos nacido como seres humanos. Es muy importante no sólo recibir estas instrucciones, sino también ponerlas en práctica.
Algunas personas ven el bardo como algo de poca importancia y asumen la actitud de que no tiene sentido pensar acerca de ello o de inquietarse por ello. Esta es una actitud equivocada. El bardo es algo que ya hemos experimentado en el pasado y que definitivamente vamos a experimentar de nuevo en el futuro, así que parece poco realista y una respuesta insuficiente a nuestra situación de vida, simplemente descartarlo como algo en lo que nadie necesita pensar.
Otras personas están tan aterradas con la idea del bardo y lo que han escuchado acerca del bardo que no quieren oír nada acerca de ello ni tampoco pensar en ello. Puede ser que desde un punto de vista el bardo sea aterrorizante, pero desde otro punto de vista, no es tal cosa.
Desde el principio de este universo y desde tiempos sin principio, toda la infinita cantidad de seres que han nacido y fallecido, han pasado a través del bardo, y todos los seres que morirán en el futuro, también lo harán. Así debe ser.
La experiencia del bardo no tiene por qué ser una experiencia mala o aterradora. Podría ser muy negativa, pero también podría ser muy positiva. Sin embargo, en lugar de olvidarse acerca de ello, de hecho, sería mejor evitar que el bardo vaya a ser una experiencia negativa y generar causas para que se convierta en una experiencia positiva, preparándonos para ello en esta misma vida. Por lo tanto, la mejor actitud respecto al bardo es la resolución de que usted va a hacer todo lo que pueda, para asegurarse de que el bardo sea una experiencia positiva para usted.
Esta es una actitud apropiada, porque si usted pone en práctica estas enseñanzas, usted de hecho puede determinar lo que va a suceder.
Algunas veces las personas tienen la actitud de que, aún cuando existen instrucciones para atravesar el bardo, éstas no son fáciles de practicar. Estas personas parecen ser demasiado tímidas para practicar estas instrucciones, sintiendo que no podrán practicarlas para nada o que no las podrán practicar efectivamente.
Pero no es tan difícil de entender el proceso del bardo, y de ninguna manera es imposible poner en práctica efectiva, las enseñanzas del bardo. Así como las apariencias de esta vida son producidas por estados mentales, de igual manera lo son las apariencias en el bardo, y las apariencias producidas por estados mentales, en las futuras vidas de uno.
Estados mentales positivos, producen experiencias positivas, y estados mentales negativos, producen experiencias o apariencias negativas. Por lo tanto, si usted cultiva un estado mental positivo en esta vida, las experiencias o apariencias de esta vida, de vidas futuras, y las del bardo serán más y más positivas. Mientras que usted pudiese ver el bardo como un estado sobre el que usted tendrá muy poco control, el hecho es, que, si usted cultiva un fuerte estado mental positivo, usted adquirirá algún control sobre el mismo.
En las instrucciones de los mahasidas, encontramos diferentes clasificaciones de los bardos o intervalos, clasificados primeramente en seis bardos y en cuatro bardos. Si utilizamos la clasificación de los bardos en cuatro, el primero de éstos es llamado el intervalo natural, o bardo natural, entre el nacimiento y la muerte, tibetano: rang bzhin skye gnas kyi bar do.
Este es el período o bardo que comienza en su nacimiento y termina en su muerte. El significado particular de este bardo, el cual parece algo diferente de los bardos que ocurren después de la muerte, es que uno utiliza este período de su vida para practicar en preparación para su muerte y para la experiencia de los bardos subsecuentes.
Practicando, uno desarrolla un cierto ímpetu o momentum en este bardo natural de la vida, el cual va a ser de beneficio cuando el bardo del dharmata y el bardo de llegar a ser, etc., surjan en el momento de la muerte y después. Por lo tanto, esta noche voy a comenzar contemplando el primero de los cuatro bardos, el bardo natural entre nacimiento y muerte.
¿Cuál es la práctica principal que nosotros deberíamos estar haciendo en nuestro presente estado, el bardo natural entre nacimiento y muerte, para prepararnos para la muerte?
La diferencia más obvia entre este estado o este bardo y, por ejemplo, el bardo del llegar a ser, el cual ocurre después de la muerte, está en la cualidad de las apariencias que surgen. Las apariencias que nos surgen a nosotros ahora, sin importar cuan inestables nuestras mentes puedan ser, tienen están conectadas con nuestros cuerpos físicos. Estar tan conectados causa una estabilidad de lugar y ubicación.
Por ejemplo, en nuestro estado presente, cuando nosotros pensamos acerca de algún otro lugar aparte de donde nos encontremos, nuestras mentes continuarán estando donde estamos nosotros, porque nuestras mentes están sostenidas aquí por nuestros cuerpos. Por lo tanto, en este bardo presente, el bardo natural entre nacimiento y muerte, las apariencias están caracterizadas por la estabilidad producida por este asidero físico.
Sin embargo, en el bardo del llegar a ser, debido a que el cuerpo y la mente se han separado y la mente está, por lo tanto, sin asidero físico, la mente es inestable. Cuando la mente piensa en un lugar, ésta inmediatamente se encuentra allí; luego, de nuevo, pensando en algún otro lugar, ésta se encuentra en ese otro lugar.
Así que la mente es inestable en el bardo del llegar a ser. Aún cuando lo desee, no puede permanecer en un lugar. Por lo tanto, la práctica de la meditación en esta vida, durante nuestro presente estado tan conectado a lo físico, va a ayudar mucho en ese futuro bardo.
Todas las escuelas budistas comparten el énfasis que hacen en la meditación, particularmente en la meditación de la tranquilidad y la clara interiorización, llamadas con frecuencia por sus nombres sánscritos de shámata y vipáshyana. Esta meditación básica sentada tiene algunas variantes entre las escuelas, pero conserva el mismo propósito, a saber: el de domar la mente a fin de que una verdadera comprensión del mundo o sabiduría pueda desarrollarse.
Debemos comenzar examinando nuestra disposición mental, lo que significa orientar nuestra mente hacia el interior y examinar si nuestra actitud es pura o impura. Debido a que somos simplemente seres comunes, algunas veces nuestra actitud va a ser pura y en otros momentos será impura. No hay nada sorprendente acerca de esto. Cuando encontramos que nuestra actitud es pura, podemos regocijarnos y dejar que permanezca pura.
Cuando encontramos que nuestra actitud es impura, no hay razón para descorazonarnos porque nosotros podemos cambiarla. Podemos cambiarla una y otra vez. Poco a poco nuestra actitud negativa se tornará naturalmente pura. Para desarrollar esta disposición hacia la iluminación, debemos pensar que cualquier cosa que hagamos, lo estamos haciendo para ayudar a los seres alcanzar la budeidad.
Cuando hacemos alguna acción física, esta acción puede tener un resultado positivo o negativo. Cuando decimos algo, esto puede ser bueno o malo, así que con acciones y palabras nosotros podemos ver resultados tangibles, pero con los pensamientos no está expresada ninguna acción concreta.
Sin embargo, la mente determina todas nuestras acciones físicas y verbales porque en cualquier cosa que hagamos, hay un pensamiento por detrás. Cuando ese pensamiento es positivo, las acciones que siguen son buenas; cuando ese pensamiento es negativo, las acciones que siguen son negativas. El punto de partida para cambiar lo que nosotros hacemos es cambiar la forma en que pensamos.
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