Enseñanzas sobre el Buda de la medicina
Introducción de Lama Tashi Namgyal al libro de
Khenchen Thrangu Rimpoché titulado
Medicine Buddha Teachings
Traducción, edición y comentario: María Mercedes Márquez
Caracas, 2015
Introducción de Lama Tashi Namgyal
De acuerdo con las enseñanzas del Buda Sakyamuni recogidas en el sutra sobre la Entrada al Útero, existen cuatro (4) clases de enfermedades.
1) La primera incluye enfermedades que no tienen mayores consecuencias y de las cuales uno puede recuperarse tome medicamentos o no. C. Las gripes, los virus, las intoxicaciones, la indigestión, el catarro…
2) La segunda clase de enfermedades incluye unas enfermedades más serias, incluso peligrosas, pero que, si uno toma las medicinas apropiadas, se podrá recuperar. Una actualización de esta categoría ciertamente incluiría muchos efectivos procedimientos médicos modernos, tales como la acupuntura, la cirugía, la radioterapia, la quimioterapia, etc.
3) La tercera clase de enfermedades incluye aquellas donde la medicina no sirve de nada, enfermedades de las cuales uno no puede recuperarse simplemente a través del uso de medicinas u otros tratamientos médicos. Sin embargo, estas enfermedades pueden ser curadas –y por lo tanto uno puede recuperar la salud- a través de la práctica de las técnicas espirituales apropiadas enseñadas en el budadharma (en las enseñanzas del Buda).
4) La cuarta clase de enfermedades incluye aquellas que tienen una naturaleza kármica irreversiblemente determinada. Cuando el cuerpo manifiesta tal clase de enfermedad, la muerte es inevitable y ninguna medicina ni procedimiento médico puede prevenirla.
De hecho, el uso de medicinas en tales casos –con la excepción de narcóticos para el dolor-, sólo sirve para incrementar el sufrimiento.
C. “Las que tienen una naturaleza kármica irreversiblemente determinada”. Siendo la primera vez que oímos hablar de esto, para muchos de nosotros nos resalta la importancia de profundizar la información que tenemos sobre el karma y su funcionamiento para poder entender el proceso.
Las enseñanzas sobre el Buda de la Medicina que escucharemos, impartidas por el extraordinario maestro tibetano de meditación y erudito, Khenchen Thrangu Rimpoché, están dirigidas más particularmente a quienes están sufriendo de alguna de las enfermedades contempladas en el tercer grupo, enfermedades para las cuales no se ha encontrado tratamiento médico exitoso, pero son aun curables a través de la práctica de profundas técnicas espirituales.
En la tradición budista, la más notable de estas técnicas son las prácticas espirituales asociadas con el Buda de la Medicina. A través de tales prácticas, se pueden descubrir o se puede tener acceso a los poderes curativos innatos inherentes en la naturaleza básica de todos los seres sintientes.
De esta manera, las personas enfermas pueden curarse a ellas mismas de las enfermedades que la medicina y los procedimientos médicos no pueden curar.
Como seres humanos corrientes y normales, tenemos la tendencia a pensar que las enfermedades tienen una base física y por lo tanto requieren de soluciones físicas. Siendo así, es razonable preguntar cómo es posible que la práctica espiritual pueda ayudar al cuerpo a curarse a sí mismo.
Esta pregunta se torna aún más crítica para aquellos que no tienen fe en los poderes milagrosos de un dios creador. Pero si uno tiene confianza en o aunque sea algo de intimidad con alguna clase de realidad espiritual que trasciende las limitaciones de un universo estrictamente material, entonces uno se encontrará extremadamente interesado en la respuesta a esta pregunta dada por la tradición budista.
En la tradición vajrayana del budismo, responderemos esta pregunta –cómo puede uno curarse a sí mismo a través de la práctica espiritual- desde dos perspectivas: desde la perspectiva de la verdad última de la naturaleza de la realidad, y desde la perspectiva de las verdades relativas, las cuales discuten la forma en la que las cosas aparecen a nosotros cuando no hemos realizado aun la verdad última de la naturaleza de la realidad.
Desde la perspectiva de la verdad última, todo fenómeno –todo lo que pasa – incluyendo todos los fenómenos que nosotros malinterpretamos como materia física, son vacíos de cualquier existencia inherente.
Aun cuando parecen ser muy sólidos y reales para nosotros, en verdad son simples apariencias ilusorias que no tienen ninguna realidad sustancial, al igual que un espectáculo de luces en el cielo, como una aurora boreal, como un arco iris, un eco, un destello de luz, un espejismo, un desplegué de magia, un sueño, una alucinación, como las imágenes en las películas o en la televisión, o como el reflejo de la luna en el agua.
Ninguna de estas apariencias ilusorias, incluyendo aquello que nosotros tomamos por materia, tienen alguna verdadera, separada, permanente, sólida o sustancial existencia, independiente de la siempre cambiante igualdad de causas y condiciones no existentes.
Cuando los científicos de hoy día investigan los átomos ellos no pueden afirmar que estos tengan alguna clase de existencia permanente. Lo que encuentran principalmente es espacio con diversas clases de energías dando vueltas por ahí. Mientras más investigan los científicos, más ilusoria parece la naturaleza de la materia.
Todos los fenómenos son efímeros, están cambiando constantemente de la misma forma que lo hacen las apariencias dentro de un caleidoscopio.
Ninguna de estas apariencias, incluyendo las de las enfermedades y trastornos, los cuales son igualmente apariencias ilusorias, tienen el poder de causarnos sufrimiento a menos que nosotros, equivocadamente, las tomemos por reales y sustanciales.
Una vez que nos equivocamos en relación a estas apariencias, cuando las tomamos por reales, insistimos en ellas y por lo mismo causamos que se solidifiquen en nuestra experiencia. Esto les proporciona la apariencia de solidez, de una realidad sustancial, y luego en nuestras vidas, estas enfermedades, se tornan muy reales y sólidas y sufrimos.
Aun así, aun cuando todo lo que experimentamos está vacío de cualquier clase de existencia sustancial, continuamos experimentando algo. ¿Qué es lo que experimentamos? Experimentamos mente.
Cuando uno llega a reconocer realmente las enfermedades y los trastornos como “simples resplandores o luces de la mente que las experimenta”, completamente vacías de cualquier existencia inherente, entonces el sufrimiento de uno desaparece.
Independientemente de cuál de las tres primeras categorías de enfermedades uno esté sufriendo, si uno puede reconocer su verdadera naturaleza –que es tan sólo el despliegue mágico, resplandor o luz de la mente que las experimenta-, uno no experimentará sufrimiento, y dependiendo del nivel de realización, se disolverá la enfermedad en el puro y vacío espacio primordial y quedará sanado.
Incluso si uno está afligido por la cuarta categoría de enfermedad y es kármicamente ineviable que uno va a morir de esa enfermedad en particular, uno lo hará sin sufrimiento ni temor, debido a que todo fenómeno, incluyendo las enfermedades, son vacías.
Carecen de una realidad independiente y sustancial de igualmente vacías e interdependientes causas y condiciones. Todas son meramente insustanciales, siempre cambiantes, shows caleidoscópicos en el espacio primordialmente puro de la vacía luminosidad de la conciencia.
Este es el enfoque de la enfermedad y los trastornos desde la perspectiva de la verdad última, y es muy útil entenderlo. Sin embargo, debemos recordar que la verdad última nunca puede ser expresada de manera acertada a través de palabras y construcciones conceptuales. Las palabras y los conceptos, incluyendo el concepto de “verdad última”, nunca pueden ser más que “el dedo apuntando a la luna”, no la luna misma. La verdad última es inexplicable a través de palabras y conceptos.
Aun cuando el Buda Sakyamuni impartió muchas enseñanzas sobre la verdad última, el reconoció que de enseñar sólo eso, la vasta mayoría de las personas nunca llegarían a poder entenderlas ni hacer ningún progreso espiritual basándose en ellas. Por lo tanto, el Buda también enseñó lo que es conocido como la “verdad relativa”, la cual es la verdad de las cosas expresada en términos e ideas que personas comunes y corrientes pueden entender.
Pueden hacerlo con más facilidad porque está más cerca de la forma en la que normalmente percibimos y entendemos el mundo y nuestra experiencia personal. El Buda enseñó una gran variedad de verdades relativas debido a que existe gran variedad de seres con gran variedad de disposiciones, intereses y aptitudes. De esta forma, el Buda presentó verdades y caminos espirituales basados en estas verdades que serían beneficiosas para la gente a corto plazo, mientras que apuntaba a una mayor y más profunda comprensión espiritual a largo plazo.
Desde la perspectiva de la verdad relativa, todo lo que experimentamos, incluyendo las diversas formas de alegrías y bienestar así como también todas las diversas clases de sufrimientos, surgen de causas y condiciones.
Si experimentamos felicidad, buena salud y crecimiento espiritual, lo hacemos debido a que hemos practicado la virtud en el pasado. Si experimentamos pesares y otras formas de sufrimiento, lo hacemos debido a que nos hemos involucrado en acciones no virtuosas o actividades negativas en el pasado, en diferentes clases de actos dañinos.
Este principio de causa y efecto explica la existencia de la enfermedad y los trastornos. Si sufrimos algo de esto, no se debe a que alguna clase de causa física accidental no relacionada con nuestras acciones negativas pasadas de cuerpo, palabra y mente.
Más bien, todas las enfermedades y los trastornos y todo sufrimiento físico producto de enfermedades y trastornos, surgen como resultado de karma negativo –como resultado de actos dañinos de cuerpo, palabra y mente.
Cuando estas acciones dañinas son menores, estas se agotarán naturalmente y uno se recuperará use o no medicinas. La duración de la enfermedad que surge a partir de tales acciones menores variará de acuerdo con la frecuencia y el período de tiempo durante el cual uno cometió dichas acciones, así como también con el factor de la práctica espiritual.
De ser serias estas acciones perjudiciales o dañinas, pero sin embargo vivimos unos momentos en los cuales, como resultado de acciones virtuosas que nosotros o colectivamente hicimos en el pasado, entonces encontraremos medicinas y procedimientos médicos efectivos disponibles que podrán curarnos.
Si las causas kármicas de nuestra enfermedad o enfermedades son extremadamente severas y no hemos alcanzado el octavo bhumi de iluminación de un bodhisattva –punto en el cual podemos trascender toda clase de enfermedades físicas si así lo deseamos, entonces con toda seguridad moriremos.
Pero si esas causas kármicas son tan fuertes que ni las medicinas ni los procedimientos médicos pueden curarnos, pero por otra parte no son tan fuertes como para determinar la certeza de una muerte inminente basados en esa enfermedad, y si estamos dispuestos a esforzarnos en la práctica del dharma, esta puede curarnos. En tales casos, la práctica del Buda de la medicina es invaluable.
Cuando hablamos acerca de acciones dañinas o perjudiciales como siendo la causa de nuestras enfermedades, es de vital importancia que entendamos que estas no son simplemente las acciones de nuestro cuerpo y palabra sino también de nuestra mente. Por supuesto, si matamos llevados por la ira y la agresividad, estas acciones crean un fuerte karma negativo que deja fuertes huellas negativas en nuestro continuo mental.
Si estas huellas negativas no son purificadas por la práctica espiritual, ellas, subsecuentemente harán que surja una variedad de circunstancias como por ejemplo, que seamos asesinados, que nos enfermemos, que suframos de enfermedades mentales –incluyendo un aumento de la rabia y la agresividad y el continuo deseo y la irresistible necesidad de matar- y también a nacer en entornos desolados en los cuales hay muchas matanzas o incluso guerras constantes.
Todo esto depende de, y es condicionado, por la frecuencia y la intensidad de nuestros asesinatos y la intensidad de la emociones motivantes. Sin embargo, debemos siempre recordar, que estas causas pueden ser purificadas y que uno puede evitar tales calamidades a través de la práctica espiritual.
En caso de no estar involucrados en la acción física de matar pero llevados por la ira y la agresividad decimos cosas tales como “Te odio tanto que te voy a matar”, o “Te detesto tanto que podría matarte”, o “Eres un ser despreciable y te odio”, o simplemente “Te odio”, o “Tu comportamiento es despreciable y estoy muy bravo contigo”, entonces aun así estaremos creando karma negativo verbal y mental que se tornará en la base de la futura enfermedad.
Pero incluso si no matamos ni nos involucramos, ni tampoco expresamos nuestros sentimientos de rabia y agresividad sino que simplemente los mantenemos en mente y rumiamos sobre la rabia, el odio, el resentimiento y la amargura hacia otros, y por lo tanto reforzamos estos sentimientos y causamos que crezcan cada vez más fuertes, estas acciones mentales causarán el surgimiento de la enfermedad.
No existe medicina que pueda curar esta clase de enfermedad completamente, porque sus causas no son físicas. Sus causas son mentales y emocionales, y a menos que estas se agoten naturalmente, la única forma en la que esta clase de enfermedad puede realmente ser curada es purificando las causas mentales y emocionales que hacen que surja. Esta es una de las razones por la que la práctica del perdón es tan importante.
Perdonar in este sentido no significa que surgiendo de mi gran bondad y/o de mi sabiduría superior, de forma magnánima perdono a la persona que imaginé responsable de mi rabia, odio y/o resentimiento. Más bien significa que reconozco que, independientemente de lo que otro pudiese haberme hecho, mi rabia u odio –y el daño que me puede causar física, emocional y mentalmente- es mía.
No viene de ninguna otra parte que no sea mi propia mente, el carácter formado por mis propias acciones, tanto positivas como negativas. Reconocer esta verdad y hacer los apropiamos ajustes mentales es la base para revivir la salud mental, emocional y física, la cual a su vez se convierte en la base de la verdadera reconciliación con otros.
Ya que la práctica del Buda de la Medicina deriva su efecto de la poderosa y rápida purificación de la negatividad mental y emocional y de las causas kármicas que hacer surgir tal negatividad, el Buda de la medicina es particularmente una poderosa técnica espiritual para lograr tal perdón, revivificación y reconciliación.
La práctica del Buda de la Medicina también es invaluable en contrarrestar cualquier clase de enfermedad que surja a partir del deseo, incluyendo la adicción o un comportamiento adictivo como lo son la adicción a las relaciones, a las drogas, al alcohol, a comer excesivamente, adicción a usar palabras abusivas, etc.
Cuando el Buda enseñó por primera vez acerca del origen del sufrimiento, la Segunda Noble Verdad, dijo que era tanha (pali), término que ha sido traducido como “ansia” o “avidez”. Hoy por hoy, tanha también pudiese traducirse como “adicción”.
La idea de tanha o adicción es que la avidez o las ansias de uno por algo específico es tan fuerte, que uno encuentra extremadamente difícil, si no casi imposible, resistirse a ir tras el objeto del deseo. Si una persona se involucra en la práctica del Buda de la medicina con esfuerzo y concentración y con la principal intensión de revertir o purificar su adicción, de forma bastante natural incrementa el ¡No! en su sistema, y permite que, cada vez con menos lucha para aflojar la adicción, pueda finalmente superar el comportamiento adictivo. Por lo tanto, la práctica del Buda de la medicina es invaluable.
Claro que la mayoría del tiempo no tenemos idea de que estamos enfermos. Esto llega a ser así como consecuencia de nuestra presente inhabilidad para reconocer muchas de las diversas emociones negativas que suprimimos en nuestras mentes, y también al no poder “ver” con el ojo de la sabiduría, los hechos kármicos usualmente llevados a cabo en vidas previas, los cuales son responsables de tales emociones y también de nuestra enfermedad. Estos reconocimientos constituyen un prerrequisito para, por una parte, poder “ver” directamente la relación entre los estados mentales y emocionales negativos y las acciones malsanas o dañinas, y por otra parte, para poder ver la enfermedad misma.
La práctica del Buda de la Medicina también removerá eventualmente las oscuraciones mentales que bloquean tales reconocimientos. Mientras tanto, si entendemos el principio general de la causa y el efecto kármicos y tenemos confianza en la posibilidad de la purificación espiritual, podemos practicar el Buda de la medicina y lograr resultados mucho antes de alcanzar tales interiorizaciones espirituales.
Todos estos beneficios se dan debido a que la base de la enfermedad la constituyen las acciones malsanas o dañinas y las corrupciones que hacen que estas surjan. La práctica del Buda de la Medicina es una de las más profundas formas de purificar tales acciones y contaminaciones y las huellas kármicas que estas dejan en la mente, las cuales, subsecuentemente se manifiestan en la forma de enfermedades y comportamientos compulsivos. De esta forma, el Buda de la Medicina remueve las causas de nuestra enfermedad y la enfermedad misma.
El Buda de la Medicina y las enseñanzas del Buda
Es conveniente y útil entender cómo encaja el Buda de la Medicina en las enseñanzas del Buda en general y también en las enseñanzas del Buda sobre el vajrayana en particular. Todas las enseñanzas del Buda pueden ser clasificadas bajo dos categorías: shámata y vipáshyana –atención y tranquilidad mental por una parte y por otra, introspección y conciencia.
Dentro de las tradiciones hinayana del budismo, la intensión de las enseñanzas de vipáshyana es la de establecer la carencia de existencia del individuo –algunas veces llamada ausencia de ego o la ausencia de ego del individuo- y la carencia de existencia verdadera de los fenómenos materiales o de las cosas. Esta vacuidad, sin embargo, aun cuando carezca de características limitantes tales como color, forma, tamaño, localización, sustancia o género, y siendo vacía de toda clase de oscuraciones cognitivas y emocionales, su propia naturaleza no es vacía. La radiante claridad de la mente, la cual incluye todos los aspectos de la realidad, es llamada la clara luz.
En esta radiante claridad, yacen inherentes todas las cualidades positivas que nosotros normalmente conceptualizamos como siendo distintas unas de otras, tales como la inteligencia, la sabiduría, la compasión, la devoción, la confianza, los poderes curativos, etc.
Diversas manifestaciones de estas cualidades surgen de la naturaleza de la clara luz en la forma de deidades de la tradición vajrayana tales como El Buda de la Medicina, Vajrayoguini, Tara, Vajradhara, Vajrasattva o Chenrezig.
La naturaleza esencial de todas las deidades puede ser mejor entendida si comprendemos la naturaleza esencial de sus cuerpos, habla y mente. El cuerpo de la deidad es la unión de la apariencia y la vacuidad y emerge en la experiencia del practicante cuando la experiencia de quien percibe y lo percibido es purificada.
¿Purificada de qué? Purificada de aferramiento y fijación y de todas las oscuraciones mentales que surgen del apego y la fijación. Purificada de la aprehensión perceptual o del apego a un “yo”, y también de la fijación perceptual sobre todo lo percibido como siendo “otro”, es decir, ajeno al yo.
En palabras del Guru Rimpoché: “Cuando purificados, la percepción y quien percibe son el cuerpo de la deidad, clara vacuidad”.
El habla de la deidad es la unión del sonido y la vacuidad. Todos sabemos que el sonido es intangible , pero sin la experiencia de su vacuidad tiene un gran poder para herirnos, para insultarnos, para exaltarnos, para fascinarnos, etc.
Por el contrario, cuando los sonidos y las comunicaciones verbales son experimentados como simples sonidos, como la unión de sonido y vacuidad, su poder sobre nosotros se disuelve y los experimentamos con perfecta ecuanimidad sin ser afectados en forma alguna por ellos.
La mente de la deidad es la unión de conciencia y vacuidad.
Las experiencias de las conciencias de los cinco sentidos y de la conciencia mental hace surgir el constantemente cambiante caleidoscopio de pensamientos, de aflicciones mentales, sensaciones y sentimientos positivos y negativos, agradables y dolorosos, y también las percepciones dualistas sutiles que tiene el poder, en ausencia de la comprensión de su vacuidad nacida de la experiencia, de involucrarnos en los más increíbles y algunas veces muy sutiles melodramas mentales con su consecuente sufrimiento.
Pero cuando es reconocida la vacuidad esencial de estas experiencias, y uno deja de darles la bienvenida o rechazarlas, estas se disuelven o se liberan por sí mismas en el espacio de la radiante y vacía conciencia.
Si uno medita en Chenrezig, ultimadamente realizará el mahamudra o dzogchen y alcanzará la budeidad, la completa iluminación, pero a corto plazo, uno experimentará el reforzamiento de la bondad amorosa y la compasión.
Si uno medita en la Tara, ultimadamente uno alcanzará la iluminación, pero a corto plazo, uno experimentará liberación del miedo y la parálisis mental, el incremento de la habilidad para alcanzar objetivos y también incremento de una activa compasión. Si uno medita en el Buda de la Medicina, eventualmente alcanzará la iluminación, pero a corto plazo uno experimentará el incremento de poderes curativos, tanto para uno mismo como para otros, y la mejora de la enfermedad mental y física y el sufrimiento.
Bien sea que tengamos la fuerte motivación de alcanzar la iluminación o no, todos deseamos esta clase de objetivos relativos, de modo que la meditación en deidades provee un tremendo incentivo para la práctica del dharma.
Sin embargo la meditación de deidades no es simplemente otra versión de shámata y vipáshyana (tranquilidad e interiorización espiritual).
Cuando uno medita centrado en la deidad, cuando uno visualiza la forma, la vestimenta, los ornamentos, los implementos en las manos, el trono, el asiento y otros atributos de la deidad, cuando uno visualiza y medita en su séquito, en el entorno en general y en el mandala interior de la deidad, y cuando uno recita el mantra de la deidad, uno está cultivando una espaciosa tranquilidad; y, cuando uno realiza que todo en lo que uno está meditando es una mera apariencia vacía, uno está cultivando introspección espiritual.
Pero, debido a que la meditación en la deidad y la unión de la deidad y nuestro propio lama raíz también lo conecta a uno instantáneamente con la naturaleza vacía de la clara luz –la cual es la esencia de la deidad, del guru y del linaje, así como también nuestra propia naturaleza esencial-, el poder de esta forma de cultivar tranquilidad para purificar la mente del practicante de las oscuraciones mentales que bloquean su introspección espiritual es inmensurablemente mayor que la de la meditación de la tranquilidad ordinaria en objetos mundanos como la respiración, una flor o la llama de una vela.
Y, siendo que las formas en las que uno está meditando son meras fabricaciones mentales, su vacuidad es inmensamente mucho más aparente que, por decir algo, que el monumento a Washington o el Jefferson Memorial.
Todo esto es posible debido a la cualidad especial del vajrayana, la cual toma a la iluminación como camino en vez de verlo simplemente como un objetivo.
A través de estos tres procesos: 1) la abhisheka, el empoderamiento o la iniciación, la cual causa que el continuo mental madure; 2) la transmisión oral conferida a través de la lectura de textos sagrados, donde la transmisión apoya nuestra práctica; y 3) las enseñanzas, explicaciones y las instrucciones que señalan puntos específicos, las cuales liberan –uno está directamente conectado al estado iluminado el cual es descubierto en nosotros a través de estas transmisiones del guru del linaje.
De ahí en adelante, cuando uno practica o simplemente evoca mentalmente estas enseñanzas, transmisiones y empoderamientos, uno está mentalmente conectado con esa compasiva conciencia primordial, y así, esta constante reconexión se convierte en nuestro camino, proporcionando con eso la rápida purificación de oscuraciones mentales y la rápida acumulación de mérito y sabiduría.
El reconocimiento de esta conexión es el descubrimiento de nuestra propia sabiduría. De continuar sin ser reconocida, aun así existe en el continuo mental del practicante como una semilla, la cual gradualmente madurará dependiendo de condiciones, siendo la principal entre ellas, la perseverancia en la práctica.
Estas enseñanzas presentan las etapas de la sadhana que es comúnmente practicada en el linaje kagyu de budismo tibetano, así como en otros linajes. No es la única práctica del Buda de la Medicina, pero se trata de una que es relativamente corta y sencilla y puede ser practicada fácilmente.
En sus enseñanzas, Thrangu Rimpoché no solo entra en los detalles de esta práctica en particular, sino también en muchos de los principios básicos de la teoría y la práctica tántrica en general: la noción de las deidades y de los reinos de budas, los principios de samayasattva y jnanasattva, los principios de emanar y juntar, el significado de los mantras y la utilización de las ofrendas para cultivar cualidades, para mencionar algunos.
Para alguien involucrado en la práctica vajrayana, estas enseñanzas son muy útiles para entender los fundamentos de la meditación y la práctica tántrica. Lama Tashi Namgyal concluye diciendo que estas enseñanzas constituyen un jardín de extraordinarias explicaciones.
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