Mirar la mente dentro de las ocurrencias significa
mirar la naturaleza de los pensamientos tan pronto surgen
KhenchenThrangu Rimpoché
Traducción y edición: María Mercedes Márquez
Julio, 2010
Mirar la mente en el estado de quietud significa mirar la naturaleza de la mente en la experiencia de la estabilidad de shámata, y también señalar o identificar la naturaleza de la mente en ese contexto de quietud.
Ahora voy a hablar acerca de mirar la mente en medio de lo que ocurre. “Lo que ocurre”, hace referencia aquí, al surgimiento de pensamientos, de modo que esta técnica consiste en mirar la naturaleza de los pensamientos tan pronto como aparecen.
Es necesario hacer una distinción entre la naturaleza de las cosas como son y las apariencias, que es como ellas parecen ser. La naturaleza de cómo son las cosas es experimentada por una mente no-confundida, y las apariencias, el cómo parecen ser, es experimentado por una mente confundida o una confusa cognición.
Algunas veces también se hace referencia a esto como la verdad absoluta y la verdad relativa respectivamente. A través de la confusión que generan las apariencias o las proyecciones de la confusión, llegamos a sufrir y a experimentar impedimentos y altibajos de toda clase.
Debido a que todos estos sufrimientos, estos altibajos, etc., son resultado de la confusión y por lo tanto de una perspectiva equivocada de cómo son las cosas, todas estas cosas pueden ser eliminadas.
Son eliminadas llegando a reconocer correctamente cómo son las cosas o llegando a reconocer la naturaleza de todas las cosas, y es por esta razón que nos dedicamos a mirar la naturaleza de nuestra mente.
La razón por la que existen estas dos técnicas -mirar la mente dentro de la quietud y mirar la mente dentro de las ocurrencias- es que, desde el punto de vista de cómo parecen ser las cosas, la quietud y la ocurrencia son bastante diferentes.
La primera –la quietud- es un estado donde no hay pensamientos surgiendo en la mente, y la otra, la ocurrencia, es una en la que hay pensamientos, posiblemente pensamientos muy burdos y perturbadores surgiendo en la mente, pero, desde el punto de vista de la naturaleza de las cosas, estos dos estados no son nada diferentes.
Cuando usted mira la mente dentro de la quietud usted no encuentra nada substancial, y cuando usted mira la mente dentro de lo que ocurre, sin importar cuán burdos o vívidos pudiesen ser los pensamientos, cuando usted mira a la naturaleza de esos pensamientos, su naturaleza parece no tener ninguna sustancia o sustancialidad y ser igual que esa vacuidad de la naturaleza de la mente en la quietud. Es con el propósito de que esto quede claro para nosotros que practicamos ambas como técnicas separadas.
De acuerdo a los comentarios, uno comienza la práctica de mirar la mente dentro de la ocurrencia cultivando un estado de shámata, como en la técnica anterior.
Usted permite que su mente repose relajada en la quietud de shámata y luego, habiendo experimentado esa quietud, una de dos cosas sucederá: surgirá un pensamiento de repente, por sí mismo, sin que usted intencionalmente lo haya generado.
Ese pensamiento puede ser cualquier clase de pensamiento, un pensamiento de placer o de miseria, un pensamiento virtuoso, un pensamiento no virtuoso, etc. En cualquier caso, surgirá un pensamiento. Si no surge un pensamiento por sí mismo, usted puede intencionalmente generar un pensamiento.
En ambos casos, ahora usted tiene un pensamiento como foco o soporte para la meditación y usted va a mirar la naturaleza de ese pensamiento.
Aun cuando el foco de esta técnica es diferente del foco de la técnica previa, en que aquí usted está mirando la naturaleza de un pensamiento que ha surgido, mientras que en la anterior usted estaba mirando la naturaleza de esa mente en estado de quietud, el modo de meditación es exactamente el mismo.
Aquí, en la técnica de mirar al pensamiento, usted mira para ver dónde está, de dónde vino, cuál es su substancia o naturaleza, qué es lo que ha generado el pensamiento, qué es o quién es lo que está pensando, etc.
Cuando un pensamiento surge en su mente de esa manera, entonces por supuesto que usted se da cuenta de que el pensamiento ha surgido y no puede argumentar con el hecho de que ha aparecido un pensamiento que ha surgido.
Un pensamiento surgió o ha surgido en su mente. El pensamiento puede tener cualquiera de una vasta cantidad de formas. Puede ser un pensamiento placentero o un pensamiento desagradable, uno virtuoso o uno no virtuoso, etc. En cualquier caso, esta aparición de un pensamiento que surge en su mente es una verdad relativa, es como aparecen las cosas.*
*El punto aquí no es la “verdad” del pensamiento desde la perspectiva de la comprensión convencional. Por ejemplo, el que Mary sea realmente una Demócrata no es el punto. En el sentido técnico del término “verdad relativa”, el pensamiento -ya sea correcto o incorrecto- continúa siendo una verdad relativa.
Habiendo reconocido que el pensamiento ha surgido, entonces usted mira su naturaleza, mira cómo son las cosas a través de mirar el pensamiento. Esto no involucra buscar algo particularmente difícil de hallar o algo particularmente sutil.
Usted simplemente mira directamente al pensamiento para observar su naturaleza. Por ejemplo, ¿Acaso tiene forma este pensamiento que está presente en su mente? ¿Tiene color? Si tiene una forma o un color, ¿qué forma o qué color? A medida que usted mire encontrará que no descubre una forma, que usted no descubre un color.
Entonces, si no tiene una forma o color, ¿entonces qué características substanciales posee? Si realmente existe, debe poseer alguna clase de características observables. Así como en la técnica anterior, usted necesita mirar directamente al pensamiento, lo que quiere decir que usted mira el pensamiento del presente con la mente del presente.
Usted no mira el pensamiento del pasado con la mente del presente. En otras palabras, usted mira al pensamiento del primer instante con la mente del primer instante, y al pensamiento del segundo instante con la mente del segundo instante.
Usted no mira al pensamiento del primer instante con la mente del segundo instante y así. En cualquier caso, a medida que mira el pensamiento que definitivamente ha surgido, mientras está consciente de que el pensamiento está presente, allí no hay nada que usted pueda ver o detectar directamente.
En particular, así como con las técnicas anteriores, existen varias formas específicas de mirar el objeto, las cuales, en el caso de esta técnica, es el pensamiento que ha surgido. En cuanto a la manera como aparecen las cosas, tenemos la apariencia del pensamiento que está surgiendo, que permanece y que cesa.
La primera parte de la técnica, la primera forma de mirar el pensamiento consiste en mirar a estos tres aspectos de la presencia del pensamiento. En relación a su surgimiento, ¿Cómo surge? ¿Cómo llega el pensamiento a la experiencia o cómo llega a ser? ¿De dónde proviene?
Luego, en relación a su permanencia, ¿Dónde permanece? ¿Qué significa realmente que un pensamiento está presente, o que esté permaneciendo y dónde exactamente lo hace? Y luego en relación a su cesación, ¿Cómo cesa? ¿Cómo deja de estar presente el pensamiento y a dónde va? ¿Dónde se acaba cuando cesa? Esta es la primera parte de mirar el pensamiento.
La segunda parte de la técnica consiste en trabajar con una sucesión o variedad de pensamientos en lugar de hacerlo con uno solo, permitiendo o causando que surjan una serie de pensamientos y mirando su naturaleza en secuencia.
Esta parte de la técnica es utilizada especialmente para trabajar con las kleshas. Usted puede utilizar cualquiera de las tres kleshas predominantes –pensamientos caracterizados principalmente por la ignorancia, el apego o la agresión- y puede utilizar cualquier cosa que surja; o, de ser necesario, usted puede generar la klesha intencionalmente.
Aquí, la forma de mirar las kleshas es bastante distintivo y particular. Normalmente, por ejemplo cuando queremos lidiar con la klesha de la rabia, nos distanciamos de ella y la miramos como si fuese un objeto separado de nosotros mismos y decimos: “Esta rabia ha surgido en mi. Yo no estoy bravo.
El objeto de mi rabia es tal o cual, a quien veo como mi enemigo”, etc. Nos distanciamos del pensamiento de rabia, y también, nos interesamos principalmente con cómo es que aparece el pensamiento; nos interesamos en los contenidos de la rabia.
Aquí, cuando usted mira la klesha, usted la mira de una manera muy distinta. La mira directamente, como dice en los textos: “de manera desnuda”, sin nada entre usted y ella, de modo que mira tratando de encontrar la rabia misma, la misma esencia de este pensamiento, en lugar de simplemente mirar los contenidos o la forma del pensamiento.
Usted mira para ver exactamente dónde se encuentra esta rabia que surge para estar presente y qué es ella exactamente; qué características substanciales tiene verdaderamente. A través de tratar de mirar la rabia de esta manera usted llega a ver que su naturaleza es vacía.
Esto no significa que la rabia se desvanezca. La rabia todavía está presente, pero una vez que es vista su naturaleza, ella está presente pero sin ninguna clase de fijación. Luego usted puede aplicar la misma técnica a otras kleshas, a diversos pensamientos de placer y dolor, y también a pensamientos virtuosos tales como el amor, la compasión, etc.*
*Hay un gran incentivo por supuesto para principiantes en mirar pensamientos de rabia porque la rabia es muy vejatoria y causa muchos problemas en nuestra vida.
Es mucho más difícil recordar mirar la mente cuando se están experimentando sensaciones de apego, felicidad, amor, placer, etc. , porque estas emociones generalmente no son experimentadas como vejatorias.
Sin embargo, cuando ellas cambien o se disuelvan, el apego asociado con estas experiencias tarde o temprano se convierte en base de sufrimiento. Por lo tanto, es muy importante desarrollar nuestra atención consciente y entrenar nuestra mente en mirar los pensamientos que experimentamos directamente y manera desnuda, así como también los pensamientos que experimentamos como felicidad. Usted descubrirá de la misma manera, que todos estos pensamientos tienen la vacuidad como su naturaleza básica. El Buda enseñó que todos los pensamientos son vacíos, y nunca dijo que algo que no fuese vacío lo fuese.
Ahora viene la tercera forma de mirar los pensamientos. La idea de tener tantas técnicas diferentes es que si una no ayuda, entonces la siguiente lo hará, y también, que cada una de ellas generará una experiencia ligeramente diferente de mirar la naturaleza del pensamiento.
Esta tercera técnica tiene que ver con la distinción entre el pensamiento mismo y el objeto de ese pensamiento –por ejemplo, un pensamiento de placer o de dolor, o un pensamiento de una emoción aflictiva específica y el objeto que parece ser la base para el surgimiento de ese pensamiento específico.
Esto no quiere decir que usted investiga el pensamiento para tratar de determinar por qué ha surgido ese pensamiento; no es un asunto de pensar acerca del pensamiento como determinando: “Estoy bravo con fulano por tal o cual cosa”. No.
Esto quiere decir mirar a fin de tratar de encontrar la presencia de ese objeto en su mente. La razón para esto es que cuando, por ejemplo, usted se pone bravo, parte de ese ponerse bravo es el surgimiento de una imagen del objeto de su rabia como foco para esa emoción aflictiva en su mente.
Aquí, en vez de mirar la rabia en sí misma, usted mira la imagen del objeto del foco y trata de ver dónde está, esta imagen o concepto: ¿Dónde está en su mente? ¿Cómo ha surgido? Etc. También, en conexión con esta tercera técnica, trate de detectar la diferencia entre los pensamientos cuando hemos mirado su naturaleza y los pensamientos cuando no hemos mirado su naturaleza.
Estas tres primeras formas de mirar los pensamientos son maneras distintivas de ver la naturaleza del pensamiento.
El próximo grupo de técnicas constituyen más bien descripciones de experiencias que usted pudiese llegar a tener mientras está contemplando los pensamientos.
La cuarta es de la manera siguiente: algunas veces, cuando la gente mira la naturaleza del pensamiento, tienen la experiencia de que allí no hay nada en absoluto a ser aprehendido como fijación; que los pensamientos tienen, por naturaleza, vacuidad más allá de cualquier elaboración.
En particular, cuando buscan un lugar de origen, un lugar de permanencia, y un lugar de cesación o desaparición del pensamiento, no encuentran nada en absoluto. Usted debe ver su experiencia, o considerar su experiencia, para ver si esto es lo que usted está experimentando.
Otra experiencia –la quinta- que pudiese ocurrir es que usted toma consciencia del pensamiento que surge; luego, usted mira el pensamiento, y a través de mirar su naturaleza, el pensamiento desaparece.
La siguiente experiencia, la sexta, es cuando, desde el momento en que está surgiendo el pensamiento, allí no hay nada en absoluto que aprehender y de esa manera el pensamiento es liberado por sí mismo, en el sentido de que simultáneamente con su surgimiento está su ausencia de sustancialidad, la cual es claramente experimentada por el meditador.
La distinción la anterior –la quinta- y esta última –la sexta- es que en la quinta el pensamiento parece ser de algún modo substancial cuando este surge, pero luego desaparece al ser visto. En éste, desde el momento de su surgimiento pareció ser insubstancial.
Luego de la sexta experiencia -donde el pensamiento es experimentado como siendo insubstancial o nada en absoluto desde el momento de su surgimiento- viene la descripción de la séptima. Si usted ha tenido la sexta experiencia, entonces debe tratar de ver la diferencia entre la experiencia de insustancialidad o vacuidad en la quietud, y la experiencia de la misma en presencia de la ocurrencia o pensamiento.
Usted debe mirar para ver si hay alguna diferencia entre lo que es experimentado cuando usted mira la mente dentro de la quietud, y lo que es experimentado en la ocurrencia cuando está mirando los pensamientos que surgen.
Desde un punto de vista conceptual, por supuesto, diríamos que hay una diferencia porque estos dos estados son distintos. En un estado, la quietud, ningún pensamiento está presente. En el otro estado, la ocurrencia, hay evidentemente, pensamientos, posiblemente pensamientos toscos o vívidos en la mente. Pero esta es una diferencia en cuanto a cómo “aparecen” las cosas, esto no necesariamente significa que hay una diferencia en cuanto a cómo ellos “son”.
Si usted mira estos dos estados y los compara, usted descubrirá que, así como cuando mira la mente dentro de la quietud usted no descubre ningún lugar de quietud en el cual la mente se encuentre en reposo o ninguna mente en reposo, entonces, de la misma manera, cuando usted mira la mente dentro de la ocurrencia, usted no descubre ningún lugar donde este movimiento –este surgir, permanecer y cesar- de los pensamientos está ocurriendo. Tampoco descubre ningún pensamiento substancial que está surgiendo y cesando, etc.
Seguidamente se describe la octava experiencia, la cual ocurre cuando se hace algún esfuerzo conceptual para aprehender el surgimiento del pensamiento y, como resultado, usted tiende a etiquetar el pensamiento basado en algún concepto acerca de su naturaleza.
De modo que usted fija la etiqueta de vacuidad, de lucidez cognitiva, etc. al pensamiento, lo cual es diferente de estar viendo en efecto su naturaleza sin ninguna clase de agregado conceptual.
La novena clase de experiencia descrita es cuando surge el pensamiento como pensamiento por sí mismo y su surgimiento es reconocido sin esfuerzo y sin ninguna clase de agregado conceptual.
Es decir, desde el momento de su surgimiento, sin ningún esfuerzo por su parte, el practicante lo puede ver surgiendo y es experimentado como liberado simplemente a través de haber surgido –y experimentado- como siendo en su naturaleza, la expresión o representación de vacuidad que es su naturaleza. Usted debe mirar a ver si también surge esta clase de experiencia.
Estas nueve formas de mirar el pensamiento constituyen la técnica de mirar la mente dentro de la ocurrencia.
Esta técnica es muy importante porque nosotros comenzamos nuestra práctica con Shámata y a través de esta práctica desarrollamos una relación con nuestros pensamientos que tiene cierta preferencia y apego en ella.
Debido a que estamos intentando cultivar un estado de no-distracción, desarrollamos una actitud que está a gusto cuando la mente está tranquila y decepcionada o infeliz cuando surgen pensamientos.
Nos apegamos a la quietud, a la tranquilidad, y rechazamos lo que ocurre. Con frecuencia llegamos al punto de ver los pensamientos como enemigos u obstáculos y la quietud como amiga y algo para celebrar.
No hay nada realmente malo con esa actitud en el contexto de la práctica shámata porque ciertamente, uno está intentando desarrollar un estado de tranquilidad; pero eventualmente este tiene que ser trascendido, y es trascendido por esta técnica donde usted llega a percibir la dharmata, la naturaleza de las cosas, la cual en sí misma máxima paz y tranquilidad, aun dentro de los pensamientos, porque esta también es la naturaleza de los pensamientos.
Es por esta razón que en nuestra súplica común al linaje recitamos una línea que dice “Como se enseña, la naturaleza de los pensamientos es dharmakaya”. Esta famosa frase ha llegado a ser objeto de disputa entre ciertos eruditos, quienes han dicho que la perspectiva kagyu de que los pensamientos son dharmakaya es incorrecta, porque los pensamientos son característicos de la confusión, que en sí mismos los pensamientos son confusión, y que el dharmakaya está libre de confusión y por lo tanto, los pensamientos no pueden ser dhamakaya.
Sin embargo, y tan válido como pueda ser su punto de vista, nosotros no decimos que los pensamientos son dharmakaya. Decimos que la naturaleza de los pensamientos es dharmakaya que es algo bastante diferente. Nuestro punto no es que los pensamientos en sí mismos no puedan ser mensajeros de confusión, sino que la naturaleza del pensamiento no debe ser rechazada, no debe ser vista como amenazadora o como algo de lo que necesitamos deshacernos.
Si bien es cierto que los pensamientos pudiesen ser confusión, la naturaleza de cualquier pensamiento, independientemente de cuán confuso pudiese parecer, es siempre la unidad de lucidez cognitiva y vacuidad, y por lo tanto es el dharmakaya.
En la siguiente línea de la súplica al linaje dice: “…son nada en sí y sin embargo aparecen, o pueden aparecer como cualquier cosa.” Esto quiere decir que no hay límite para la variedad de vívidas apariencias que pueden presentar los pensamientos.
Estos pueden ser extremadamente virtuosos o no-virtuosos; pueden ser muy placenteros o desagradables; los pensamientos pueden ser de naturaleza jubilosa o de naturaleza miserable, etc. Sin embargo, no importa cuán vívidas y diversas sus apariencias puedan ser, la naturaleza de cada uno de ellos es nada en absoluto; no tiene ninguna existencia substancial para nada.
En este sentido, los pensamientos son de cierta forma como el viento, el cual sopla y afecta las cosas pero nunca puede ser atrapado y en ese sentido es insubstancial.
Esta naturaleza del pensamiento es descubierta en la experiencia directa y no pensando en ella. Cuando usted mira su mente directamente y los pensamientos que surgen, usted descubre que ellos no tienen naturaleza en el sentido de características substanciales. No hay ningún lugar de donde provengan, ningún lugar de origen, ningún lugar donde permanecen, ningún lugar donde acaban.
Ellos no van a ninguna parte cuando desaparecen. En resumen, cuando usted busca cualquiera de estas cosas –cuando busca características substanciales, cualquier origen, ubicación o destino del pensamiento, etc.- usted no encuentra nada de nada, y este no encontrar ninguna de estas cosas constituye el descubrimiento de la naturaleza del pensamiento.
Cuando usted mira directamente el pensamiento usted no encuentra nada de nada. No es que los pensamientos tenían cierta clase de gruesa sustancialidad que fue destruida por el hecho de usted verla, ni tampoco es el caso de que allí hay un defecto en la naturaleza de los pensamientos que es corregido al usted mirarlos.
Desde el mismo comienzo todos los pensamientos han sido vacíos en su naturaleza. Por lo tanto, cuando el Buda enseñó acerca de la vacuidad, el enseñó no sólo la vacuidad de la mente de quietud, sino la vacuidad de la mente de ocurrencias. Ambas, en su naturaleza, son igualmente vacuidad o dharmata. Ambas son iguales más allá de los extremos de existencia y no-existencia.
No es el caso de que llegando a reconocer esto o llegando a ver esta naturaleza de los pensamientos, cambiemos o mejoremos la naturaleza. No se trata de que estemos creando algo al ver la naturaleza de las cosas directamente.
Es simplemente que a través de ver la naturaleza de los pensamientos tal cual son, a través de conocer los pensamientos como siendo lo que son, logramos liberación, y el reconocimiento de la naturaleza de los pensamientos es suficiente para esto.
Al recibir esta clase de instrucción acerca de la naturaleza de los pensamientos y usted de hecho va y mira directamente la naturaleza de los pensamientos, puede que reconozca con bastante rapidez su naturaleza y por lo tanto resuelva ya de una vez que su naturaleza es vacuidad.
Por otra parte, es posible que usted no pueda reconocer la naturaleza de los pensamientos porque todavía está impactado(a) por el vívido contenido de la apariencia de los pensamientos –de la vívida apariencia de pensamientos de agresión y pasión, etc.- que le parecen tan substanciales y reales que usted no puede mirar a través de ellos y ver su naturaleza.
No debe desanimarse si tiene esta experiencia porque el reconocer la naturaleza de los pensamientos no es para nada un objetivo inalcanzable, imposible o difícil. Usted simplemente tendrá que continuar en eso durante un tiempo.
Esta presentación de mirar la mente dentro de la ocurrencia es la segunda de cinco formas de ver la mente enseñadas en este texto, y es el décimo séptimo tema de instrucción en el texto como un todo. Hemos presentado la instrucción de mirar la mente dentro de la quietud.
Habiendo recibido esta instrucción, por favor aplíquenla a su experiencia. Esencialmente, esta consiste en generar un estado de Shámata y después, dentro de shámata, permitir que surja un pensamiento y luego mirar directamente el pensamiento.
Esta técnica es de grandísima importancia porque es de hecho, el remedio para toda la confusión de pensamientos y kleshas.
…………