LA BÚSQUEDA DE NOSOTROS MISMOS A TRAVÉS DEL BUDISMO

La búsqueda de nosotros mismos a través del budismo

Lama Thubten Yeshe 

Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez

Caracas, 2007

Cuando estudiamos budismo nos estamos estudiando a nosotros mismos, estudiamos la naturaleza de nuestra propia mente. 

C. Esto puede resultar una verdadera sorpresa para muchos occidentales, porque de una u otra manera, hemos venido cultivando la tendencia a pensar que todo lo que tiene que ver con espiritualidad está principalmente relacionado con el misticismo, con lo esotérico, con lo misterioso, con lo devocional y los rituales religiosos.  

Pero, en lugar de centrar nuestra atención en un ser supremo, dice ahora el lama, el budismo hace hincapié en asuntos más prácticos tales como el modo de dirigir nuestras vidas, de integrar nuestras mentes y de hacer que nuestro día a día sea apacible y saludable.

En otras palabras, el budismo recalca siempre un conocimiento o sabiduría de carácter experimental, en lugar de una determinada visión dogmática.  De hecho, el budismo no se considera una religión en el sentido occidental ordinario del término. Desde el punto de vista de los lamas, las enseñanzas budistas pertenecen más bien al reino de la ciencia, de la psicología, de la filosofía.

Los occidentales tenemos una reconocida afición por el intelectualismo, nos encanta entender (o creer que entendemos) las cosas intelectualmente y que al hacerlo ya está, ya lo tenemos. Que así es como son las cosas.  Sin embargo, a través de las prácticas y las enseñanzas, lo que comenzamos a desarrollar es un conocimiento de carácter vivencial, es decir, producto de nuestra propia experiencia personal. 

No importa cuántos libros tengamos la oportunidad de leer, no importa a cuántos maestros hemos escuchado, si lo que creemos entender no ha surgido como producto de nuestra experiencia de vida, es simplemente algo que hemos escuchado pero en el fondo no sabemos de qué estamos hablando. Así de grande es la distancia que separa al conocimiento intelectual del conocimiento directo.

La mente humana busca la felicidad de una forma instintiva, no hay diferencia entre orientales y occidentales a este respecto, todos buscamos lo mismo, comenta lama Yeshe. 

No obstante, puede resultar muy peligroso si la búsqueda de la felicidad nos obliga a aferrarnos emocionalmente al mundo de los sentidos.  Allí faltaría control, moderación. Por otra parte, no debemos pensar que el control es un tema oriental, un asunto budista. 

Todos necesitamos cierto control, cierta moderación,  especialmente los que nos encontramos atrapados por la vida materialista. Estamos demasiado involucrados con los objetos del apego, tanto a nivel psicológico como emocional.  Desde el punto de vista budista, la mente que carece de control es una mente poco sana, la persona está mentalmente enferma.

C. Hemos vivido pensando que la felicidad está directamente relacionada con lo que podamos “obtener” a nivel material, bien sea que se trate de un carro, una casa, un trabajo o una pareja, que será “eso” lo que nos va a proporcionar felicidad. Todo en nuestra cultura contribuye a reafirmarlo; las propagandas en la televisión; en los diarios; en las revistas; las vallas que pueblan las autopistas; la radio, y por supuesto, la comunicación  con otros.

Sin embargo, poco a poco nos vamos aproximando a la experiencia del desencanto y nos damos cuenta de nuestra equivocación, comenta Lama Yeshe. Esta experiencia, lejos de ser algo totalmente indeseado, bien puede proporcionarnos la posibilidad de reflexionar y emprender la búsqueda de una satisfacción más real y duradera. 

Sabemos que el desarrollo externo de la ciencia y de la tecnología no pueden por sí solos satisfacer los deseos del apego ni resolver los otros problemas emocionales.  Lo que nos muestra la enseñanza de Buda es la naturaleza característica del potencial humano, la capacidad de la mente humana. Cuando estudiamos budismo aprendemos lo que somos y el modo de desarrollarnos en lugar de insistir en algún sistema de creencia sobrenatural. 

Los métodos budistas nos enseñan a desarrollar una profunda comprensión de nuestro propio ser y de todos los demás fenómenos. No obstante, tanto si somos religiosos como materialistas, creyentes o ateos, es crucial que sepamos cómo funciona nuestra propia mente pues en caso contrario, iremos por el mundo creyendo que estamos sanos cuando en realidad la profunda raíz de las emociones aflictivas, la verdadera causa de todas las enfermedades psicológicas, se encuentra allí, creciendo en nuestro interior. A causa de ello, basta con que cambie un mínimo detalle externo, que algo insignificante no funcione bien para que pocos segundos después estemos completamente trastornados.  Esto muestra que estamos mentalmente enfermos.  ¿Por qué?  Porque estamos obsesionados con el mundo de los sentidos, cegados por el apego y bajo el control de la causa fundamental de todos los problemas: desconocer la naturaleza de nuestra propia mente.

Los científicos materialistas afirman “Yo no creo”, las personas religiosas dicen “Yo creo”, pero diga lo que diga, usted necesita conocer de todas formas la naturaleza característica de su propia mente.  Si no lo hace, no importa lo mucho que hable sobre las desventajas del apego, no tiene idea de lo que es el apego ni sabe cómo controlarlo.  Decir las cosas es fácil, lo que es realmente difícil es comprender la verdadera naturaleza del apego. 

C. Con frecuencia las enseñanzas nos hablan del “apego”.  Es importante que sepamos de qué se trata para poder reconocerlo cuando lo veamos surgir en nosotros mismos. Es otro de esos términos que se presta a interpretaciones equivocadas. Está muy bien que disfrutemos de las alegrías, ventajas, beneficios, facilidades y comodidades presentes en nuestras vidas, no hay nada malo con eso. 

Cuando hablamos de apego nos estamos refiriendo a ese ingrediente adicional que sumamos a nuestros afectos, preferencias, gustos y simpatías, que no tiene necesariamente que estar allí y que nos lleva a experimentar diversas formas de sufrimiento por la intensidad de nuestro aferramiento. El ducharnos con agua caliente por ejemplo,  puede ser un gran disfrute para nosotros, pero si un día se daña el calentador, lo único que ha sucedido allí es que se ha dañado el calentador. Ya se podrá reparar. 

Si un ser querido decide irse a vivir lejos de nosotros, pues así lo ha decidido. Si en verdad amamos a esa persona, deseamos su felicidad aún cuando no esté a nuestro lado. En este caso, el apego o aferramiento es lo que nos conduce al sufrimiento cuando deberíamos estar experimentando lo contrario y poder compartir su alegría. 

Si de pronto se rompe ese florero que tanto nos gusta, se rompió, se acabó.  Eso era algo que podía suceder. Los floreros pueden romperse.

¿Qué necesidad hay de sufrir ante lo inevitable?  Lo que comenzamos a ver gracias a la práctica de la meditación es que nosotros somos los artífices de infinidad de formas o estilos de infelicidad, que nosotros creamos nuestra propia desdicha al relacionarnos con los demás seres y con lo que sucede de manera equivocada.

Lama Yeshe dice ahora que, cuando los hombres inventaron los carros y los aviones tenían la intención de utilizarlos para poder desplazarse con mayor rapidez y así disponer de más tiempo para descansar, pero lo que ha ocurrido es que la gente está más inquieta que nunca. Examine usted su vida de cada día. 

Debido al apego se involucra emocionalmente en un mundo sensorial concreto de su propia creación negándose el espacio y el tiempo necesarios para comprender la realidad de su propia mente. Esta es la auténtica definición de una vida difícil.  Usted no puede encontrar satisfacción ni disfrutar porque el  placer y la alegría no vienen de lo fenoménico, no vienen de lo que sucede,  vienen en realidad de la mente.

Cuando Buda habló de sufrimiento, no se refería simplemente a los sufrimientos superficiales tales como las enfermedades y las heridas, sino al hecho de que la insatisfacción mental es sufrimiento. No importa lo mucho que obtenga usted de algo, nunca satisface su deseo de tener más o mejor.  Este deseo incesante es sufrimiento, su naturaleza es la frustración.

La psicología budista describe seis emociones básicas que frustran la mente humana perturbando su paz, agitándola: la ignorancia (ignoramos nuestra propia naturaleza búdica); el apego o aferramiento: la rabia; el orgullo; la duda engañosa y los conceptos distorsionados. Estas son actitudes mentales, no fenómenos externos.

De igual modo se subraya que para trascender estos auto-engaños, los cuales son la raíz de todo sufrimiento, no bastará con la fe, que es necesario comprender la naturaleza de los mismos.  Si usted no investiga su propia mente a través del desarrollo de la sabiduría introspectiva, nunca verá lo que hay en ella.

Si usted no examina, nunca llegará a comprender que su emoción conflictiva básica es el egocentrismo y que esto es lo que le produce la agitación. Poco importa lo mucho que uno hable acerca de su mente y de sus emociones. Si no conocemos nuestra propia mente, nunca sabremos realmente de lo que estamos hablando.

Para trascender el aferramiento egocéntrico, usted no tiene que renunciar a sus posesiones.  Usted puede conservarlas pues no son ellas las que le complican la vida.  Está inquieto porque se aferra a sus posesiones con apego. El ego y el apego contaminan su mente volviéndola turbia, ignorante y agitada, impidiendo que crezca en usted la luz de la sabiduría.  La solución a este problema es la meditación.

Meditación no se refiere sólo al desarrollo de la concentración unidireccional, al estar sentado en un sitio sin  hacer nada (aparentemente).  Meditación es un estado mental de alerta opuesto a la pereza, meditación es sabiduría.  Usted puede permanecer alerta en todo momento de su vida cotidiana, plenamente conciente de lo que usted está haciendo, de cómo y por qué lo está haciendo. Tenemos la tendencia a hacer casi todo de un manera inconsciente.  Comemos inconscientemente; bebemos inconscientemente; hablamos inconscientemente.  Aunque declaramos que somos conscientes, somos absolutamente inconscientes de las aflicciones que alborotan nuestra mente e influyen en todo cuanto hacemos.  Analícelo usted mismo, experimente.

No se trata de juzgar o criticar.  Este no es el modo en que funciona el budismo.  Por el contrario, se trata de proporcionarle ideas que puede comprobar a través de su propia experiencia para ver si son ciertas o no.  Es algo muy realista, de hecho, algo simple. Si usted no conoce la naturaleza característica del apego y de sus objetos ¿cómo puede usted generar afectuoso amor hacia sus amigos, sus padres o su país? 

Desde el punto de vista budista, es imposible. Cuando una persona se encuentra bajo el poder de la rabia, es completamente inconsciente de lo que está sucediendo en su mente.  Ser inconscientes nos lleva a hacer daño y también a irrespetar a otros seres vivientes.  Ser inconscientes de nuestro propio comportamiento y de nuestra actitud mental nos hace perder nuestra humanidad.  Eso es todo.  Es muy simple ¿no es cierto?

Hoy día la gente estudia y se prepara para ser psicólogos.  La idea del Buda es que todo el mundo debe convertirse en psicólogo.  Cada uno de nosotros ha de conocer su propia mente, ha de ser su propio psicólogo. 

Esto es definitivamente posible pues cada ser humano tiene la capacidad de comprender su propia mente.  Cuando esta se comprende, surge el auto-control de un modo natural.  Ahora bien, no piense usted que esto es sólo un asunto propio de los que viven en los Himalayas o que debe ser más fácil para las personas que no tienen demasiadas posesiones.  Esto no es necesariamente cierto. 

La próxima vez que se sienta por ejemplo emocionalmente deprimido, obsérvese.  En lugar de hacer afanosamente algo para distraerse, relájese y trate de ser consciente de lo que está haciendo.  Pregúntese: ¿Por qué estoy haciendo esto?  ¿Cómo lo estoy haciendo?  ¿Cuál es la causa? Usted verá que es una experiencia estupenda, reveladora. 

Su principal problema es que le falta conocimiento producto del desarrollo de la sabiduría intuitiva.  Tiene que estar más alerta, más consciente y descubrirá que mediante el entendimiento de sus propios procesos mentales, usted puede resolver sus problemas sin dificultad. Simplemente siéntese y practique meditación.

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