CURIOSOS RESPECTO A LA EXISTENCIA

 

 

Curiosos respecto a la existencia

Pema Chodron 

Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez

Caracas, 2012

Hay tres verdades relacionadas con nuestra existencia que tradicionalmente son llamadas las tres marcas: 1) impermanencia, 2) sufrimiento y 3), ausencia de ego.  Aun cuando describen con precisión las cualidades más básicas de nuestra existencia, cuando las escuchamos por primera vez, estas palabras nos suenan amenazadoras.

Tendemos a pensar que hay algo malo en nuestra situación fundamental, pero no hay nada malo en las tres marcas, más bien, podemos celebrar su existencia, ya que nuestra situación fundamental o básica, está caracterizada por la alegría.

C. Podemos comenzar por preguntarnos por qué nuestras mentes se inclinan hacia una interpretación negativa cuando escuchamos términos como estos tres: impermanencia, sufrimiento, ausencia de ego. Es muy probable que al principio ni siquiera entendamos de qué se está hablado, pero aún así, dentro de nuestra ignorancia, tendemos automáticamente hacia la interpretación negativa de los términos. 

Podríamos respondernos que de una u otra manera, asociamos una cierta naturaleza negativa a estas tres situaciones, que no nos gustan y nos parece que producen infelicidad. Sin embargo, es muy saludable mantener el hábito de razonar, de tratar de ver las cosas como son y también tratar de ver las diferencias conceptuales que existen entre Oriente y Occidente, porque en muchos casos, lo que por estos lados interpretamos como negativo, en Oriente no necesariamente tiene esa connotación.

A veces, incluso tiene la contraria como producto de una aceptación de las cosas como son. Eso sucede por ejemplo con la impermanencia, que es, según Pema Chodron, ‘la bondad’ de la realidad. Así como las cuatro estaciones están en un continuo fluir, invierno cambiando a primavera, a verano y después a otoño; así como el día se convierte en noche, la luz en oscuridad y nuevamente en luz de la misma manera, todo está evolucionando constantemente.

La impermanencia es la esencia de todo: los bebés se convierten en ancianos para acabar cayendo muertos en algún lugar del camino. La impermanencia es encontrarse y partir, es enamorarse y desenamorarse.  La impermanencia es dulce y amarga, como comprarse una camisa nueva y años después verla formar parte de una colcha hecha de retazos.

Pero nosotros no sentimos respeto por la impermanencia. No nos deleitamos en ella, de hecho, nos desespera. Nos parece dolorosa. Tratamos de resistirnos a ella haciendo cosas “supuestamente duraderas”, que duren para siempre, decimos, cosa que no tengamos que lavar ni planchar.  De algún modo, en el proceso de tratar de negar que las cosas están cambiando constantemente perdemos el sentido de la sacralidad de la vida.  Tendemos a olvidar que somos parte del esquema natural de las cosas.

C. Aquí podríamos hacer otro ‘alto’ y volver a preguntarnos ¿por qué tenemos la tendencia a ver la impermanencia de esa manera? ¿De dónde viene? ¿Es algo bastante generalizado o soy yo solamente la que tiende a verla de esa manera? La impermanencia es un principio de armonía.  Cuando no luchamos contra ella estamos en armonía con la realidad. Muchas culturas celebran esta interconexión. 

Hay ceremonias para señalar todas las transiciones de la vida desde el nacimiento a la muerte, así como también  encuentros y partidas, ir a la lucha, perder la batalla y ganar la batalla.  Nosotros también podríamos reconocer, respetar y celebrar la impermanencia.

Pero ¿Qué hay con el sufrimiento?  ¿Por qué habríamos de celebrar el sufrimiento?  ¿No suena eso acaso como masoquista?, pregunta Pema Chodron.

C. Sería interesante explorar dentro de nosotros mismos y tratar de respondernos estas preguntas. Así vemos con más claridad qué pensamos respecto al sufrimiento. Por ejemplo: ¿en qué se basa nuestro sufrimiento? Nuestro sufrimiento se basa en la no aceptación de la impermanencia, en nuestro temor a la impermanencia; está enraizado en nuestra visión parcial y recortada de la realidad. 

¿A quién se le ocurrió la idea de que podríamos tener placer sin dolor?  Eso es algo que se promociona ampliamente en este mundo y nosotros lo compramos. C. Atentos a esto. Porque es cierto. A pesar de ser inteligentes, caemos una y otra vez en la trampa de la publicidad, del mercadeo de ideas novedosas, y nos engañamos a nosotros mismos como avestruces, escondiendo la cabeza bajo la tierra.

Pero el dolor y el placer van unidos, son inseparables, pero esto no tiene que ser visto como algo negativo, podemos celebrar su existencia pues son algo ordinario: el nacimiento es doloroso y encantador, la muerte es dolorosa y encantadora.  Todo lo que acaba también es el principio de otra cosa.  El dolor no es un castigo y el placer no es un premio. La inspiración y la desdicha son inseparables.  Siempre estamos deseando librarnos del dolor en lugar de ver cómo es que funciona junto con la alegría.

El punto no consiste en cultivar uno como opuesto al otro, sino en relacionarnos apropiadamente con el momento y el lugar, la situación donde estamos.  La inspiración y la desdicha se complementan mutuamente. Si sólo sintiéramos inspiración, nos volveríamos arrogantes.  Si sólo tuviéramos desdicha perderíamos nuestra perspectiva. 

El sentirnos inspirados nos eleva, nos permite darnos cuenta de cuan vasto y estupendo es nuestro mundo.  Las desdichas nos hacen humildes.  La gloria de nuestra inspiración nos conecta con la sacralidad del mundo, pero cuando el tablero gira y nos sentimos desgraciados, esa experiencia nos suaviza, madura nuestros corazones y se convierte en una base que nos permite comprender a los demás. Podemos celebrar ambas circunstancias, la inspiración y la desgracia; podemos ser grandes y pequeños al mismo tiempo.

¿Podemos también celebrar la ausencia de ego? Solemos pensar en la ausencia de ego como en una gran perdida, pero en realidad es una ganancia.  Reconocer la ausencia de ego, nuestro estado natural, es como recuperar la visión después de haber sido ciegos o recuperar la audición después de haber sido sordos.

La ausencia de ego ha sido comparada con los rayos del sol. Como el sol no es algo sólido, irradia sus rayos lejos de sí.  De la misma forma, el despertar irradia naturalmente cuando no estamos muy pre-ocupados por nosotros mismos.  Ausencia de ego es lo mismo que bondad básica o naturaleza de Buda, es nuestro ser incondicional.  Es lo que siempre tenemos y nunca llegamos a perder.

Podemos definir el ego como lo que encubre la bondad básica. Desde un punto de vista experimental, ¿qué es lo que el ego cubre?  Está cubriendo nuestra experiencia de estar sencillamente aquí, de estar plenamente donde estamos de manera que podamos relacionarnos con la inmediatez de nuestra experiencia.  La ausencia de ego es un estado mental que confía plenamente en la sacralidad del mundo. Es el bienestar incondicional, la alegría incondicional que incluye a todas las demás cualidades de nuestra experiencia.

Entonces, ¿cómo celebramos la impermanencia, el sufrimiento y la ausencia de ego en nuestra vida cotidiana?

Cuando la impermanencia se presenta en nuestras vidas, podemos reconocerla como tal.  No tenemos que buscar oportunidades de hacerlo.  Cuando nos quedamos sin tinta en el bolígrafo mientras escribimos una carta importante, lo reconocemos como impermanencia, como parte del ciclo de la vida. 

Cuando alguien nace, lo reconocemos como impermanencia. Cuando alguien muere, lo reconocemos como impermanencia. Cuando nos roban el auto, lo reconocemos como impermanencia. Cuando nos enamoramos, lo reconocemos como impermanencia y permitimos que eso haga más intensa la preciosidad.  Cuando una relación acaba, lo reconocemos como impermanencia.

Hay incontables ejemplos de impermanencia en nuestras vidas cotidianas, desde el momento en que nos despertamos hasta que nos vamos a dormir, e incluso cuando dormimos; ocurre constantemente. Ésta es una práctica de veinticuatro-horas-al-día.

Reconocemos la impermanencia como impermanencia. Después podemos reconocer nuestra reacción a la impermanencia.  Aquí es donde entra en juego la curiosidad.  Generalmente reaccionamos a los sucesos de nuestra vida siguiendo ciertos hábitos.  Nos sentimos doloridos o deleitados, animados o decepcionados, pero en nuestra reacción no suelen estar presentes la alegría ni la inteligencia.

Cuando reconocemos la impermanencia como lo que es, también podemos percibir nuestra reacción ante ella. Esto es lo que recibe el nombre de atención, conciencia, curiosidad, ser inquisitivos. Cualquiera que sea el nombre que le demos es una práctica muy beneficiosa, la práctica de llegar a conocernos completamente. Cuando surge el sufrimiento en nuestra vida, podemos reconocerlo como sufrimiento. 

Cuando tenemos lo que no queremos, cuando no tenemos lo que queremos, cuando enfermamos, cuando envejecemos, cuando estamos muriendo, cuando vemos cualquiera de estas cosas en nuestra vida podemos reconocer el sufrimiento como lo que es. Entonces podemos sentir curiosidad y tomar conciencia de nuestras reacciones ante él.

De nuevo, generalmente estamos resentidos  -y nos sentimos engañados de cierta manera- o bien estamos encantados, pero, sea cual sea nuestra reacción, suele seguir un patrón habitual. 

En lugar de reaccionar así, podríamos ver el siguiente impulso que surge en nosotros y cómo nos descentramos a partir de ahí.  Descentrarse no es bueno ni malo; es simplemente algo que pasa como reacción al dolor y al placer de nuestra existencia.  Podemos simplemente verlo, sin juicio y sin intención de enmendar o componer lo que hacemos.

Cuando surge la ausencia de ego, podemos reconocerla como ausencia de ego -un momento de frescura, la clara percepción de un olor, de una impresión visual o de un sonido, una sensación de apertura a la emociones o pensamientos en lugar de cerrarnos en nuestros egos limitados y estrechos.

Cuando percibimos la espaciosidad en nuestras vidas, cuando percibimos una pausa, un silencio en el diálogo continuo que mantenemos con nosotros mismos, cuando de repente notamos lo que tenemos frente a nosotros, cuando miramos la realidad de manera fresca, clara y sin retoques, podemos reconocer estas experiencias como ausencia de ego. No tiene por qué ser un asunto muy importante, la ausencia de ego está constantemente a nuestra disposición en forma de frescura, de apertura, de deleite en las percepciones de nuestros sentidos. 

Curiosamente, también experimentamos ausencia de ego cuando no sabemos qué está ocurriendo, cuando hemos perdido nuestro punto de referencia, cuando recibimos un impacto y nuestra mente se para por decirlo así.  Podemos notar nuestras reacciones a estos hechos. A veces nos abrimos más; otras nos cerramos rápidamente.  En cualquier caso, cuando la ausencia de ego ocurre en nuestras vidas, podemos reconocerla como ausencia de ego.  Podemos percibirla, ser curiosos, estar concientes de nuestras reacciones y de lo que ocurre a continuación.

A menudo se nos enseña que la paz es la cuarta marca de nuestra existencia, pero en este caso no nos referimos a la paz que es lo opuesto de la guerra.  Es más bien el bienestar que se produce cuando vemos los infinitos pares de opuestos como complementarios. Si hay belleza, debe haber fealdad. Si hay acierto, debe haber equivocación.

La sabiduría y la ignorancia no pueden ser separadas.  Ésta es una antigua verdad, -una verdad que hombres y mujeres como nosotros hemos venido descubriendo durante largo tiempo.  Cultivando curiosidad-momento- a-momento podríamos descubrir que día a día este tipo de paz va descendiendo sobre nosotros y empezamos a entender todo aquello acerca de lo que los libros han venido hablando.

Así que no debemos dar nada por hecho ni creer todo lo que se nos dice. Sin necesidad de ser ni cínicos ni ingenuos podemos buscar la viviente cualidad del dharma; reconocer la impermanencia, el sufrimiento y la ausencia de ego a nivel del lavaplatos de la cocina y ser inquisitivos acerca de nuestras reacciones. Tratemos de averiguar por nosotros mismos acerca de la paz y si es cierto o no que nuestra situación fundamental es la alegría.

Que nuestra sincera motivación y esfuerzos contribuyan a liberar de la oscuridad del sufrimiento a todos los seres sin excepción alguna.