El Estado Intermedio
Pema Chodrön
Traducción y edición: María Mercedes Márquez
Caracas, 2007
El secreto del Zen es justo estas pocas palabras: no siempre así.
Suzuki Roshi
Toma algo de entrenamiento llegar al desprendimiento o abandonar nuestros aferramientos a la comodidad, pero, de hecho, no tener “nada a qué aferrarse” es la raíz de la felicidad. Hay una sensación de libertad cuando aceptamos que no estamos en control. Enfocarnos en aquello que más quisiéramos evitar, vuelve permeables nuestras barreras y escudos.
Esto pudiese conducir a una sensación de no-se-qué hacer, a una sensación de encontrarnos en medio de dos situaciones. Por una parte, estamos totalmente hartos de andar buscando sentirnos mejor con lo que comemos, lo que bebemos, lo que fumamos o lo que sea que hagamos. También estamos hartos de ideas, creencias e “ismos” de todo tipo. Pero, por otra parte, desearíamos que fuese cierto que la comodidad externa pudiese proporcionarnos felicidad duradera.
Este estado intermedio es donde el guerrero pasa gran cantidad de tiempo creciendo. Daríamos cualquier cosa por tener el consuelo que usualmente encontrábamos al comer una pizza o viendo un video. Sin embargo, aún cuando esas cosas pueden proporcionarnos placer, hemos visto que comer pizza o ver un video es una comparación muy endeble con nuestro sufrimiento.
Nos damos cuenta de esto especialmente cuando las cosas se desbaratan. Si acabamos de saber que tenemos cáncer, comer pizza no hace mucho por reconfortarnos. Si alguien que amamos acaba de morir o nos ha abandonado, los lugares externos donde usualmente vamos por sentirnos a gusto se sienten insubstanciales y efímeros.
Hemos sido advertidos acerca del dolor de ir tras el placer y la futilidad de salir huyendo del dolor. También escuchamos acerca de la alegría de despertar, de darnos cuenta de nuestras interconexiones, de tener confianza en la apertura de nuestras mentes y nuestros corazones. Pero no nos han dicho mucho acerca de este estado intermedio donde ya no logramos experimentar la vieja comodidad y aliento del exterior y aún no nos encontramos en una continua sensación de ecuanimidad y calidez.
Ansiedad, dolor de corazón y ternura marcan este estado intermedio. Es el tipo de lugar que usualmente queremos evitar. El reto consiste en permanecer en el medio en lugar de involucrarnos en la lucha y el reclamo. El reto consiste en permitir que nos suavice en lugar de volvernos más rígidos y temerosos. Volvernos íntimos con la sensación de sentirnos casi en medio de ninguna parte sólo hace más tiernos a nuestros corazones.
Cuando somos lo suficientemente valientes como para permanecer en el medio, la compasión surge espontáneamente. Al no saber, al no desear saber, y no actuar como si supiéramos lo que está pasando, comenzamos a aproximarnos a nuestra fortaleza interior.
Sin embargo, parece razonable desear cierta clase de alivio. Si podemos hacer la situación correcta o incorrecta, si podemos señalarla de cualquier manera, entonces estamos en terreno conocido. Pero algunas veces algo ha sacudido nuestros patrones habituales y con frecuencia estos ya no funcionan más. Permaneciendo con la energía volátil se vuelve cada vez más confortable que el actuar la situación o reprimirla. Este tierno e ilimitado lugar es llamado bodhichitta. Lo que cura es permanecer en ella. Eso nos permite abandonar nuestra sensación de ser tan importantes. Así es como el guerrero aprende a amar.
Es así exactamente como somos entrenados cada vez que nos sentamos en meditación. Vemos lo que surge, nos damos cuenta de ello con gentileza y lo dejamos. Pensamientos y emociones surgen y se disuelven. Algunas son más convincentes que otras. Habitualmente nos sentimos tan incómodos con esa sensación de revoltijo que hacemos cualquier cosa para lograr que desaparezca.
Ahora por el contrario gentilmente nos incentivamos a nosotros mismos a permanecer con nuestra agitada energía regresando una y otra vez a la respiración. Este es justo el entrenamiento básico en la gentileza que nosotros necesitamos para seguir adelante, para continuar abriendo nuestro corazón.
Permaneciendo en el estado intermedio requiere aprender a contener la paradoja de algo que es a la vez correcto e incorrecto, de alguien siendo fuerte y amoroso y también bravo, rígido y desagradable. En ese doloroso momento cuando no vivimos la situación como nos gustaría, ¿nos condenamos a nosotros mismos o tratamos de apreciar la paradoja de ser humanos? ¿Podemos perdonarnos a nosotros mismos y permanecer en contacto con nuestro bueno y tierno corazón?
Cuando alguien aprieta nuestros botones, ¿brincamos para hacer que ver que esa persona está equivocada o reprimimos nuestra reacción con un “Yo estoy supuesta a ser amorosa, ¿cómo puedo tener este pensamiento tan negativo”? Nuestra práctica consiste en permanecer con la incomodidad y no solidificarla en un concepto, en una idea, en una forma de ver las cosas.
Podemos meditar, hacer tonglen, o simplemente mirar el firmamento abierto – cualquier cosa que nos incentive a permanecer en el sitio sin solidificar la situación en una forma de ver las cosas.
Cuando nos encontramos a nosotros mismos en un lugar de incomodidad y temor, cuando estamos en medio de una disputa, cuando el doctor dice que necesita hacer unas pruebas para ver qué es lo que está mal, encontraremos que queremos responsabilizar a alguien de lo que está sucediendo, que queremos tomar partido, mantener nuestra posición. Sentimos que debemos tener cierta capacidad de resolución.
Queremos mantener nuestros familiares puntos de vista. Para el guerrero, “correcto” es un punto de vista extremo tanto como lo es “incorrecto”. Ambos bloquean nuestra sabiduría innata. Cuando nos colocamos en la encrucijada sin saber hacia dónde ir, allí estamos permaneciendo en prajnaparamita. La encrucijada es un lugar importante en el entrenamiento del guerrero. Es donde nuestros sólidos puntos de vista comienzan a disolverse.
Mantener la paradoja no es algo que ninguno de nosotros va a poder hacer de un momento para otro. Es por eso, que somos incentivados a pasar toda nuestra vida entrenándonos en la incertidumbre, la ambigüedad, la inseguridad. Permanecer en el medio nos prepara para enfrentarnos con lo desconocido sin temor; nos prepara para enfrentar ambos, nuestra vida y nuestra muerte.
El estado intermedio –donde momento a momento el guerrero se encuentra a si mismo aprendiendo a aflojar sus aferramientos- es el perfecto campo de entrenamiento.
De hecho, no importa si nos sentimos deprimidos o inspirados acerca de eso. No hay ninguna forma de hacer las cosas “correctamente”. Por eso es que la compasión y la gentileza junto con la valentía son vitales: nos proporcionan los recursos para ser genuinos acerca de quiénes somos, pero al mismo tiempo, para saber que siempre estamos en transición, que el único momento es ahora, y que el futuro es completamente abierto e impredecible.
A medida que continuamos entrenándonos, evolucionamos más allá del pequeño “yo” que continuamente busca zonas donde sentirse a gusto gradualmente descubrimos que somos lo suficientemente grandes como para sostener algo que no es ni una mentira ni una verdad, que no es pura o impura, ni buena ni mala. Pero primero tenemos que apreciar la riqueza del estado libre de base y simplemente permanecer allí.
Es importante escuchar acerca de este estado intermedio, de otra manera pensamos que el camino del guerrero es de una manera o de otra y estaremos atrapados o libres. El hecho es que pasamos un largo tiempo en el medio. Este jugoso espacio y un lugar muy fructífero para estar. Permanecer aquí completamente –experimentando permanentemente la claridad del momento presente- es llamado iluminación.
Que nuestra sincera motivación y esfuerzos contribuya a liberar a todos los seres de cualquier clase de sufrimiento.