Escoger la paz

Escogiendo la paz

Pema Chödron 

Traducción y edición: María Mercedes Márquez

Caracas, 2007

Hay un momento clave, dice Pema Chödron, cuando escogemos entre paz y conflicto.  En esta nueva enseñanza que forma parte de su programa “Paz en Tiempos de Guerra”, ella describe la práctica que podemos hacer en ese mismo momento para propiciar paz para nosotros mismos, para otros y el mundo.

Si queremos hacer las paces con nosotros mismos y finalmente con el mundo, tenemos que mirar más de cerca la fuente de todas nuestras luchas.  Con frecuencia queremos “determinar el resultado” y lo que esto significa es que queremos desquitarnos, que deseamos obtener nuestra retribución, que queremos que otros sientan lo que nosotros hemos sentido.  Para nosotros eso significa quedar a mano, pero realmente no tiene nada que ver con igualdad. De hecho, constituye una reacción cargada de una altísima emocionalidad.

Bajo todos estos pensamientos y emociones está nuestra inteligencia básica, nuestra sabiduría fundamental.  Todos la tenemos y todos podemos desplegarla.  Esta puede crecer y expandirse y volverse cada vez más accesible como herramienta de conciliación y felicidad para nosotros  y los demás.  Pero esta inteligencia está oscurecida por la reactividad emocional cuando la experiencia trata  más  acerca de nosotros que  de otros; más acerca de yo que de los demás.   

He hablado con frecuencia de shempa, el término tibetano que describe el anzuelo que en nuestra mente nos engancha e impide que seamos abiertos y receptivos.  Cuando tratamos de ganar el punto, cubrimos nuestra sabiduría innata, nuestra inteligencia innata, con una emocionalidad que va escalando rápidamente y está muy cargada de shempa.  Producimos un anzuelo tras otro. 

¿Qué podemos hacer respecto a eso?  Podríamos decir que esta emocionalidad es mala y que tenemos que librarnos de ella.  Pero eso trae problemas consigo porque en el fondo se trata del mismo enfoque de desquitarnos con otros. En el fondo lo que estamos diciendo es que tenemos que  ganar el punto respecto a nosotros mismos, desquitarnos con nosotros mismos por así decirlo liberándonos de nuestra emocionalidad. 

Siendo que este enfoque no va a resultar, lo que necesitamos hacer consiste en no rechazar ni tampoco consentir o alimentar  nuestra propia energía emocional, sino más bien llegar a conocerla. Luego, como Trungpa Rimpoché enseñó, nosotros podremos transmutar la confusión de las emociones en sabiduría. 

Para decirlo de manera sencilla, debemos alcanzar la capacidad de poco a poco y con el tiempo, volvernos ‘uno’ con nuestra propia energía en lugar de partirnos en dos.  Debemos aprender a utilizar las herramientas que tenemos disponibles para transformar este momento en que nos fragmentamos, porque este es el momento cuando la paz se convierte en guerra y constituye una experiencia muy común en nuestras vidas.

Digamos que usted está teniendo una conversación con alguien.  Se siente totalmente unificado en la situación.  Es abierto y receptivo, está allí y está interesado.  Luego aparece un poquito de shempa tratando de sacarlo de allí; una cierta clase de sensación incómoda en su estómago –de la cual usualmente no nos damos cuenta- y después llega nuestro gran pensamiento. 

De repente nos encontramos hablándonos a nosotros mismos: “¿Cómo me estoy viendo en todo esto? Dije algo estúpido.  ¿Estaré demasiado gordo?  Eso fue otra estupidez y además sí estoy demasiado gordo.”   Uno u otro pensamiento causa que nos fragmentemos y antes de saberlo, estamos completamente absortos en nosotros mismos.  Probablemente ni estamos escuchando las palabras de la persona con quien estamos conversando porque nos hemos retraído dentro de una burbuja de auto-absorción.  Eso es fragmentarse.  Eso es dividirse en dos.

El Buda enseñó acerca de esta fragmentación básica como el nacimiento del dualismo, el nacimiento de “nosotros” versus “los otros”, de “yo” versus “tu”.  Sucede momento a momento.  Cuando comenzamos, somos “uno”. Tenemos una sensación de estar interconectados aún cuando puede que no utilicemos ese término.  Nosotros simplemente estamos allí, escuchando y luego, nos dividimos.

Regresamos a nuestro propio interés o inquietud o incluso a nuestro propio júbilo. De alguna manera ya no estamos ahí, ya no estamos unidos.  Ahora es más acerca de mi y yo, en lugar de ellos y los otros.  “Ser uno con lo que esté sucediendo” no es ni acerca de otros ni acerca de nosotros.  Es ser totalmente abiertos, estar totalmente presentes, allí mismo.

Si el camino del que trabaja por la paz, por la felicidad, es ser abiertos, receptivos y ‘uno con la experiencia’, entonces tratar de ganar el punto es el camino del trabajo por la guerra, donde la agresión da nacimiento a la agresión y la violencia da nacimiento a la violencia.  No se llega a ninguna parte.  No quedamos a mano. Pero la mente que desea ganar el punto no toma eso en consideración. 

Cuando usted es atrapado por ese tipo de mente, debido a la emocionalidad altamente cargada y en constante  expansión por la que está atravesando, usted no ve lo que realmente está haciendo al tratar de ganar el punto.  Probablemente usted ni siquiera se ve a sí mismo tratando de ganar el punto.

Si comenzáramos a pensar acerca de, o a hablar y hacer una profunda exploración de las diversas guerras alrededor del globo, probablemente nos sentiríamos muy agitados.  Pensar acerca de las guerras puede ciertamente afectarnos. Si lo hiciéramos, tendríamos mucha reactividad emocional con la que trabajar, porque a pesar de todas las enseñanzas que pudiésemos haber escuchado y toda la práctica que pudiésemos haber llevado a cabo, nuestra tonta reacción es la de activarnos enormemente. 

No ha pasado mucho tiempo y comenzamos a enfocarnos en esas personas que causaron todo el asunto.  Nos ponemos en marcha y luego en cierto nivel irracional comenzamos a querer ganar el punto, atrapar al malo y hacerlo pagar. Pero qué si pudiésemos pensar acerca de todas esas guerras y hacer algo que realmente causara que la paz fuese el resultado, dónde la comunicación desde el corazón fuese el resultado, dónde la consecuencia fuese estar más unidos que separados.

De alguna manera, eso sería verdaderamente  ganar el punto.  Eso sería realmente estar a mano. Pero estar a mano no siempre significa eso.  Quiere decir más bien que yo quiero que gane mi grupo y que el otro pierda.  Ellos merecen perder por lo que han hecho.  El grupo que deseo que pierda puede ser un individuo en mi vida o un gobierno.  Puede ser una clase o grupo de gente.  Puede ser cualquier cosa o cualquiera que yo señale con el dedo.  Me involucro enormemente en pensar cuán responsables son ellos de todo, de modo que, por supuesto, yo deseo determinar el resultado.  Es tan sólo natural.

Todos hacemos esto.  Pero al hacerlo nos enredamos en lo que las enseñanzas budistas llaman samsara.  Utilizamos ese método para relacionarnos con nuestro dolor.  Utilizamos ese método para relacionarnos con la subyacente ausencia de base y los sentimientos de inseguridad.  Sentimos que las cosas están fuera de control, que definitivamente no están yendo en la dirección que queremos que vayan.  Pero nuestro método para sanar la angustia de que las cosas no vayan por donde queremos que lo hagan es como tratar de derramar kerosene sobre el fuego tratando de apagarlo. Mordemos el anzuelo y aumenta la reacción emocional.  Vociferamos y sobreactuamos.  Los terroristas vuelan un autobús y luego el ejército arriba para cobrárselas, para quedar a mano. 

Quizás pudiese ser mejor hacer una pausa y reflexionar acerca de cómo fue que los terroristas llegaron al lugar donde estaban tan llenos de odio que querían volar el autobús lleno de personas inocentes.  ¿Quedaron a mano, o es esto que ahora va en aumento lo que precisamente y para comenzar causó que fuese volado el autobús?   Vean este ciclo en sus propias vidas y en sus propias experiencias.  Vean si está sucediendo.  ¿Está usted tratando de determinar el resultado?

Su Santidad el Dalai Lama ha dicho que él promueve la no-violencia, el enfoque no-agresivo hacia la ocupación china de Tíbet a pesar del hecho de que las cosas están empeorando.  Él lo aborda de este modo porque ve que la violencia está llamada a crear, a largo plazo, el resentimiento en otros.  Esto es inteligencia básica brillando a través de él. 

La inteligencia básica reconoce que el resentimiento causado por una respuesta violenta, por la acción de querer ganar el punto, será la fuente de futuros conflictos.   Nosotros también podemos utilizar nuestra inteligencia para explotar la capacidad de otras personas para engancharse.  Vean por ejemplo las propagandas. 

Los publicistas nos han estudiado un poco.  Ellos saben cómo engancharnos de modo que compremos algo.  Si usted desease ser verdaderamente listo, usted podría explotar las propensiones que tienen sus adversarios de querer ganar el punto.   Usted podría incentivarlos a comenzar a desquitarse con todos de modo que tengan más y más enemigos.  Usted podría causar que la gente los odiase más y más.  Los seres humanos pueden ser así de listos, aprender a explotar nuestras propensiones a querer ganar el punto con el fin de tratar ellos de ganar el punto.  Hay personas haciendo esto ¿pero a dónde nos conduce todo esto?

Podríamos utilizar esa misma inteligencia para darnos cuenta por nosotros mismos que el desquite o la agresión da nacimiento a la agresión y que si nosotros realmente lo que queremos es paz, felicidad y armonía como resultado, tiene que haber otra forma de hacerlo que no sea a través del desquite y la agresión.  Eso fue lo que Martin Luther King Jr. dijo en su discurso de aceptación del Premio Nóbel de La Paz.  Tenemos que encontrar una forma de resolver el problema de la opresión y la violencia sin recurrir a la opresión y la violencia.  Como ustedes saben, él era un apasionado de la idea y lo suficientemente carismático como para embarcar a mucha gente en eso.  Gandhi, por supuesto, es un ejemplo de la misma idea de quedar a mano a un nivel más fundamental.  Estoy utilizando ejemplos famosos, pero hay hombres y mujeres  anónimos héroes y heroínas en todo el mundo trabajando de esta manera para ayudar a aliviar el sufrimiento.  Estos son los seres que amo y respeto y son mis modelos a seguir para quedar a mano según la versión budista.

Sin embargo, la versión budista para el ajuste de cuentas no tiene necesariamente que ser budista per se, pero como la noción de karma figura en ella, suena bastante budista.  Se las ofrezco a ustedes, no porque sienta que necesitan comprarla como la mejor y la única forma que existe.  Se las planteo como una alternativa que algunos han probado con algunos triunfos.  El enfoque del Buda para ajustar cuentas de hecho lo hace porque ambas partes están más cerca la una de la otra en lugar de más separadas.  Están más cerca de su verdadera naturaleza, de su interdependencia.   

Cuando nos sucede algo que encontramos verdaderamente doloroso  -un insulto, una dolencia física, la pérdida de alguien a quien amábamos entrañablemente-  las enseñanzas budistas nos entrenan para entender que se nos acaba de presentar una oportunidad para compensar una deuda kármica.  Es otra forma de hablar acerca de un ajuste de cuentas.  De esta perspectiva proviene el Dalai Lama, y yo diría que también es la perspectiva de la que provenía  Martin Luther King Jr.  

Muchas otras personas que no se llaman budistas a sí mismos pero que creen en la comunicación no-violenta y buscan una solución a la opresión, también ven las cosas de esta manera.   Un acontecimiento doloroso nos proporciona la oportunidad de compensar una deuda kármica.  Por supuesto  existe todo un sistema de creencias involucrado en este entendimiento y me parece que estos sistemas de creencias usualmente causan muchos problemas porque  polarizan a las personas.  De hecho, el sistema de creencia del karma también podría hacerlo si nosotros lo utilizamos para entrar en guerra con las personas que no creen en eso. 

Pero el punto es que funciona.  La comprensión del karma no necesita ser religiosa ni tampoco una ocasión para sentirnos culpables.  De hecho, nos puede permitir actuar sin sentirnos abrumados por la culpa. 

Cualquier cosa que yo haya causado que otra persona sintiese, bien sea placentera o desagradable como resultado de mis palabras, acciones y actividades, tarde o temprano lo voy a experimentar.  Lo que va, regresa. 

Eso no necesariamente quiere decir que regresa en la misma forma, pero de alguna manera, cualquier cosa que yo haya causado que alguien sintiese yo lo experimentaré en algún momento en el futuro.  Este sistema se aplica también a las buenas sensaciones y sentimientos, pero mi enfoque aquí es sobre la repercusión kármica que causa que nosotros queramos ajustar cuentas. 

Por lo tanto, cuando algo desagradable me sucede, yo sé que se trata de una deuda que regresa.  No tengo idea de lo que hice, de modo que no es algo de lo que me tenga que sentir culpable.  No tengo por qué conocer el origen de mi dolor de muelas o de que alguien me calumnie.  No tengo necesidad de adentrarme en la historia de cómo llegué aquí.   

Simplemente me digo “Estoy sintiendo esto y llegado este punto tengo la oportunidad de que se acabe aquí”.  Este estímulo no necesita ser la causa de un posterior ajuste de cuentas  en la forma habitual en la que lo hacemos causando dolor.   En su lugar, en este momento usted pudiese aplicar un método de meditación que pueda evitar la forma habitual de ajustar cuentas, cualquier práctica que usted use, el punto consiste en permanecer con la subyacente incomodidad y acercarse a ella.

Conectarse con la apertura natural de su mente.  Llegado este punto usted puede sentir que “esta deuda acaba de ser saldada”.  Ya no quedarán otras deudas, no habrá otras repercusiones producto de este intercambio excepto más despertares, más conexiones con la apertura y la inteligencia de la mente, más conexión con la calidez y la gentileza amorosa hacia usted mismo, más conexión con el amor y la compasión por otros seres.  Esos son la clase de resultados que nuestras incómodas situaciones podrían causar. Esa es una noción de ajuste de cuentas que difiere mucho del enfoque habitual que propicia el nacimiento del terror y la guerra. 

Seguidamente, ofreceré un ejemplo de mi propia vida en cuanto a deuda kármica. No porque este sea especial de alguna manera, sino porque ayuda a ilustrar cuán íntima es nuestra experiencia del dolor y cómo ésta se convierte en nuestro maestro.  Después de todo, es nuestro propio sufrimiento, los muchos regalos de shempa que ofrece nuestra vida, los que nos proporcionan la oportunidad de ajustar cuentas en la forma que el Buda lo entendió. 

Yo abandoné a mi primer marido en una forma muy poco amable.  Lo abandoné con los niños y me fui con otro hombre.  Fue algo realmente sorpresivo y violento para él, bastante brutal.  Yo tenía alrededor de veinticinco años y era realmente inconsciente respecto a los efectos que esto estaba teniendo en él, en mi familia, en mis hijos y en toda una cantidad de gente.  Ultimadamente, fue la decisión correcta, pero la forma en la que lo llevé a cabo fue bastante infantil.  Luego, ¿adivinen qué?  Ocho años después, mi segundo marido me dejó de repente  en medio de un escenario sorprendentemente similar.  Allí, yo supe que estaba experimentando por lo que había pasado mi primer marido. 

Lo primero que hice fue reunirme con él y decirle “Te he dicho antes lo mucho que lo siento, pero ahora realmente lo lamento porque estoy sintiendo lo mismo que tu sentiste”. Muchas personas tienen historias como esta.  Ponen a alguien en una situación y luego la experimentan ellos mismos, y de alguna manera saben que están pagando una deuda.  Pero esto no tiene nada que ver con castigo.  Es más bien como una ley en la física.  No hay nadie que lo esté castigando a usted.  No existe un planificador superior asegurándose de que lo recibas.  No hay venganza.  Es tan sólo un principio que tarde o temprano usted comienza a sentir en sus huesos. 

Este enfoque de ajustar cuentas consiste en que cada vez que algo malo se cruce en su camino, siempre es una oportunidad para una mayor sanación.  Cuando a usted le suceden cosas que no le gustan, bien puede abrir la herida aún más o puede decidir sanarla.  En lugar de engancharse terriblemente en pensamientos como “No me gusta”, “Yo no quiero”, “No es justo”, “¿Cómo pueden hacerme esto a mí?, “Yo no merezco esto”, o “Ellos deberían saberlo”, es posible que usted pudiese entrenarse a sí mismo de modo que la inteligencia natural se vuelva más fuerte que su reactividad.   

La mayoría del tiempo, para la mayoría de nosotros, nuestra reactividad emocional obscurece nuestra inteligencia natural.  Pero si nos motivamos a comenzar a contemplar el enfoque de ver el dolor, la incomodidad y la dificultad como oportunidades para sanar, para volvernos “uno con la situación” y acercar a la gente en lugar de separarlos, de hecho, nuestra inteligencia se volverá más fuerte que nuestra reactividad emocional.  Si tomamos esas oportunidades de sanar, el momentum de la inteligencia gradualmente comenzará a sobrepasar el momentum de la reactividad.

En mi experiencia, la reactividad emocional no cesa.  No estamos hablando acerca de librarnos de la experiencia de quedar enganchados.  Estamos hablando de qué es lo que usted hace después de quedar enganchado.  Allí usted escoge.  El Buda nos enseña que siempre estamos en una encrucijada, momento a momento.  Tenemos la inteligencia de escoger, así que eduquémonos acerca de cuáles son las implicaciones de nuestras escogencias.  Examinémoslo.  Pudiésemos escoger abrir la herida aún más creando más sufrimiento para nosotros y otros, o pudiésemos escoger sanar la herida.  La pregunta que con frecuencia nos hacemos en esta encrucijada es ¿Qué me conviene más en este momento?  La respuesta habitual es que lo que más me conviene es lo que yo quiero; cubrir mis necesidades; estar a  mano; enderezar todo esto de modo que pueda salir con lo que yo necesito.  Pero hemos visto a lo que lleva esta escogencia.  Necesitamos cultivar la otra alternativa. 

La escogencia sobre la que he venido hablando no impide resolver los conflictos donde alguien haya estado actuando de manera equivocada. Si alguien, por ejemplo, rompe un contrato en el que usted se involucró conscientemente y de buena fe, no estoy diciendo que usted no va a tratar de resolver esa infracción. 

Dejar sin resolver el asunto no va a suavizar las aguas.  Se estará sentando un precedente y la irritación simplemente crecerá y crecerá.  De modo que existen cosas que definitivamente tienen que ser atendidas y es precisamente donde entra la comunicación no-violenta.  Usted no sólo no muerde el anzuelo.  Usted no sólo suelta el amarre.  De alguna manera usted interrumpe el momentum.

Hay algo que usted puede hacer antes de hablar y actuar.  Algunas veces ese “antes” puede que tome largo tiempo.  He dado esta recomendación muchas veces a los estudiantes; es recomendación que yo misma utilizo: si usted se encuentra realmente enganchado y furioso, escriba el e-mail o escriba la carta, pero después no la envié.  Dóblela; colóquela en cierto lugar; después léala uno o dos días más tarde.  Hay probabilidades de que no llegue a enviar esa carta. 

Nadie envía esa carta.  Usted pudiese volver a redactarla, pero puede que tampoco envíe la segunda carta, y si espera lo suficiente, surgirá la inteligencia natural.  La reacción inicial no estuvo basada en inteligencia sino en inteligencia obscurecida y los resultados de esta reacción son demasiado obvios. A medida que va actuando usted pudiese preguntarse ¿He respondido anteriormente de esta manera?  Si la respuesta es “Sí. Yo siempre respondo así, esta película es una repetición”, entonces usted está actuando inconscientemente.  Ni siquiera se dio cuenta que lo estaba haciendo de nuevo y obteniendo el mismo resultado.  Es tan raro en verdad cuando se piensa acerca de esto. No creo que necesitásemos que el Buda viniera y nos lo señalara, pero de alguna manera aquí seguimos 2500 años más tarde.  Es una locura.  

Hoy día, tenemos acceso instantáneo a noticias, sonidos e imágenes de toda la violencia y las guerras que están sucediendo en todo el mundo.  Podemos ver a nuestro alrededor vívidas demostraciones públicas de cómo es que engancharse en el anzuelo y dejarse llevar no trae buenos resultados.  No agrega nada a la alegría o la paz. 

Si usted necesita un ejemplo de cómo es que no funciona el enfoque común del ajuste de cuentas para quedar a mano, simplemente mire a su alrededor.   Desafortunadamente, cuando contemplamos todo este sufrimiento, queremos resultados rápidos.

Una vez más, pudiésemos actuar impulsivamente y a partir de una reactividad emocional, pero si miramos los muchos ejemplos de gente tratando de sanar y estar a mano de la manera inteligente, veremos que eso toma tiempo. Los resultados tardan en venir, pero desde  la perspectiva más amplia de la inteligencia natural, de la apertura y la calidez, el proceso es tan importante como el resultado mismo.  Usted está creando el futuro del planeta a través de la forma en la que trabaja con la injusticia. 

Puede que no lo vea frente a sus ojos inmediatamente, pero usted está compensando una deuda. Determinar el resultado en el sentido budista es permitir que el asunto se detenga aquí, porque el dolor que usted está experimentando le permite compensar una deuda kármica.  ¿Para qué? Usted no lo sabe y eso realmente no importa.  Todo lo que usted necesita saber es que el futuro es bien abierto y usted está a punto de crearlo a través de lo que hace. Usted va a crear más deuda o liberarse de ella. Usted pudiese comenzar a cancelar su deuda a la tarjeta de crédito cósmica.