Las Cinco Fortalezas

Las cinco fortalezas

Pema Chodron 

Traducción y edición: María Mercedes Márquez 

Caracas, noviembre, 2008

Existe una enseñanza que habla sobre Las Cinco Fortalezas.  Estas son: una fuerte determinación; la familiarización con las enseñanzas y prácticas para desarrollar una amorosa gentileza, amor y compasión por todos los seres sin excepción; para permitir que germine la semilla de bondad que se encuentra presente en cada ser; la práctica del reproche y el poder de la aspiración.  Estas constituyen cinco formas en las que el guerrero espiritual incrementa su confianza e inspiración.

Por una fuerte determinación se entiende el compromiso de utilizar nuestras vidas para disolver la indiferencia, agresividad y aferramiento egoísta que nos separa a unos de otros.  Es un compromiso para respetar todo lo que la vida traiga consigo. Como guerreros espirituales en entrenamiento, desarrollamos una sentida determinación de utilizar la incomodidad como oportunidad para despertar en vez de tratar de hacer que desaparezca.

¿Cómo permanecemos con emociones desagradables sin encerrarnos en nuestras familiares estrategias?  ¿Cómo advertir nuestros pensamientos antes de que se vuelvan 100% creíbles y se solidifiquen en “nosotros” contra “ellos”?  ¿Dónde encontramos la calidez que es esencial en el proceso transformativo? 

Nos comprometemos a explorar estas preguntas.  Tenemos la determinación de encontrar la forma de darnos cuenta de nuestro parentesco con los demás, determinados a mantenernos entrenándonos en abrir nuestra mente y nuestros corazones.  Esta fuerte determinación genera fuerza interior.   

Familiarización consiste en la fortaleza que surge en nosotros cuando tomamos las enseñanzas de corazón y nos familiarizamos con ellas al aplicarlas una y otra vez en nuestra vida cotidiana.  Cuando despertamos en la mañana con la disposición de practicar ¿qué utilizamos como material?  Simplemente nuestro día cotidiano con todas sus variantes –agradable; desagradable; rutinariamente mundano.  Lo que nos sucederá es tan completamente desconocido, como lo que nos sucederá al morir. 

El punto está en que sea lo que sea, nuestro compromiso consiste en utilizarlo para despertar nuestro corazón, es decir, utilizarlo con la intención de darnos cuenta de nuestra conexión con todos los seres.

Hace poco tuve el placer de ir a la piscina de un amigo en el campo.  Yo acababa de recibir una carta, de modo que cuando llegué allá, me senté en el automóvil y la leí.  Esta era una carta muy directa donde me señalaban que en una situación en particular me había negado a comunicarme con las personas con la que debí hacerlo, y que mi falta de claridad en la comunicación había causado confusión y decepción. 

Leer esta carta hizo que surgiera una sorpresiva cantidad de dolor.  Todo en mí quería huir y caí por no estar atenta a mis tendencias mentales, en una estrategia habitual: echarle la culpa a alguien. La culpable de todo lo sucedido era otra persona.  Seguidamente, ahí mismo en el carro, tomé un bolígrafo y comencé a escribirle una carta a la persona que yo estaba culpabilizando.  Hice que mis acusaciones fuesen sólidas y reales: ¡lo escribí sobre papel!

Sabía lo suficiente como para dejar de escribir, pero me dije a mí misma: “¿Cómo puedo estar pidiéndole a otras personas que hagan esta clase de práctica?  Es pedirles demasiado.  Es demasiado retadora, muy dura.” Salí del carro y me senté junto a la piscina y el dolor era tan intenso que al principio olvidé todo lo relativo a las enseñanzas para desarrollar un amoroso corazón, no quería ser una guerrera espiritual. Además, sabía que huir de lo que está sucediendo o tratar de evadir la incomodidad causaría infelicidad.  Créanme, lo he hecho lo suficiente como para saber que esto es cierto.

A lo largo de todo el asunto traté de fortalecerme pensando que era más poderosa que mis pensamientos y emociones.  También me di cuenta de mis pensamientos observando lo que me decía a mí misma y a otros, pero no se daba ningún cambio.   Finalmente, me metí en la piscina y comencé a nadar.  Luego de ir y venir cerca de seis veces, coloqué mis codos sobre el borde la piscina y comencé a llorar. 

Llegado ese punto, me sentía completamente abrumada por el sentimiento de lo mucho que sufrimos todos.  Luego, no porque estuviese haciendo una práctica en particular, sino debido a que estaba familiarizada con encontrar dentro de mi esa suavidad y apertura  interior, una reserva de empatía surgió aparentemente de la nada, completamente a mi disposición. 

Pude conectarme profundamente con mis hermanos y hermanas en todo el mundo.  De alguna manera, todo lo que había hecho allí sentada al borde de la piscina había sido simplemente permanecer  con lo que estaba sucediendo.  He tratado de recordar la enseñanza y practicar, pero en realidad no importa qué fue lo que hice. No existe una fórmula para llevar a cabo esta clase de trabajo. Mi disposición de permanecer con la incomodidad fue lo que me permitió que algo en mi se transformara. Luego, la reserva de compasión comenzó a emerger.

Con frecuencia no obtenemos tal satisfacción porque permanecer con el dolor o el sufrimiento no es necesariamente un proceso de inmediata gratificación.  Pero a medida que pasa el tiempo comenzamos a sentirnos más livianos y valientes. 

Familiarizarnos con las enseñanzas y la práctica de bodhichitta para desarrollar un amoroso corazón de manera constante, es la manera de aprender a permanecer con la angustia y experimentar nuestra compartida humanidad.  Así es como hacemos que las enseñanzas sean útiles y sentidas de corazón en nuestras vidas.

La tercera fuente de inspiración es la semilla de la bondad. Los depósitos o la reserva de apertura y ternura que están disponibles en nosotros constituyen el poder de la semilla positiva, la semilla de la bodhichitta.  Algunas veces, recordar nuestra bondad fundamental requiere de una erupción de fe.  El truco está en conectarnos con la suavidad interior que ya existe en nosotros.  Algunas veces ayuda encontrar pequeñas cosas a través de las cuales se manifieste la semilla de la bondad en nuestra vida. 

Encontrar por ejemplo nuestra habilidad para regocijarnos e interesarnos en otros, incluso cuando sea algo fugaz, fortalece nuestra confianza.  El ver cómo bloqueamos nuestros corazones y cerramos nuestras mentes proporciona compasión por nosotros mismos y el anhelo de no volver a hacerlo. 

De modo que la práctica consiste en mantenernos siempre regando la semilla.   Esto lo hacemos al pensar en otros tanto cuando estamos felices y contentos como cuando estamos infelices.  La regamos al reconocer nuestra compartida humanidad con todos los seres a través del tiempo y el espacio y también al darnos cuenta de nuestras reacciones negativas y positivas ante cualquiera o lo que sea que encontremos.  La regamos con gentileza y honestidad. 

Aprendemos a preguntarnos ¿Cómo puedo utilizar este sufrimiento o esta alegría como vehículo de transformación?  Y practicamos siendo amables con nosotros mismos cuando nos atascamos.

La cuarta fortaleza es el reproche. Este puede ser engañoso; si la compasión no está presente, rebota en contra nuestra.  Su fortaleza está en que de ser utilizado con gentileza amorosa nos apartará de los patrones habituales debilitantes.  Ante una situación difícil, en lugar de culpabilizar a otro, el método más gentil de reproche consiste en preguntarnos ¿Es que acaso yo he hecho esto mismo alguna vez?  Cuando sospechamos que estamos alejándonos del momento presente podemos decirnos a modo de recordatorio ¿Es que acaso esta forma de actuar me resulta conocida?

El punto del reproche está en desarrollar suficiente respeto propio de modo que cuando nos atrapemos atorados en alguna situación que nos resulta conocida, podamos detenernos. Aquí el enfoque no es que estamos disciplinando lo malos que somos. Nada de eso. Aquí estamos avispándonos respecto a lo que proporciona sufrimiento y lo que aporta felicidad.  Finalmente nos estamos dando un descanso a nosotros mismos. 

La quinta fortaleza es la que surge de la aspiración.  Puede que aún no nos sintamos listos como para actuar, pero incluso en situaciones muy difíciles podemos hacer algo por ayudar.  Podemos aspirar a que surja ese bondadoso corazón nuestro para liberarnos de la neurosis y poder ser de beneficio para nosotros y los demás.  Podemos aspirar a encontrar la fortaleza del guerrero espiritual y la habilidad para amar a todos los seres sin excepción. 

Un estudiante me contó que en una oportunidad en que se encontraba viviendo en un centro de meditación urbano, temprano en la mañana, había escuchado a una mujer llorando afuera en la calle. 

Otras personas se levantaron y todos fueron a socorrerla, pero antes de que eso sucediera tuvo que admitir que cuando él escuchó su llanto sintió aversión hacia la mujer.  El no estaba preparado ni siquiera para hacer la aspiración de estar en sus zapatos; menos aún podía aspirar a sentir su dolor. Le resultaba demasiado terrorífico imaginar sentirse tan vulnerable e indefenso y pensó “Mejor que sea ella y no yo.” 

De modo que  justo allí, en el mero lugar, pensó en todos aquellos que, como él, tenían el deseo de poder hacer algo, pero no podían todavía, e hizo la genuina aspiración de que en esta misma vida él y otros pudiesen trabajar con sus temores y remover las barreras de la separación. Estas son entonces las cinco fortalezas que podemos utilizar en nuestra práctica para despertar nuestro amoroso corazón.

Cultivar una fuerte determinación y compromiso de relacionarnos abiertamente con lo que sea que la vida presente, incluyendo nuestros conflictos emocionales.

Incrementar nuestra familiarización con las prácticas del corazón utilizándolas en todo momento. 

Regar la semilla del amoroso y compasivo corazón tanto en situaciones miserables como en las placenteras de modo que nuestra confianza en esta semilla positiva pueda crecer. 

Utilizar  el reproche  con gentileza amorosa y sentido de humor, como forma de atraparnos antes de que nos causemos daño a nosotros y a otros. 

Nutrir el hábito de la aspiración por todos de modo que disminuya el sufrimiento y sus semillas y que, por otra parte, incrementen la sabiduría y la compasión, nutriendo el hábito de siempre cultivar una mente abierta y un amoroso corazón.