LAS HIJAS DE MARA

                   Las hijas de Mara

                                                    Pema Chodron

                           Traducción y edición: María Mercedes Márquez

                                                          Caracas, 2006

Los llamamos “obstáculos”  pero de acuerdo a Pema Chodron,  estos manifiestan una pérdida de confianza en la sabiduría esencial de nuestra mente.  Las Hijas de Mara constituyen estilos o maneras comunes en las que evadimos lo que está sucediendo en nuestras vidas.

La noche en la que alcanzaría la iluminación, el Buda estaba sentado bajo un árbol.  Mientras estaba sentado allí fue atacado por Las Hijas de Mara.  La historia cuenta que ellas le dispararon espadas y flechas y que sus armas se convirtieron en flores.  Estas enseñanzas tradicionales sobre Las Hijas de Mara describen la naturaleza de los obstáculos y cómo los seres humanos habitualmente nos confundimos y perdemos la confianza en la sabiduría básica de nuestras propias mentes.

¿Qué es lo que significa esta historia? Mi comprensión de esto es, que lo que nosotros habitualmente vemos como obstáculos no son realmente enemigos nuestros, sino más bien amigos.  Lo que llamamos obstáculos representan en verdad la forma en que el mundo y toda nuestra experiencia, nos enseña dónde estamos atascados. Lo que pudiese parecer una flecha o una espada, podemos de hecho experimentarlo como una flor.  El que experimentemos lo que nos sucede como un obstáculo o enemigo, o como maestro y amigo, depende enteramente de nuestra percepción de la realidad. Depende de nuestra relación con nosotros mismos.

Las enseñanzas nos dicen que los obstáculos ocurren a un nivel exterior y a un nivel interior.  Lo que se entiende aquí por nivel exterior es esa sensación de que algo o alguien nos ha hecho daño interfiriendo con la armonía y la paz que nosotros pensamos que era nuestra, que alguien lo ha arruinado todo. 

Esta sensación particular de obstáculo ocurre en las relaciones y en cualquier otra situación. Nos sentimos decepcionados, heridos, confundidos y atacados de diversas maneras.  Siempre ha sucedido así. En cuanto al nivel interior de obstáculo, quizás nada nos ha realmente atacado excepto nuestra propia confusión. Quizás no hay ningún obstáculo sólido excepto nuestra propia necesidad de protegernos a nosotros mismos de ser tocados.  Quizás el único enemigo es que a nosotros no nos gusta la forma como la realidad es ahora y por lo tanto deseamos que se acabe pronto.

Pero, lo que encontramos como practicantes es que nunca nada se va hasta que nos haya enseñado lo que necesitamos saber.  Si nosotros corremos cien millas por hora hasta el otro lado del continente a fin de huir de un obstáculo, cuando llegamos allá encontramos el mismísimo problema esperándonos. Simplemente continúa regresando con nuevos nombres, formas y manifestaciones, hasta que nosotros aprendamos lo que sea que tenga que enseñarnos con respecto a dónde nos estamos separando de la realidad, cómo nos estamos apartando en vez de acercarnos, cerrándonos en lugar de permitirnos a nosotros mismos experimentar totalmente lo que sea que encontremos sin vacilaciones, ni replegándonos en nosotros mismos.

Chogyam Trungpa Rimpoche una vez le preguntó a un grupo de estudiantes,  ¿Qué hacen ustedes cuando se encuentran entre la espada y la pared?  ¿Qué hacen ustedes cuando las cosas les resultan insoportables?  Todos nosotros nos quedamos sentados allí pensando qué responder.  Luego Rimpoche preguntó a uno por uno.  Estábamos tan temerosos que contestábamos en una forma muy genuina y casi todos dijimos algo como esto: que simplemente nos desbaratábamos, que  nos  olvidábamos  completamente  de  la  práctica  y nos volvíamos totalmente habituales en nuestras  reacciones.  

De  más  está  decir  que después de eso nos dimos cuenta con claridad de lo que nosotros hacemos cuando nos sentimos atacados, engañados o confundidos; cuando encontramos situaciones insostenibles o inaceptables  comenzamos realmente a ver lo que hacemos. ¿Nos cerramos o nos abrimos?  ¿Nos sentimos resentidos y amargados o acaso nos suavizamos?  ¿Nos volvemos más sabios o más estúpidos?  Como resultado de nuestro dolor ¿sabemos más acerca de lo que significa ser humano o sabemos menos aún?  ¿Somos más críticos de nuestro mundo o más generosos?  ¿Somos penetrados por flechas o las convertimos en flores?

Las enseñanzas tradicionales sobre Las Hijas de Mara describen la naturaleza de los obstáculos y cómo los seres humanos habitualmente se confunden y pierden la confianza en la sabiduría básica de sus mentes. Las Maras proveen descripciones de algunas maneras familiares en las que nosotros tratamos de evadir lo que está sucediendo.

Las Cuatro Maras.

La primera es llamada Devaputra Mara.  Esta tiene que ver  con el querer obtener placer.

La segunda, llamada Skandha Mara, tiene que ver con cómo es que nosotros siempre tratamos de reinventarnos, cómo tratamos de recuperar terreno, cómo tratamos de ser quienes nosotros creemos que somos. 

La tercera es llamada Klesha Mara.  Esta tiene que ver con cómo nosotros utilizamos nuestras emociones para mantenernos embrutecidos o adormecidos.

La cuarta,  Yama Mara,  tiene que ver con el temor a la muerte.  Las descripciones de estas cuatro Maras nos muestran cuatro formas en las que nosotros, tal y como el Buda, somos aparentemente atacados.

Devaputra Mara  como dijimos, tiene que ver con el querer obtener placer y funciona de esta manera: cuando nos sentimos apenados o torpes, cuando se nos presenta el dolor en la forma que sea, nosotros corremos como locos buscando lograr sentirnos cómodos.  Cualquier obstáculo que encontramos tiene el poder de quitarnos la alfombra bajo los pies, de reventar completamente la burbuja de la realidad que nosotros hemos llegado a ver como segura y cierta.

Cuando nos sentimos amenazados en esta forma no podemos aguantar sentir el dolor, la ansiedad, la impaciencia, la propensión a las náuseas en nuestro estómago, el calor de la rabia que va aumentando, el sabor amargo del resentimiento.  Por lo tanto, tratamos de aferrarnos a algo placentero. Reaccionamos con este hábito trágicamente humano de buscar el placer y de tratar de evadir el dolor.

La Devaputra Mara es una buena descripción de nuestra adicción a evadir el dolor.  Cuando surge el dolor tratamos una y otra vez de alcanzar algo que lo borre del mapa.  Quizás tomemos alcohol o nos metamos drogas o simplemente masquemos chicle, o nos comemos la boca por dentro, o prendemos el televisor.  Nosotros podríamos inclusive utilizar la meditación para tratar de escapar de los aspectos más difíciles, desagradables y penetrantes del estar vivos. Alguien acaba de disparar una flecha o de levantar una espada, y en lugar de permitir que se convierta en una flor, nosotros corremos tratando de escapar de distintas maneras. 

Sin embargo, no tenemos por que considerar el buscar placer como un obstáculo.  Más bien, buscar placer es una oportunidad para observar lo que nosotros hacemos en la presencia del dolor. En lugar de tratar de evadir nuestra incomodidad y la sensación de sentirnos fuera de base y escapar, podríamos comenzar a abrir nuestros corazones al dilema humano que causa tanto sufrimiento en este mundo. Podríamos darnos cuenta de que la forma de convertir esta flecha Devaputra en una flor es abriendo nuestros corazones y viendo cómo es que nosotros tratamos de escapar.

Con enorme gentileza y claridad, podríamos ver cuan débiles somos.  En esta forma podemos descubrir que lo que parece ser horrible, es de hecho nuestra fuente de sabiduría y una forma para reconectarnos con la sabiduría básica de nuestra mente.

Skandha Mara: tiene que ver con la manera en que reaccionamos cuando nos quitan la alfombra bajo los pies.  Cada vez que esto sucede sentimos que hemos perdido todo lo que es bueno, que hemos sido arrojados fuera del nido.  Navegamos a través del espacio sin una clave respecto a qué es lo que pasará después. 

Estamos en tierra de nadie. Nosotros lo teníamos todo bajo control, funcionando bien, cuando de pronto cayó la bomba atómica y quebró nuestro mundo en un millón de pedazos. No sabemos qué es lo que sigue, ni siquiera sabemos dónde estamos parados. Luego tratamos de reinventarnos,  regresamos lo más pronto posible a la sólida base del concepto, de la idea que tenemos acerca de quiénes y cómo somos nosotros mismos. 

Trungpa Rimpoche acostumbraba llamar esto, “la nostalgia del samsara”. Todo nuestro mundo se rompe en pedazos y nosotros hemos tenido esta gran oportunidad,  sin embargo, no confiamos en la sabiduría básica de nuestra mente lo suficiente como para dejarla permanecer así.  Nuestra reacción habitual es la de querer tenernos a nosotros de vuelta  -incluyendo nuestra ira, nuestro resentimiento, nuestro miedo y confusión- de modo que reinventamos nuestra sólida e inamovible personalidad como si fuésemos Miguel Angel moldeándonos del mármol. 

En lugar de una tragedia o un melodrama, esta Mara es más como una situación cómica pues justo cuando estamos a punto de llegar a entender algo verdaderamente, permitiéndole a nuestro corazón abrirse de verdad, justo cuando tenemos la oportunidad de ver claramente, nos ponemos una máscara.  Entonces rehusamos reírnos o simplemente aflojar porque podríamos descubrir quién sabe qué! Una vez más, este proceso no tiene por qué ser considerado un obstáculo o problema. 

Aún cuando se siente como una flecha o una espada, si lo utilizamos como una oportunidad para tomar conciencia de cómo es que nosotros tratamos de reinventarnos una y otra vez, entonces se convierte en una flor.  Podemos permitirnos a nosotros mismos ser curiosos, inquisitivos o abiertos acerca de lo que acaba de suceder y lo que va a suceder.  En vez de luchar por recobrar la idea de quiénes creemos que somos, podemos tocar en ese espacio mental de simplemente no saberlo, en la sabiduría básica de nuestra mente.

La Klesha Mara está caracterizada por las emociones fuertes.  Cada vez que surge un sentimiento, en lugar de simplemente dejarlo ser, entramos en pánico. Comenzamos a acomodar nuestros pensamientos como en la línea de un cuento, lo cual hace que surjan emociones aún mayores. Cuando todo se rompe en pedazos y sentimos la incertidumbre, la decepción, el shock.,  la  vergüenza  o lo que sea, lo que  queda  es una  mente que es clara, fresca y sin prejuicios.

Pero nosotros no vemos eso porque en su lugar tendemos a sentir la incertidumbre de estar en tierra de nadie, engrandecemos el sentimiento y marchamos calle abajo con banderas que proclaman lo malo que está todo.  Golpeamos en cada puerta pidiéndole a la gente que firmen nuestras peticiones hasta que haya un ejército de gente que esté de acuerdo con nosotros respecto a lo mal que está todo.

Olvidamos lo que hemos aprendido a través de la meditación y que sabemos que es cierto. En lugar de simplemente reposar en cierto tipo de apertura respecto a nuestros incómodos sentimientos, con nuestros pensamientos y emociones los mantenemos calientes, no permitimos que se desvanezcan. 

Cuando surgen emociones verdaderamente fuertes, todas las doctrinas y las creencias a las que nos hemos adherido parecen ser poco al compararlas con ellas porque las emociones son mucho más poderosas.

Así que lo que comenzó como un enorme espacio abierto se vuelve un bosque en llamas, una guerra mundial, un volcán en erupción, una ola gigantesca.  Nosotros utilizamos nuestras emociones,  nosotros las utilizamos.  En esencia, ellas son tan sólo parte de lo bueno de estar vivos, pero en vez de dejarlas ser, las tomamos y las utilizamos para tratar de recuperar nuestro terreno. Las utilizamos para tratar de negar el hecho de que nadie ha sabido ni sabrá qué es lo que está ocurriendo. Nosotros las utilizamos para tratar de volver todo seguro, predecible y real nuevamente, para engañarnos a nosotros mismos respecto a lo que es verdaderamente cierto. 

Podríamos simplemente reposar con la energía emocional y dejarla pasar, no hay una necesidad particular para extender reproches y justificarnos a nosotros mismos,  pero al contrario, arrojamos gasolina sobre las emociones para que se sientan más reales. Una vez más, no tenemos por qué considerar este proceso como un obstáculo o un problema.  Si podremos ver la rudeza y la brutalidad de la emoción, no sólo podremos comenzar a suavizarnos y aproximarnos a nosotros mismos amistosamente, sino que también podemos aproximarnos a todos los seres, a todo lo que vive, con suavidad y amistosamente.

Volviéndonos concientes de cómo es que hacemos esta cosa tan tonta una y otra vez porque ahora no deseamos experimentar la incertidumbre y la torpeza, ni el dolor de no saberlo, comenzamos a desarrollar verdadera compasión hacia nosotros mismos y hacia todos los demás seres vivientes porque vemos lo que sucede y cómo reaccionamos cuando todo se derrumba.  Esa conciencia es lo que convierte la espada en una flor.  Es como lo que parece ser horrible, problemático y no deseado, se convierte de hecho en nuestro maestro.

Pienso que quizás todas las Maras en el fondo surgen del miedo a la muerte, pero Yama Mara está particularmente enraizada allí. Cuando hablamos acerca de una buena vida desde el punto de vista samsárico, mundano, corriente, lo que queremos decir con esto es que finalmente lo tenemos todo controlado, que finalmente sentimos que somos buenas personas, que tenemos buenas cualidades, somos pacíficos, que no nos salimos fuera de control cuando las flechas caen sobre nosotros que  somos la persona que sabe cómo convertir una flecha en una flor. 

Nos sentimos tan bien respecto a nosotros mismos. Finalmente hemos atado todos los cabos, somos felices.  Nosotros pensamos que eso es vida, pensamos que si meditamos lo suficiente, o trotamos lo suficiente o comemos alimentos sanos, entonces todo estará perfecto. Pero desde el punto de vista de alguien que ha despertado, eso es muerte. Perseguir seguridad o perfección, regocijándonos en sentirnos confirmados y completos, cómodos y satisfechos, es cierto tipo de muerte,  no tiene nada de aire fresco,  no hay nada de espacio para que surja algo e interrumpa todo eso.

Estamos matando el momento al controlar la experiencia.  Hacer esto es prepararnos para el fracaso porque tarde o temprano vamos a tener una experiencia que no podemos controlar.  Se nos va a quemar la casa, o alguien que amamos se va a morir, o vamos a descubrir que sufrimos de una enfermedad, o un ladrillo nos va a caer en la cabeza, o alguien va a derramar jugo de tomate sobre nuestro vestido blanco.

La esencia de la vida es retadora.  Algunas veces es dulce y algunas veces amarga. Algunas veces nuestro cuerpo se tensa y algunas veces se relaja o se abre. Algunas veces tenemos dolor de cabeza y algunas veces nos sentimos 100% saludables. Desde una perspectiva despierta, tratar de atar todas las puntas sueltas y finalmente tenerlo todo supuestamente “bajo control” es muerte, porque tiene que ver con rechazar mucho de nuestra experiencia básica.  Hay algo de agresivo acerca de esa forma de abordar la vida tratando de aplanar y convertir todos los altibajos e imperfecciones en un paseo agradable y suavecito.

Estar plenamente vivo, ser totalmente humano y completamente despierto, es ser tirado continuamente fuera del nido. Vivir plenamente es estar siempre en tierra de nadie, experimentar cada momento como completamente fresco y nuevo.  Vivir es estar dispuesto a morir una y otra vez.  Desde el punto de vista despierto, eso es vida.

Muerte es querer aferrarse a lo que tenemos y que toda experiencia nos confirme y nos felicite y nos haga sentirnos totalmente en una sola pieza, así que cuando decimos que Yama Mara es miedo a la muerte, es de hecho miedo a la vida. Nosotros queremos ser perfectos, pero continuamos viendo nuestras imperfecciones  y allí no hay espacio para huir de eso, no hay salida, no hay ningún lugar donde escapar.  Sin embargo, es allí cuando esta espada se convierte en una flor si nosotros  nos mantenemos con lo que vemos, sentimos lo que sentimos y de allí en adelante, comenzamos a conectarnos con la sabiduría de nuestra propia mente.

Sin las hijas de Mara, ¿Hubiese podido despertar el Buda?  ¿Hubiese podido alcanzar la iluminación sin ellas?  ¿No fueron ellas sus mejores amigas al mostrarle quién era y qué era cierto? Todas las Maras señalan las formas para ser completamente despierto y vivo a través de dejar ser, de permitirnos a nosotros mismos morir momento a momento, a final de cada expiración.

Al despertar cada mañana, podemos vivir plenamente sin estar buscando placer y rechazando el dolor, sin reinventarnos a nosotros mismos cuando nos desbaratamos. Podemos permitirnos sentir nuestras emociones como calor o frío, vibrantes o suaves, en vez de utilizarlas para mantenernos ignorantes y torpes. 

Podemos renunciar a ser perfectos y experimentar cada momento en su totalidad.  Tratar de huir nunca es la respuesta a ser completamente un ser humano. Huir de la cercanía de nuestra experiencia es como preferir la muerte a la vida.  Viendo las flechas y las espadas y cómo reaccionamos a ellas, nosotros podemos siempre regresar a la sabiduría esencial de nuestra mente.

---------------------------