Pema Chödron
Traducción y edición: María Mercedes Márquez
Caracas, 2008
Generalmente hablando, nosotros vemos con desagrado cualquier forma de malas noticias, pero para practicantes o guerreros espirituales –gente que tiene cierta ansia de conocer lo que es cierto- los sentimientos como la decepción, la vergüenza, la irritación, el resentimiento, la ira, los celos y el miedo, en vez de ser malas noticias, pueden de hecho ser momentos de gran claridad que nos enseñan dónde es que nos hemos quedado atascados.
Ellos nos enseñan a reanimarnos y apoyarnos cuando sentimos que preferiríamos colapsar y simplemente alejarnos de todo el asunto. Ellos son como mensajeros que nos muestran con una claridad aterradora, exactamente dónde estamos atascados. Este preciso momento es el maestro perfecto y afortunadamente para todos, está con nosotros dondequiera que nos encontremos.
Esos eventos y personas en nuestras vidas que hacen estallar los asuntos que tenemos pendientes por resolver con nosotros mismos, pueden ser vistos como buenas noticias. Nosotros no tenemos que salir a buscar nada. No necesitamos crear situaciones en las que lleguemos a nuestro límite pues estas ocurren por sí solas con una regularidad de reloj.
Cada día se nos ofrecen muchas oportunidades para abrirnos o cerrarnos. La más preciada oportunidad se presenta cuando llegamos al lugar donde pensamos que no podemos lidiar con lo que sea que esté sucediendo, que es demasiado, que las cosas han ido demasiado lejos. Nos sentimos mal acerca de nosotros mismos y no hay forma en la que podamos manipular la situación para lograr salir de ella viéndonos muy bien.
No importa cuan duro tratemos, simplemente no funcionará. Básicamente, la vida acaba de clavarnos con sus uñas. Es como si usted acabase de mirarse en el espejo y lo que vio fue un monstruo. El espejo está allí, lo está reflejando a usted y lo que usted ve, luce horrible.
Usted trata de mover el espejo para poder verse un poquito mejor, pero no importa lo que usted haga, siempre se ve como un monstruo.
Eso es estar clavado con las uñas de la vida, es estar en el lugar donde no tiene otra opción que admitir lo que está sucediendo o tratar de alejarlo de usted. La mayoría de nosotros no toma estas situaciones como enseñanzas. Nosotros automáticamente las detestamos. Corremos como locos. Utilizamos todo tipo de formas para escapar.
Todas las adicciones surgen de este momento cuando nosotros nos enfrentamos a nuestro límite y simplemente no podemos soportarlo. Sentimos que tenemos que suavizarlo o taparlo con algo y nos volvemos adictos a lo que sea que parezca calmar el dolor. De hecho, el materialismo campante que vemos en el mundo surge a partir de este momento.
Existen innumerables formas que han sido concebidas para entretenernos y alejarnos del momento, para suavizar sus duros bordes, para adormecernos de modo que nosotros no tengamos que sentir todo el impacto del dolor que surge cuando no podemos manipular la situación como para poder salir de ella luciendo muy bien.
La meditación es una invitación a darnos cuenta de cuándo es que nosotros alcanzamos nuestro límite y no dejarnos atrapar por la esperanza o el temor. A través de la meditación, nosotros podemos ver con claridad lo que está sucediendo con nuestros pensamientos y emociones y también podemos dejarlos ser. Lo que es estimulante acerca de la meditación es que inclusive si nos cerramos, ya no podemos cerrarnos en la ignorancia.
Nosotros podemos ver con mucha claridad que nos estamos cerrando. Eso en sí mismo comienza a iluminar la oscuridad de la ignorancia. Podemos ver cómo corremos y nos escondemos y nos mantenemos ocupados para que nunca tengamos que dejar que nuestros corazones sean penetrados. También estamos en capacidad de ver cómo hubiéramos podido abrirnos y relajarnos.
Básicamente, la decepción, la incomodidad y todos estos lugares donde nosotros simplemente no podemos sentirnos bien, son cierto tipo de cesación, de muerte. Nosotros acabamos de perder nuestro terreno completamente, no podemos mantenerlo en una sola pieza y sentimos que estamos encima de las cosas. En lugar de darnos cuenta de que se requiere de la muerte para que pueda haber vida, nosotros simplemente luchamos contra el temor a la muerte. El alcanzar nuestro límite no es un cierto tipo de castigo. De hecho es un signo de salud que cuando nos encontremos en el lugar donde estamos a punto de morir, nos sintamos temerosos y temblorosos.
Otro signo de salud es que nosotros no nos desbaratemos por el miedo y la tembladera, sino que lo tomemos como un mensaje de que es hora de que dejemos de luchar y comencemos a ver de frente lo que nos está asustando tanto. Cosas como la decepción y la ansiedad son mensajeros diciéndonos que estamos a punto de adentrarnos en territorio desconocido.
Nuestro closet en nuestra propia habitación puede ser territorio desconocido para algunos de nosotros. Para otros, es salir al espacio extra-terrestre. Lo que evoca la esperanza y el temor en mí, es diferente de lo que lo hace en usted. Mi tía llega a su límite cuando yo muevo una lámpara en su salón. Mi amigo lo pierde completamente cada vez que tiene que mudarse a un nuevo apartamento. Mi vecino le tiene horror a las alturas. En verdad no importa qué es lo que causa que nosotros lleguemos a nuestro límite. El punto es que tarde o temprano nos sucede a todos.
La primera vez que me encontré con Trungpa Rimpoché fue en una clase de cuarto grado donde los niños le hacían muchas preguntas acerca de cómo creció en Tibet y cómo escapó de los chinos comunistas hacia la India. Un niño le preguntó si alguna vez sintió miedo y Rimpoché le contestó que su maestro lo había estimulado a visitar lugares que le asustaban como los cementerios tibetanos y experimentar aproximándose a cosas que no le gustaban.
Luego contó una historia acerca de un viaje que hizo con sus ayudantes personales a un monasterio que nunca había visto antes. A medida que se aproximaban a la entrada, vio un gran perro guardián con enormes dientes y ojos colorados de rabia. Estaba ladrando ferozmente y luchando por liberarse de la cadena que lo mantenía atado.
El perro parecía desesperado por atacarlos. A medida que Rimpoche se le acercaba, el podía ver su lengua azulada y la espuma saliendo de su boca. Ellos pasaron cerca del perro pero manteniendo –claro está- cierta distancia y finalmente pasaron el portón de entrada. Súbitamente la cadena se rompió y el perro corrió hacia ellos.
Los ayudantes gritaron y se helaron de terror. Rimpoché se dio vuelta, corrió de frente en dirección hacia el perro tan rápido como pudo y éste se sorprendió tanto, que metió su rabo entre las piernas y salió corriendo.
Nosotros podemos encontrar nuestra pelea con un Poodle o con un feroz perro guardián, pero la pregunta interesante es ¿y qué pasa después? El camino espiritual tiene que ver con ir más allá de la esperanza y el temor, tiene que ver con poner pié en territorio desconocido, tiene que ver con moverse continuamente hacia delante.
El aspecto más importante de estar en el camino espiritual puede ser quizás mantenerse en movimiento, fluir continuamente. Usualmente cuando nosotros alcanzamos nuestro límite nos sentimos exactamente igual que los asistentes de Rimpoche y nos helamos de terror. Nuestros cuerpos se congelan y nuestras mentes también. ¿Cómo trabajamos con nuestras mentes cuando enfrentamos a nuestro contrincante?
En lugar de alimentar o rechazar nuestra experiencia –sea la que sea- nosotros podemos en cierta forma permitir que la energía de la emoción, la cualidad de lo que estamos sintiendo, nos penetre hasta el corazón. Es más fácil decirlo que hacerlo por supuesto, pero es una forma muy noble de vivir. Es definitivamente el camino de la compasión, el camino de cultivar la valentía humana y la gentileza de corazón.
En las enseñanzas Budistas, nosotros escuchamos acerca de la ausencia de ego. Suena difícil de comprender. ¿De qué están hablando? Sin embargo, cuando las enseñanzas son acerca de la neurosis, nos sentimos como en casa. Eso es algo que nosotros realmente entendemos, pero ¿la ausencia de ego??? Cuando alcanzamos nuestro límite, si nosotros aspiramos conocer ese lugar completamente -lo que quiere decir ni alimentar ni rechazar- entonces una cierta dureza, una cierta tensión se disuelve en nosotros.
Nos suavizaremos gracias a la energía de lo que fuere que surgiere, la energía de la rabia, la energía de la decepción o la energía del miedo, pues cuando esa energía no es solidificada en una dirección u otra, esa misma energía nos penetra hasta el corazón y nos abre. ¡Este es el descubrimiento de la ausencia de ego! Todos nuestros esquemas habituales se desbaratan y encontramos una salida hacia la sanidad y la bondad incondicional de la humanidad en lugar de encontrar un obstáculo o un castigo.
El lugar más seguro y más nutritivo para comenzar a trabajar en esta forma es durante la meditación formal. Sobre el cojín, nosotros comenzamos a palpar el asunto de no entretenernos, es decir, ni alimentar ni rechazar, y lo que se siente al dejar que la energía simplemente esté allí.
Es por eso que es tan bueno meditar cada día y continuar haciéndonos amigos de nuestras esperanzas y temores una y otra vez. Esto siembra las semillas que nos permiten estar más despiertos en medio del caos cotidiano. Es un despertar gradual y es acumulativo, pero eso es de hecho lo que sucede. Nosotros no nos sentamos sobre el cojín para volvernos buenos meditadores, nos sentamos sobre el cojín para estar más alertas y atentos en nuestras vidas.
Lo primero que sucede en la meditación es que comenzamos a ver lo que está pasando. Aun cuando nosotros continuamos huyendo y seguimos entreteniéndonos, vemos claramente lo que estamos haciendo. Uno podría pensar que el hecho de verlo claramente lo haría desaparecer de inmediato, pero no es así.
De modo que, durante un tiempo bastante largo, nosotros simplemente vemos con claridad. En la medida en que estamos dispuestos a ver nuestra tendencia al entretenimiento o al rechazo con claridad, estos patrones comienzan a debilitarse. Sin embargo, debilitarse no es lo mismo que desaparecer. Más bien, surge una perspectiva más amplia, más generosa, más clara, más iluminada.
La forma en la que permanecemos entre el alimentar el entretenimiento y el rechazarlo o reprimirlo es dándonos cuenta y aceptando sea lo que fuere que surgiere, sin juicios, dejando que los pensamientos simplemente se disuelvan y después volviendo a la apertura del preciso momento.
Eso es de hecho lo que hacemos en la meditación. Surgen todos estos pensamientos, pero en lugar de tratar de acabar con ellos o de obsesionarnos con ellos, nos damos cuenta de su presencia y simplemente los dejamos ser. Después volvemos a estar simplemente aquí. Tal y como Sogyal Rimpoche lo dice: “simplemente traemos nuestra mente de vuelta a casa”.
Después de un tiempo, así es como nos relacionamos con la esperanza y el temor en nuestra vida diaria. De la nada, dejamos de luchar y nos relajamos. Dejamos de hablarnos tanto a nosotros mismos y volvemos a la frescura del momento presente. Esto es algo que evoluciona gradualmente, pacientemente, a través del tiempo.
¿Cuánto tiempo toma este proceso? Yo diría que toma el resto de nuestra vida. Básicamente nosotros estamos continuamente abriéndonos más y más, aprendiendo más, conectándonos más con las profundidades del sufrimiento y la sabiduría humanas, llegando a conocer ambos elementos a fondo y completamente, llegando a ser seres más amorosos, más compasivos y las enseñanzas continúan. Siempre hay algo más que aprender. No somos simples viejos que se han rendido y ya no son retados por nada más en la vida. En los momentos más sorprendentes, aún continuamos encontrándonos esos perros feroces.
Pudiésemos pensar que a medida que nos volvamos más abiertos, alcanzar nuestros límites va a requerir de catástrofes cada vez más grandes.
Lo interesante es que a medida que nos abrimos más y más, son las grandes cosas las que nos despiertan inmediatamente, es cierto, pero las pequeñas, son las que nos encuentran fuera de base todo el tiempo. Sin embargo, no importa el color ni el tamaño, ni la forma, el punto es aún, el de movernos hacia lo que nos resulta desagradable de la vida y verlo claramente en vez de protegernos a nosotros de ello.
Al practicar la meditación nosotros no estamos tratando de vivir de acuerdo a algún ideal, muy al contrario, nosotros simplemente estamos con nuestra experiencia sea la que fuere. Si nuestra experiencia es que algunas veces tenemos cierta clase de perspectiva y otras veces no tenemos ninguna, entonces esa es nuestra experiencia. Si algunas veces podemos abordar aquello que nos atemoriza y otras veces simplemente no podemos hacerlo, entonces, esa es nuestra experiencia.
“Este preciso momento es el maestro perfecto y está siempre con nosotros” es verdaderamente una instrucción muy profunda. Simplemente ver lo que está pasando, esa es la enseñanza, ahí mismo. Nosotros podemos estar con lo que está sucediendo y no disociarnos. El despertar se encuentra en nuestro placer y en nuestro dolor, en nuestra confusión y nuestra sabiduría, está disponible cada momento de nuestras corrientes, ordinarias, raras e incomprensibles vidas cotidianas.