LA SABIDURIA DE NO ESCAPAR

 

La sabiduría de no escapar 

Pema Chodron 

Traducción y edición: María Mercedes Márquez

Caracas, 2003

La meditación nos ayuda a recordar las cualidades que nosotros ya poseemos.  Algunas veces las enseñanzas hacen énfasis en la sabiduría, el brillo, o la sanidad que poseemos, y algunas veces hacen énfasis en los obstáculos, en cómo es que nos sentimos atascados en un pequeño y oscuro lugar.  De hecho, estos son dos lados de una misma moneda.  Cuando están juntos la inspiración (el bienestar) y el peso (el sufrimiento), ellos describen la condición humana.

Eso es lo que vemos cuando practicamos la meditación. Vemos cuan hermosas, estupendas y asombrosas son las cosas y vemos cuan atascados estamos.  No se trata de que una sea la parte buena y la otra la parte mala, sino que es todo un enredo de asuntos que son, podríamos decir, interesantes, olorosos, ricos y fértiles.  Cuando todo está junto es lo que somos nosotros:  seres humanos.  Eso es lo que venimos a ver por nosotros mismos.

Tanto el brillo como el sufrimiento están aquí todo el tiempo, ellos se interpenetran el uno al otro.  La energía básica que subyace bajo la neurosis y la energía de la sabiduría es la misma, la misma energía creativa, la fuerza vivificadora presente en toda existencia.  Esta puede ser experimentada como abierta, libre, llena de posibilidades, energizante, o puede ser experimentada como estrecha, mezquina, atracada, agotadora. Eso depende de la calidad de nuestra percepción.

Aun cuando hay muchas enseñanzas, tantas meditaciones, tantas instrucciones, el punto básico de todo ello es simplemente el de aprender a ser extremadamente honestos y poner todo el corazón al relacionarnos con lo que existe en nuestras mentes, con los pensamientos, la emociones, las sensaciones corporales, todo lo que se va sumando hasta llegar a lo que llamamos “yo”.

Nadie puede realmente resolver por usted qué aceptar (lo que abre su mundo) y qué rechazar (lo que parece mantenerlo a usted dando vueltas en un cierto tipo de miseria repetitiva).  Este tipo de meditación no tiene nada que ver con creer o no creer en dios, sino que significa más bien que nadie, excepto usted mismo, puede decirle a usted qué aceptar y qué rechazar.

La práctica de la meditación nos ayuda a conocer esta energía básica realmente bien, con enorme honestidad y corazón, y así comenzamos a darnos cuenta por nosotros mismos de lo que es veneno y lo que es medicina, y también, que ello significa algo diferente para cada uno de nosotros.  Por ejemplo, algunas personas pueden tomar mucho café y eso verdaderamente los entona y se sienten regios, otros, pueden tomar tan sólo un poquito y ya se sienten con los nervios alterados. 

Todo lo que comemos nos afecta a cada uno de nosotros en una forma diferente, de modo que tiene que ver con la forma en que nosotros nos relacionamos con nuestras propias energías.

Sólo nosotros sabemos qué es lo que nos despierta y qué nos pone a dormir. Decidimos sentarnos sobre los cojines en este salón.  Minuto tras minuto nos sentamos aquí y simplemente regresamos al momento presente tanto como podemos. Nos damos cuenta de lo que está sucediendo en nuestras mentes, regresamos al momento presente, nos damos cuenta de lo que está pasando en nuestras mentes. Respiramos normalmente, relajados, tranquilos, pero acompañamos la respiración de la actitud de darnos cuenta de lo que está sucediendo y así, nuestra atención vigilante sale con el aire por la nariz y entra con el aire por la nariz, cabalgamos el aire por así decirlo.

En otros momentos nos damos cuenta de que nos hemos distraído y volvemos una vez más al momento presente aquí y ahora en la respiración.

El mensaje es que cada uno de nosotros tiene todo lo que necesita para volverse totalmente iluminado. Tenemos esta energía básica en nosotros.  Algunas veces se manifiesta como brillo y sabiduría y otras veces como confusión. Debido a que somos básicamente personas buenas y decentes, podemos saber qué aceptar y qué rechazar.  Podemos discernir qué es lo que nos hará seres completos, sanos y maduros, y qué, si es que estamos involucrados en ello, nos hará permanecer como niños para siempre. Este es el proceso de hacernos amigos de nosotros mismos y del mundo.  Involucra no sólo las partes que nos gustan sino la totalidad de la imagen porque todo tiene mucho que enseñarnos. Sólo tenemos que sentarnos y practicar meditación.