PERFIL DE LA CULTURA TIBETANA

Algunas notas sobre un perfil de la cultura tibetana

Robert Thurman 

Traducción y edición: María Mercedes Márquez

Cualquiera que esté familiarizado con la lengua tibetana y tenga experiencia directa del pueblo tibetano, sabe del alto carácter distintivo de la cultura tibetana. Sin embargo, para demostrar este hecho es conveniente pensar de vuelta en los principios básicos.  ¿Qué es una “cultura nacional”?

Una nación es más que un estado, lo que es más que una tribu, más que un clan, más que una familia.  La única unidad política común más grande que una nación solía ser llamada  un “imperio”, aún cuando ahora existen entidades llamadas “Estados Unidos” y “Unión de Repúblicas”. 

Los descendientes ingleses de los Anglos y los Sajones, los Celtas y los Normandos, por nombrar algunas tribus, ellos mismos una amalgama de clanes, suelen pensar acerca de sí mismos como miembros de una sola nación.  

Algunas veces los escoceses tienen dificultad para considerarse como parte de la nación inglesa, y los irlandeses no pueden hacerlo, aún cuando durante siglos ambos grupos formaron parte de Gran Bretaña.  

Los pueblos parecen pensar acerca de sí mismos como una sola nación cuando (1) a través de la historia, han llegado a juntarse en un territorio común, (2) comparten una lengua establecida en un sistema escrito, (3) viven bajo un sistema común de leyes, (4) están inmersos en un sentido común de la historia, (5) toleran un entendido rango de creencias religiosas y (6) comparten intuitivamente un sentido de común identidad a través de cualquiera de estos rasgos comunes, frecuentemente respaldados por un sentido de igualdad racial.

Los tibetanos reclaman que el Tíbet es una nación independiente con una distintiva cultura, sin embargo, los chinos reclaman que es un miembro minoritario de la nación china (algunas veces llamada inexplicablemente “familia de naciones”), con una variación local de la cultura común.  Tomando los seis puntos antes mencionados como definición viable del término cultura, podemos examinar los hechos históricos punto por punto.

Territorio común

Ninguna población china de gran tamaño se ha establecido en el área étnica tibetana en el gran triángulo que va de Kumbum hacia Chamdo y Ladakh en ningún momento de la historia registrada de ambas naciones. Una frontera fue establecida entre los imperios guerreros Tang –chino- y Yarlung –tibetano- al este de Chamdo y Derge subiendo hacia Lanchou. 

De  la  China ocasionalmente llegaron  armadas  invasoras  de  señores  guerreros -tropas mongoles y manchú en los siglos XIII y XVIII respectivamente- esporádicas misiones diplomáticas, unos cuantos mercaderes y monjes visitantes, pero no existían “Chinatowns” en ninguna ciudad tibetana y tampoco poblaciones chinas aparentemente establecidas.  Por supuesto, esto ha cambiado desde 1959, ahora existen 7.5 millones de chinos establecidos en Tíbet, sin contar las guarniciones armadas.  En términos históricos, tienen que ser considerados como colonizadores recientes que no están en posición de establecer una cultura común.  

Lengua común

El tibetano es bastante diferente del chino.  Solía pertenecer a la familia “tibetana-birmana” aun cuando recientemente algunos linguistas utilicen la etiqueta “sino-tibetano” –para incluir sinic (chino), daic, bodic (tibetano) y burmic (birmano), con los dos primeros y los dos últimos formando distintivas sub-familias.  

Estos juegos terminológicos no alteran la diferencia fundamental en los lenguajes.  El chino es escrito en ideogramas y es monosilábico, sin inflexión y tonal.  El tibetano es escrito en un alfabeto y es polisilábico, es inflexionado con caso, declinación y estructuras de género adaptadas del sánscrito, y no es semánticamente tonal. El tibetano toma algunas palabras del chino, también de la lengua india, del nepalés y mongolesas. Luego de 30 años de ocupación, tan sólo unos cuantos de los colonizadores chinos hablan tibetano a pesar de que una joven generación de tibetanos ha sido forzada a aprender chino coloquial.