El cultivo de la atención conciente

El cultivo de la atención consciente

Sakyong Mipham Rimpoché  

Traducción y edición: María Mercedes Márquez  

Febrero, 2008

La práctica de la atención consciente, shámata en sánscrito y shiné en tibetano  es una meditación común a todas las tradiciones budistas. Es esencial para la práctica espiritual, pues sin importar cuál tradición espiritual sigamos, si queremos profundizar en nuestra comprensión y experiencia, debemos tener una mente que pueda permanecer en el momento presente, una mente estable y tranquila. Lo que comenzamos a descubrir es que esta calma o armonía, es un aspecto natural de la mente.

Más allá de eso, también es común, es inherente, a todos los seres humanos. Al estar en meditación vamos descubriendo constantemente quién y qué somos.  Eso pudiese ser bastante atemorizante o muy aburrido para algunos, pero después de un tiempo todo eso se esfuma, y, al introducirnos en una cierta clase de ritmo natural, comenzamos a descubrir nuestra mente básica o fundamental y también nuestro corazón.

Con frecuencia pensamos acerca de meditación como cierto tipo de actividad inusual, sagrada o espiritual, pero a medida que practicamos, esa es una de las creencias básicas que tratamos de superar.  El punto es que meditación es algo completamente natural: hace referencia a la atención conciente, cualidad esta que subyace, es decir, que está presente en todo lo que hacemos. A través de la práctica estamos simplemente desarrollándola y fortaleciéndola, y eventualmente podremos permanecer tranquilamente en nuestra mente sin luchar. Nuestra mente se sentirá naturalmente contenta.

Lo más importante que el Buda descubrió fue que podía ser el mismo cien por ciento, completamente. El no inventó la meditación, no había nada en particular que inventar.  El Buda, “El Despierto”, despertó y se dio cuenta de que no tenía que tratar de ser algo diferente de lo que era. 

De modo que toda la enseñanza del budismo consiste en cómo redescubrir quiénes somos. Este es un principio muy directo, pero continuamente somos distraídos de la posibilidad de volver a nuestro estado natural, a ser como somos naturalmente.  A lo largo del día, todo nos aleja de la atención conciente natural en nosotros, todo nos aleja de estar en el momento.  Estamos, o muy asustados, o muy avergonzados, o muy orgullosos, o simplemente muy desequilibrados  de ser quienes somos.

Lo que llamamos el viaje o el camino, consiste en tratar continuamente de reconocer que podemos de hecho relajarnos y ser quienes somos, de modo que practicar meditación comienza por simplificar toda nuestra situación. 

La práctica de la atención consciente, llamada también meditación sentada o meditación de la tranquilidad es la base de este camino en particular. A menos que podamos lidiar con nuestra mente y nuestro cuerpo de manera muy sencilla, es imposible pensar acerca de involucrarse en prácticas más avanzadas.

¿Cómo fue que Sidharta Gautama, habiendo realizado toda clase de prácticas llegó a ser el Buda?  Simplemente sentándose.  Luego de una práctica constante durante años, se sentó bajo un árbol y no se movió.  El practicó exactamente de la misma manera en que nosotros estamos practicando. Lo que estamos haciendo es domar nuestra mente. 

Estamos tratando de trascender toda clase de ansiedades y agitación, todo tipo de patrones habituales de pensamiento, de modo que podamos sentarnos con nosotros mismos. La vida es difícil y pudiésemos tener tremendas responsabilidades, pero lo extraño, la interesante lógica es que la forma en la que podemos relacionamos con el básico fluir de nuestra vida es sentándonos completamente quietos. Pudiese parecer más lógico acelerarnos, pero aquí estamos reduciéndolo todo a un nivel muy elemental.

Domamos la mente utilizando la técnica de la atención conciente. Muy simple: atención conciente es completa atención al detalle, completamente absortos en la fábrica de la vida, la fábrica del momento.  Nos damos cuenta de que nuestra vida está hecha de estos momentos y que no podemos lidiar con más de un momento a la vez.  Aún cuando tengamos recuerdos del pasado e ideas acerca del futuro, es la presente situación la que estamos experimentando. 

Siendo así, podemos experimentar totalmente nuestra vida.  Pudiésemos sentir que pensar acerca del pasado o el futuro enriquece nuestra vida, pero al no prestar atención a las situaciones inmediatas, estamos de hecho perdiéndonos nuestra propia vida.  No hay nada que podamos hacer acerca del pasado, solamente podemos repasarlo una y otra vez, y en cuanto al futuro, es completamente desconocido. De modo que la práctica de la atención conciente es la práctica de estar vivos.

Es importante tener claro que cuando hablamos acerca de las técnicas de meditación, estamos hablando de técnicas de vida. No estamos hablando acerca de algo que está separado de nosotros. Hablamos acerca de estar concientemente atentos y vivir de esa manera, estamos hablando acerca de la práctica de la espontaneidad. 

Es importante entender que no se trata de incursionar en alguna clase de alto nivel mental. Tampoco estamos diciendo que nuestra situación inmediata no tenga valor. Lo que queremos enfatizar es que la presente situación está completamente disponible e imparcial y que podemos verla de esa manera a través de la práctica de la atención conciente.

Ahora podemos abordar la práctica en sí. Primero, es importante ver la manera en la que nos relacionamos con el espacio y el cojín donde vamos a realizar la práctica.  Estará bien si el lugar donde usted medita -incluso si se trata sólo de un pequeño espacio en su apartamento- proporciona una sensación de estímulo y respeto, de que se trata de algo sagrado.

Uno debe relacionarse con estos, como si se estuviese sentando en el centro del mundo, el centro del universo. Es aquí donde estamos proclamando nuestra sanidad mental, y cuando nos sentamos, el cojín debe ser como un trono.  Cada vez que nos sentamos, lo hacemos con cierta clase de orgullo y dignidad.  Nuestras piernas están cruzadas, los hombros relajados.  Al estirarnos tenemos una sensación de lo que hay arriba, una sensación de que algo nos está halando hacia arriba, así como también tenemos una sensación del suelo donde estamos sentados. 

Las manos deben reposar cómodamente sobre las rodillas, o, si lo prefiere, cerrando los puños, estos se pueden colocar hacia abajo sobre las rodillas, habiendo antes colocado la punta de los pulgares sobre la primera coyuntura de los anulares.  Los que no puedan sentarse sobre el cojín, pueden hacerlo sentándose derechos sobre una silla con los pies sobre el piso.  Lo más importante es sentirse bastante cómodo y tener una sensación de estabilidad y fortaleza.

El enfoque budista es que la mente y el cuerpo están conectados.  La energía fluye mejor cuando el cuerpo está derecho. Cuando está doblado, el flujo es alterado y eso afecta directamente los procesos de pensamiento, de modo que aquí hay un yoga de cómo trabajar con esto. No nos estamos sentando derechos porque estamos tratando de ser buenos colegiales, nuestra postura afecta la mente.  

Cuando nos sentamos, lo primero que realmente necesitamos hacer es habitar nuestro cuerpo, tener una verdadera sensación de nuestro cuerpo. Usted puede visualizar que coloca sus huesos en el orden correcto y permite que su carne cuelgue de la estructura. Utilizamos esta postura a fin de permanecer relajados y despiertos.

La práctica que estamos haciendo es muy precisa: usted debe estar muy despierto aún cuando esté muy calmado. Si se encuentra embobado o quedándose dormido, revise su postura. La mirada debe estar hacia abajo, enfocando el espacio frente a usted. Los ojos están abiertos, pero no están fijos en nada en particular. La mirada es suave, estamos tratando de minimizar las impresiones sensoriales tanto como podamos. Estamos tratando de trabajar con la mente y mientras más elevemos la mirada, más distraídos vamos a estar.

Con frecuencia, simplemente nos sentamos y pretendemos que estamos practicando, pero ni siquiera podemos sentir nuestro cuerpo, ni siquiera podemos sentir dónde está, pero necesitamos que esté aquí.  De modo que cuando comience una sesión de meditación, puede disponer de unos minutos al inicio para acomodar su postura.  La barbilla está levemente retraída. La boca debe estar levemente abierta. La sensación básica es la de comodidad, dignidad y confianza. Si usted siente que debe moverse, hágalo, simplemente cambie un poco su postura.  De modo que así es como nos relacionamos con el cuerpo y luego, la siguiente fase, de hecho, la más fácil, es relacionarse con la mente.

Con frecuencia nos sentamos a meditar y simplemente dejamos que la mente nos lleve donde sea, pero debemos más bien crear una sensación personal de disciplina. Cuando nos sentamos, podemos recordarnos: “Yo estoy aquí para trabajar con mi mente. Estoy aquí para entrenar mi mente”. Está bien si usted literalmente se lo dice a sí mismo cuando se sienta. 

Necesitamos esa clase de inspiración cuando comenzamos a practicar. La técnica básica consiste en que comenzamos a darnos cuenta de nuestra respiración, sentimos nuestra respiración.  La respiración es lo que utilizamos como base de nuestra técnica de atención conciente, esta nos trae de vuelta al momento presente, de vuelta a la situación actual.  La respiración es algo que es constante.

Algunas personas piensan que una persona que está en meditación profunda no tiene idea de lo que está sucediendo, que está como dormida. Pero no es así. Aquí tratamos de desarrollar la habilidad de centrarnos en la respiración para mantenernos en el momento presente. Para dentro y para fuera.  No acentuamos ni alteramos la respiración para nada, simplemente nos damos cuenta de ella. 

De modo que nos damos cuenta del aire que está saliendo y entrando. También pudiésemos centrarnos solamente en la expiración. Esta es otra técnica. Estamos aprendiendo a enfocarnos en nuestra respiración. Luego nos damos cuenta de que, aun cuando lo que estamos haciendo es bastante simple, tenemos una grandísima cantidad de ideas, pensamientos y conceptos acerca de la vida y acerca de la misma práctica.

La forma de trabajar con todos estos pensamientos es simplemente dándonos cuenta de su presencia. Simplemente nos damos cuenta de que estamos pensando y regresamos a la respiración.  De modo que si nos preguntamos qué vamos a hacer el resto de nuestras vidas, simplemente nos damos cuenta de que estamos pensando y regresamos a la respiración. Si nos preguntamos qué tendremos para el almuerzo, simplemente nos damos cuenta de que estamos pensando y regresamos a la respiración.

Nos damos cuenta de cualquier cosa que surja, y gentilmente dejamos, que, así como ha surgido se disuelva y regresamos a la respiración. Para esta técnica no hay excepciones.  No hay nada como buenos pensamientos y malos pensamientos. Si usted está pensando acerca de lo buena que es la meditación, eso también es pensar. Si piensa ¡Que grande fue el Buda!, eso también es pensar.  Si usted siente como si quisiera deshacerse de la persona que se encuentra a su lado, usted simplemente está pensando. No importa a qué extremo llegue, simplemente se da cuenta de que está pensando y vuelve a la respiración.

En presencia de todos estos pensamientos es difícil estar en el momento sin dispersarse.  Nuestra vida ha creado una gran cantidad de tormentas, elementos y emociones que están tratando constantemente de desestabilizarnos.  Surgen toda clase de cosas, pero nos damos cuenta de que son sólo pensamientos y no nos dejamos llevar por ellos. 

Esto se conoce como “aferrarnos a nuestro asiento”, simplemente lidiar con nosotros mismos. La idea de mantener nuestro asiento continúa cuando abandonamos el salón de meditación y regresamos a nuestras vidas.  Mantenemos nuestra dignidad, sentido de humor y la misma ligereza de toque que tenemos cuando lidiamos con nuestros pensamientos.  Mantener nuestro asiento no significa que seamos rígidos tratando de volvernos como rocas; la idea en general es aprender cómo ser más flexibles.  Lidiamos con nosotros mismos y con nuestros pensamientos de la misma manera que lidiamos con el mundo.

Cuando comenzamos a meditar, lo primero que vemos es cuan salvajes son las cosas, cuan salvaje es nuestra mente, nuestra vida.  Pero una vez que comenzamos a domar nuestra mente, cuando podemos sentarnos con nosotros mismos, nos damos cuenta de que una enorme cantidad de  riqueza de posibilidades yace frente a nosotros.  

Meditación trata de mirar nuestro propio patio trasero, por decirlo de alguna manera; mirar lo que realmente tenemos y descubrir la riqueza que ya existe.  Descubrir esa riqueza es un proceso de momento a momento, y a medida que continuamos practicando, vamos agudizando cada vez más nuestra atención conciente.  De hecho, esta atención conciente engloba toda nuestra vida. Es la mejor manera de apreciar nuestro mundo, apreciar lo sagrado de todo.  Agregamos atención conciente y de repente toda la situación se aviva.  Esta práctica penetra todo lo que hacemos, nada queda fuera, la atención conciente también penetra el sonido y el espacio.  Es una experiencia completa.

Meditación también tiene que ver con disolver nuestra fijación con respecto a nosotros mismos, cualquier fijación sobre el proceso de meditación e igualmente, sobre cualquier resultado que pudiésemos obtener de él.  A través de la meditación comenzamos a palpar lo que es vivir sin una actitud de aferramiento. Cuando se sienten en meditación, ustedes pueden incorporar a su práctica la noción de “Los Tres Aspectos de la Pureza”: no incurrir en ideas acerca de ustedes mismos; no incurrir en ideas acerca de la práctica y no incurrir en ideas acerca del resultado. 

Algunas veces usted comienza su meditación con la sensación de “Me estoy sentando a practicar meditación”. Eso no es de mucha ayuda, no tiene que decirse nada, pero, por otro lado, con simplemente chasquear sus dedos, no puede hacer que desaparezca la sensación de su presencia ahí.  Sin embargo, antes de sentarse, usted puede reflexionar sobre el hecho de que no tiene por qué aferrarse a una sólida sensación de identidad, ya sea como una persona muy valiosa o una persona que no vale nada, como alguien que no puede estar en meditación, o alguien que sí puede hacerlo.  Usted puede practicar aligerarse de toda la “persona” que lleva a la meditación.

Por ejemplo, si usted es principiante, apenas comenzando, usted pudiese sentir cierto orgullo de ser un meditador. Usted regresa de un retiro y sus amigos le dicen ¿Dónde estuviste?  Y usted les contesta: “Oh, yo simplemente estuve meditando durante diez días en un monasterio; mantuvimos silencio la mayor parte del tiempo y meditamos durante muchas, muchas horas cada día”. Usted tiene esta sensación: “¡Wow, se van a impresionar!  Quizás en otras situaciones usted pudiese sentir más bien algo de vergüenza. Si sus padres le preguntan dónde estuvo, usted pudiese decirles: “Oh, yo simplemente hice un pequeño viaje”.

Para comenzar, abandone toda clase de ideas y expectativas respecto a usted. Esa es una sencilla y buena instrucción de meditación.  Libérese de cualquier clase de idea de cómo se supone que usted sea y sólo siéntese. Luego recuerde esta instrucción ocasionalmente durante el período de la práctica, porque va a incurrir en una gran cantidad de conversaciones con usted mismo acerca de cuan bien o cuan mal lo está haciendo.

Usted va a pasar gran cantidad de tiempo en el centro de escenario como la estrella de su propia película.  Puede que pase mucho tiempo planificando, preocupándose y tratando de hacerlo todo bien.

Pero en lugar de mantenerse aferrado a una limitada identidad de usted mismo, haga todo lo posible por observarse minuto a minuto.  Observe qué es lo que está pasando.  Usted va a continuar con la tendencia a aferrarse a la identidad porque tiene una idea acerca de quién es usted, todos tenemos una cierta idea acerca de quiénes somos, pero si sólo observa, en lugar de aferrarse a la fijación, la misma meditación va a comenzar a sacudir mucho esa identidad.  Usted va a comenzar a dudar acerca de ser sólo de una manera; usted verá que lo que usted es y cómo usted es, cambian todo el tiempo. 

Estuvo deprimido durante los primeros cinco minutos del período de meditación; suena la campana, y usted se siente feliz. Durante la meditación caminando usted se aburría; se sienta de nuevo sobre el cojín y ahora le duele la espalda.  Suena la campana y usted se da cuenta de que ha estado de compras imaginarias en algún centro comercial. 

Los cambios siguen y siguen.  Obsérvelos sin ninguna expectativa de cómo se supone que usted sea, ni de quién se supone que es.  Simplemente siéntese allí y vea lo que sucede.   Ese es el primer aspecto de la pureza.  Tradicionalmente es llamado “Sin uno mismo”.  A lo que apunta es a renunciar a las expectativas de ser de una determinada manera.  Meditación es el perfecto vehículo para ver como usted sigue cambiando, cambiando, cambiando y cambiando.  Los pensamientos siguen cambiando.  Las emociones siguen cambiando.  Se dice que los meditadores avanzados pueden ver incluso el movimiento de las moléculas. 

El segundo aspecto de la pureza es “Sin meditación”.  No haga de su meditación un proyecto o un evento especial; no incorpore a la meditación una actitud de gran seriedad y solemnidad.  Para que eso sea posible, no tenga ningún concepto respecto a su meditación para nada, ninguna religiosidad. No mantenga ninguna clase de nociones acerca de la misma, ni siquiera “Oh, se supone que la meditación sea completamente natural; uno sólo se sienta, relaja la mente y se mantiene sereno”.

Tenemos muchas ideas acerca de lo que es una buena meditación y lo que es una mala meditación.  La noción aquí consiste en que nos sentamos sin expectativas respecto a nosotros mismos y sin expectativas respecto a la práctica. Simplemente seguimos las instrucciones sin imaginarnos que la meditación está supuesta a ser de tal o cual manera. Constantemente podemos abandonar cualquier tipo de sólido punto de vista acerca del meditador o la meditación. 

En eso consiste todo el entrenamiento –abandonar y observar sin juzgar, sin predisposición, sin prejuicios.  Podemos simplemente abandonar esta tendencia y simplemente observar.

De modo que usted piensa: “Entonces eso es meditación.  Yo estoy supuesta a observar y abandonar. Pero no puedo observar ni abandonar y mi meditación es un desastre.  Por otra parte, sí logré observar un poquito y eso estuvo bien. Si tengo la oportunidad le diré esto a mi instructora de meditación, ella estará muy complacida”.  Tenemos una tendencia habitual a solidificar, a reducirlo todo a conceptos, a ideas, pero recuerden estas instrucciones: sin expectativas.  Es como es.  Usted no tiene que agregarle  nada.

El tercer aspecto de la pureza es: “Sin resultado”.  Abandone toda esperanza de resultado.  Practique sin esperanza de cualquier cosa más allá de ahora.  Eso es todo lo que hay.  No hay después.  Estar en el sitio constituye la única forma en que pueda ocurrir cualquier transformación en nosotros. Si usted practica con esperanza y temor, si lo hace a fin de volverse lo que usted cree que debe llegar a ser –incluso una persona más calmada, más amorosa y más compasiva-  usted simplemente está preparándose para la decepción.  Usted no puede llegar allí desde aquí.  Estar plenamente aquí para cada momento, ese es el punto, desde ahora hasta que muera.

Después de haber meditado, si nota algo que siente como resultado –por ejemplo, que su mente se siente descansada, o usted se siente completamente centrado, o siente mucha compasión o gentileza-  simplemente obsérvelo y abandónelo, no se aferre a eso. 

Trungpa Rimpoché utilizaba con frecuencia el término: “renuncie”. No es que haya algo malo con los resultados, pero cuando nos aferramos a ellos, estos dejan de ser de alguna utilidad. Uno de los textos de mahamudra dice: “Incluso las cualidades de claridad, de no permanencia y la misma bienaventuranza, son obstáculos si usted se aferra a ellos”.  

De modo que esos son los tres aspectos de la pureza.  Estos proveen buenas direcciones para practicar meditación y, de hecho, cualquier otra actividad.  No tenga expectativas respecto a quién es usted, el generoso o el mezquino o quien sea; no tenga expectativas acerca de su actividad o proceso, ni expectativas de resultado. Así es como pasamos de vivir a través de los conceptos, congelándonos a nosotros mismos en tiempo y espacio, a relajarnos en la siempre fluyente especialidad con la que nacemos.