Mirando a fondo
Sakyong Mipham Rimpoché
Traducción y edición: María Mercedes Márquez
Agosto, 2007
La meditación vipáshyana puede eventualmente mostrarnos la naturaleza de todo. Ella tiene el pode de cortar la raíz del samsara,
de liberarnos de la ignorancia.
Decimos que es un buen día cuando las cosas salen como a nosotros nos parece que deberían hacerlo. Nos sentimos exitosos cuando podemos hacer que el mundo haga lo que nosotros queremos. Sin embargo, en la práctica de meditación comenzamos a ver que vivir una vida exitosa o tener un buen día está más allá de este nivel convencional de expectativas. Practicar el dharma es un proceso que implica remover la alfombra bajo nuestros pies; este contrarresta nuestra tendencia a las expectativas.
Deshacer nuestras expectativas profundiza nuestra comprensión y crea flexibilidad en nuestra mente. Si la mente es flexible, el mundo es flexible. En lugar de estrellarnos cuando damos con la realidad, aterrizamos en un océano de agua fresca, en una nueva dimensión que refleja la vida de manera diferente. Esta dimensión la llamamos vipáshyana, una palabra sánscrita que significa “poder ver realmente.”
Siempre estamos tratando de ver con claridad porque lo que sucede en la vida tiene un efecto directo sobre nosotros. Nuestra usual motivación consiste en suprimir el sufrimiento y la incertidumbre que está presente en todo. La meditación vipáshyana nos enseña a hacer algo diferente. Trabajar con nuestra mente y llevarla a desarrollar su completo potencial es ver lo que está en la médula de nuestro ser. Ver la realidad con claridad es la mejor manera de superar el sufrimiento.
Ver con claridad es un proceso de abandono. Abandonar nuestros aferramientos, nuestras fijaciones. Desde temprana edad se nos enseña a pelear por todo, aferrarnos a todo. Pasamos toda nuestra vida creyendo que las apariencias son la realidad. La palabra tibetana “dxinpa”, algunas veces deletreada “shempa”, significa “aferrarse” “establecer una fijación”. Ya sea que estemos aferrados a un reino o a un bastón, al hacerlo estamos solidificando una apariencia.
La mayoría de nosotros se aferra a la apariencia de una identidad propia. Al momento de la muerte, esta forma de ver las cosas se torna dolorosa porque todo por lo que peleamos se esfuma.
El dharma nos dice que necesitamos ver más allá del alimento y de la riqueza y todas las demás cosas a las que nos aferramos en esta vida. Nos pregunta ¿Qué es algo que podemos obtener y que tener verdaderamente? ¿Por qué podríamos luchar en la vida que nos proporcione cualquier la mayor recompensa? ¿Qué nos puede proporcionar liberación? ¿De dónde proviene esa libertad? ¿Proviene acaso de un maestro o de otra situación externa?
El secreto es que esa libertad yace en nuestra propia consciencia. Toda nuestra actividad está basada sobre la inspiración y la motivación que es generada en nuestra mente. La mente, con su inherente compasión y sabiduría, es todo lo que tenemos en el momento de la muerte.
Con frecuencia, su verdadera naturaleza es obscurecida por emociones fuertes como la rabia y la pasión. Nosotros podemos incluso llegar a pensar que se siente bien tener emociones fuertes. Pero desde el punto de vista del budismo, estas experiencias nos conducen al autoengaño y la decepción, y el resultado de la decepción es sufrimiento.
En la meditación vipáshyana, tratamos de descubrir lo que ultimadamente vale la pena realmente ver y por lo tanto experimentar. Queremos ver lo que vio el Buda, la naturaleza iluminada en cada ser viviente. Esta forma superior de visión va más allá de los tres tiempos y las diez direcciones, más allá del nacimiento y la muerte. Esta nos conduce a la iluminación al permitir que aflore el buda en nosotros.
La base para la vipáshyana es tener la apropiada de motivación. La palabra tibetana es “kunlong”, “estar por encima”. Hemos visto cómo estamos viviendo nuestras vidas y queremos estar por encima de la forma común de ver las cosas. Esto exige coraje y determinación.
En el proceso de la meditación vipáshyana, examinamos quiénes somos –o no somos- y de lo que está hecho el mundo –o no lo está. La fruición -o el resultado de este tipo de meditación- es directamente experimentado por nosotros y el mundo. La única forma de poder hacer esto es abandonando, renunciando a nuestras fijaciones.
Meditación es el proceso de mantener la mente en un objeto durante suficiente tiempo como para penetrarlo. En shámata, la meditación de la tranquilidad, fortalecemos nuestra mente enfocándonos en la respiración. En vipáshyana, comenzamos por utilizar como objeto un pensamiento en particular: la impermanencia, el sufrimiento, el egoísmo. Podemos decir que cada uno de estos pensamientos refleja una faceta de la naturaleza de la realidad.
Para penetrar la naturaleza de la realidad, nuestra mente necesita estar lo suficientemente estable como para no enredarse en emociones tales como la rabia o los celos. Es por esto que primero calmamos, fortalecemos, y estabilizamos la mente a través de shámata.
De la misma manera en que podemos estabilizar nuestra mente a través de cortos períodos de Shámata, también podemos desarrollar interiorización contemplativa a través de cortos períodos de vipáshyana. Podemos mirar, examinar y desarrollar una pequeña certeza acerca de la naturaleza de la realidad.
Para hacer esto, tenemos que poder centrar nuestra mente; de modo que a través de shámata, al regresar a la respiración practicamos enfocar nuestra mente en un solo punto, y en vipáshyana, la utilizamos para penetrar la naturaleza de la realidad.
A medida que hacemos esto, pudiésemos notar que en general estamos convencidos de que las cosas son sólidas y reales. Vivimos nuestra vida tratando de forzar las apariencias para que sean reales, para hacer que existan. Una vez que tenemos esta fijación, ¿Qué sucede? Samsara y sufrimiento.
No se trata de tratar de que desaparezca el sufrimiento, sino de ver claramente la manera en la que es creado el sufrimiento. A través de la clara visión entendemos profundamente el sufrimiento, de manera que ya deja de ser un enemigo. Darnos cuenta de la raíz del sufrimiento nos permite desarrolla sabiduría. Después podemos decir: “Oh sí. La noción de sufrimiento es real.” Arribamos al punto donde nos preguntamos ¿Qué otra cosa dice el Buda?
El Buda dice que tener una clara vision con respecto a cómo funcionan las cosas conduce a la certeza en cuanto a la naturaleza de la realidad.
La práctica de la meditación vipáshyana puede eventualmente mostrarnos la naturaleza básica de todo, la cual consiste en una espaciosa luminosidad. Algunas veces la gente me dice: “La vacuidad es demasiado para mi capacidad de comprensión.” Bien, ese es el punto de la vacuidad. Nosotros no estamos supuestos a entenderla. Esta trasciende los cuatro puntos extremos de la existencia, la no-existencia, ambos y ninguno.
Esta vacuidad es inseparable de la sabiduría inherente en nuestra propia mente. Esta tiene brillo, el cual es la compasión. De la misma manera, el sol brilla de manera inseparable del espacio vacío que ocupa. Esta talidad, la naturaleza de todo, esta bondad fundamental, es simplemente lo que es.
Viendo claramente la naturaleza de todo tiene el pode de cortar el samsara de raíz, lo que significa que somos liberados de la ignorancia. Al trascender la ignorancia, estamos despertando nuestra sabiduría o yeshe, como decimos en tibetano. Liberación de la ignorancia es iluminación. Ya no estamos encadenados. Experimentamos el mundo como compasión y vacuidad inseparables. Así es como es, lo veamos claro o no y verlo directamente hace que surja gran alegría.
Como Tilopa, uno de los maestros en la tradición kagyu dijo a su discípulo Naropa: “Hijo, el fundamento del samsara no son las apariencias sino la fijación en ellas.” En la meditación practicamos enfocar nuestra mente y utilizarla para ver cómo funciona la realidad. Nuestras expectativas se disipan gradualmente. Estamos hablando acerca de aprender a vivir sin fijaciones, acerca de tener una genuina experiencia de la verdad, y la verdad es que cosas no son tan sólidas como parecen.
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