EL VERDADERO ENEMIGO

El verdadero enemigo

Thich Nhat Hanh 

Traducción, edición y Comentario: María Mercedes Márquez

“Pude ver que el verdadero enemigo del hombre no es el hombre.

El verdadero enemigo es nuestra ignorancia, la discriminación, el miedo,

la codicia y la violencia”.

C. Esto aparece destacado en un artículo titulado “Abrazando la rabia”, que recoge fragmentos de una charla impartida por Thich Nhat Hanh en la ciudad de Nueva York, el 25 de septiembre de 2001. Thich Nhat Hanh, maestro budista, poeta y activista por los derechos humanos nacido en Vietnam, ha dedicado su vida al trabajo de la transformación interior para el beneficio de los individuos y la sociedad. 

Exiliado de Vietnam desde 1966, viajó a Norteamérica donde planteó el caso de la paz al Pentágono y a los oficiales federales. Persuadió a Martín Luther King, Jr. de oponerse a la publicidad sobre la guerra de Vietnam, y así ayudó a consolidar un movimiento por la paz.  El año siguiente, fue nominado por King para el Premio Nobel de la Paz.  En 1982 fundó una comunidad meditativa en Francia, donde continúa su trabajo. Enseña, conduce retiros por todo el mundo sobre “El arte de vivir concientemente”, escribe –ha publicado más de 40 títulos en inglés, siendo el último: “La Rabia.  Sabiduría para enfriar las llamas”.

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Queridos amigos.

Quisiera comunicarles qué es lo que yo pongo en práctica cuando me pongo bravo.  Durante la guerra en Vietnam, hubo mucha injusticia y muchos miles, incluyendo amigos y discípulos míos, fueron asesinados.  Sentí mucha rabia.  Me enteré de que la ciudad de Ben Tre, una ciudad de trescientas mil personas había sido bombardeada por la aviación norteamericana simplemente porque algunos grupos guerrilleros trataron de derribar sus aviones.  Las guerrillas no tuvieron éxito y la ciudad fue destruida. 

El militar responsable de ese hecho declaró más tarde que tenía que destruir Ben Tre para salvarla. Yo estaba verdaderamente indignado. Pero sucede que ya para esa época, yo era un practicante. 

No dije nada ni hice nada porque sabía que al decir o hacer cosas estando bravo, el ser humano crea gran cantidad de destrucción.  Regresé a mí mismo, reconociendo mi rabia, abrazándola y miré profundamente dentro de la naturaleza de mi sufrimiento.

En la tradición budista, tenemos la práctica de respirar y andar concientemente para generar la energía de estar concientemente centrados. Con esa energía nosotros podemos reconocer, abrazar y transformar nuestra rabia. Estar concientemente centrados nos proporciona el tipo de energía que nos ayuda a darnos cuenta de lo que está pasando dentro y alrededor de nosotros. 

Cualquier persona puede estar conscientemente centrada. Cuando usted respira hacia dentro, sabe que está inspirando y centra su atención en el aire que está entrando, eso es estar centrado conscientemente en la respiración.  La práctica básica de los centros zen es la práctica de generar la posibilidad de estar concientemente centrados cada momento de nuestra vida diaria. 

Cuando usted está bravo, usted se da cuenta de que está bravo y debido a que ya tiene la energía de la conciencia creada por la práctica, usted puede reconocer, abrazar, ver profundamente y también entender la naturaleza de su sufrimiento. Yo pude entender la naturaleza del sufrimiento en Vietnam.  Pude ver que no sólo los vietnamitas sufrían.

Los norteamericanos también sufrían durante la guerra. El joven norteamericano que fue enviado a Vietnam para matar y ser matado atravesó mucho sufrimiento y el sufrimiento aún continúa hoy día.  La familia, la nación también sufren.  Pude ver que la causa de nuestro sufrimiento en Vietnam no eran los soldados norteamericanos.  Es un cierto tipo de política que no es sabia.  Es un malentendido.  El miedo es lo que yace en la base de esa política.

En Vietnam, muchos se han inmolado a fin de hacer un llamado al cese de la destrucción. Ellos no deseaban infligir dolor a otras personas, más bien deseaban asumir el dolor en sí mismos con el fin de que el mensaje llegara donde tenía que llegar, pero el sonido de los aviones y bombas era demasiado alto, así que personalmente decidí ir a Norteamérica y hacer un llamado por el cese de la violencia.  Eso fue en 1966.

Debido a eso ya no pude regresar a casa y vivo en exilio desde entonces. Pude ver que el verdadero enemigo del hombre no es el hombre. 

El verdadero enemigo es nuestra ignorancia, la discriminación, el miedo, la codicia y la violencia.  Yo no sentí odio por los norteamericanos, por la nación norteamericana. El odio y la rabia no estaban en mi corazón. Fue por eso que pude ser escuchado por muchos jóvenes en mi país cuando los llamaba a asumir el camino de la reconciliación.  

Vine a Norteamérica con la finalidad de rogar ver el asunto con más profundidad de modo que el gobierno pudiese revisar ese tipo de política.  Me entrevisté con el Secretario de Defensa Robert MacNamara y le dije la verdad acerca del sufrimiento.  Le estuve muy agradecido por la forma en la que me escuchó. Tres meses más tarde, se intensificó la guerra y escuché que renunció a su cargo.

En el budismo, también hablamos acerca de la práctica de escuchar profundamente, de escuchar compasivamente, un método maravilloso a través del cual podemos restablecer la comunicación –la comunicación entre parejas, entre padre e hijo, entre madre e hija, la comunicación entre las naciones para entender el sufrimiento de los otros.

Siempre recomiendo a las parejas que, cuando se encuentren bravos unos con otros, regresen a su respiración; a caminar concientemente centrados en que están caminando; que deben abrazar su rabia y mirar profundamente la naturaleza de su rabia. Puede que logren transformar esa rabia en tan sólo quince minutos o unas pocas horas. 

Si no pueden hacerlo, entonces tendrán que decirle a la otra persona que están sufriendo, que están muy bravos, y que desean que lo sepa.  Tratarán de decirlo calmadamente. Por lo regular se le recomienda a la gente no mantener su rabia por más de veinticuatro horas sin comunicárselo a la otra persona. “Querida estoy sufriendo y quiero que lo sepas.  No sé por qué me has hecho tal cosa.  No sé por qué me has dicho tal cosa”.  Eso es lo primero que deben decirle a la otra persona y si no están calmados lo suficientemente como para decirlo, entonces pueden escribirlo.

La rabia, el aferramiento egoísta y el auto engaño son nudos que nos atan y limitan nuestra libertad. Para mí, ser feliz es igual a sufrir menos. Si no somos capaces de transformar el dolor interior, la felicidad será imposible.  Mucha gente busca felicidad fuera de sí mismos, pero la verdadera felicidad debe venir de nuestro interior. 

Nos dicen que la felicidad viene de tener mucho dinero, mucho poder y una alta posición en la sociedad, pero si usted observa cuidadosamente, verá que muchos ricos y famosos no son felices. Incluso, muchos de ellos cometen suicidio.

El Buda y los monjes y monjas de su tiempo no poseían nada excepto sus tres ropajes y una escudilla, pero eran muy felices porque tenían algo extremadamente precioso: libertad.  Según las enseñanzas del Buda, la condición más básica o fundamental para la felicidad es la libertad.  Aquí no estamos hablando de libertad política sino de libertad de las formaciones mentales de la rabia, la desesperación, los celos y el auto engaño. Estas formaciones mentales son descritas por el Buda como venenos.  Mientras estén presentes en nuestro corazón, no será posible la felicidad.

A fin de poder liberarnos de la rabia tenemos que practicar, ya sea que seamos cristianos, musulmanes, budistas, hinduistas o judíos.  No podemos pedirle al Buda, ni a Jesús, ni a Dios, ni a Mahoma que saque por nosotros la rabia de nuestro corazón. Hay instrucciones muy concretas sobre cómo transformar las ansias, la rabia y la confusión que se encuentra en nuestro interior.  Si seguimos estas instrucciones y aprendemos a cuidar de nuestro sufrimiento, podemos ayudar a otros a hacer lo mismo.

En nuestra conciencia existen bloqueos de dolor, de rabia y frustración llamados formaciones internas.  También son llamados nudos o fijaciones porque nos atan y obstruyen nuestra libertad.  Cuando alguien nos insulta o nos hace algo hiriente, en nuestra conciencia se crea una formación interna.  Si usted ignora cómo deshacer el nudo interior y transformarlo, este permanecerá allí durante largo tiempo y la próxima vez que alguien le diga algo o le haga algo de la misma naturaleza, esa formación interior se volverá aún más fuerte. 

Como nudos o bloqueos de dolor en nosotros, nuestras formaciones interiores tienen el poder de empujarnos, de comandar nuestro comportamiento.  Después de poco tiempo, se vuelve muy difícil transformarlos, deshacer esos nudos y no podemos suavizar la opresión de esta formación cristalizada.  Cada uno de nosotros tiene formaciones internas que necesitan atención.  Con la práctica de la meditación podemos deshacer esos nudos y experimentar transformación y sanación. No todas las formaciones internas son desagradables. También hay formaciones internas agradables, pero aún estas pueden hacernos sufrir.

Cuando escuchamos, vemos o probamos algo que nos resulta agradable, ese placer se convierte en un nudo o una fijación interior. Cuando el objeto del placer ya no está presente, lo echamos de menos y comenzamos a buscarlo. Invertimos mucho tiempo y energía tratando de experimentarlo nuevamente.  Si usted fuma marihuana o toma alcohol y comienza a gustarle, entonces eso se convierte en un nudo interior en su cuerpo y en su mente.  Usted no puede sacarlo de su mente.  Siempre está buscando más. 

La fuerza del nudo interior está presionándolo y controlándolo, así vemos claramente que las formaciones interiores nos privan de nuestra libertad.  Enamorarse es una formación interior muy grande.  Una vez que esta enamorado usted sólo piensa en la otra persona.  Ya no es libre. 

Usted no puede hacer nada, no puede estudiar, no puede trabajar, no puede disfrutar de los rayos del sol o de la belleza de la naturaleza a su alrededor.  Usted sólo puede pensar en el objeto de su amor.  Es por eso, que hablamos acerca de enamorarse como de cierta clase de accidente.  Decimos “estar enamorados”. 

Usted ha quedado atrapado.  Ha caído.  Su situación ya no es estable porque le ha ocurrido un accidente, así que el amor tal y como se conoce ordinariamente también puede ser un nudo interior.  Así vemos que agradables o desagradables, ambos tipos de nudos nos privan de nuestra libertad. 

Es por esto, que debemos atender nuestra mente y nuestro cuerpo con sumo cuidado para evitar que estos nudos echen raíces en nosotros.  Las drogas, el alcohol y el cigarrillo pueden crear formaciones interiores en nuestro cuerpo, y la ira, el deseo, los celos y la desesperación pueden crear formaciones interiores en nuestra mente.

La rabia es una formación interior y siendo que nos hace sufrir, tratamos lo mejor que podemos de librarnos de ella. A los psicólogos les gusta la expresión “sacarla del sistema” y así hablan acerca de “ventilar la rabia” como quien ventila una habitación llena de humo.