Orígenes del concepto de karma
Traleg Kyabgon Rimpoché
Traducción, edición y Comentario: María Mercedes Márquez
Agosto 2011
C. Si no todos, al menos la gran mayoría de ustedes ha escuchado hablar sobre el karma. Existen muchas versiones y diversas interpretaciones de este término que nos llegó de oriente con las enseñanzas esotéricas y espirituales.
Sin embargo, es poco lo que sabemos acerca de dónde se originó; quiénes fueron los primeros en utilizarlo; de qué manera lo concebían, etc. Hoy día, gracias a una exhaustiva investigación que llevó a cabo Traleg Rimpoché comenzaremos este nuevo ciclo de enseñanzas estudiando los orígenes del concepto de karma, que, además de ser muy interesante y fundamental como información, nos ayuda a ubicarnos con algo más de claridad en la época y la mentalidad que imperaba en la India cuando nació el Buda; cómo pensaba la gente; qué patrones estaban ahí enraizados en las mentalidades de esos seres; qué era importante para ellos; en qué forma sus ideas o creencias perfilaban su comportamiento, sus vidas.
Lo que a continuación nos comunica Traleg Rimpoché sucedió hace mucho, mucho tiempo. Navegando a través de diferentes eras, nos relata la trayectoria del pensamiento humano en busca de sentido, de conocimiento y sabiduría.
El significado literal de “KARMA” es acción, simplemente eso, acción, pero seguirle el rastro a los orígenes del concepto no es trabajo fácil, comienza diciendo Rimpoché. Una escuela de pensamiento sugiere que la noción de karma llegó con el arribo de la raza aria a la India, quienes establecieron la lengua sánscrita y la llamada civilización del valle del Indus (del rio Indus).
Otros responden afirmando que la idea es anterior a los arios, y se remonta a los grupos tribales de la India, a las sociedades tribales pre-védicas. A pesar de las dificultades, una considerable cantidad de erudición apunta a que el concepto fue concebido por los pueblos hindúes que ya vivían en la India, como opuesto a que fue algo que les llegó de afuera.
Parece ser que las enseñanzas de los vedas no fueron responsables de incentivar a los nativos a pensar acerca del karma, sino que, más bien, éstos ya tenían la idea básica y subsecuentemente fue incorporada a los Vedas.
Naturalmente, la idea se desarrolló aún más con los mismos vedas; sin embargo, inicialmente no había una estricta asociación entre acción kármica y reencarnación, por ejemplo, pero la idea gradualmente evolucionó a medida que karma asumió una dimensión moral. En esta fase temprana, karma hacía referencia a un orden fijo universal, similar a la idea occidental de la ley natural, y contenía ideas de sanción divina. Desviarse de esa estructura era considerada algo serio y duramente castigado. Esta forma de comprenderlo continúa estando vigente aun hoy día.
También, las ideas iniciales sobre el karma apuntaban hacia el temor humano del caos, la clase de caos que deviene del desorden, de la permisividad y la confusión, calamidades y miserias de toda clase.
Debemos tener en cuenta que el ser humano, viéndose a sí mismo como parte de la naturaleza y parte del mundo creativo, busca la idea de un mundo ordenado por una gran mente, la mente de un creador, como por ejemplo en la idea de Dios, quien, lejos de tener una mente caótica y desorganizada, este creador tiene una mente muy ordenada y por ende también la creación o el mundo manifiesto.
Aquí no estamos discutiendo las creencias hindúes, sino al período anterior a la consolidación del hinduismo, budismo y jainismo tal y como se las conoce hoy día. En las tradiciones no-budistas de esta era, la teoría kármica y la noción de un dios creador son casi sinónimas. En este período temprano del bhahmanismo, el significado de “karma” (es decir, acción) era bastante literal, refiriéndose a la ejecución de sacrificios por los sacerdotes védicos, donde los caballos eran sus animales sacrificados. Cantaban mantras y encantamientos durante el rito, presumiblemente para suplicar algo benigno y disipar el mal.
Al inicio de la tradición brahmánica de la India, llevar a cabo karma era una forma de poner de nuevo las cosas en orden. De esta manera la armonía era restablecida de modo que allí, como podemos ver, no había una real connotación o dimensión moral involucrada.
Sin embargo, gradualmente, la gente comenzó a pensar de una manera más ética acerca de las cosas y a distinguir entre buen karma y mal karma y “karma” perdió su neutralidad como palabra. Karma evolucionaría en un complejo concepto implicado con las dimensiones morales de la propia vida del ser y el bien de la sociedad.
Una palabra que simplemente había significado “acción”, se estableció en las nociones de buen karma, mal karma, neutral karma, etc., y continuó desarrollándose a lo largo de estos planteamientos.
Aun así, en esta etapa, a pesar de su continua evolución, la teoría kármica era todavía poco sofisticada y bastante diferente de la actual perspectiva budista. La transferencia de karma, por ejemplo, era concebida de manera muy directa y de hecho bastante materialista en vez de espiritual, se aplicaba a casos que tenían que ver con una vida larga, riquezas, etc.
El karma podía ser concebido no como las acciones del individuo, como sucede generalmente en el budismo, sino en relación con la familia; con el esposo, la esposa, los hijos y padres, e incluso con los parientes ya fallecidos. Si el hijo lleva a cabo sus obligaciones, entonces caerán bendiciones sobre el padre, la madre, la familia y los ancestros, pero si no, si se comporta de manera inapropiada, entonces todo se derrumbará en cierto punto para todos sus parientes.
En esta comprensión, un individuo puede crear karma que libera el karma de otros individuos para bien o para mal. Esto se halla directamente relacionado con sus concepciones materialistas, las cuales conducen a enfatizar asuntos como la pureza y la falta de ella, contaminación y polución. En esta concepción del karma, el efecto de la acción obviamente tiene importantes consecuencias para el agente que las lleva a cabo, pero lo que resulta ajeno es la relativa importancia sobre los efectos secundarios en otros, los cuales son extraordinariamente fuertes, hasta el punto de que las acciones del propio individuo pueden muy bien no contar pues son susceptibles a ser anuladas.
A medida que la teoría kármica se desarrollaba, una teoría sobre renacimiento comenzó a emerger y a volverse más importante en el pensamiento hindú. Esto parece bastante lógico a medida que la gente trataba de explicarse las cosas a través de un paradigma kármico. ¿Por qué, algunos nacen en medio de una familia acomodada y otros en medio de la pobreza? ¿Por qué algunos son atractivos, incluso como bebés y otros no tanto?
Así que una vez que queda establecida la idea kármica de la maduración del resultado de nuestras acciones, la tendencia fue la de extender este principio de responsabilidad a vidas anteriores. Es muy probable que la gran mayoría de las personas considerase de alguna manera la posibilidad de vida después de la muerte. Sin embargo, la idea de renacer una y otra vez no estaba establecida.
Dos formas de inmortalidad fueron eventualmente planteadas: una inmortalidad física y una espiritual. La inmortalidad física es obtenida a través de nuestra progenie, nuestros hijos. La inmortalidad espiritual es alcanzada puramente a través de tener esa naturaleza dentro de uno mismo, a través de tener alma. Uno podría reencarnar muchas veces, pero el alma no cambia. Siempre permanece igual.
Haciendo un paréntesis, hay una analogía en el Bhagavad Gita, el texto hindú más famoso, en el que se describe al cuerpo como siendo la ropa que uno viste, o es disfraz que uno lleva encima. Nosotros, en esencia, permanecemos iguales, el mismo actor en el teatro del samsara, pero cambiamos de trajes. Es sólo la forma la que cambia, pero la sustancia, es decir, en este caso el alma, no lo hace.
Continuando a partir de los Vedas, abordaremos dos de las grandes épicas de la India antigua, el Mahabharata y el Ramayana. Una vez más debemos recordar que ninguna teoría del karma y renacimiento existían en la India en esta época, sino más bien había diferentes tendencias. Tomó mucho tiempo para que la idea del karma adquiriera una connotación moral, e incluso más tiempo para que fuese conectada con la noción de renacimiento y sobrevivencia más allá de la muerte física y las descripciones de la existencia prenatal y postnatal.
Aun así, el Mahabharata definitivamente ofrece una explicación más clara de karma y renacimiento que lo que estaba disponible previamente. Tiene fuertes conexiones con la historias de la más amplia cosmología de la creación hindú.
En esencia estas mitologías plantean que al mismo comienzo de la creación, no había caos, sino energía, un remolino de energía, viva y vibrante, y de esa energía surge el hombre primigenio. Esta energía vital o esencia de vida podemos llamarla el principio que anima a los seres vivientes.
Todo continúa a lo largo de este principio de creación, y cuando subsecuentemente los seres humanos se involucran en actos de creación, el proceso generativo ocurre más o menos similar, dándose una clara transmisión de energía. La influencia de esta idea se extiende mucho más allá del Mahabarata puede encontrarse, por ejemplo, en los anales hindúes tradicionales de cómo ocurre la concepción.
En cuanto a la muerte, brevemente, el Ramayana plantea que nuestra energía de viento se perturba como por ejemplo cuando la persona comienza a pensar “me voy a morir”, se perturban las energía de viento, no se alimenta apropiadamente o de manera regular, y debido a eso se vuelve más y más débil, aumenta la ansiedad y la muerte se hace inminente.
Ahora llegamos a los Dharmashastras, tenidos como textos importantes de la tradición bramánica, donde el karma es discutido en relación con una voluminosa serie de instrucciones sobre cómo vivir y comportarse de acuerdo con su casta, su “lugar” en la vida.
En el Manusmrti, “manu” quiere decir “acción… que surge a partir de la mente, de la palabra y del cuerpo”. En cuanto al tipo de acción mental que va a causar que surja karma, nombra: “Desear la propiedad de otros, pensar acerca de lo que es indeseable y adherirse a doctrinas falsas. Después hay una lista de cuatro tipos de acciones verbales que causan karma y finalmente, tres de acciones corporales. Manu es muy gráfico en cuanto a las consecuencias de tales acciones en términos de renacimiento y consecuencias kármicas.
Los Dharmashastras plantean que los seres vivientes son gobernados por tres principios o gunas: el bien, la pasión y la oscuridad. Se le concedía gran importancia a la vida espiritual igual que en el Mahabharata donde se plantea que si hemos sido bendecidos y llevamos adelante una vida afortunada pero fallamos en hacer sacrificios y no nos involucramos en actividades dhármicas, las cosas irán bien en esta vida pero mal en la próxima y que si somos ascetas en esta vida, lidiando con dificultades y privaciones, seremos recompensados en la próxima vida.
El budismo, por contraste enfatiza fuertemente el hecho de que llevamos un karma mixto y que nosotros procesamos e incrementamos nuestro karma gradualmente.
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