Mente en calma

Mente en calma

Traleg Rimpoché 

Traducción y edición: María Mercedes Márquez

 

 

Meditación shámata

Todo lo que pueda insistirse resulta insuficiente para dejar claro que, en el budismo, el método de la tranquilidad para calmar la mente es tan sólo una práctica preliminar de meditación; sin embargo, es tan importante como lo confirma el considerable volumen de literatura sobre meditación budista, donde se afirma que, de hecho, es la base o el fundamento para la práctica de la interiorización o visión profunda, proporcionando la estabilidad mental requerida para permitir la consciencia que surge particularmente en la meditación vipáshyana, conocida como  meditación de la interiorización.

El significado de la atención consciente y del ahora

El principal soporte de la meditación de la tranquilidad es la práctica de la atención consciente; la habilidad de estar en el momento presente a través de no permitir que la mente se distraiga.  Sin embargo, estar en el presente no debe ser entendido como un estado de ser “disociado y suspendido en el ahora”. 

Este simplemente se refiere a un estado de ser atento y consciente o estar presente sin distraerse con los pensamientos.  La atención consciente puede ser definida como estar plena y totalmente consciente del momento presente al no involucrarse en asuntos del pasado ni anticipar posibilidades en el futuro.

La atención consciente es practicada al recordarnos permanecer con el objeto de la meditación, como, por ejemplo, la respiración. Si nuestra atención  titubea frente a nuestra distracción, o cede ante el surgimiento de la emoción, nosotros simplemente necesitamos recordarnos regresar al objeto de la meditación.

Cuando la gente pregunta qué es atención consciente, la respuesta popular es: “atención consciente significa estar en el presente.”  Pero ¿cómo se logra eso?  Un aspecto fundamental de la atención consciente es el recordar, es decir, utilizar la memoria como ayuda para incrementar la atención.  Puede sorprendernos que lo opuesto a la atención consciente sea el olvido. 

Debido a nuestros bien enraizados hábitos mentales no estamos psicológicamente equipados para estar concientemente atentos en el presente sin la ayuda de la memoria, por lo tanto, la distracción puede ser relacionada con el olvido y la atención consciente con el recordar. Ser olvidadizos nos lleva a ser distraídos, y la distracción nos conduce a la pérdida de atención y consciencia.

Con frecuencia, este punto es omitido por los maestros budistas modernos. Si dentro de este contexto valoramos el recordarnos, podremos apreciar mejor cómo practicar la atención consciente manteniendo ausente al olvido.   

¿Qué es este estado de “ahora”? 

Todos nuestros pensamientos y emociones se basan en pasadas impresiones y nuestras emociones actuales y estados mentales están inevitablemente coloreados por ellos.  Si nos volvemos más observadores y conscientes de nuestros estados mentales, nos daremos cuenta de que la mayoría de ellos son acerca del pasado o el futuro. 

Sin embargo, esto no debe ser considerado como un problema.  Cuando nos volvemos conscientes de ciertos pensamientos, de ciertos estados emocionales y sentimentales -los cuales pueden ser acerca del pasado o del futuro- estos pensamientos en sí mismos no constituyen una pérdida de consciencia. 

Estar en ese presente estado mental, incluso si se trata de un estado de remembranza, es estar en el ahora ya que sólo podemos pensar o reaccionar al pasado o el futuro ahora mismo en este preciso momento. Cuando la literatura budista menciona “sin permanecer en el pasado ni anticipar el futuro”, está diciendo que no debemos perder consciencia del hecho de que estos pensamientos acerca del pasado y el futuro simplemente están surgiendo en nuestra mente ahora mismo. 

Si perdemos consciencia de este proceso, nos rendiremos ante nuestros indómitos pensamientos y emociones y nos enredaremos en su dinamismo.  Cuando nos dejamos llevar por nuestros pensamientos de esta manera, la consciencia está completamente ausente. 

Si el estar en el ahora no se entiende de esta manera sino más bien se le tiene como cierta clase de presencia mental no conceptual, es probable que debido a la frustración el practicante acabe eventualmente abandonando de un todo, la meditación.  

Cuando nos acostumbremos un poco más a la práctica de meditación, nos volveremos naturalmente más conscientes de nuestros estados mentales cognitivos y afectivos y veremos que casi todos ellos tienen que ver con el pasado o el futuro.  Al suscribirnos a una interpretación del ahora que excluye pensamientos acerca del pasado o el futuro, esto puede solamente frustrar nuestro éxito en la práctica de la atención consciente. 

Incluso meditadores experimentados encuentran imposible excluir tales pensamientos.  Acerca de este predicamento, Gampopa, el maestro Kagyu de meditación dijo: “Cuando un meditador está aprendiendo a estabilizar la mente, el estado de equilibrio no debe ser visto como algo bueno y la falta de habilidad para experimentar estabilidad meditativa no debe ser vista como cierta clase de fracaso.”

¿Cómo podemos afirmar que estamos en meditación shámata? La meditación de la tranquilidad no es nada místico o esotérico.  De hecho, es muy mundano y ordinario en cierta forma, porque se trata simplemente de la habilidad de estar atentos y conscientes o ser conscientemente auto-reflexivos con respecto a ciertos estados mentales que estamos experimentando. 

La atención consciente es un aspecto de la vida diaria, pero por supuesto, nuestro nivel de atención consciente puede variar de día a día y de persona a persona como lo describe la siguiente historia. Un gran bebedor se encontró con un amigo en un bar. El amigo se dio cuenta de que el hombre tenía quemaduras rojas en ambas orejas y le preguntó qué las había causado.  El borracho le respondió: “Mi esposa dejó prendida la plancha y cuando sonó el teléfono levanté la plancha por error.”

Su amigo pensó acerca de esto y luego le preguntó qué le había pasado a su otra oreja. “¡Ah! El muy tonto volvió a llamar de nuevo.” Le contestó el borracho.

Los pensamientos discursivos

En las enseñanzas budistas, la tendencia a permanecer en el pasado, anticipar el futuro y discriminar entre las clases de pensamientos y emociones que experimentamos, es conocido colectivamente como pensamientos discursivos. A un nivel fundamental, los pensamientos discursivos se basan en una fijación sobre conceptos binarios, es decir: las cosas existen, las cosas no existen, los pensamientos existen y no existen, las cosas ni existen ni no existen. 

Conceptos binarios como estos se basan en que se asume que las cosas tienen una existencia independiente y permanente.  Nosotros aplicamos esto a los conceptos morales, metafísicos y espirituales. Esta tendencia, que en el budismo es aceptada como innata, es muy virulenta, y muy fuerte, cuando se trata de vernos a nosotros mismos y a otros como separados. 

Tendemos a pensar acerca de sujeto y objeto como entidades que existen independientemente. También asumimos que nuestra mente y cuerpo existen independientemente el uno del otro.  Los conceptos espirituales tales como samsara y nirvana también son polarizados, como también lo son los juicios morales acerca de las buenas y malas acciones.

Los pensamientos discursivos nos impiden darnos cuenta de la verdadera naturaleza de las cosas por la simple razón de que en realidad todo está relacionado con todo.  Todo surge dependiendo de otra cosa. Alguna causa o condición permite que una cosa llegue a ser, mantiene su existencia durante cierto tiempo, y luego eventualmente subyace en su disolución. 

Por ejemplo, un árbol puede llegar a ser en dependencia con una semilla ubicada en un entorno que conduce a su crecimiento.  Crecerá en dependencia con el nutritivo suelo, el sol y la lluvia, y luego se marchita y muere durante una inundación, por ejemplo.  Las calamidades naturales como estas surgen a su vez por el conjunto de desatinos de más causas  y condiciones.  En este sentido, no puede decirse que algo desde su propio lado solamente tenga una existencia independiente.

Nuestra noción profundamente enraizada de que las cosas sí tienen una existencia propia independiente, y autosuficiente, es simplemente una atribución mental fundamentada en la ignorancia. A medida que nos volvemos conscientes de los pensamientos discursivos a través de la práctica de la atención consciente les damos menos y menos valor al no interpretarlos como buenos o malos.

En lugar de tratar de crear, debemos simplemente tratar de introducirnos en un estado de equilibrio mental. Nuestra agitación mental nunca cesará mientras continuemos colocando a los pensamientos en categorías de buenos y malos. No importa qué clase de pensamientos discursivos se presenten en nuestra mente, simplemente los notamos y los dejamos ser.  Usted no debe incentivar ni entretenerse con ellos ni tratar de deshacerse de estos pensamientos, sino “verlos como simples pensamientos”.

Este es un método muy importante para calmar la mente. 

Si usted realmente investiga este enfoque a la meditación, se dará cuenta de que juzgar los pensamientos discursivos como buenos o malos es meramente involucrarse en aún más pensamientos discursivos.

Esta pequeña historia captura bastante bien la esencia de lo que es una noción equivocada. Un mono y una hiena se encontraban caminando juntos a través del bosque cuando la hiena le confesó nerviosamente a su amigo que cada vez que pasaba cerca de cierto matorral, saltaba un león y trataba de devorarlo.  El mono le respondió: “No te preocupes, yo te acompañaré y si el león se encuentra allí esta vez, yo te ayudaré a defenderte.” 

De modo que caminaron juntos cerca del matorral y en efecto, un feroz león saltó sobre la hiena y casi lo vuelve trizas. Una vez que la hiena hubo escapado y el león desaparecido, el mono bajó del árbol donde se había guarecido y se dirigió hacia su amigo. “¿Por qué no hiciste nada por ayudarme?, le preguntó la hiena, y el mono le respondió “Tu estabas riendo tanto que pensé que estabas ganando.”

El enfoque mahamudra de los pensamientos discursivos

Muchos sistemas de meditación ven a los pensamientos discursivos como enemigos de la práctica de meditación, pero en cuanto al enfoque Mahamudra, esto no es cierto.  En esta tradición, nosotros simplemente observamos cómo surgen los pensamientos, cómo persisten y cómo se disipan.  

No tratamos de erradicar los pensamientos negativos ni de cultivar los positivos.  Esta es llamada “la práctica de la no aceptación y no rechazo” y constituye una técnica muy especial del sistema mahamudra porque ve a la meditación de la tranquilidad como una vía de “conciliación” de los pensamientos discursivos en vez de eliminarlos de un todo. 

La técnica mahamudra está pre-eminentemente interesada en permitir que la mente repose naturalmente; no hay ningún intento por remover a la fuerza los pensamientos discursivos ni las experiencias de las emociones negativas.  Incluso dentro del contexto budista, este es un enfoque bastante radical considerando el principio central del karma, el cual postula la operatividad de un nexo causal en los funcionamientos de la mente.

Para revisar brevemente la discusión sobre la causa kármica y el efecto, los pensamientos y emociones negativas hacen surgir las acciones negativas, las cuales dar lugar a efectos y consecuencias kármicamente negativos.

Esto a su vez conduce a experiencias dolorosas, tanto para el actor y para el recipiente de esas acciones.  Estos efectos negativos comienzan a afectar nuestra mente y dejan huellas kármicas negativas en nuestro continuo mental. Así, todo el vicioso proceso es repetido una y otra vez en un aparentemente ciclo infinito atando a los seres humanos y a otras criaturas vivientes a la condición samsárica.

La generalidad, de las enseñanzas budistas esotéricas dicen, que, para liberarnos a nosotros mismos de esta esclavitud, tenemos que fomentar una visión positiva cultivando una benevolencia amorosa, otras actitudes positivas y pensamientos virtuosos. 

Esto causará karma beneficioso, el cual hará que surjan efectos igualmente beneficiosos y dejará huellas kármicas beneficiosas en nuestro continuo mental, revirtiendo así nuestra  samsárica prisión. Los métodos de meditación empleados reflejan esta filosofía y persiguen igualmente purificar activamente el continuo mental hacia el objetivo de lo beneficioso.  Este enfoque es visto sin duda alguna, como la búsqueda espiritual más loable en la mayoría de los contextos budistas.

En las enseñanzas mahamudra, también tenemos que contemplar el proceso kármico exactamente de esta misma manera durante nuestras actividades diarias. Es imperativo que aumentemos todo lo positivo y reduzcamos todo lo negativo, destructivo y debilitante en nuestras vidas.

Sin embargo, dentro del contexto mismo de la práctica mahamudra, el asunto es planteado de manera diferente porque aquí estamos interesados solamente en la contemplación, no la acción. En la meditación, nos resistimos al imperativo de privilegiar a los pensamientos y las acciones beneficiosas.  Aprendemos a suspender los juicios acerca de nuestros pensamientos discursivos y estados cognitivos y emocionales en general. 

A fin de reducir la proliferación de nuestras actividades mentales y alcanzar tranquilidad, no vemos a algunos pensamientos como buenos y en necesidad de ser cultivados, ni a otros como malos, en necesidad de ser eliminados.

Claro que existen muchas prácticas contemporáneas diseñadas específicamente para ayudarnos a generar pensamientos y estados mentales positivos, tales como Los Cuatro Preliminares y Los Cuatro Inconmensurables. 

Aquí, de nuevo, es esencial que entendamos el contexto dentro del cual estamos meditando; sobre qué estamos meditando, y para qué estamos meditando. En la práctica de la meditación de la tranquilidad del Mahamudra, no nos preocupamos por pensamientos gentiles y amorosos o deseos de aliviar el sufrimiento de otros. Tratamos a todos los pensamientos como iguales a fin de ganar suficiente distancia y desapego de nuestro estado mental actual, lo que nos va a permitir incurrir naturalmente en el estado de tranquilidad sin un plan previo y sin esfuerzo. 

Conciencia plena de los estados mentales

Habiéndonos acostumbrado a utilizar la respiración como ayuda para establecer la conciencia plena, podemos dar un paso adelante y dirigir nuestra atención hacia nuestros estados mentales interiores como objetivo de la meditación; seguir adelante con la respiración como nuestro foco, y luego aplicar atención consciente a los mismos estados mentales cognitivos y afectivos que se fijan en el pasado y el futuro.

Lo primero que tenemos que entender en relación con esta práctica de la conciencia plena de los estados mentales es que los seres humanos somos criaturas pensantes.  No sólo pensamos, sino que le atribuimos valores a las cosas sobre las que pensamos y a los mismos pensamientos. Hablamos acerca de tener buenos y malos pensamientos, pensamientos virtuosos y malignos; iluminadores y perturbadores; creíbles e increíbles; fantasías; interiorizaciones, etc. etc.  

A fin de que la mente pueda estabilizarse, necesitamos suspender los juicios de valores que imponemos sobre nuestras actividades mentales. Para mantener un estado de equilibrio debemos dejar de desear que surjan estados mentales positivos y de resistirnos ante los estados mentales dañinos. 

Básicamente, esto involucra no dejarnos envolver por las dobles aflicciones de la esperanza y el temor.  Estos dos siempre andan juntos.  Normalmente nuestras mentes son gobernadas por la esperanza y el temor y esto nos roba la oportunidad de apreciar completamente la verdadera textura y el sabor de nuestro estado mental actual.  

Es esencial que no tratemos de crear un estado de tranquilidad; debemos más bien dejar que la mente entre en la tranquilidad de manera natural.  Esta es una noción importante en la meditación mahamudra, la de no-hacer.  Nosotros no hacemos meditación de la tranquilidad; nosotros permitimos que la tranquilidad surja a su propio ritmo.

Esto será posible sólo si dejamos de pensar acerca del estado meditativo como una cosa que debemos hacer activamente. 

Según el budismo, virtualmente todas nuestras experiencias de dolor, angustia, sufrimiento y tormento tienen su origen en las tendencias duales de la mente humana identificadas como querer tener lo que uno desea y rechazar aquello que uno no desea. 

Debido a esto, nos balanceamos hacia delante y hacia atrás entre la esperanza y el temor.  En esos momentos cuando nos sentimos optimistas, deseamos que todo salga bien y que cualquier cosa que hagamos nos reporte frutos. Podemos -igualmente rápido- balancearnos hacia el otro extremo, temiendo que no vayamos a obtener lo que deseamos y que las cosas salgan mal, permitiéndonos a nosotros mismos agobiarnos por una profunda sensación de miedo y terror.  

Incluso cuando estamos llevando a cabo nuestras prácticas espirituales, esa misma tendencia dualista infiltra nuestras acciones y perjudica nuestras prácticas.  Es por esto, que, en las enseñanzas mahamudra, hay un constante énfasis en evitar la presencia de la esperanza y el temor en el contexto de nuestros esfuerzos meditativos.

A fin de poder evitar, quedar enredados en la anterior tendencia dual, debemos aplicarnos a estar por encima de la esperanza y el temor.  Usualmente, o tenemos la esperanza de que todo va bien y de que sólo cosas buenas nos sucederán -debido por ejemplo al progreso espiritual que vamos haciendo-, o nos permitimos a nosotros mismos llenarnos de dudas, temiendo que nada saldrá bien. 

Ahora bien, ciertos estados mentales pueden provocar reacciones llenas de temor, debido a que nos resultan poco familiares. De hecho, podemos sentirnos como si hubiésemos penetrado territorios prohibidos. Esto no debe sorprendernos, porque después de todo, la práctica de meditación es un viaje de exploración, y no saber exactamente que lo que está delante forma parte de lo mismo.  

La práctica consiste en regresar constantemente al objeto de la meditación cada vez que ocurran las distracciones. Simplemente regrese al presente estado mental donde no hay esperanza ni temor de estar deseando que surjan ciertas experiencias meditativas y temiendo la aparición de otras. Si surge la esperanza o el temor, no vea eso como un obstáculo o una falla.

Simplemente, manténgase atento de ello sin pensar que es algo bueno o malo.

Por decirlo de alguna manera, el atraparse a usted mismo en un acto de distracción es la verdadera prueba de la meditación de la tranquilidad, porque lo que cuenta no es la habilidad para prevenir que surjan pensamientos o emociones, sino la habilidad para atraparnos a nosotros mismos en un determinado estado mental o emocional. Esta es la verdadera esencia de la meditación de la tranquilidad. 

Como dijo Gotsangpa: “Cuando un pensamiento perturbador surja en la mente, simplemente enfóquela en ese pensamiento y repose en ese estado en vez de reaccionar en su contra.  Entonces el pensamiento se liberará en su propio momento.”

Los obstáculos a la meditación y sus antídotos

El estilo mahamudra de meditación no nos incentiva hacia los diferentes niveles de concentración meditativa descritos tradicionalmente en los manuales exotéricos de meditación. Esta literatura sobre la meditación frecuentemente enumera nueve niveles de concentración meditativa y cuatro niveles de absorción meditativa. 

En el enfoque mahamudra, no hay indicadores reales de progreso en el camino espiritual y no debemos estar demasiado preocupados por ellos. Una vez más, vale la pena notar que la meditación de la tranquilidad no es exclusiva del budismo y que los niveles de concentración asociados con ella también son altamente valorados en ciertas tradiciones hinduistas.

Sin embargo, el único propósito de la meditación de la tranquilidad en el budismo es el de crear una condición mental favorable para la práctica de la meditación de la interiorización. Las absorciones meditativas de la meditación de la tranquilidad no conducen al estado mental iluminado.  Es sólo la meditación de la interiorización la que nos permite trascender nuestros confusos estados mentales y alcanzar la conciencia de la sabiduría.

Según las enseñanzas mahayana, los niveles de absorción meditativa que son convencionalmente promovidos pueden ser un verdadero obstáculo para nuestra práctica porque ellos pueden conducir a disminuir la atención consciente.  Por esta razón, el valor de la absorción meditativa es minimizado porque se considera imperativo que nosotros elevemos nuestra consciencia sensorial en vez de disminuirla, si es que vamos a practicar la meditación de la interiorización de manera efectiva. En la literatura tradicional sobre la meditación, nosotros progresamos a través de diferentes etapas de estabilización meditativa, detectando ciertos obstáculos a nuestra concentración y aplicándoles antídotos específicos.

Las instrucciones de Shantideva en el capítulo sobre la meditación en su comentario El Bodhicharyavatara, nos proporcionan una típica presentación de cómo domar la mente, donde el meditador es comparado con un elefante salvaje y la atención y la consciencia son comparados con los implementos utilizados por el mahout para domar al elefante.  El elefante salvaje en este caso hace referencia a la mente que se abandona a la erupción de las emociones. El madyamakardaya  por ejemplo, contiene el siguiente verso sobre este tema:

A medida que el elefante de la mente vaga

Debe ser sometido por la cuerda de la atención consciente

Atado al poste de una imagen mental

Y domado con el bastón de la conciencia plena.

En el contexto mahamudra todos estos obstáculos pueden ser englobados dentro de dos categorías principales: la agitación mental y la pereza o somnolencia. Estos son los únicos obstáculos por los que necesitamos preocuparnos.  Los dos antídotos que utilizamos para contrarrestarlos son la atención consciente y la conciencia plena.

La utilización de la atención y la consciencia incrementan nuestra habilidad para detectar nuestros cambiantes estados mentales y en el método Mahamudra, constituyen las únicas herramientas que necesitamos dominar.  Inicialmente, con frecuencia la agitación mental parece ser el mayor obstáculo para la estabilidad mental. 

De hecho, son la somnolencia y el atontamiento los que constituyen los más difíciles de trascender, porque ellos dificultan detectar lo que sucede con mucha más facilidad que la agitación.  El adormecimiento puede incluso presentarse al practicante descuidado como un cierto estado de calma y ser malinterpretado como la estabilidad de la meditación de la tranquilidad. 

Sin embargo, no tendrá para nada los atributos de la meditación de la tranquilidad, los cuales son las dos cualidades de consciencia plena y perspicacia mental.  La mente debe estar calma pero libre de embotamiento, de somnolencia, de pesadez, de atontamiento y otros estados mentales relacionados, incluyendo leves estados de depresión. 

Resumiendo, la tranquilidad es la quintaesencia opuesta al estado mental de la excitación, pero no es un estado de desánimo y pereza –el cual, sea dicho de paso- puede también estar presente en los estados mentales de agitación. 

La alternancia de períodos de excitación y pereza será un cuadro regular de su experiencia meditativa diaria, pero no hay necesidad de estar excesivamente preocupados de esto.  La clave para la meditación de la tranquilidad involucra la habilidad de darse cuenta de las cosas no de eliminarlas de nuestra consciencia. 

A medida que en la situación meditativa se desarrolle nuestra capacidad para estar más atentos y conscientes, esta también comenzará a fluir en nuestra vida cotidiana.  La siguiente historia pudiese ayudar a ilustrar la importancia de involucrarse con el mundo de manera conciente.  

El ministro de una elegante parroquia le confirió al acomodador la tarea de darles la bienvenida a los feligreses. Eventualmente, su esposa lo persuadió de que la asumiera él mismo argumentando que de seguir así  terminaría por no conocer a su congregación si no establecía un contacto personal con ellos de esa manera.  

El domingo siguiente se ubicó a la puerta de la iglesia y de manera muy entusiasta le dio la mano a la primera mujer que abandonó el servicio, invitándola a la parroquia diciéndole: “Espero que la veamos con frecuencia en nuestro servicio.  Siempre nos contentamos de ver caras nuevas.” Algo sorprendida, la mujer le contestó: “Muchas gracias, señor.”  Pero entrando aún más en calor, el ministro agregó: “Si usted me deja su dirección, mi esposa y yo iremos a visitarla una noche de estas.”  A lo que la mujer le replicó: “Usted no tendrá que ir muy lejos señor, porque yo soy su cocinera.”

Meditación de la tranquilidad con objeto

La literatura técnica hace referencia a dos métodos diferentes de meditación de la tranquilidad, los cuales son llamados ‘meditación de la tranquilidad con objeto’ y ‘meditación de la tranquilidad sin objeto’, o alternativamente, ‘meditación de la tranquilidad con atributos’ y ‘meditación de la tranquilidad sin atributos’. 

La meditación de la tranquilidad con objeto involucra utilizar objetos de meditación específicos tales como la respiración o la estatua de un Buda para anclar nuestra concentración.  Estos objetos sensoriales son simplemente utilizados como medios para prolongar nuestra atención durante nuestra práctica de meditación.  El método de la tranquilidad sin objeto no involucra ningún otro objeto de concentración más que la mente misma.

Nosotros tenemos la tendencia de proyectar expectativas e interpretaciones sobre nuestra experiencia meditativa de la misma manera que lo hacemos con muchas otras cosas.  Estas interpretaciones y expectativas pueden incluso estar relacionadas con experiencias que aun no hemos tenido.

A partir de allí desarrollamos nuestra propia versión preconcebida de lo que implica la experiencia meditativa: cómo debe ser y qué clase de resultados debe proporcionar.  Es importante tener presente en mente que cuando uno no tiene verdadera experiencia personal de la meditación como tal tampoco tiene mayor sentido alimentar expectativas acerca de la misma.

La práctica de cultivar tranquilidad con objeto está concebida para ayudarnos a estabilizar nuestra mente. Al principio desarrollaremos tan sólo una habilidad rudimentaria para estabilizar la mente. Por lo general esta es seguida de un incremento de nuestra capacidad para darnos cuenta de cuán agitadas son nuestras mentes y pudiésemos sentir que incluso nuestros pensamientos se han vuelto más incontrolables que antes.

Sin embargo, esto no es cierto; sólo parece ser así porque nos hemos vuelto más atentos de lo que de hecho está sucediendo en nuestra mente.  En lugar de sentir que nuestra meditación ha sido desestabilizada por la invasión de pensamientos, simplemente notamos su presencia. No los vemos como pensamientos y emociones perturbadoras que perjudican nuestra meditación.  Simplemente les permitimos surgir, nos volvemos conscientes de su presencia y los dejamos ir –sin comentarios ni asociaciones acerca de nuestros procesos mentales.

Desde el punto de vista del mahamudra, el criterio por el cual juzgamos si estamos o no estamos meditando no consiste en si estamos o no ejerciendo control sobre nuestra mente, sino más bien si nos estamos dando cuenta de lo que sucede en ella; si está presente la atención. 

La atención es mucho más importante  que controlar la mente. Debemos aprender a relajar la mente cada vez que empleamos un objeto de meditación ya que es importante no analizar el objeto que utilizamos sino utilizarlo simplemente para anclar la mente. Mucha gente cree que meditación es aprender a controlar la mente en vez de relajarla.  Si tratamos de controlar la mente solamente se volverá claustrofóbica y aumentará nuestra agitación. 

Esto es así porque permanecer en control requiere de energía, la cual a su vez genera un estado mental que es enemigo de la relajación.  La analogía tradicional para esto es la vida del gusano de seda.  Los gusanos de seda se pasan sus vidas produciendo finos hilos de seda increíblemente fuertes en los que se envuelven, tornándose prisioneros de sus propios actos.  De manera similar, tratar de controlar nuestros pensamientos y emociones solamente crea más y más pensamientos discursivos y emociones, los cuales nos atoran aún más en el fango de nuestra equivocada percepción del mundo.

Descansando la mente naturalmente

En esta técnica debemos evitar que la mente se distraiga del objeto de meditación.  Es muy importante mantener la mente libre de cualquier clase de plan tales como la utilización de cualquier artificio o acto creativo mientras observamos el objeto, ya se trate de un objeto físico como la inspiración y la expiración, o de estados mentales.  El punto principal de esta técnica consiste en descansar la mente sin forzarla.  Una imagen utilizada aquí con frecuencia es la nieve cayendo suavemente sobre las rocas y acomodándose tranquilamente sobre el suelo.

Descansando la mente de manera relajada

En esta técnica permitimos que la mente penetre sin esfuerzo en un estado de descanso.  El grado de esfuerzo que las personas ponen en la meditación puede evidenciarse a través de cuánto deploran el trabajo duro; siempre están diciendo “la meditación es tan difícil”. 

Esto se debe principalmente a que se crean ciertas expectativas acerca de lo que el estado meditativo debe ser y tratan de fabricar un estado que se corresponda con esas expectativas.  Cuando esto falla, se sienten frustrados y se ponen furiosos con su práctica porque está casi siempre llena de esfuerzos y luchas. 

La noción de ausencia de esfuerzo significa no luchar por alcanzar ningún estado meditativo en especial.  Debemos abandonar la tensión que ata la mente como consecuencia de ser demasiado ansiosos  en nuestra práctica.  La imagen utilizada para ilustrar esta técnica es la de cortar la cuerda que mantiene amarrado un atado de trigo. Una vez que la cuerda es cortada, el trigo cae sin esfuerzo sobre el suelo.

Descansando la mente en su estado natural

Si nosotros no interferimos ni restringimos el flujo de nuestros pensamientos discursivos, estos se disiparán por sí mismos en nuestro estado natural de ser, o naturaleza búdica.  Con frecuencia vemos al estado meditativo como algo completamente diferente de nuestros estados mentales normales; razón por la cual con frecuencia buscamos o tratamos de crear cierto estado mental alterado de consciencia a través de la meditación. 

Esto se convierte en un obstáculo en vez de una ayuda para nuestra práctica meditativa, porque constantemente estamos tratando de adquirir algo que no tenemos. Es esto, más que ninguna otra cosa, lo que impide nuestra habilidad para estar en el presente. 

Debemos cultivar el entendimiento de que meditación tiene que ver, desde el mismísimo comienzo, con lidiar con nuestros estados mentales actuales. Incluso si pensamientos discursivos surgen en nuestra mente, nosotros simplemente les permitimos regresar al estado natural de la mente.  La imagen evocada aquí es la de olas que rompen y regresan nuevamente a la tranquilidad del océano.

Meditación de la tranquilidad sin objeto

En la práctica de la meditación de la tranquilidad sin objeto no es necesario emplear ningún objeto físico o la respiración para anclar nuestra concentración.  El foco de la meditación en esta técnica es simplemente la mente misma. 

Desde el punto de vista del mahamudra, nosotros no debemos desear equilibrio meditativo ni tener aversión o rechazar nuestros pensamientos discursivos y emociones conflictivas sino más bien ver ambos estados con ecuanimidad.  Una vez más, el punto importante no es si está presente el equilibrio meditativo sino más bien, si somos capaces de mantener atención respecto a nuestros estados mentales. 

Si en efecto surgen pensamientos perturbadores, como ciertamente sucederá, simplemente reconocemos estos pensamientos y emociones como fenómenos pasajeros –ellos surgen, ellos persisten durante un cierto tiempo y luego se disipan.  La impermanencia de los pensamientos es revelada a través de cuán difícil puede ser atrapar un pensamiento –cuando tratamos, ya se ha ido, y otro ha aparecido en su lugar.

En la meditación de la tranquilidad sin objeto, nos sentamos en la misma postura como antes, pero en lugar de entornar los ojos, o mirar más bien hacia abajo, miramos directo frente a nosotros en el espacio con los ojos bien abiertos. No prestamos atención deliberadamente a cualquier clase de pensamientos y emociones que surjan o no surjan en la mente, sino que, con una genuina simplicidad, nos relajamos en el estado de atención sin pensar acerca de nada en particular.

En la práctica de la meditación de la tranquilidad con objeto, se nos incentivaba a observar nuestros pensamientos, pero aquí no estamos supuestos a estar observando nada en absoluto. Simplemente miramos directo frente a nosotros y permitimos que los pensamientos discursivos vayan y vuelvan sin prestarles ninguna atención en particular. 

Es cuestión de permitirnos el deslizarnos a un estado relajado y luego permanecer de esa manera con claridad y lucidez.  Por supuesto, necesitamos haber establecido la estabilidad de una mente que está quieta y libre de pereza o somnolencia, ya que es imperativo que la atención esté presente todo el tiempo. 

La meditación de la tranquilidad sin objeto o atributos tiene tres etapas, las cuales serán discutidas a continuación.  Estas son:

1.      Estabilizar la mente agitada

2.      Fortalecer esa estabilidad

3.      Alcanzar estabilidad mental

Estabilizando la mente agitada

El primer paso comienza con un objeto de meditación aun cuando es importante no enfocar el objeto con demasiada intensidad.  La mente debe refrenarse para evitar que se distraiga del objeto de meditación, pero aun así debe mantenerse relajada. Realice simplemente una observación fenomenológica del objeto sin analizarlo para nada.  Es importante no confundir el objeto de meditación por la función de la meditación, la cual consiste en aumentar y desarrollar su concentración. 

Trate simplemente de estar atento al objeto en cuestión sin aferrarse a éste ni tratar de enfocar con demasiada intensidad.  A veces, puede que su visión se torne algo borrosa o usted puede sentir que el objeto se ha movido, etc.  Si eso sucede, deje de enfocar en el objeto durante un tiempo y mire directo al espacio tratando de relajarse en ese estado sin dirigir la mente a ningún objeto en particular. 

Mantenga un simple estado de atención sin permitir que la mente caiga bajo la influencia de la pereza o la somnolencia.

Una vez que usted pueda mantener esta atención, poco a poco su mente se volverá lúcida y usted experimentará calma mental.  Cuidado con entretener esperanza o temor y no aplique ninguna clase de esfuerzo físico ni mental.  Si usted se preocupa demasiado por mantener equilibrio y eliminar pensamientos perturbadores, no podrá mantener un genuino estado meditativo. 

Ahora el objeto meditativo es simplemente la mente misma. Los pensamientos y las emociones no son tan utilizados como objetos de foco sino simplemente mantenidos en la atención y permitiéndoles surgir y disiparse en su propio momento. 

La experiencia mahamudra no es creada, esta surgirá espontáneamente a partir del correcto marco mental.

Si usted sabe cómo dejar que su mente repose de esta manera ya nunca será perturbado por los pensamientos discursivos, sino que tendrá una verdadera sensación de especialidad. También es importante no evaluar sus experiencias buscando indicativos de progreso ni ver como un fracaso la incapacidad de mantener este estado durante mucho rato. 

Si usted puede desarrollar y mantener esta clase de actitud, los mismos pensamientos perturbadores  revelarán la innata naturaleza de la mente.

Llegado este punto, ninguna de las experiencias que surgen en la mente se ven como positivas o negativas. Estas no son juzgadas como buenas, beneficiosas y dignas de ser cultivadas, ni como obstáculos e impedimentos que requieren ser abandonados. 

Cultivar esta actitud vaciará la mente –a su debido momento- de su contenido inconsciente y nuestras huellas y disposiciones kármicas serán purificadas.

La purificación de huellas y disposiciones kármicas  no constituye en sí mismo suficiente causa para la iluminación, pues sin interiorización respecto a la naturaleza de la mente, y la naturaleza de la realidad última, nosotros continuaremos creando tendencias kármicas de nuevo.

Sin embargo, la estabilización de la meditación de la tranquilidad sin objeto es un aspecto importante del camino espiritual cuando es utilizado, junto con el desarrollo de la interiorización.

Fortaleciendo esa estabilidad

La práctica de la meditación está cargada de obstáculos, todos los cuales, dentro del contexto del mahamudra, caen dentro de las categorías del letargo o somnolencia y la agitación mental.  Existen otros obstáculos, tales como la flojera, la cual debe ser trabajada a través de la contemplación de los cuatro preliminares, pero en términos de la meditación de la tranquilidad, estos son los dos verdaderos obstáculos.

Aún cuando la pesadez, la somnolencia  y el estupor o atontamiento están muy relacionados y aquí aparecen juntos en la misma categoría, aun así, constituyen experiencias muy distintas la una de la otra. El atontamiento refleja un estado mental carente de claridad y lucidez. 

La somnolencia está conectada con la apatía, el letargo, la torpeza, el estupor. La experiencia del letargo o apatía es casi como quedarse dormido.  Incluso si surgen en la mente pensamientos perturbadores y emociones no nos damos cuenta de ellos y no podemos distinguir experiencias meditativas positivas de las negativas. Una vieja historia Zen pudiese servir de ayuda respecto a esto. 

El maestro Soyen falleció a la edad de sesenta y un años dejando tras de sí una muy variada y sublime enseñanza Zen. Aun cuando él mismo nunca había desperdiciado un minuto de su tiempo, se dice que algunas veces sus estudiantes dormían luego de la comida del mediodía durante el verano. Soyen nunca dijo una palabra a sus estudiantes respecto a esto. 

Cuando Soyen tenía doce años, estudió filosofía con la escuela Tendai.  Un día de verano se había estirado sobre el piso aprovechando que su maestro no estaba y durmió profundamente durante tres horas.  Fue despertado con un gong cuando su maestro regresó al salón.  Su maestro simplemente pasó reverentemente sobre el cuerpo postrado de Soyen como si este fuese un distinguido huésped y dijo: “Por favor discúlpeme, por favor discúlpeme.”  Soyen nunca volvió a dormir durante el día.

Si el letargo o la somnolencia ocurren, trate de expandir su pecho, de enderezar su espalda, de abrir sus ojos y mirar a la distancia.  También ayuda tener algo de agua en un recipiente de modo que usted pueda humedecerse el rostro para refrescarse.  Airee y refresque el salón si hace mucho calor, o quítese algo de ropa para sentirse más fresco. 

También ayuda recortar la duración de la sesión de meditación haciendo una serie de pausas durante la misma en lugar de sentarse durante períodos largos de tiempo. Si el letargo y la somnolencia se convierten en problemas habituales, usted necesita reducir la cantidad de comida y liquido que consume; evite sentarse al sol o cerca del fuego durante mucho tiempo, y asegúrese de involucrarse en ejercicios físicos y ejercicios respiratorios regularmente.  Ocasionalmente ayuda salir a dar un paseo y luego cultivar atención y consciencia plena cuando regresa a sentarse en su práctica.

Si la agitación mental es un problema, trate de relajar la mente y el cuerpo.  Coma alimentos nutritivos, reciba masajes y póngase unas cuantas capas más de abrigo.  Si su mente permanece agitada, haga una pausa en lugar de persistir con su práctica. 

Si la agitación es demasiado intensa y difícil de vencer, usted pudiese necesitar analizar los pensamientos perturbadores para ver de dónde surgen y cuál es su contenido.  Pregúntese: ¿Son mis pensamientos acerca de experiencias triviales cotidianas, o son ellos acerca de mi práctica de meditación e inquietudes espirituales?  Lo que lo perturban no son los pensamientos perturbadores en sí mismos sino los conceptos que usted tiene acerca de ellos.

La verdadera fuente del letargo y la agitación lo constituyen sus propias emociones conflictivas.  Por lo tanto, cualquier forma de práctica de purificación es una gran ayuda. Otro método que pudiese ayudar es simplemente utilizar la agitación, el letargo o lo que fuere, como el objeto de la meditación en lugar de intentar aplicar antídotos.

Si estos son reconocidos como estados mentales y cualquier estado mental en el que se encuentre es visto como inseparable de la naturaleza misma de la mente, se logrará interiorización sin necesidad de abandonar ninguno de estos estados mentales.  Tal como Rangjung Dorje, el tercer Karmapa dice en su Oración del mahamudra:

Permitir que las hondas de pensamientos sutiles y densos se calmen en su propio espacio y que  las aguas de la mente sin movimiento lleguen a reposar espontáneamente libres de las contaminaciones de la discursividad y la pereza. Que pueda yo establecer un tranquilo océano de shámata. 

 

Tal y como lo sugiere este verso, los pensamientos pueden ser divididos en sutiles y densos.  Algunos pensamientos son detectables inmediatamente porque ellos son bastante precisos en su contenido; otros son sutiles, y es sólo a través del desarrollo de una mayor atención que nosotros llegamos a darnos cuenta de ellos.

Si no hay atención y consciencia en la práctica de meditación, ambos tipos de pensamientos nos desestabilizarán y despojarán de nuestra concentración meditativa.  La apatía y la somnolencia también actúan como obstáculos a la concentración meditativa cuando no son detectados, ya que pueden entrometerse incluso cuando estamos prestando atención.

Rangjung Dorje enfatiza que la forma de vencer estos obstáculos no está en tratar de prevenir que surjan de manera forzada sino más bien permitir que permanezcan por sí mismos al mismo tiempo que posibilitamos el surgimiento de la claridad por sí misma. De esta manera, usted trascenderá gradualmente estos dos obstáculos. Una vez que ha desarrollado esta habilidad, usted puede pensar “Ahora he logrado verdadera meditación” y sentirse contento y orgulloso.  

Actualizando la estabilidad mental

En esta etapa necesitamos enfocar nuestras mentes en un objeto visual en particular y luego gradualmente expandir ese foco hasta incluir todos los objetos en el área inmediata que nos rodea. Seguidamente seleccionamos un sonido, un olor, una sensación física y una imagen mental y tratamos de enfocar estas impresiones sensoriales una a la vez.

Luego expandimos nuestro foco hasta incluir las emociones conflictivas que normalmente son consideradas algo a ser abandonado. Después de eso enfocamos en pensamientos virtuosos, tales como la práctica de la generosidad, la paciencia, la moralidad, etc., y posteriormente en pensamientos neutrales o triviales.  De este modo, enfocamos nuestra atención sucesivamente en emociones positivas, negativas y neutras y en pensamientos positivos, negativos y neutros.

Los manuales de meditación mahamudra tradicionales dicen que los pensamientos y las emociones negativas no pueden ser utilizados como objetos de meditación y deben ser abandonados.  Desde la perspectiva mahayana, ese enfoque solo va a causar que surjan más pensamientos perturbadores.

Una vez más, no debemos ver los pensamientos perturbadores como dañinos o como que tienen un efecto nocivo, sino más bien acostumbrarnos a relajarnos y enfocar simultáneamente en nuestros pensamientos sin reaccionar a ellos.  En lugar de tratar de estabilizar la mente aferrándonos a un pensamiento en particular, practicamos dejar tranquilos nuestros pensamientos al permitir que nuestra atención repose naturalmente en su propio proceso. Otro pensamiento fresco siempre tomará el lugar del anterior. 

La función de la meditación de la tranquilidad es la de mantener atención y consciencia, no la de bloquear nuestros pensamientos y sensaciones, lo cual, en todo caso, es prácticamente imposible de hacer.  A través de esta práctica nuestros pensamientos se estabilizan gradualmente.  Incluso si las cosas no proceden de esta manera y continúan surgiendo pensamientos perturbadores, usted no debe sentirse desanimado.  Simplemente manténgase atento a ellos, porque si usted tiene éxito en enfocar su mente en los pensamientos, estos mismos se vuelven meditación.

Practique atención y consciencia plena intensivamente durante un corto tiempo, luego relaje su meditación por un rato y practique intensamente de nuevo. La práctica de la atención y consciencia intensivas involucra tratar de detectar todo lo que está sucediendo en su mente, prestar atención tan cuidadosamente como si usted estuviese tratando de dar con un prisionero que se ha escapado en medio de una muchedumbre o de caminar cargando un recipiente lleno de aceite hirviendo. 

Estas dos imágenes son utilizadas con frecuencia para describir la práctica de la intensa consciencia en la literatura budista. Shantideva proporciona una descripción muy gráfica de ellas en su Bodhicharyavatara. Relajar su meditación quiere decir abandonar esta focalización intensiva y mantener más bien una sensación general de atención y consciencia, relajando la mente en una sensación de bienestar físico y mental.  Usted desarrollará gradualmente la necesaria destreza para lidiar con los dos obstáculos de la agitación y la somnolencia, practicando con intensidad y relajación. 

No se aferre a ninguna de estas técnicas o al orden en que son practicadas.

Experimente con sus propias necesidades y trate de averiguar lo que funciona mejor para usted.  A modo de incentivarlo, recuerde que sin eliminar los obstáculos de la agitación y la somnolencia y alcanzar una mente tranquila, nunca podremos lograr interiorización respecto a la naturaleza de nuestra mente y liberarnos de nuestras emociones conflictivas.  Tal y como el primer Bhavanakrama  de Kamalashila enfatiza: 

“Debido a que la mente se mueve como el agua, no se queda quieta sin la base de la tranquilidad. La mente que ha fallado en alcanzar estabilidad no puede de ninguna manera entender la perfecta realidad tal cual es.”

El Bhavanakrama intermedio también dice algo acerca de este punto:

Consciencia sin tranquilidad vuelve la mente del yogui susceptible a la distracción de los objetos sensoriales.  Debido a que es inestable, como una lámpara  de aceite expuesta al viento, esta falla en alcanzar la iluminación de la atención.”

Los nueve niveles de reposo de la mente en tranquilidad

Las tres etapas de la meditación de la tranquilidad sin objeto están relacionadas con las siguientes nueve etapas de reposo de la mente en tranquilidad.  Todos constituyen métodos de práctica y niveles de logro que proveen un mapa para el progreso del meditador desde la mente distraída e inestable hasta el último nivel de equilibrio mental.

Reposando la mente

Al comenzar a observar la respiración, su mente se aquietará de cierta forma y usted comenzará a notar que su consciencia normal está en constante estado de agitación. Esta primera etapa de la meditación de la tranquilidad nos brinda un bocado inicial de cierto respiro de esa continua agitación. Inicialmente, puede que usted encuentre extremadamente difícil reposar la mente porque la mente es una cosa muy cambiante.  Por esta razón, llegado este punto, usted tiene que hacer un esfuerzo bien definido a fin de poder acceder al segundo nivel de tranquilidad mental.

Reposo continuo

Usted tiene que aprender a estabilizar estos períodos de calma y extenderlos estando consciente y aprendiendo a reconocer su agitación y somnolencia mientras estén ocurriendo.  Si usted puede reposar su mente durante incluso unos cuantos segundos, esto puede ser prolongado gradualmente a través de la práctica de la consciencia plena, y usted comenzará a experimentar esos períodos determinados, cuando la mente esté en reposo intercalados con períodos de distracción.

Reposando por partes

En este nivel, algunas veces su mente está calmada y otras veces agitada.  Sin embargo y de manera significativa, usted comienza a aprender cómo practicar consciencia plena en ambas situaciones.  Esta etapa tiene que ver con reconocer sus distracciones y utilizar la consciencia para regresar a la práctica de la meditación de la tranquilidad.  En otras palabras, si se da la agitación y usted la reconoce, su consciencia plena ha sido mantenida. 

Se dice que el estado meditativo a este nivel se va dando por partes debido a las intermitentes disrupciones en el flujo de la experiencia meditativa. 

Ubicación cercana

Cuando usted puede hacer que los estados que se dan como por partes reposen cerca unos de otros, usted ha alcanzado el siguiente nivel.  Aquí usted puede extender el estado de consciencia después de que ha sucedido la agitación.  Llegado este punto, usted se ha vuelto bastante eficiente en la meditación de la tranquilidad.  Sin embargo, pudiesen surgir otros problemas, por lo general más a partir del aburrimiento que de la agitación.  Una distintiva falta de interés en meditar pudiese presentarse de vez en cuando y usted pudiese sentir que está haciendo muy poco progreso en su práctica. 

Pacificación

Para contrarrestar su desaliento existen métodos para pacificar o domar la mente.  Comience por enumerar todos los beneficios producto de la meditación: por ejemplo, le permite sentirse más calmado, centrado y experimentar menos inquietudes emocionales.  Piense acerca de esto durante la meditación para calmar su mente y recordarse que el ejercicio mental de la meditación ha vuelto su mente más flexible y abierta al desarrollo. 

Piense: “cuando practico meditación soy menos propenso a las emociones conflictivas y no me siento tan abrumado por ellas.”  También es importante recordar que es sólo a través de la práctica de la meditación que usted puede inclusive imaginar lograr liberación de las cadenas de la existencia cíclica y así aspirar a alcanzar la iluminación. 

Por lo tanto, usted también debe pensar: “La meditación de la tranquilidad no solo es de gran ayuda para mis conflictos emocionales; es esencial para alcanzar mis objetivos espirituales.  Si permito que mi mente se vuelva embotada, apática y afligida por las emociones, no tendré la oportunidad de recorrer el camino espiritual.”

Sumisión

Para complementar este método de domar la mente indómita, el cual utiliza afirmaciones positivas, contemple los grandes retrocesos que implicaría dejar de practicar meditación. 

Piense: “El sufrimiento que experimento viene de no tener control sobre mis emociones conflictivas y estados mentales agitados.  Constantemente estoy desperdiciando mi tiempo en la confusión de los pensamientos perturbadores o congraciándome con infinidad de pensamientos insignificantes.” 

Si usted examina las cosas acerca de las que piensa y las emociones y sensaciones que tiene, usted se dará cuenta rápidamente de que de una u otra manera, en su mayoría son de naturaleza negativa. 

De las dos clases de pensamientos y emociones que podemos tener, positivos y negativos, nos entregamos solamente a estos últimos.  Son las emociones de la rabia, la hostilidad, la lujuria, el deseo desmedido, etc., las que tienden a consumir nuestra consciencia, así como también los pensamientos negativos relacionados con las preocupaciones, temores, ansiedad, sospecha y paranoia. 

Estos pensamientos y emociones perturbadoras nos impiden obtener nuestro objetivo espiritual último y aseguran que permanezcamos encadenados al samsara indefinidamente.  En consecuencia, no sólo nos privamos de la oportunidad de obtener felicidad duradera y la edificante paz de la iluminación, sino que también dificulta nuestra habilidad para experimentar incluso felicidad y alegría temporal. Es esencial involucrarse en esta clase de contemplaciones en esta etapa a fin de pacificar la mente.

Sumisión  profunda

En este nivel, involúcrese en reflexionar sobre los resultados positivos de la práctica de la meditación y reafirme su compromiso de aplicar atención y consciencia.  Resulta extremadamente beneficioso pensar algo como esto: “Es tan sólo a través de la práctica de la meditación de la tranquilidad que yo he podido alcanzar alivio de las constante aflicciones de mis emociones conflictivas y pensamientos discursivos. 

También es gracias a esta práctica que tengo alguna experiencia temporal de placer y alegría. También es sólo a través de la práctica que puedo, de manera realista, pensar en alcanzar liberación del degradante e ilusorio estado del samsara y aspirar al exaltado estado iluminado y asegurar felicidad y alegría duraderas.” 

Concentración sobre un solo punto

Si usted persiste con las prácticas anteriores y aplica atención y consciencia sin dudar en cuanto a esfuerzo y resolución, usted alcanzará la concentración centrada en un solo punto. Llegado este momento usted habrá desarrollado suficientes habilidades como para lidiar con todos los obstáculos que se presentan a la concentración meditativa, incluyendo estupor mental y agitación en sus dos formas de manifestarse: densa y sutil.  Incluso si surgen pensamientos discursivos, su mente permanecerá inquebrantable.  Este será el resultado de combinar atención y consciencia.

Equilibrio meditativo

Este nivel final es equivalente al logro de la tranquilidad y siendo así es la culminación de la práctica de la meditación de la tranquilidad. Uno podría decir que “es” meditación de la tranquilidad.  Incluso la noción de enfocar en un solo punto ya no es aplicable aquí porque eso continúa implicando que se está haciendo cierto esfuerzo  por aplicar concentración centrada en un solo punto. 

Llegado este momento, la meditación de la tranquilidad se ha convertido en un estado natural de ser en lugar de algo que es mantenido a través de la atención y la consciencia.  Se dice que en esta etapa usted ha alcanzado completa maestría sobre la flexibilidad de cuerpo y mente y entrará automáticamente en el estado de tranquilidad.

Existen tres etapas esenciales al proceso de estabilización meditativa el cual culmina en el completo estado de tranquilidad.  La primera etapa es lograda cuando la atención está presente incluso mientras su mente está agitada de modo que los pensamientos perturbadores se dispersan espontáneamente. 

La segunda etapa es alcanzada cuando un estado meditativo puede mantenerse incluso cuando surgen pensamientos perturbadores.  Aquí, la mente es comparada con el suave fluir de un río.  La tercera etapa es lograda cuando usted adquiere la habilidad para mantener una sensación de atención en la vida diaria y su mente es consistentemente clara y lúcida.  Este estado o etapa es comparada con la quietud del océano. 

La forma meditativa de pensamiento que constituye la meditación de la interiorización o vipáshyana, requiere de una base estable y calmada para poder ser efectiva, pero ninguna cantidad de calmantes mentales conducirán a la realización meditativa.  Si no tenemos el entrenamiento mental de las técnicas de la tranquilidad, nuestra mente simplemente se sentirá abrumada por la proliferación conceptual durante la meditación de la interiorización. 

En su Bodhicharyavatara, Shantideva insiste en que la meditación de la tranquilidad no hará surgir directamente la interiorización: “Solo la persona que está bien dotada de interiorización como resultado de establecer su meditación shámata, puede erradicar sus aflicciones mentales. Por lo tanto, primero, uno debe buscar tranquilidad.  La tranquilidad surge como resultado del desapego del mundo y la generación de alegría.”

Mientras que se hace referencia a la meditación de la interiorización como meditación analítica, es un enfoque analítico que requiere una forma de pensar meditativa y una forma de pensar meditativa requiere de una mente serena y enfocada.  A menos que uno sea uno de esos raros individuos cuyas mentes no están ganadas a la agitación mental y estados de ánimo tumultuosos con altas y bajas, la meditación de la tranquilidad es un preludio esencial y apoyo para la meditación de la interiorización. 

Solo la combinación de la meditación de la tranquilidad (shiné)(shámata) y la meditación de la interiorización, laktong) o (vipáshyana), propiciará el surgimiento del  genuino estado mental de luminosa bienaventuranza, porque el estado meditativo, necesita tener ambos, la estabilidad mental y la claridad.

Rangjung Dorje describe el resultado de la meditación de la tranquilidad y la meditación de la interiorización en estas palabras en su Oración del mahamudra: “La gran bienaventuranza, inagotable y sin deseo, abierta luminosidad, libre de los velos de las obscuraciones.” La luminosa bienaventuranza proviene de dos fuentes, de la tranquilidad y la interiorización. 

El aspecto de la bienaventuranza surge a partir de alcanzar una mente tranquila, y el aspecto de la luminosidad, a partir de cortar con las fijaciones mentales al adquirir interiorización respecto a la naturaleza de la mente misma.  Esta luminosa bienaventuranza es el objetivo último de la tradición meditativa del mahamudra.  

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