Todos nosotros, sin excepción, tenemos el potencial para experimentar la mente despierta, o el potencial para experimentar una

El aferramiento egoísta

Autor: sin  identificar

Traducción y edición: María Mercedes Márquez

Todos nosotros, sin excepción, tenemos el potencial para experimentar la mente despierta o el potencial para experimentar una mente libre de confusiones, sin embargo, no lo reconocemos y además caemos en la noción de la existencia de un “ser” o “yo”, el cual carece de existencia inherente, propia, independiente. Obviamente, esto es ignorancia.  Es el insistir en tener por real algo que carece de existencia, y dejar de reconocer algo que realmente constituye nuestro potencial inherente.

Como producto del aferrarse a la idea de la existencia de “yo” como entidad independiente y propia, debido al aferramiento a este tipo de idea de realidad, no solo existe la idea de la existencia de un “yo” sino que esto se extiende aún más hasta la idea de “mío” perpetuando así el aferramiento egoísta. 

De esta manera, al perpetuar subsecuentemente las tendencias egoístas, se desea lo que es favorable al “yo” y a “lo mío” y lo que no es favorable para alimentar estas ideas es desechado.  Así, no solo hemos inventado una entidad sólida: “yo”, sino que también hemos inventado un territorio para esa entidad: “lo mío”. 

Al sentir que debemos proteger al “yo” de las cosas desfavorables que suceden y atribuirle las cosas favorables, se produce la necesidad de crear lo que conocemos como la aversión.  Esta es otra actividad de la tendencia egoísta del aferramiento al yo.  La aversión hacia aquello que es ajeno al yo o a lo mío.

La razón de una necesidad de protegerse, de estar constantemente sujeto a la inseguridad y por ello a la necesidad de protegerse, se debe a la no validez o la naturaleza ilusoria de tal idea de realidad.  En tanto estén presentes los tres venenos, estará presente la verdad del sufrimiento.  Los tres venenos son: la ignorancia, el aferramiento o apego y la aversión. 

Así vemos como estas tendencias habituales o patrones conflictivos de la mente son la causa de sufrimiento y se les conoce como la verdad de la causa del sufrimiento. 

En tibetano, el término que existe para “la verdad de la causa del sufrimiento” es kum yum, lo que significa “fuente de todo” en el sentido de que en tanto están presentes los tres venenos, está presente la causa de todo sufrimiento.  La verdad de la causa del sufrimiento resulta después en la verdad de la experiencia del sufrimiento.  Verdad en cuanto a que si está presente, ese tipo de causa producirá igualmente ese tipo de resultado.

A estos patrones mentales, la ignorancia, el apego y la aversión, se les denomina venenos porque producen sufrimiento, producen conflicto.  En la vida de los seres en general, se da la experiencia de constante sufrimiento o conflicto.  Sin importar la forma confusa en la que tratamos de liberarnos de ellos, estamos constantemente sujetos a su presencia en nuestras vidas. 

Así, esta experiencia de conflicto y sufrimiento constantes, deja perpleja nuestra mente acerca de cómo fue, por qué experimentamos ese tipo de conflicto, ese tipo de sufrimiento que estamos experimentando, o cuál será la razón.  Estamos perplejos y buscamos razones externas acerca del por qué estamos pasando por ese tipo de experiencia. 

Pero la causa de todo ello es la historia previa de acumulación de estos patrones neuróticos, específicamente, de los tres venenos, y a partir de ellos seguirán produciéndose otros patrones de sufrimiento, es así como hablamos de seis patrones mentales habituales, siendo uno de ellos, el patrón de la avaricia, la mezquindad, el cual es proyectado o instigado por el apego. 

El patrón de los celos se relaciona con el patrón de la agresividad o la aversión, y el patrón del orgullo es producido y se relaciona con la ignorancia, pero si nos liberamos de los tres venenos iniciales, nos liberaremos igualmente de todos los demás.  Una vez que la mente se ha liberado de los diversos condicionamientos conceptuales, se manifiesta la verdadera naturaleza o sabiduría incondicionada de la mente.

La felicidad y el sufrimiento son experiencias mentales.  Si hay más o mayores patrones mentales conflictivos, habrá más causas de sufrimiento, y si hay menos patrones mentales conflictivos, habrá más causas de felicidad.

Resumiendo, cuando una causa kármica ha sido acumulada, cualquiera que pueda ser esta causa kármica, jamás desaparece o se pierde sin tener su resultado.  De esta manera, sin importar cuánto tiempo hace, o, el período de tiempo que haya transcurrido, eso no es algo que pueda desaparecer. 

Por otra parte, nadie puede experimentar las consecuencias de nuestro propio karma, ni el resultado de las causas que hayamos acumulado. 

El resultado jamás será experimentado por otro, ya sea de una causa virtuosa o no-virtuosa, el karma es intransferible, y es así que estamos experimentando nuestras vidas dentro de este reino de existencia cíclica, con las tendencias egoístas, con los diversos condicionamientos y confusiones. 

Acumulamos causas y experimentamos los resultados, y con esos resultados que experimentamos, acumulamos las causas para futuros resultados.  De esta manera una causa producirá resultados y los resultados son a su vez causa de nuevos resultados.  En esta forma, el círculo vicioso de la existencia del individuo continúa.

Habiendo entendido esto a través de la imagen de la verdad de la causa y efecto, y en el contexto de los reinos de existencia, con toda certeza uno tendrá que pensar que no hay salida.  Es como si uno se encontrara en una situación sin salida y diera vueltas y mas vueltas y mas vueltas.

Si uno no tiene el conocimiento del entendimiento para las causas y tampoco tiene la sabiduría para ver cómo abrirse paso a través de los patrones kármicos, entonces uno estará siempre sujeto a la verdad de la causa y efecto dentro de los reinos de existencia. Por eso hablamos en términos de que los seres sintientes están atrapados en los reinos de existencia desde tiempos sin principio y de que los seres sintientes podrían estar atrapados en general dentro de la existencia cíclica durante un tiempo infinito, porque si uno no se libera de los patrones kármicos, podría estar sujeto para siempre en la causa y el efecto, lo que significa estar dentro de los seis reinos de existencia samsárica.

Como tal, lo que ha presentado el Buda es la forma de liberarse de los condicionamientos mentales o de la causa de la no-virtud que resulta en sufrimiento. El Buda presentó la forma de liberarnos y esta enseñanza es conocida como la verdad del camino. 

Hay dos formas de liberarse de los condicionamientos kármicos o de la acumulación de causas:

1.      A través del proceso de maduración, es decir: una causa determinada ha sido acumulada y posteriormente madura en determinada experiencia.  Una vez que se ha experimentado la maduración de esa acumulación kármica, ese resultado particular no volverá a repetirse jamás, en tanto uno no vuelva a acumular más causas para ese tipo de experiencia.

2.      La segunda forma consiste en hacerlo por medio de la aplicación de los métodos apropiados.  Así, existen diversos métodos donde esencialmente se trata de algo que se ha venido exponiendo anteriormente: cultivar la intención o la mente de la benevolencia, que consiste básicamente en realizar un intento genuino de beneficiar a otros o la intención mental de la compasión, la actitud o el intento genuino de eliminar, de liberar el sufrimiento de los seres. 

Así, una vez que uno está cultivando apropiadamente estas actitudes mentales, entonces uno está, por la verdad del cultivo de esto, liberando a la propia mente de las tendencias conflictivas de las que se ha venido hablando.

Así, cuando uno está cultivando tales intenciones mentales, esa es la forma en que la mente empieza a acumular la virtud.  En la misma forma que en el caso de la no-virtud, uno acumula causa-virtud tanto en la actividad de mente, como en la actividad de palabra y de cuerpo. Con la mente cultivando estas intenciones y con el cuerpo y la palabra realizando igualmente las acciones correspondientes, estas acciones virtuosas impiden seguir acumulando patrones conflictivos de mente o causas de no-virtud.  Impedir seguir acumulando causas de no-virtud significa impedir seguir teniendo resultados de posible sufrimiento. 

Como ya se ha explicado, hay una intención edificante o virtuosa bajo la forma de una actitud de querer proporcionar felicidad y beneficio a otros, o de querer liberar los sufrimientos de otros; cuando eso es lo que sucede, cuando esa es nuestra actitud mental, entonces, la actitud contraria no puede estar presente al mismo tiempo. 

Así, con el entendimiento adecuado de cómo uno tiene estos condicionamientos mentales y lo que nos ocasionan, y de cuáles son los antídotos y las contra-motivaciones -virtudes que uno puede desarrollar y aplicarlas con inteligencia- sabiendo encontrar los métodos continuamente, al hacer eso consistentemente, uno va acumulando una virtud cada vez mayor y por ello, va desarrollando los potenciales de la mente y continuamente se purifican cada vez más los condicionamientos habituales de causas no-virtuosas hasta que los patrones son desarraigados por completo.

Vemos entonces que dependiendo del grado de la intención, de la efectividad de la aplicación del sendero, un individuo podrá experimentar la liberación del sufrimiento, de las causas del sufrimiento, podrá experimentar esa visión y podrá abrirse paso a través de su prisión kármica, a la vez en el lapso por ejemplo de alrededor de una vida, o en tres vidas o siete vidas, o en cualquier número de vidas.  La existencia de la tradición viva del Dharma es testigo de esto. 

Nuevamente, y para captar la esencia de todo lo que se ha venido hablando: generalmente los seres son motivados como individuos, a realizar lo que resulta más beneficioso para ellos mismos. Por ejemplo, un individuo está muy inclinado a realizar aquello que es muy beneficioso para él, pero debido a un enfoque pervertido, a un enfoque distorsionado, mientras la intención es lograr el mayor beneficio para sí mismo, de hecho  va en contra de las propias inclinaciones.  La verdad de estar atrapado en la existencia cíclica desde tiempos sin principio hasta nuestros días, es un hecho, un testigo.