La atención consciente

Traducción y edición: María Mercedes Márquez

  En el contexto mahamudra, todos los obstáculos pueden ser englobados en dos categorías principales: la agitación mental y la pereza o somnolencia. Estos son los únicos obstáculos de los que necesitamos ocuparnos. Los dos antídotos que utilizamos para contrarrestarlos son: la atención plena y la consciencia.

  La utilización de la atención y la consciencia incrementan nuestra habilidad para detectar nuestros cambiantes estados mentales, y en el método mahamudra, constituyen las únicas herramientas que necesitamos dominar. 

  Inicialmente, con frecuencia la agitación mental parece ser el mayor obstáculo para la estabilidad mental, sin embargo, son el embotamiento y el estupor los que constituyen los obstáculos más difíciles de trascender porque ellos impiden detectar lo que sucede con mucha más facilidad que la agitación.

  El adormecimiento puede incluso presentarse al practicante descuidado como un cierto estado de calma, y ser malinterpretado como la estabilidad de la meditación shámata.  

Sin embargo,  ésta no tendrá ni la consciencia plena ni la perspicacia  mental producto de la estabilidad de la meditación de la tranquilidad. La mente debe estar calma pero libre de embotamiento, de somnolencia, de pesadez y de otros estados mentales relacionados, incluyendo leves estados de depresión.

  Resumiendo, la tranquilidad es la quintaesencia opuesta al estado mental de la excitación, pero no es un estado de desánimo y pereza –el cual, dicho sea de paso- puede también estar presente en los estados mentales de agitación.

La alternancia de excitación y pereza o somnolencia será un cuadro regular de su experiencia meditativa diaria, pero no hay necesidad de estar excesivamente preocupados por eso. 

La clave para la meditación de la tranquilidad involucra la habilidad de darse cuenta de las cosas, no de eliminarlas de nuestra consciencia. A medida que nuestra capacidad para estar más atentos y conscientes se desarrolla en la situación meditativa, también comenzará a fluir en nuestra vida cotidiana. 

Esta breve historia pudiese ayudar a ilustrar la importancia de la atención consciente.

El ministro de una elegante parroquia le confirió al acomodador la tarea de darles la bienvenida a los feligreses. Eventualmente, su esposa lo persuadió para que la asumiera él mismo, argumentando que de no ser así terminaría por no conocer a su congregación por no tener contacto personal con ellos.

El domingo siguiente se ubicó a la puerta de la iglesia y de manera muy entusiasta le dio la mano a la primera mujer que abandonó el servicio, invitándola a la parroquia diciendo: ‘Espero que la veamos con frecuencia en nuestro servicio.  Siempre nos contentamos al ver caras nuevas.’

Algo sorprendida la mujer contestó: ‘Muchas gracias señor’. Entrando aún más en calor, el ministro agregó: ‘Si usted me deja su dirección, mi esposa y yo iremos a visitarla una noche de estas.’ A lo que la mujer le replicó: ‘Usted no tendrá que ir muy lejos señor, yo soy su cocinera.’

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