LA LUCIDEZ

 

La lucidez  

Autor: desconocido 

Traducción y edición: María Mercedes Márquez

 

Al aproximarnos a la técnica de la meditación shámata debemos estar en conocimiento del verdadero camino.  Una cosa es la técnica, ella en sí no es el camino, sino que sirve para mostrar un modo del camino. Es una técnica sencilla pero contiene la más alta sabiduría. Sin embargo, lograr destreza en la técnica no lo es todo.  Siempre que se piensa en técnica y éxito, se pone en acción sólo la sabiduría.  Si la sabiduría que surge como consecuencia del dominio de la técnica no se fundamenta en el recto camino y solo aspira la destreza, se vuelve perjudicial.

El recto camino: el del bodhisattva. La pura motivación de lograr el éxito en la práctica no solo para nuestro propio beneficio sino también para estar en capacidad de ayudar a otros a liberarse del sufrimiento.

Si nos volvemos obsesionados con lograr el dominio de la técnica, tan sólo el hecho de estar concientes de la fuerza con la que queremos vencer, contrarresta la victoria. 

Aquí entra en juego nuestra auto.-imagen, nos sentimos  prepotentes. Acaso creemos que somos la única persona fuerte y que todos los demás son débiles.  Esta fuerza es falsa porque se basa en una ilusión creada por la imagen que yo tengo de mí misma, es sólo la sombra del gran espíritu.

El espíritu está perennemente iluminado de gran lucidez, pero este espíritu sólo obtiene su fuerza cuando están presentes determinadas condiciones.  Olvidándose de sí mismo, de sus miserias, de su vida, está libre de triunfo o derrota y tiene voluntad como el acero.  Una sombra no lo puede vencer.

Si por compasión y humildad entendemos, ser condescendientes con el otro, eso no sale de la gran naturaleza, es una reconciliación construida, artificial, es un engaño, un truco. Con eso queremos escapar concientemente del espíritu de agresión del enemigo.  Pero por fugaz que sea, él se da cuanta de nuestra intención. 

Lo que hagamos con intención consciente limita el fluir de la gran naturaleza.  Sólo cuando no se piensa en nada, cuando no se hace nada sino armonizar con el fluir del ser, los enemigos dejan de existir.

Sólo una cosa es esencial: que no haya ni rastro de conciencia de la imagen que tenemos de nosotros mismos, del yo.  Libre de toda conciencia del yo, se actúa sin actuar, si intención ni truco, en armonía con la gran naturaleza, se está en el camino recto. 

El sentido del arte de la meditación no sólo reside en domar la mente, es mas bien un arte con el cual, en un determinado momento se llega a la gran claridad del fondo luminoso de la vida y de la muerte. Hay que cultivar constantemente el ejercicio espiritual de la lucidez.