La compasión es la raíz de todas las prácticas
S. S. XVII Karmapa, Ogyen Trinley Dorje
Traducción y edición: María Mercedes Márquez
Caracas, 2011
El Buda presentó el Tripitaka, “Las Tres Canastas” como vehículos para sus enseñanzas. Las enseñanzas que contenían estas canastas son conocidas como “Los Tres Entrenamientos”. Todas estas enseñanzas están basadas en el refrenarse o abstenerse de hacer daño a otros y más bien involucrarse en ayudarlos. Por lo tanto, es de gran importancia para los practicantes budistas tener estos dos principios como la base de sus prácticas.
Las raíces de la práctica budista son la gentileza amorosa y la compasión. De estas dos cualidades, pienso que la compasión es la más importante. En general, nosotros desarrollamos gentileza amorosa a partir de la compasión.
Nuestra compasión debe tener un amplio enfoque, no solo incluirnos a nosotros mismos, sino incluir a la totalidad de los seres sintientes. ¿Por qué debemos incluir a todos los seres? Porque todos, tanto nosotros como los demás deseamos ser felices y liberarnos de sufrimiento. Este deseo básico es el mismo para todos. Sin embargo, la mayoría de los seres sintientes que vemos actualmente experimentan solo sufrimiento. No logran ser felices.
Así como nosotros tenemos el deseo de eliminar el sufrimiento en nuestra propia experiencia y disfrutar de felicidad, meditando en la compasión llegamos a ver que todos los otros seres tienen también ese mismo deseo.
De modo que los demás seres no sólo son merecedores de nuestra compasión, sino que ellos mismos constituyen la causa para que nuestra meditación en la compasión sea posible. De acuerdo a las enseñanzas mahayana, todos los seres sintientes son “nuestros padres del pasado, presente y futuro”.
Esto significa que de todos los seres sintientes, algunos han sido nuestros padres en el pasado, algunos lo son actualmente, y otros lo serán en el futuro. En fin de cuentas, no hay seres que no sean nuestros padres.
Por esta razón, todos los seres sintientes tienen una conexión de afecto hacia nosotros. Tienen una conexión de gentileza, de bondad hacia nosotros, pero estos afectuosos y amorosos padres se encuentran atrapados en un estado de sufrimiento y son incapaces de realizar sus deseos de felicidad.
Es crucial para nosotros que en este mismo momento comencemos a meditar en la compasión hacia ellos. Creo que esto explica claramente por qué es necesario incluir no sólo los beneficios propios sino el beneficio de otros también, en el propósito de nuestra meditación en la compasión.
Cuando practicamos las meditaciones en la compasión, no es suficiente que sólo sintamos una sensación compasiva en nuestras mentes. Debemos conducir nuestra meditación al nivel más profundo posible. A fin de poder hacerlo, reflexionamos sobre el sufrimiento de todos los seres en los seis reinos del samsara.
Estos seres sintientes que están atravesando tan intensos sufrimientos son los mismos seres que fueron nuestros amorosos padres en el pasado, del presente y lo serán en el futuro. Resumiendo, todos estos seres sintientes son individuos con quienes estamos conectados.
Por lo tanto, siendo que estamos conectados con todos estos seres sintientes, es posible para nosotros llevar nuestra conexión más allá aportándoles beneficios. La más excelente conexión que podemos establecer es la de cultivar un corazón compasivo hacia ellos y pensar en distintas formas en las que podemos reducir sus sufrimientos.
Reflexionando en nuestra conexión con estos seres, debemos engendrar una compasión que ya no pueda soportar más sus sufrimientos. Esta gran e insoportable compasión es extremadamente importante. Sin ella, podríamos sentir una sensación compasiva en nuestras mentes de cuando en cuando, pero esta sensación no producirá todo el poder de la compasión. No puede hacerlo a partir de la base de una práctica comprensiva. Por otra parte, una vez que esta insoportable compasión nace en nuestros corazones, queremos entrar en acción inmediatamente.
Automáticamente comenzaremos a pensar en cómo podemos hacer para liberar a los seres de sufrimiento y así vemos claramente que la forma de desarrollar el altruismo es a través de la meditación en la compasión. Cuando nuestra compasión se vuelve genuina y profunda, nuestras acciones para el beneficio de otros se llevarán a cabo sin ningún esfuerzo y libres de toda duda. Por eso es crucial que profundicemos nuestra práctica de la compasión hasta que esta llegue a ser insoportable.
Al contrario de la forma habitual de abordar la compasión en la que meditamos aquí y allá acerca de la noción general de que los seres sintientes experimentan sufrimiento, la compasión insoportable penetra y mueve nuestro corazón.
Si fuésemos a ver a alguien atrapado en medio de un fuego atroz, no pospondríamos nuestra disposición de ayudarlo. Allí mismo y en ese mismo momento, inmediatamente comenzaríamos a pensar y buscaríamos formas de sacarlo de ahí. De igual modo, con la compasión insoportable, vemos los sufrimientos de todos los seres sintientes de los seis reinos e inmediatamente buscamos formas de liberarlos.
No sólo tratamos genuinamente de hacerlo; también estamos totalmente dispuestos a enfrentar cualquier clase de obstáculos que pudiésemos encontrar en nuestro camino hacia su liberación. No consideramos complicaciones ni dudas.
Todos los seres sintientes tienen compasión básica. Incluso gente que generalmente pudiésemos considerar iracundos, tienen compasión; ellos simplemente no han llevado su compasión básica hasta un nivel más refinado.
Si las personas iracundas no tuviesen ninguna compasión para nada, sería imposible para ellos desarrollar su compasión practicando en el camino.
Todos los seres tienen compasión, pero la puerta para que puedan madurar su compasión ha estado cerrada hasta ahora. De modo que, aún cuando pudiese parecer que algunas personas no tienen compasión en absoluto, todos y cada uno tienen al menos una pequeña semilla de compasión. Esta pequeña semilla puede crecer y transformarse en una gran compasión. El potencial de gran compasión que tenemos puede llegar a manifestarse.
Aun cuando los grandes y nobles seres pueden extender su potencial compasivo de modo que emane y brille a través de ellos, nosotros como seres ordinarios no podemos hacerlo. A pesar de que tenemos la semilla de la compasión, no tenemos la compasión que deseamos. Precisamente cuando más necesitamos la compasión, no podemos tener acceso a ella, la puerta a nuestra compasión está cerrada.
Para fortalecer nuestra compasión y permitir que madure nuestra semilla compasiva, necesitamos el camino. Cuando entramos al camino compasivo, comenzamos a conectarnos con la clase de compasión que necesitamos a fin de alcanzar iluminación.
Ya tenemos compasión, bodhichitta, sabiduría, y muchas otras cualidades positivas, sin embargo, la mayor parte del tiempo, nuestras aflicciones mentales son mucho más fuertes que todas estas.
Es como si nuestras aflicciones hubiesen guardado todas nuestras cualidades positivas y las hubiesen escondido dentro de una caja, pero un día, cuando abramos esa caja y todas nuestras buenas cualidades salgan fuera, no tendremos que andar buscando nuestra compasión. Esta no se encuentra disponible para que la podamos comprar en alguna parte.
Descubriremos más bien que la compasión está presente en nuestras mentes de manera espontánea, que una inmensa riqueza de excelentes cualidades de pronto está disponible para nosotros.
Avalokiteshvara es el bodhisattva que representa el gran corazón compasivo de todos los budas, de modo que su verdadera naturaleza es la de estar lleno de amor y compasión.
Así que, cuando se está haciendo la práctica de Avalokiteshvara, es muy importante que entendamos cómo cultivar compasión.
A fin de desarrollar una buena práctica de amor y compasión, una vez reunidas las causas y condiciones para la misma, es necesario ser capaces de estimular nuestras semillas innatas de amor y compasión, que actúan como preparación para que el amor y la compasión florezcan.
Generalmente hablando, tengamos o no el amor y la compasión totalmente calificados como explicados en el budismo, la mayoría de nosotros tenemos cierto grado de amor y compasión que concuerda con ellos.
Es precisamente sobre la base de este potencial que nos involucramos en la práctica budista. Aparte de desarrollar y expandir aún más la semilla del amor y la compasión que ya tenemos en nuestras mentes, no necesitamos involucrarnos en desarrollar ninguna otra sensación de “amor” y “compasión” como cierta clase de disciplina espiritual formal.
Antes de que el amor y la compasión hacia otros puedan surgir en nuestra mente, primero necesitamos pensar en otros de manera agradable y positiva.
A fin de que esto sea posible, debemos investigar la relación entre nosotros y los demás dentro de una amistad afectuosa y podremos ver que el punto de partida de una relación amistosa es el intercambio mutuo de beneficios y el ser amigables de manera armoniosa unos con otros.
Al cultivar tal clase de relación, surgirán naturalmente pensamientos agradables acerca de cada quien. Esto es lo que se entiende por amor y compasión. Cuando hablamos acerca de esto desde el punto de vista budista, no solamente generamos pensamientos agradables acerca de una o dos personas, sino por el vasto reino de todos los seres sintientes en el universo cuyo número es ilimitado como el espacio mismo. Si no podemos hacerlo, entonces debemos al menos tratar de hacer surgir pensamientos positivos por todas las clases de seres que viven en este mundo.
Antes de que podamos generar tal clase de pensamientos, debemos comenzar por saber si existe una relación afectuosa de valoración mutua e interés entre nosotros y todos esos seres.
De ser así, eso generará pensamientos positivos.
Junto con estos pensamientos positivos viene el planteamiento del querer felicidad y liberación de sufrimiento para otros seres. De esta manera, llegamos a tener una conexión afectiva con todos los seres sintientes.
Para que esto pueda suceder, lo más importante a tener presente es que todos los seres tienen la naturaleza de ser beneficiosos para nosotros y de mostrarnos una gran bondad.
Respecto a esto, se enseña en las escrituras budistas que no existe ni siquiera un solo ser sintiente que no haya sido en algún momento nuestro padre, madre, nuestro pariente o amigo.
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