Los maestros del mahamudra
Extracto de los cánticos e historias
de los ochenta y cuatro siddhas budistas
Keith Dowman
Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez Caracas, 2018
Prefacio
Mahamudra es un nombre del más elevado camino tántrico hacia la budeidad, y es igualmente el máximo propósito. Los ochenta y cuatro maestros del mahamudra fueron los padres fundadores originales de la tradición, quienes formularon sus técnicas de meditación y también, los fundadores del linaje de sucesión de practicantes de esas técnicas.
Todos ellos alcanzaron la realización de la budeidad. Fueron llamados mahasiddhas, los de los grandes logros, y vivieron en la India entre el siglo octavo y el siglo doce.
El núcleo de este trabajo de Keith Dowman Los maestros del mahamudra es una adaptación del texto tibetano llamado Leyendas de los Ochenta y Cuatro Mahasiddhas, el cual puede ser apreciado en tres niveles. Primeramente, las leyendas de los históricamente preeminentes siddhas –como por ejemplo Nagarjuna, Saraha, Luipa, Virupa, para nombrar algunos- son historias de poder mágico y conocimiento. Estas ejemplifican las impresionantes y didácticamente entretenidas historias pertenecientes a los linajes budistas del tantra hindú transmitidas de guru a discípulo a lo largo de los siglos.
Segundo, la mayoría de las leyendas pueden ser percibidas como alegorías, en las cuales cada anécdota es una analogía y cada acto una metáfora compuestas para instruir al iniciado tántrico en su práctica de vida y meditación.
Tercero, siendo que las leyendas fueron escritas poco después de la muerte del último de los ochenta y cuatro, algo de historia puede extraerse de ellas a pesar de las depredaciones ortográficas de los escribas y los talladores de bloques de madera.
De modo que tenemos ochenta y cuatro leyendas tántricas auténticas, ochenta y cuatro paradigmas de técnicas de meditación tántrica, y ochenta y cuatro personalidades, algunas históricas, otras arquetípicas, quienes vivieron en la India entre el siglo octavo y el siglo doce.
Los encabezamientos de los ochenta y cuatro capítulos son los nombres de los siddhas de las leyendas. El primer componente del material bajo cada título es una o dos stanzas –líneas- del doha o “cántico de realización”.
Estos cánticos revelan la naturaleza de la realización del siddha y el camino que recorrieron para alcanzarlo, todos dentro de la imaginería formal y la terminología técnica de la tradición Mahamudra. Bajo este verso inicial está la leyenda misma.
La introducción a este trabajo es también una introducción al Tantra budista, el cual alcanza su climax en el Mahamudra. Estos antecedentes deben proporcionar entendimiento respecto al contexto y las técnicas de la meditación Mahamudra y también respecto a los conceptos y la terminología de las instrucciones de meditación en las leyendas.
La primera parte del comentario que sigue a cada leyenda como introducción, se ha escrito principalmente para aquellos lectores interesados en las leyendas como paradigmas de la técnica de meditación, y siendo así, se ha titulado Sadhana, lo cual significa “el emprendimiento y método de la práctica existencial intencional”.
Para ampliar la comprensión de este término, hemos encontrado lo siguiente en el glosario: Sadhana: “los medios del logro”; las técnicas psicológicas y meta-psicológicas tántricas; sadhana es ambos, un modelo del ideal tántrico formulado en un manual de instrucción en mudra, mantra y samadhi, visualización y recitación, que consta de un ritual de meditación, y también la práctica de vida de la intención del tantrica una vez alcanzado el Mahamudra o un objetivo inferior. [Más adelante encontraremos más información acerca del término sadhana].
Por ejemplo, el trabajo de identificar y actualizar las realidades psíquicas que son indicadas por el complejo simbolismo inter relacionado de la iconografía de la deidad, y realizar a través de la experiencia propia los diversos estados de consciencia evocados en la poesía de los tantras y sus sadhanas, puede ser logrado solamente a través de la meditación en el laboratorio de la mente bajo óptimas condiciones –idealmente en un retiro en soledad en la montaña.
Este comentario refleja experiencia en una tradición meditativa similar a la de la tradición de los siddhas alcanzada por el comentarista durante doce años de práctica.
Los interesados occidentales que buscan comprender la naturaleza de la mente a través del Tantra, no son frecuentemente obstaculizados por su motivación o capacidad para meditar. Más bien por la malinterpretación del significado simbólico y de la iconografía y por fallar en penetrar el verdadero significado de la terminología, de las ideas y conceptos, problemas en el reino de la hermeneútica [el arte de interpretar textos, generalmente sagrados], todos estos probablemente conforman sus mayores obstáculos.
Siendo así, el estudio de traducciones literales de textos tántricos sin comentarios en un lenguaje que tenga significado personal para el estudiante, o sin la transmisión oral de un maestro que ha alcanzado realización del objetivo del Tantra a través de las técnicas descritas, es contraproducente si es que no un real peligro para la salud mental, cordura y sensatez.
Justificación para el comentario interpretativo y así mismo para una interpretativa traducción, los encontramos en Tíbet y China durante los períodos tempranos de la transmisión de la doctrina, cuando la fórmula esencial del Tantra era replanteada en los idiomas culturales de esos países. Con esos exitosos precedentes en mente, el lenguaje de la introducción a este trabajo y al comentario, algunas veces introduce conceptos occidentales bastante alejados de los eruditos tradicionalistas tibetanos.
Por ejemplo, aquellos lectores familiarizados con la homeopatía pueden ganar introspección con respecto a los métodos del Tantra a través de la teoría resumida en el latín similia similibus curantor, con sus connotaciones de “el veneno es la panacea” y “mientras más pequeña la dosis mayor la potencia.”
Después de la sadhana, bajo el encabezado de historiografía, se ha reunido todo el material relevante a la tarea de establecer la identidad histórica del siddha, su lugar en el linaje y el período de su existencia. El sufijo pa en los nombres de los siddhas es a la vez una contracción del sánscrito pada, una forma honorífica aplicada a santos y siddhas y un denominador masculino tibetano. La forma femenina de mahasiddha es mahasiddha, de siddha siddha, lo que detalla que no hay término diferente en tibetano.
Introducción
La evolución del tantra como dominante poder espiritual en la vida de la India coincidió con el crecimiento de una terrible y destructiva amenaza en la frontera nororiental. A comienzos del siglo octavo, cuando el poder árabe tenía supremacía desde Marruecos hasta Sindh [Pakistán], en la India, los numerosos herederos de la gloria imperial Gupta estaban involucrados en conflictos internos y la cultura india estaba decayendo.
A medida que gran cantidad de refugiados budistas aportaba relatos de la destrucción de la Asia central budista a la India, el tantra estaba incrementando su influencia, particularmente en Oddiyana, actual Pakistán, el estado fronterizo y también en India oriental, donde un nuevo poder estaba emergiendo: la Dinastía Pala.
Cerca de cuatro siglos pasaron entre el 711 AC cuando Pakistán fue conquistado y el final del siglo doce cuando el Árbol de la Iluminación del Buda fue finalmente profanado por soldados turcos. Algunos críticos mantienen que el último florecimiento de la civilización india pura entre el siglo octavo y el siglo doce fue el más esplendoroso logro de la historia cultural hindú. Durante ese período el Tíbet acogió el tantra budista y la parte principal del canon tántrico budista fue traducido al tibetano, salvándolo de ese modo de la incineración en las grandes bibliotecas hindúes.
Los ochenta y cuatro siddhas, cuyas vidas y prácticas son descritas en estas leyendas, fueron los que practicaron el tantra budista, como opuesto al tantra hindú de los devotos de Siva.
El número ochenta y cuatro es un “todo” o “número perfecto”. De modo que los ochenta y cuatro siddhas pueden ser vistos como arquetipos representando los miles de ejemplares y adeptos del camino tántrico. Ellos fueron notables por su diversidad en cuanto a antecedentes familiares y la diversidad de sus cargos sociales, encontrados en cada tipo de estructura social: reyes y ministros, sacerdotes y yoguis, poetas y músicos, artesanos y campesinos, amas de casa y prostitutas.
Sin embargo, los más grandes nombres entre los ochenta y cuatro –Tilopa, Naropa, Saraha, Luipa, Ghantapa, Dombipa, etc- eran sadhus, yoguis mendicantes que vivían con la gente al nivel más básico de la sociedad, enseñando más a través de vibraciones psíquicas, posturas y actitud –mantra, mudra y tantra- que dando sermones.
Algunos de estos siddhas eran iconoclastas, disidentes y rebeldes anti establishment, anti institucionalismo realizando las funciones necesarias de destruir la rigidez de viejas e intrincadas costumbres y hábitos, de modo que la espontaneidad y nueva validez pudiese florecer.
Las obsesivas reglas y regulaciones de castas en la sociedad, y los rituales religiosos como fines en sí mismos, fueron socavados por la ejemplar libertad de la forma de vida de los siddhas. El tantra permaneció preservado por los iniciados en el linaje y ningún institucionalismo comprometió su espíritu de libertad existencial.
Una vez que las enseñanzas tántricas fueron puestas por escrito, ya no pudo continuar permaneciendo secreto. Hubo muchas razones para mantenerlas en secreto, quizás la más importante haya sido la necesidad de evitar la propaganda hostil de la ortodoxia bramánica.
Antes de describir los yogas y las enseñanzas de estos aventureros espirituales y multifacéticos adeptos llamados siddhas, sería útil definir diversas palabras sáncritas que permanecen sin traducción a lo largo de este comentario, palabras que no tienen equivalente en inglés ni en español [ni en español].
La primera palabra es siddha. Literalmente, un siddha es un practicante de Tantra, quien ha tenido éxito en alcanzar el objetivo de su meditación. Este logro es conocido como siddhi. Siddhi tiene dos aspectos: poderes mágicos [el mundano] y la iluminación del Buda [el ulterior].
De modo que siddhi puede ser entendido como ‘santo’, ‘mago’, ‘adepto’, pero esas palabras son débiles pues fallan en evocar la originalidad del estilo de vida tántrico de los siddhas. La gente común, impresionada por las apariencias no concibe el objetivo esotérico del siddha –el Mahamudra- y no puede saber que un siddha pudiese ser un simple campesino, un trabajador de oficina, un rey, un monje, un sirviente o un vagabundo.
La palabra sánscrita sadhana puede ser traducida como “disciplina espiritual”. También puede ser reproducida como “técnicas psico-experimentales de transcendencia de personalidad y éxtasis”, o “la actividad de integración de cuerpo, palabra y mente motivada por el voto del bodhisattva.
Más específicamente, sadhana es “la práctica del yoguin de los preceptos de su guru”, o “la liturgia de meditación del iniciado”. Obviamente, sadhana es un concepto vital para el tantrika [el practicante de tantra]. De hecho, sadhana es toda su vida, hasta el grado de que, si su vida no está integrada a la sadhana, pierde el compromiso que juró en el momento de la iniciación, el cual está basado en su intención de dedicar sin ambición personal su vida entera a la experiencia gnóstica, no-dual de la iluminación y al beneficio de los demás.
La forma tibetana de la palabra sadhana quiere decir simplemente “el método de alcanzar el logro [éxito]. Las formas de las sadhanas de los mahasiddhas son tan variadas como sus propias personalidades, aun cuando en el sentido estricto de la sadhana, la mayoría de sus técnicas de meditación pertenecen a lo que es conocido como los tipos de meditación de creación y culminación.
El invariable objetivo de la sadhana de estos siddhas es el siddhi del mahamudra. Siddhi ya ha sido definido como “poder” y ese poder es de dos clases: mundano y ulterior, o lo que es lo mismo: ordinario y supremo. El último es sinónimo del siddhi del mahamudra, el cual es nada menos que la iluminación del Buda.
La forma más fácil de lidiar con la vaga y sobre saturada palabra “iluminación” es definirla como el ‘logro de la máxima experiencia mística de la unicidad de todas las cosas’, la ‘cognición no-dual de la realidad última’, la ‘clara luz’, la ‘consciencia gnóstica’ –la ‘disolución de la personalidad individual en la mente universal’. La iluminación del Buda es específicamente definida como coincidiendo con una sensibilidad vasta, empática, entregada y social –amor- de hecho. Ese es el siddhi del mahamudra.
El mahayana explica “Buddha” en términos de tres “cuerpos” o “tres modos de ser”: ser como espacio abierto y consciencia, ser como un instructivo y visionario disfrute, y ser como una compasiva aparición.
Un cuarto modo de ser es ser espontáneo, integrando los otros tres y esto puede ser llamado Mahamudra –El Gran Sello, El Símbolo Maravilloso, El Estadio Sublime, La Realidad Absoluta.
El siddhi del mahamudra está invariablemente acompañado del siddhi mundano, pero no lo contrario. El siddhi mundano es convencionalmente definido como el logro de los ocho grandes siddhis, los seis poderes extra sensoriales y los cuatro transformativos modos de acción.
Los grandes poderes son enumerados de diferente manera en las diversas tradiciones, algunas veces como siete, otras veces como ocho. Los siddhis que Nagabodhi alcanzó de Nagarjuna en estas leyendas fueron: el poder de pasar a través de la materia, el poder de blandir la espada encantada de la consciencia despierta, los poderes de creación y destrucción –materialización y desmaterialización, los poderes para dispensar la píldora de la visión del tercer ojo y el ojo de la omnisciencia, el poder del rápido andar, y el poder de llevar a cabo la alquimia de la inmortalidad.
El lenguaje de esta lista puede ser interpretado literalmente o figurativamente, de acuerdo con la fe en el crédulo, o figurativamente para demostrar, por ejemplo, la naturaleza de la realidad como un sueño, una ilusión, una alucinación, donde todas las cosas son experimentadas bajo la luz del precepto básico “todo es mente”.
Para el siddha no existe la dualidad cuerpo/mente, materia/espíritu. Finalmente, lo que hace grandes a estos siddhis es su utilización como ayudas técnicas en la sadhana del mahamudra.
Los seis poderes extra-sensoriales son poderes mentales del mismo orden que los grandes siddhis pero están agrupados en una terminología psicológica.
Aun cuando la lectura y la memoria de vidas pasadas no necesita explicación, la clara audición es “la divina audición” a través de la cual todas las lenguas, incluyendo las de los pájaros y otros animales puede ser entendida de cerca y a la distancia; clarividencia, “el ojo divino”, como la visión astral, implicando especialmente intuición del sufrimiento de otros; la habilidad para realizar milagros incluyendo la manipulación de los elementos, el volar, y el andar sobre el agua, etc.
Finalmente, la habilidad para parar y extinguir la emotividad, lo cual conduce al nirvana*. Estos, nuevamente, son todos poderes que pueden ser utilizados para acelerar el logro del siddhi del mahamudra en uno mismo y en otros.
Un conocimiento inicial de tales poderes como la clara audición y la lectura de las mentes es accesible a los principiantes por ejemplo en la meditación de la concentración, pero evocar tales poderes a voluntad durante la experiencia post meditativa, es, sin embargo, un signo de éxito en la sadhana.
*Nirvana. Literalmente es traducido como “más allá del sufrimiento”. El nirvana en el hinayana es la extinción de la existencia individual, el fin de la transmigración. El nirvana del bodhisattva consiste en la liberación simultánea de todos los seres del samsara. El mahanirvana del mahamudra es el puro placer de unificar la compasión hábilmente direccionada y la perfecta introspección en un flujo de pura consciencia que libera a todos los seres. Sin importar cómo sea formulado, nirvana implica liberación del samsara. Nirvana es un continuo de vacuidad.
Los modos de acción transformativa –pacificación, enriquecimiento, control y destrucción- emplean los ocho grandes siddhis, los poderes extrasensoriales y todo medio habilidoso posible para calmar la mente, la de uno mismo y la de otros; dotarla de enriquecedoras cualidades, controlar o manipularla con propósitos beneficiosos, o eliminarla.
Los medios para llevar a cabo estas cuatro técnicas de alteración de consciencia deben surgir espontáneamente a partir de la realización del siddha, ya que carece de poder si la acción depende del pensamiento discursivo. La intuición inmediata y el logro de estos cuatro modos están representados por cuatro dakinis que deben ser propiciadas.
Samsara es usualmente traducido como “rueda de la vida”, “ciclo de renacimiento”, “ciclo de confusión”, “existencia transmigratoria”, son frases adecuadas, pero pobres en cuanto a su connotación. Exotéricamente, samsara es el frustrante ciclo de renacimiento a través del reino humano, el cielo y el infierno, el animal y el reino de los espíritus, determinado por nuestras propias acciones, o karma.
Esotéricamente, samsara es ese girar de la mente condicionado por diversos y sucesivos estados emocionales complejos, condicionados por el pensamiento, descritos en términos de la penetrante psicología de los seis reinos.
En términos psicológicos, samsara es “ansiedad”, la cual todos más o menos admitimos, aun cuando solo la ansiedad aguda es conocida como un estado que debe ser tratado –por un sacerdote, un psiquiatra o un analista. La psicosis, la paranoia y los delirios de grandeza, la esquizofrenia y la neurosis, son todos términos que describen los reinos del samsara. De acuerdo con el análisis budista, hasta cierto punto toda la humanidad es psicótica, o al menos alienada, hasta que la liberación es lograda.
Independientemente de que sea visto en términos de transmigración, la insatisfactoria condición humana, la ansiedad o neurosis, el samsara es de lo que todas las personas algunas veces, y otras personas siempre, desean escapar.
El budismo tiene que ver principalmente con técnicas para escapar del samsara al nirvana. En el contexto budista, donde se utiliza la palabra “liberación”, éste siempre se refiere a liberarse del samsara. Los siddhas desarrollaron sus propios métodos de liberación, los cuales pueden ser caracterizados como rápidos, democráticos, exigentes y peligrosos.
El significado literal de la palabra tantra se utiliza poco en el lenguaje común. Significa “hilo conductor”, “continuidad”. Hace referencia al esencial, inmutable y continuo elemento en la vida, y ese es vacuidad.
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Que nuestra sincera motivación y esfuerzos
contribuyan a liberar a los seres de toda forma de sufrimiento