El Buda de la medicina
Comentario de Raoul Birnbaum sobre enseñanzas del
Ven. Khempo Karthar Rimpoché
Publicado por la revista DENSAL
Traducción y edición: María Mercedes Márquez
Caracas, mayo, 2009
Históricamente, los sutras hablan acerca de dos bodhisattvas de la curación: “El Rey de la Curación” y “El Curador Supremo”. Estos aparecen en el Sutra del Loto y también en el Sutra sobre La Contemplación de los bodhisattvas de la curación, basados ambos en la tradición de los siglos V a.C. y I d.C. Allí, los bodhisattvas son presentados por el Buda ante la numerosa asamblea de asistentes ofreciendo dharanis o fórmulas místicas. El Buda profetiza acerca de su futura budeidad, describe también sus métodos de contemplación y relata sus vidas pasadas.
En una vida pasada, El Rey de la Curación había sido un laico próspero quien, inspirado por un monje viajero a ofrendar el fruto del Myrobalan y otras yerbas curativas a la orden de monjes, había expresado la aspiración de alcanzar la iluminación para beneficio de todos los seres. Su hermano lo siguió después y más adelante se convirtió en El Supremo Curador.
En el presente, es más importante El Buda de La Medicina, el Tathagata Maestro que irradia rayos color Lápiz Lázuli. La traducción presentada se encuentra en el Sutra del Mérito de Los Votos del Buda Curador, y pertenece a la versión china del Sutra del maestro Tang, Hsuan Tsang.
Hay un texto sánscrito encontrado cerca de Gilgit en Cachemira y también una versión en tibetano. El Sutra aparece en el siglo IV y parece haber una fuerte relación entre El Buda de La Medicina y el antiguo bodhisattva, El Rey de La Curación. En el Sutra, el Buda menciona doce votos que el Buda de La Curación hizo cuando trazó un delineamiento sobre el camino del bodhisattva y donde describió su forma como siendo de radiante luminosidad como lápiz lázuli, la que “brillante ilumina los reinos ilimitados, incontables e infinitos”.
Los votos incluyen el ayudar a los que se encuentran enfermos u oprimidos; a los que van por caminos equivocados; a los hambrientos; a los que simplemente sufren si les dirigen un llamado. El lápiz lázuli es una gema preciosa para el budismo, y según la cosmología tradicional, se encuentra en el lado oriental del Monte Meru.
De acuerdo con la tradición, las gemas y metales preciosos tienen poderes curativos. En las imágenes de los budas, el tazón de mendicante está hecho de lápiz lázuli y lleno de amrita, el elixir de la iluminación.
Sangye Menla sostiene el tazón en la mano izquierda, lo que constituye el mudra (la actitud) de la meditación. En la mano derecha está en actitud de dar y sostiene una rama de Myrobalan, conocida por una sustancia curativa muy popular dentro de la medicina hindú. Es notable que el Myrobalan afecte tanto a la mente como al cuerpo con sus propiedades curativas, indicando la naturaleza abarcante de la curación del Buda.
En relación con las imágenes, habría que tomar en cuenta existe una vastedad que yace más allá de las limitaciones de la comprensión humana. Las imágenes cristalizan esta vastedad de manera fácilmente comprensible para la mente y como foco para rendir homenaje. Visualizando la imagen de la forma revelada [basada en la descripción registrada por maestros del pasado], el devoto puede entrar en profunda comunicación con la deidad. Las imágenes son utilizadas como conducto, como línea de comunicación con los reinos invisibles.
El homenaje al Buda Curador como se presenta en el sutra incluye el estudio y la veneración del sutra en sí, lo que es importante particularmente en la tradición china. El leer estos sutras ocasiona la expansión de los propios horizontes y proporciona un sentimiento maravilloso hacia la amplia visión del universo budista, así como la vastedad de las aspiraciones y acciones de los bodhisattvas.
En la tradición tibetana se da mucha importancia a las prácticas que implican la invocación a la deidad, el mandala, la recitación de mantras, etc. El objetivo es alcanzar el estado de la deidad, es decir, el estado de la mente completamente despierta, pues, a pesar de nuestras buenas intensiones y el deseo de curar a otros, no podremos hacerlo a menos que removamos nuestros propios oscurecimientos. Nuestra efectividad como sanadores está en relación con el nivel de salud y purificación que nosotros mismos hemos alcanzado.
El resultado que se puede esperar depende de la intensión y la motivación de cada individuo, nos dice Khempo Rimpoché. El propósito de una persona al practicar puede ser el de eliminar solamente su propio dolor y sufrimiento -lo que está bien- pero ese será el único resultado que podrá obtener de la práctica.
Otros podrían dirigir sus prácticas hacia el beneficio de todos los seres sensibles, lo que, por supuesto, es la actitud iluminada, la bodhichitta. Otros podrían no tener ningún objetivo en absoluto y sería difícil saber qué resultados obtendrán.
En otras palabras, hay muchos niveles diferentes que van desde los deseos de éxito y salud para nosotros y nuestros seres queridos; larga vida para los lamas y miembros del linaje; beneficio para los moribundos; por la paz del mundo, etc. La efectividad dependerá completamente de la motivación de la persona.
Debido al karma negativo acumulado se produce actualmente una proliferación de enfermedades, sufrimientos, pobreza y guerras en el reino humano, a medida que nos aproximamos a la Edad de la Oscuridad. Aunque en todo el mundo se elaboran medicinas y remedios para tratar de enfrentar estos problemas y enfermedades, desafortunadamente se dirigen a tratar las ramas de la enfermedad y no la raíz.
¿Cuál es la raíz de todas las enfermedades? Las kleshas, las contaminaciones que oscurecen nuestra realización de la budeidad: el odio, el apego y la ignorancia. Sólo si nos purificamos y conquistamos tales negatividades, seremos capaces de vencer todas las enfermedades. La práctica del Buda de la Medicina tiene la capacidad de remover la raíz del sufrimiento y purificar al practicante.
Desde el punto de vista budista, inicialmente la enfermedad es causada por la mente. El Buda tendría que prescribir la meditación y la práctica espiritual a los enfermos, por ejemplo, la práctica de la atención consciente, la práctica del dharma, de la diligencia, la alegría, la tranquilidad, la ecuanimidad, etc. Para quienes tuvieran enfermedades fatales prescribiría la meditación sobre la impermanencia.
Las prácticas constituyen los medios para vencer los tres venenos de la codicia, la rabia y la ilusión. Estos tres venenos internos se relacionan con los tres venenos que en desequilibrio causan la enfermedad: la codicia que genera demasiado aire; la rabia que produce excesiva cantidad de bilis y la ilusión que produce una sobreabundancia de flema. Por otra parte, la enfermedad puede ser una oportunidad para el crecimiento espiritual.
El Buda le dijo a uno de sus principales discípulos: “Debido a tu propia enfermedad debes tener compasión por todos los otros que están enfermos; debes conocer los sufrimientos de las vidas pasadas durante incontable número de eones y debido a esto debes pensar en el bienestar de todos los seres. Por último, la práctica espiritual es un medio para curar el dolor y la enfermedad de los seres.”
En cuanto a la aplicación de esta práctica a la medicina occidental, Khempo Rimpoché explica que aun cuando hay muchos diferentes tipos de médicos y técnicas medicinales disponibles, el tratamiento se limita a dirigirse a los efectos específicos de las determinadas enfermedades, lo que, aunque admirables, no necesariamente podrán prevenir el surgimiento de otra enfermedad antes de curar la primera.
Rimpoché señala que, si estos doctores pudieran incluir las prácticas del Buda de la Medicina dentro de sus técnicas, el resultado sería mucho más efectivo. A los médicos y sanadores comprometidos con las prácticas del Buda de la Medicina se les invita a imaginar la luz de su mantra brillando sobre sus medicamentos, herramientas o instrumentos.
En esta forma, la medicina podría tornarse mucho más efectiva, pero nuevamente, la efectividad sería proporcional a la confianza de la persona en el Buda de la Medicina. Se sabe que esta práctica puede también ser efectiva para los moribundos y que en general puede ayudar a eliminar el temor a la muerte.
En cuanto a los beneficios de la práctica regular, uno puede desarrollar ilimitada sabiduría espiritual, entusiasmo y comprensión, larga vida, felicidad y paz, así como la eliminación de todos los conflictos, el dolor, la enfermedad y los sufrimientos propios y los de otros seres sintientes.
Las llaves maestras para el desarrollo de una apertura hacia el Buda de la Medicina están constituidas por tres tipos de fe:
Fe clara, comprendiendo que el inmaculado y puro estado del Buda de la Medicina es una verdad en el momento presente y no considerarlo como una historia del pasado o ciencia ficción futurista. Creyendo también que con la práctica diligente tenemos la capacidad de alcanzar la iluminación y de experimentar el reino puro del Buda de la Medicina.
Fe creyente, comprendiendo que el ser iluminado es el nivel absoluto y que alcanzar ese nivel consiste en purificar nuestras obscuraciones y develar nuestra naturaleza de Buda.
Finalmente, fe en la aspiración, donde habiendo eliminado totalmente las dudas en relación con el desarrollo de los dos tipos de fe anteriormente mencionados, el practicante aspira alcanzar el nivel absoluto de la budeidad y se aplica consistentemente y con alegría a la práctica para beneficio de todos sin excepción alguna.
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Que nuestra sincera motivación y esfuerzos contribuyan a eliminar los sufrimientos de todos los seres y a establecerlos en la perfecta budeidad.