El practicante de meditación
Longchen Rabjam
Traducción y edición: Maria Mercedes Márquez
Caracas, 2005
Como individuo que asume la práctica, debes tener fe, perseverancia, sentido de renuncia y de desencanto. Sentirte entristecido y hastiado del samsara, y esforzarte por alcanzar la liberación. Al renunciar a las preocupaciones de esta vida y buscar la eventual iluminación, debes dejar atrás las distracciones y ocupaciones, y tener pocas aflicciones mentales.
Sé pausado y tolerante. Ten una percepción pura y gran devoción, así como estabilidad mental y un profundo respeto por las enseñanzas. ¡Esta clase de practicantes alcanzarán la liberación suprema!
Debes servir en la mejor forma posible a un noble maestro, y purificar tu mente mediante el estudio, la reflexión y la meditación. En particular, deberías pasar tus días y noches aplicándote de manera diligente a las instrucciones esenciales de las transmisiones orales del linaje.
Sin que las preocupaciones ordinarias te distraigan ni por un solo instante, aplícate de manera diligente al significado más profundo.
Sin transgredir los preceptos de los sravakas, bodhisattvas y vidyadharas, con tu mente bajo control, ayuda a los demás en cualquier forma que puedas, e incluye cualquier cosa que experimentes en el camino hacia la liberación.
Como principiante, es sumamente importante que garantices tu propio bienestar protegiendo tu mente en un lugar solitario, abandonando las distracciones y las ocupaciones, evitando situaciones desfavorables y subyugando las aflicciones mentales con los antídotos apropiados.
Asegurándote que tu visión y tu conducta estén en armonía, dedícate de manera entusiasta a la meditación.
Cada vez que surja cualquiera de los cinco venenos ordinarios, en ese mismo instante, atrápalo con la atención y, sin distracción, aplica los antídotos.
Con rectitud, vigilancia introspectiva, moderación y un sentido de dignidad, pon tu mente bajo control.
Observa la igualdad de la alabanza y la culpabilización, la aprobación y la desaprobación, la buena y la mala reputación, porque sencillamente son como ilusiones o sueños y no tienen existencia verdadera. Aprende a tolerarlas como si fuesen meros ecos, y corta de raíz la mente que se aferra a un “yo” o “ego”.
En breve, sin nunca transgredir el dharma en todo lo que hagas, pon tu mente bajo control, no hagas daño a los demás. Y, sin sucumbir ni por un instante a las aflicciones mentales, dedica tus días y noches a la virtud. ¡Esto es crucial!
Hoy en día, cuando las personas son tan ingobernables, es vital que primero alcances tu propio bienestar permaneciendo en soledad.
Tal como un ave no puede volar sin ambas alas, el bienestar de los demás no puede lograrse sin la percepción de las facultades superiores. Así que esfuérzate de manera diligente por alcanzar tu propio bienestar, mientras que mentalmente consideras el bienestar de los demás.
Sin permitir que tu mente sea engañada por los maras –demonios- insinceros de la distracción y las ocupaciones, es vital que te apliques a la práctica.
¡No seas tú mismo la causa de tu arrepentimiento al momento de la muerte!
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