LAS PRÁCTICAS DE PURIFICACIÓN

 

Las prácticas de purificación

Buda Sakyamuni, Maestro Sheng-yen y Amaro Bhikkhu

Traducción y edición: María Mercedes Márquez

El orfebre

Buda Sakyamuni  

En el oro existen estas impurezas brutas: sucio, arena, grava y arenisca. Habiendo colocado el oro en una tina, el que lava el sucio, lo lava una y otra vez hasta que las ha lavado todas.

Una vez que se ha librado de ellas, en el oro quedan impurezas moderadas: arena gruesa y arenisca fina.  Él lava el oro una y otra vez hasta que las ha removido todas. 

Una vez que se ha librado de ellas, en el oro quedan las impurezas finas: arena fina y polvo negro.  El que lava el sucio, lava el oro una y otra vez hasta que las ha lavado todas. 

Una vez que se ha librado de ellas, queda tan sólo el polvo del oro.  El orfebre, colocándolo en un crisol, sopla sobre el oro una y otra vez para remover el polvo. Una vez que ha eliminado el polvo, entonces el oro es refinado, flexible, maleable y luminoso.

No es quebradizo y está listo para ser trabajado.  Luego, cualquier tipo de ornamento que el orfebre tenga en mente  -un cinturón, un arete, un collar o una cadena de oro-  el oro servirá ese propósito.

 De igual forma, existen estas impurezas brutas en ti como meditador: conducta errónea en cuerpo, palabra y mente. Estas las abandonas, las destruyes, las dispersas, las borras de la existencia. Cuando se han ido quedan las impurezas moderadas: pensamientos de sensualidad, mala voluntad y pensamientos dañinos. 

Estos, los eliminas de la existencia.  Cuando se han ido, quedan las impurezas finas: pensamientos acerca de tu raza y antecedentes, pensamientos relacionados con no desear ser despreciado.  La existencia de la existencia.

Cuando estos se han ido, quedan solamente pensamientos acerca del dharma. Tu concentración no es ni calmada ni refinada. 

Aún no ha logrado serenidad o unidad. Es mantenida en su lugar por la actividad de la restricción forzada. Pero llega un momento cuando tu mente crece estable interiormente, se asienta, crece unificada y concentrada.

Tu concentración es calmada y refinada, ha logrado serenidad y unidad. Ya no es mantenida en lugar por la actividad de la restricción forzada.  Entonces, cualquiera de los seis más altos conocimientos hacia los que dirijas tu mente para conocer y realizar –incluyendo el completo final de todas las impurezas mentales-  tu puedes ser testigo de ellas por ti mismo cada vez que haya una apertura.

El mejor método

Maestro Sheng-yen

The Life and Heart of Ch’an Practice

Dharma Drum Publications

Antes de cultivar samadhi, personas con pesados o profundos obstáculos kármicos, pudiesen no sentir dolor en cuerpo y mente. Pero después de comenzar la vida de la cultivación, las obstrucciones del cuerpo y de la mente se tornan relucientemente aparentes.

El mejor método para tales personas es llevar a cabo servicios voluntarios para el público y emprender arduas tareas físicas para la sangha. En lugar de buscar logros, ellos buscan eliminar su karma.  Después de cierto tiempo, su deseo de fama, beneficios, y bienes materiales se debilita.  Entonces, aún cuando no lograsen profundo samadhi, sus mentes se purifican gradualmente.

La perfección de la pureza

Amaro Bhikkhu

Amaro Bhikku es co-abad del Monasterio Abhayagiri en Redwood City, California.  Su libro más reciente es Silent Rain (Sanghapala Foundation).

Los hábitos de identificación, atracción, rechazo, y ansiedad crean sufrimiento y conducen al renacimiento en el samsara.  Ellos nos mantienen lejos de nuestro principal objetivo, el de reconocer la realidad ulterior y la completa iluminación. 

La realidad ulterior es el principio de que todos los fenómenos mentales y físicos  -la gente, las montañas, las galaxias, el subway de New York-   son vistos como carentes de esencia substancial o de una identidad propia independiente.  A fin de ver la verdadera naturaleza de los fenómenos existentes, necesitamos purificar la niebla mental que nos impide verla.

El Buda enseñó que “es gracias al desarrollo de la virtud, de la concentración, y la sabiduría, que la iluminación ha sido totalmente realizada”.  A fin de aprender cómo aplicar apropiadamente estos tres agentes de purificación, la virtud, la concentración y la sabiduría, nosotros necesitamos aprender de nuestros errores. Purificación es sinónimo del acto de aprender.

Los métodos para hacer esto giran alrededor de un reconocimiento consciente por parte del individuo de las tendencias destructivas o engañosas de sus acciones, de sus palabras y de su mente, junto a la resolución de hacerlo mejor en el futuro. 

Esto es trabajar sobre el principio de que, si nosotros simplemente negamos nuestras miserias o tratamos de jugar la carta de triunfo de la “Realidad Absoluta”, el karma obstructivo será regenerado continuamente, e inconscientemente. 

Sin embargo, una vez que las cosas son expuestas y reconocidas honestamente, la purificación puede funcionar libremente.  En la tradición Theravada decimos: 

La lluvia empapa lo que se mantiene envuelto,

pero nunca empapa lo que está expuesto;

descubre, entonces, lo que está escondido.

Dejemos que lo empape la lluvia.

 

Otro texto lo plantea en esta forma: “Por ser crecimiento en la forma de entrenamiento del Buda, cuando uno ve su error como tal hace correcciones de acuerdo con el dharma, y emprende ser más cuidadoso en el futuro”. 

Estos actos de reconocimiento pueden variar en tamaño desde un breve darse cuenta mental, a la recitación de la regla monástica, a la “Ceremonia de Arrepentimiento de los Diez Mil Budas”, o las 100.000 postraciones, recitaciones de mantra, y visualizaciones empleadas en la práctica tibetana del ngondro. 

Sin embargo, independientemente de la grandiosidad del acto, la esencia de la transformación es idéntica  -es un desprendimiento radical del pasado y una reforma de la actitud.  A nivel psicológico, este acto es el catalizador de todo desarrollo beneficioso.

El Buda extendió este principio de purificación a través de diferentes enfoques hacia la meditación, particularmente el desarrollo de lo que son conocidas como “Las Cuatro Fundaciones del Conciente Darse Cuenta” o Satipatthana. 

Brevemente, estas cuatro son: atención conciente de cuerpo, de sensación, de estados mentales, o estados de ánimo, y de objetos mentales, o las categorías de lo fenoménico según las enseñanzas del Buda, tales como las cuatro nobles verdades. 

Estas son descritas como, “Un camino que va en una sola dirección: hacia la purificación de los seres, a la erradicación del sufrimiento, a la desaparición del dolor y el pesar, al logro del verdadero objetivo, a la realización de nirvana.”

Este esquema de concentración de mente está diseñado para llevar a cabo el trabajo de la purificación.  Por ejemplo, en la sección sobre la “contemplación de los estados mentales,” el Buda dice, “Aquí, un monje conoce una mente lujuriosa como lujuriosa y una mente libre de lujuria como libre de lujuria; una mente que odia como que odia, una mente confundida como confundida... una mente distraída como distraída, una mente concentrada como concentrada, una mente liberada como liberada y una mente no liberada como no liberada.

El darse cuenta de que ‘aquí hay un estado mental’ está presente justo hasta el punto necesario para el conocimiento y la atención, Y permanece desapegado, sin aferrarse a nada en el mundo.”

Este pasaje recalca un elemento crucial de lo que “purificación” significa a nivel de la mente: no se trata de lo que usted piensa o siente, lo que cuenta es el darse cuenta, y su actitud, hacia los pensamientos y sentimientos. Surge rabia, pero es tan sólo rabia  -bajo la luz del conciente darse cuenta y un amoroso y gentil corazón, podemos sentirla, saberla, dejarla ir, y no seguirla.  Nada ha sido reprimido destructivamente, ninguna acción dañina se ha tomado, y la luz de la mente está “encendida”.

A medida que, gracias a la meditación, se fortalece la consistencia en el conciente darse cuenta, este proceso se ilumina con más y más claridad.  Se ve que la rabia surgió de la nada, se disolvió de vuelta en la nada, y que cualquier atribución de un sentimiento de propiedad hacia la misma era una falsa e innecesaria adición.  La rabia no es más mía que lo es la brisa sobre mi piel o el sonido de un perro ladrando del otro lado de la calle. 

Surge y cesa, se sabe por el conciente darse cuenta  -y no somos ni enriquecidos ni corrompidos por su paso. Como se dice en los versos del Tercer Patriarca Zen:

                                    La Vía es abierta como vasto espacio,

                                    donde no está faltando nada

                                    y nada está de más.

 

Esta capacidad de interiorización se desarrolla naturalmente en un profundo reconocimiento de las leyes de causalidad e interdependencia, y el corazón permanece en el conocimiento de estas  relaciones.  Ser este conocimiento es la vía, el camino a la paz.

Al principio, este tipo de interiorización surge sólo momentáneamente, así que se necesita esfuerzo para sostenerlo o incrementarlo. Sin embargo, una vez que ha sido visto el camino, y hemos podido incorporarnos a él, necesitamos poder mantenernos en él.  Como todos saben, es muy fácil pasearse por toda clase de interesantes vías alternativas. A medida que aprendemos a reconocer lo que es y lo que no es el camino, tenemos mayor capacidad para insistir en nuestra deseada ruta sin desvíos.

Sosteniendo e incrementando la interiorización en la ausencia de esencia propia es el acto de purificación, y sin embargo el propósito de todo ello no es el proceso de purificación sino la naturaleza de la vida cuando se ha alcanzado el objetivo.

Cuando se completa la realización de esta naturaleza, el corazón ha llegado al perfecto nirvana, libre de cualquier tipo de aferramiento.  Es la realización de que no hay nadie aquí que deba ser puro o impuro  -tan sólo una cualidad de brillo y calma, una paz rica y libre de temor.  Esta es la perfección de la pureza.

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