Prioridades 

Zenkei Blanche Hartman, Tenzin Wandyal Rimpoché

y Narayan Liebenson Grady

Enseñanzas inspiradas en artículo publicado en la revista Buddhadharma 

Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez

Enero, 2011

C. Me alegra mucho verlos de nuevo por aquí llenos de entusiasmo y dispuestos a  retomar sus prácticas y sus estudios. Espero que hayan podido encontrar momentos para descansar de sus rutinas laborales, y que también -de una u otra manera- hayan podido disfrutar de estos días festivos.

Por experiencia propia sé que no es nada fácil cultivar este mismo entusiasmo por la práctica y el estudio cuando están en sus hogares rodeados de familiares y amigos, ocupados y con cosas que hacer. El establecer prioridades se hace cada día más difícil y puede que terminen las vacaciones sin haberse sentado en el cojín, arrastrando día a día el incómodo sentimiento de no haberlo hecho; de haber debido hacerlo; de haber querido hacerlo pero no haber logrado encontrar la forma de hacerlo… en fin, sintiéndose mal por no haber podido mantener la rutina de la práctica diaria que bien saben lo importante y beneficiosa que es.

Eso sucede. Eso le puede suceder a cualquiera. Sin embargo, el darse cuenta no debe conducirnos a que nos sintamos mal con nosotros mismos. Ese no es el propósito de ver las cosas como son. Recordemos que este darse cuenta está despojado de juicio.

Adicionalmente, puede que  no solo se hayan sentido mal sino también enojados por no haber podido hacer la práctica, por no haber podido estar tranquilos y solos como para leer algo del dharma porque tuvieron que ocuparse de la familia todo el tiempo.

Cuando llega este momento, el practicante tiende a cometer el error de enfrentar práctica vs familia. Esto no hace más que aumentar la confusión, por lo que es necesario recuperar centro y adoptar la perspectiva apropiada.

Teniendo todo esto en mente, he querido iniciar el año traduciendo un artículo publicado en la revista norteamericana Buddhadharma, que gira precisamente alrededor de estos temas que nos atañen tanto a los practicantes regulares como a los que recién inician la práctica, porque desde el comienzo tenemos que estar claros en que debemos acompañar estas sesiones semanales, de unas, quizás más cortas, al levantarnos todas las mañanas en nuestros hogares. 

Buddhadharma

“Considero práctica de bodhisattva establecer a mi familia y a mi trabajo como mis principales prioridades, pero el ego hace que me sienta bravo por sacrificarme, en lugar de sentirme bien acerca de ser generoso. Pienso que sentiría mucha culpa si no me comportase de manera que pueda ayudar a otros, especialmente a mis seres más cercanos, a que se sientan felices.  Pero entonces me pregunto: ¿estoy practicando culpabilidad o generosidad?´

C. Para los que la palabra “bodhisattva” les resulta algo nuevo, les adelanto que es algo con lo que se van a topar con mucha mucha frecuencia.

Este término hace alusión a la motivación que mantiene el practicante mahayana, de vivir cultivando conscientemente una actitud iluminada, es decir, que cualquier cosa que hace, lo hace no sólo por su propio beneficio sino por el beneficio de todos los seres sin excepción. Su aspiración consiste en poder contribuir a que todos, sin excepción, puedan liberarse de toda forma de sufrimiento y finalmente realizar la suprema iluminación.

Me ha llamado mucho la atención cuando se ha hablado de “sacrificarse”. Esas son palabras mayores. Primero, encuentro que cuando llegamos a hablar en esos términos es porque estamos tan tomados emocionalmente que la emoción misma nos lleva a exagerar la situación. 

Hablar de sacrificarse es exagerar. Sin embargo, es importante que nos detengamos a ver, que muchas personas –entre las que podemos quizás estar incluidos nosotros mismos- debido a lo acelerado del ritmo con que viven sus vidas, o por no manejar mayores recursos lingüísticos, o por tener esto como un condicionamiento más, se han acostumbrado a hablar utilizando la exageración como forma de expresar la profundidad de lo que están sintiendo –o han sentido- porque les resulta más rápido y cómodo. No tienen que hacer ningún esfuerzo por desacelerar el ritmo ni detenerse a considerar lentamente lo que realmente sucede ni buscar las palabras que mejor lo expresen.

 

ZENKEI BLANCHE HARTMAN. Abadesa del centro zen de San Francisco. USA.

Es muy difícil para mí responder tu pregunta en abstracto.  1) Quizás tengas una situación familiar excepcionalmente difícil y exigente con una gran cantidad de responsabilidad sobre tus hombros; 2) o quizás estés tratando de vivir un ideal irrealista o modelo de santidad de bodhisattva; 3) o a lo mejor sea simplemente que tienes es hábito de culpabilizarte.

C. Aquí tenemos tres puntos a considerar con detenimiento. 1) La situación familiar de cada uno de nosotros es única y diferente del resto de todas las situaciones familiares existentes en el mundo entero. No estoy exagerando. Tenemos por una parte, la consideración de nuestro karma particular que hace que vivamos situaciones individuales, y que aun cuando se den experiencias compartidas por varios miembros de la familia, cada quien las vive de manera única y particular.

No podemos generalizar ni comparar. Esto es importante porque a veces lo hacemos y caemos en la trampa de la envidia, el resentimiento o los celos al considerar que otros pudiesen tener más privilegios que nosotros cuando no debería ser así.

2) Esto sucede con frecuencia. Nos visualizamos de manera irrealista llevando a cabo cualquier clase de hazañas, sin pensar que al establecer el compromiso con nosotros mismos, vamos a estar montando sobre nuestros hombros una carga muy pesada si no podemos cumplir con lo pautado. Es preferible comenzar con esfuerzos pequeños, moderados, e ir aumentando a partir de allí en la medida en que estemos en posibilidad real de hacerlo.

Podemos tener las mejores intenciones, pero si no estamos en posibilidad de llevar a cabo lo que queremos, por bloqueos internos, por limitaciones de nuestra personalidad, por la razón que sea, es mejor desechar el ideal de santidad que hemos concebido y poner los pies sobre la tierra tratando de ver claramente quién y cómo somos actualmente y lo que estamos realmente en posibilidad de hacer.

3) En cuanto a la tendencia a culpabilizarnos, cada quien tendrá que analizar de dónde puede venir esto, pero ya de por sí tenemos algo en común: nuestra previa formación espiritual dentro de alguna de las religiones occidentales que tanto énfasis hacen en la culpa.

Este patrón hay que dejarlo atrás. Principalmente porque no trae nada positivo, no es algo que inspire a construir, a levantar cabeza; por el contrario, hace mucho daño y mantiene al ser humano en un estado de esclavitud interior tremendamente opresivo y castrante.

En el budismo no existe el concepto de culpa. Trabajamos más bien desde la perspectiva de asumir cada quien la responsabilidad de sus propias acciones. Causa y efecto. Acción y reacción. Soy responsable de todo lo que me sucede porque ello obedece a acumulaciones negativas previas que yo mismo he “sembrado” –por decirlo de alguna manera- en mi continuo mental. 

Participación

 

Es importante –continúa diciendo la Zenkei- que reflexiones acerca de tu motivación. Incluso el Dalai Lama nos dice que él comienza sus días chequeando su motivación. En una frase que mantengo sobre mi escritorio como recordatorio para mi propia práctica, el dice:

“Hoy, soy afortunado de haber despertado. Estoy vivo. Tengo una preciada vida humana. No voy a desperdiciarla. Voy a utilizar todas mis energías para desarrollarme a mí mismo, para expandir mi corazón hacia otros, para lograr iluminación para el beneficio de todos los seres. Voy a tener pensamientos gentiles hacia otros. No voy a ponerme bravo ni a pensar mal acerca de otros. Voy a beneficiar a otros tanto como pueda.”

Si él necesita continuar cultivando su voto de bodhisattva luego de catorce vidas como Dalai Lama, ni tu ni yo deberíamos sorprendernos de que pensamientos egoístas surjan en nosotros de vez en cuando.

De modo que no le prestes atención a la culpa, mírala simplemente como un hábito mental que no conduce a la felicidad y has lo mejor que puedas por aflojarlo y dejarlo ir tan pronto como notes que ha surgido.

Si puedes cultivar gratitud por esta vida humana viéndola como un regalo, entonces tu generosidad hacia otros no la sentirás como que te estás “sacrificando” sino más bien como que estás pasando o compartiendo ese regalo.

Por otra parte, ¿Qué es este “yo” que estás sacrificando y cómo lo estás sacrificando?  ¿Qué es este “ego” que “hace que te pongas bravo? ¿Dónde está este “yo” que se pone bravo?

¿Existe realmente de manera independiente de esos “seres queridos? ¿En qué se diferencia la felicidad de tus seres queridos de la tuya propia?

Te sugiero que investigues la historia que te estás contando para que puedas ver qué tan bien encaja con lo que mi maestro llamaba “las cosas tal cual son”.  También sugiero que inyectes un poquito de humor cuando estés rumiando algo. (Por ejemplo: “Este tren de pensamientos siempre me conduce al reino infernal. Hoy no me voy a montar en él.”)

También creo que debes familiarizarte con la meditación de la gentileza amorosa, la compasión, la empatía jubilosa y la ecuanimidad y también con el Sutra  de La Gentileza Amorosa, el Metta Sutra. Si tienes la tendencia a sufrir con rabia, podrás encontrar estas meditaciones muy beneficiosas.

Participación

TENZIN WANGYAL RIMPOCHELíder del linaje de la tradición Dzogchen Bon.

Es muy importante comenzar por dónde estás y no por dónde piensas que deberías estar.  Dónde estás es no sintiéndote generosa(o) al hacer cosas por otros sino más bien obligada y bravo. De modo que es importante traer a quien se está sintiendo bravo a tu cojín de meditación. ¿Quién es esto? Deja de tratar de ser algo que no eres y simplemente siente lo que estás sintiendo por un momento.  Presta atención al esfuerzo y a la resistencia que experimentas. Siente esa resistencia con una claridad y atención desnudas, sin juzgarte a ti mismo como bueno o malo.

C. El lama ha dicho: “comenzar por dónde estás, y no por donde piensas que deberías estar”.  Esto es importante, porque mantener ese sentimiento de que “deberíamos tal cosa” o “deberíamos tal otra”, es cultivar una actitud equivocada. Debemos sí, comenzar por donde estamos ahora mismo.  Todo lo demás es una irrealidad completamente inútil y encima de todo malsana.

A medida que aportes atención despierta y claridad a cualquier cosa que estés sintiendo, a cualquier sensación –dice Tenzin Rimpoche, ten cuidado de no crear una historia a través del pensamiento y el análisis. 

Simplemente quédate con la experiencia, directamente, momento a momento. Comenzarás a experimentar espacio. Si observas directamente, dentro de la misma experiencia de rabia podrás descubrir espacio dentro y alrededor de ese sentimiento.  El sentimiento en sí mismo se disolverá porque no hay nada perpetuándolo, y a medida que se disuelve, mantente en ese espacio. 

Cultívalo y familiarízate cada vez más con el espacio de la apertura. Cultiva apertura hacia ti mismo y hacia tu familia en lugar de esforzarte en actuar de una manera en particular.  No actúes de manera generosa cuando la generosidad no esté allí.  Por el contrario, cultiva apertura hacia lo que sea que estés experimentando en el momento mismo.  De esta manera, la rabia, la resistencia y el sentimiento de culpabilidad que experimentas, se aclarará por sí solo.

A medida que vas descubriendo y apreciando la apertura, un genuino cambio y vuelta de conciencia ocurre.  Cada vez que las acciones provengan de la apertura serán más auténticas.

De la apertura usted podrá experimentar la alegría de dar y la alegría de compartir.  Así es como los bodhisattvas pueden trabajar sin cansarse por el beneficio de otros.  El bodhisattva no está sufriendo al dar sino que está ejercitando la alegría.

C. Estos últimos párrafos me permiten abordar el tema de la apertura. Esta es otra de esas palabras que encontramos con mucha frecuencia y que damos por sentado que entendemos y que por lo tanto no es necesario ir más allá tratando de comprender su significado. Sin embargo, me da la impresión que tendemos a relacionar “apertura” con una actitud mental abierta hacia algo o alguien en particular.

Pero cuando hablamos de “apertura” dentro del contexto de las enseñanzas, estamos refiriéndonos más bien a tratar de aproximarnos a ser “uno” con lo que sea que estemos experimentando; ser “uno” con lo que sucede momento a momento. Tiene que ver más bien con “aceptación tácita de la experiencia” sea cual sea. Cultivar la apertura quiere decir tratar de desmontar nuestra idea de que somos unidades separadas, independientes.

Participación

NARAYAN LIEBENSON GRADY. Maestra guía. Insight Meditation Center. Cambridge.

Suena como si el ideal de hacer que tu familia y tu trabajo formen parte de tu práctica de bodhisattva pudiese estar en contradicción con la realidad de la vida tal cual es. Aun cuando tener estas ideas es hermoso, sería más honesto y fructífero simplemente darte cuenta y aceptar cómo te sientes realmente en vez de poner tanto énfasis en cómo piensas que deberías sentirte. El resentimiento que estás experimentando necesita ser atendido con compasión; de otra manera puede acumular y explotar en una acción poco acertada.

Todos nosotros los que vivimos en el mundo tenemos responsabilidades hacia una familia, amigos y trabajos. Cómo llevamos a cabo esas responsabilidades determina la diferencia entre una vida de práctica y una vida que conlleva sufrimiento para nosotros y para otros. 

El llevar adelante nuestra responsabilidad no necesariamente debe significar sacrificio.  Ahora mismo, pareces estar viviendo una vida de separación, haciendo lo que sientes que deberías hacer y tratando de verlo bajo la luz de la acción de un bodhisattva.  Pero en el verdadero servicio a otros está presente la alegría, incluso cuando es difícil. Podría ser de ayuda el hacer un alto, darte cuenta de cómo te sientes y reexaminar tus intensiones. Trata de ver si hay forma de reconocer y aceptar sus sentimientos. ¿Puedes darte cuenta de tus sentimientos de rabia y resentimiento sin actuar sobre ellos? 

Si no condenas la rabia y la culpa, sino por el contrario aportas una atención abierta de corazón a estas dolorosas energías, puede que gradualmente llegues a resolver tus asuntos.

C. Es importante tener estas recomendaciones en cuenta porque, una vez más, culturalmente tenemos la tendencia a culpabilizarnos, a convertirnos en víctimas de nuestros propios pensamientos o acciones.  La perspectiva budista no culpabiliza sino que simplemente ve lo que está allí, sin agregarle nada más. No olvidemos que estamos –cada quien en su momento- viviendo un proceso de evolución, de transformación, y eso requiere de atención y conciencia, pero también de mucho amor y compasión hacia nosotros mismos y los demás.

Mi sugerencia –continúa diciendo la maestra de meditación- es que seas honesto contigo mismo, practiques la gentileza amorosa hacia ambos, hacia ti y hacia otros, hagas tu práctica de meditación con diligencia, y asumas responsabilidad por las emociones que estás experimentando.  Esto puede llegar muy lejos en el ayudarte a realizar la armonía interior y exterior que estás buscando.

Participación

.....................