INVITACION

Una conducta apropiada  

Autor: no identificado

Traducción y edición: María Mercedes Márquez

Caracas, febrero 2011

Para una persona en el dharma, la buena conducta está relacionada con la presencia de una sensación de atención despierta y conciencia plena, es decir, que sea lo que esté haciendo, el practicante trata de verlo como extensión de su meditación sentada, mantiene la sensación general de atención y evita hacer demasiadas cosas, trata de no involucrarse en actividades innecesarias.

Usted puede estar despierto, atento y consciente, y al mismo tiempo, estar en el momento mismo. Se da un contante amanecer. Usted mismo refleja eso, y siempre se ve despierto y consciente de lo que está haciendo.  Esa es una conducta apropiada.

Por otra parte, usted se respeta a sí mismo y respeta la sacralidad de todo su ser, de toda su existencia.  Cuando tiene esa clase de respeto por usted mismo, usted no derrama el té ni se pone los zapatos en el pie equivocado.  Usted aprecia el clima, el aseo de su cuerpo, su té, su ropa, el espacio donde habita.  Hay una tremenda sensación de que por primera vez usted se ha convertido en un verdadero ser humano y puede de hecho valorar el mundo que le rodea.  Esa valoración surge a partir de la atención y la conciencia.

Unas de las preguntas que surgen en la mente de una persona cuando él o ella se encuentran por primera vez frente a un lama o entran a un salón de meditación son: ¿Qué debo hacer? ¿Cómo debo actuar? ¿Cuál es la conducta apropiada?  Las respuestas detalladas no son siempre evidentes o accesibles, pero una regla básica en el trato con personajes, lugares y situaciones religiosas o espirituales puede definirse en pocas palabras: una atención respetuosa.

Un lama, que adicionalmente es un Rimpoché (tibetano, “Preciado Maestro”), es aquel que, gracias a muchos años de estudio y práctica, ha alcanzado un alto grado de conciencia y logros espirituales.  Aún en términos mundanos, un Rimpoché ha llevado con frecuencia un extenso entrenamiento, y ha dedicado su vida a propiciar el surgimiento de las más altas potencialidades espirituales en cada una de las personas con las que ha entrado en contacto, así como en sí mismo. 

Su compasión se extiende a todos los seres, y se esfuerza desinteresadamente por ser un recipiente purificado de la actitud iluminada, y da de sí mismo a otros sin vacilación.  Es verdaderamente una persona santa y por esta razón, merece no sólo respecto, sino gran consideración. 

Si el Rimpoché es también un tulku, es considerado encarnación de un individuo altamente realizado o bodhisattva; un ser que ha venido practicando tal compasión y desinterés, que pospone su propia iluminación final a fin de regresar al reino del sufrimiento y ayudar a otros seres a liberarse.

Cualquiera que haya tenido experiencias con los Rimpochés puede verificar que cualidades extraordinarias de generosidad, compasión y sabiduría se manifiestan ininterrumpidamente en ellos, cada uno en su propia y única manera.  

Adicionalmente, los Rimpochés son contenedores de la verdad del dharma y merecen toda la cortesía posible. El apropiado respecto hacia un lama es mostrado en forma sencilla.  Para recibirlo a la manera tradicional de Tíbet, se le ofrece una bufanda blanca de seda (tibetano, kata). 

Si se trata de un alto Rimpoché y especialmente de nuestro propio maestro, tradicionalmente se acostumbra postrarse tres veces al llegar y una al retirarse, en caso de tratarse de una situación formal, asegurándonos de nunca salir dándole la espalda.

En occidente, las personas no siempre se sienten cómodas con tales demostraciones, particularmente si no son budistas, y de ser ese el caso, uno debe mostrar respeto de manera natural, quizás con una corta reverencia con las manos juntas al frente.  Lo importante es reconocer al lama de manera apropiada como se reconocería a cualquier dignatario o personaje religioso.

Cuando nos dirigimos a un Rimpoché, uno se refiere a él por su nombre, así como por su título. Por ejemplo: “Kalu Rimpoché”, “Khempo Karthar Rimpoché”.  Si se trata de tulkus muy realizados como Su Santidad el Karmapa o Su Santidad el Dalai Lama, se les dirá “Su Santidad”. 

Si un estudiante está solicitando una enseñanza de determinada índole, un empoderamiento o una entrevista privada, resulta apropiado y se acostumbra llevar consigo una ofrenda. 

Flores, incienso, frutas y velas son ofrendas simbólicas hechas a la purificada mente de buda que usted percibe en su maestro.  Artículos valiosos también constituyen buenas ofrendas, y dinero –innecesario decirlo-  es quizás el regalo más valioso de todos y puede ser ofrecido sin dudarlo, envuelto en papel o dentro de un sobre.

Hacia los lamas, por muy jóvenes que sean, no debemos tener la misma clase de trato que tenemos hacia una persona o amigo común y corriente.  En este caso, es conveniente recordar en todo momento, que el respeto que mostramos obedece a que son depositarios y ejemplos vivientes de las enseñanzas de Buda. 

Siendo así, tratamos de mantenernos ligeramente inclinados ante su presencia; le hablamos de lado y no de frente; no lo tocamos nunca; le hablamos en voz baja; siempre le damos el paso, le abrimos las puertas para que entren primero que nosotros; le ofrecemos el asiento apropiado; le servimos la comida primero que a los demás; estamos pendientes de todas sus necesidades de agua o té y de su comodidad en general.

Los lamas tienen necesidades al igual que cualquier otro ser que habita un cuerpo físico, aún cuando como norma, las de ellos son muy simples y no reciben honorarios por los servicios prestados. Ellos tampoco piensan en tales cosas. Con frecuencia las ofrendas son inmediatamente dirigidas a beneficiar a otros seres y cualquier clase de ofrendas que se hagan, son ciertamente más para el beneficio del donante que el del mismo lama, quien constituye, una sublime oportunidad para que el estudiante acumule mérito al expresar su generosidad.

El centro budista Karma Thegsum Choling de Caracas, es un espacio concebido con la finalidad de difundir las enseñanzas de Buda para ayudar a los seres a liberarse de sufrimiento. Es recomendable que tan pronto nos vayamos aproximando al sitio donde está ubicado, reforcemos nuestra atención y conciencia a fin de propiciar un encuentro más provechoso. 

Si estamos distraídos, hablando por hablar, en voz alta, haciendo ruido, riendo fuertemente y llamando la atención de los demás, ciertamente no estaremos para nada conscientes de lo que estamos haciendo ni de lo que estamos por hacer. 

Estaremos desperdiciando momentos preciosos que bien podrían estar cargados de atención plena, de recogimiento y respeto hacia el sitio a donde hemos llegado.

Teniendo todo esto en cuenta, se recomienda a los practicantes cultivar esta actitud de recogimiento y respeto cuando lleguen al edificio, mientras suben las escaleras o en el ascensor y durante todo el tiempo que estén dentro del centro. 

Por otra parte, esta actitud demuestra, para comenzar, respeto hacia nosotros mismos, hacia nuestro propio potencial búdico y también hacia Su Santidad el Karmapa y el resto del Linaje Kagyu, por tratarse de su centro en esta ciudad.

Llegar quince minutos antes de la hora pautada para el inicio de la sesión es lo más conveniente, es decir, a las 6:15 en las tardes y a las 8:45 en la mañana del día sábado.  Si usted llega después de que la persona a cargo de la reja en la planta baja haya subido (6:25pm y 8:55am), se le agradece no solicitarle a nadie que le deje entrar ni tocar el intercomunicador.  Simplemente habrá perdido la sesión.

Dentro del centro KTC en Caracas (lo mismo dentro de cualquier otro centro o monasterio), el salón de meditación (tibetano, gompa), es el lugar más importante.  Al entrar, comenzamos por dejar los zapatos y los bolsos en el sitio acondicionado para eso y nos dirigimos de una vez a la gompa para hacer las tres postraciones tradicionales frente al altar. Estas postraciones están relacionadas con la rendición de nuestro egocentrismo. 

Las hacemos para beneficio de todos los seres mientras recitamos interiormente el voto del refugio.  En cuanto a la tradición de hacer ofrendas, esto brinda al asistente la oportunidad de practicar generosidad, de acumular mérito y de mostrar su agradecimiento por los beneficios derivados de las prácticas y enseñanzas recibidas.

La gompa, es un espacio concebido para propiciar el encuentro con los aspectos más elevados de nuestra propia naturaleza. Es un sitio para despertar el potencial búdico que reside en nosotros, para experimentar realizaciones espirituales y escuchar la verdad del dharma. Es, en efecto, un templo, un santuario religioso, y por lo tanto es recomendable aproximarse respetuosamente y hablar en voz baja, abstenerse de utilizar palabras soeces, de expresarse vulgarmente y tratar temas que estén fuera de lugar. 

En cuanto a la vestimenta, lo más apropiado son unos pantalones cómodos y medias deportivas, tanto para hombres como para mujeres. Para estas últimas, también son válidas por supuesto, las faldas largas.

El perfume, un excesivo maquillaje, las faldas cortas, las franelas o blusas descotadas, los shorts y los bermudas no son apropiados para las actividades que se desarrollan en un centro o monasterio budista en ningún país del mundo.

En relación al tratamiento de los textos y libros del dharma, en particular los textos de las pujas (se pronuncia puyas) o sadhanas (las meditaciones cantadas), estos no deben colocarse en el piso.  Si no disponemos de una mesita, podemos utilizar un cojín y montarlos encima frente a nosotros.  Es conveniente mantener la conciencia de que aun cuando son solo hojas de papel, contienen la palabra de Buda.

Finalmente, el ser afable, respetuoso y gentil puede constituir una gran práctica de atención y una manera de desarrollar acciones de bodhisattva.  Es con esta actitud que podemos aproximarnos a la particular clase de atención al detalle que el demostrar respeto envuelve, ya sea hacia un lama, en una gompa, hacia los compañeros de práctica, en cualquier otro lugar del KTC, con los vecinos del edificio o en nuestras ordinarias interacciones cotidianas.

¡Karmapa Chenno!