KTCZoom 13

Karma

Curso inspirado en extractos del libro The future is open

de Chogyam Trungpa Rimpoché

Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez

Sábado 10 de octubre de 2020

¡Grabar!

¡Tashi Delek para todos!

Bienvenidos a otra sesión de enseñanzas del KTC sobre el karma

1.

El sábado pasado, Trungpa Rimpoché nos hizo ver que, cuando estamos en meditación, y la atención de la mente está centrada en la respiración, al hacer esto, propiciamos la posibilidad de abrir una brecha, lo que es igual a decir, que se hace un alto en el constante parloteo y distracción, y al hacerlo, dejamos de sembrar semillas kármicas; es decir, el mecanismo básico de la creación kármica deja de existir.

C. Deja de existir gracias a la aplicación del hábil método implementado por el mismo Buda Sakyamuni de centrar la atención en la respiración. Esto nos muestra claramente el poder de la técnica meditativa; como es que una acción tan sencilla como prestar atención a la respiración, sea la clave de, no solo la tranquilidad, la quietud, y el bienestar mental, sino también de todo lo que se deriva de ahí, no solo salud mental sino también física. Cuando meditamos, aun cuando no estamos ejercitándonos físicamente, cuando meditamos, todo el cuerpo se beneficia, todos los sistemas comienzan a funcionar mejor, repotenciamos nuestro organismo cada vez que lo hacemos.

Inspirados en todo lo que acabamos de escuchar y teniendo presente la importancia de mantener la atención en la respiración, vamos a llevar a cabo una breve sesión de práctica. Esta siempre es bienvenida porque nos brinda la posibilidad de abrir nuestras mentes a la calma, al sosiego, a dejar de pensar al menos durante un rato y sanar nuestras mentes y cuerpos con la medicina de la meditación.

Instrucciones y sesión de 25 minutos.      Sonar el cuenco al inicio y al final.

 

2.

Sin embargo, estas experiencias que permiten extinguir la causa de la creación kármica son como los procesos que discutimos anteriormente, vienen y van, vienen y van.

Es una situación cambiante. Hay un momento de no sembrar semillas kármicas, incluso posibilidades de que las semillas hayan sido aniquiladas, pero luego, en el momento siguiente, regresa de nuevo todo el asunto. De modo que uno comienza de nuevo una y otra vez, sin embargo, como ya se ha dicho, a práctica de meditación hace posible trascender las situaciones kármicas.

C. Aquí, uno podría preguntarse qué es lo que sucede para que pueda darse esa experiencia.

La meditación crea un caos en el mecanismo kármico, en la administración kármica, dice Trungpa Rimpoché. Ya sabemos que la tendencia de “yo” es la de sentir que se ha establecido completamente y que está totalmente seguro todo el tiempo, de modo que, al introducir la situación disciplinada de la meditación, no lo estamos atacando desde el frente sino aproximándonos por la puerta de atrás de la ignorancia y comenzamos a darse cuenta de que, desde el punto de vista del ego, o, desde el punto de vista de “yo” ya no hay más seguridad.

C. Esto me hizo recordar que, en otra enseñanza, Rimpoché comentó que la meditación es una práctica clandestina; ella va penetrando el territorio de “yo” poco a poco; este se siente amenazado, se da cuenta de que está perdiendo autoridad, que se está debilitando, que está en peligro hasta de llegar a desaparecer. Visto desde esta perspectiva, la meditación constituye el peor enemigo del ego.

Llegado ese momento, sigue diciendo Rimpoché, es posible desarrollar una tremenda sensación de pánico. Este pánico toma toda clase de formas y se presenta en diferentes tamaños. Pudiese tomar la forma de alarma, de soledad, de depresión, de incertidumbre y muchas otras manifestaciones.

C. Esto nos ha parecido muy interesante, porque pudiésemos pensar que, lo que conocemos como pánico, sólo se traduce como miedo agudo... pero el escuchar que el pánico pudiese tomar la forma de alarma, de soledad, de depresión, de incertidumbre y muchas otras manifestaciones, nos ha ayudado a entender mejor el comportamiento humano. Por detrás de los estados emocionales negativos, está el miedo. No hay duda; la base de las emociones negativas es el miedo. ¿Quién experimenta este miedo? El ego; “yo”.

Si alguien desea intervenir puede levantar la mano

3.

Fundamentalmente, dice Trungpa Rimpoché, “yo” teme perder su base y no saber cómo relacionarse con la situación. Uno comienza a darse cuenta de que ya no tiene ninguna base. Eso es lo que el pánico realmente es. Uno ha comenzado a percibir apenas un destello de la ausencia de ego, de ausencia de egoísmo.

C. Es toda una paradoja que, cuando apenas comenzamos a experimentar destellos de una remota posibilidad de liberación, le temamos a la liberación. ¿Por qué lo hacemos? Porque de pronto nos encontramos ante una situación desconocida y no sabemos cómo relacionarnos con eso. Si prestamos atención podemos ver que se trata de una situación que se repite de muchas maneras en nuestras vidas.

Vivimos tan acostumbrados a la esclavitud a la que nos someten el “yo” y nuestras emociones aflictivas, que optamos por seguir viviendo así en lugar de buscar liberarnos de ese encadenamiento, y, cuando apenas tenemos un pequeño destello de liberación, entramos en pánico. Trungpa Rimpoché también ha comentado en otras oportunidades que nuestra adicción al sufrimiento es tal, que experimentamos el síndrome de la “nostalgia del sufrimiento”.

4.

Cuando uno experimenta esta clase de pánico, la meditación no es de particular ayuda, dice Rimpoché. Hay que entender que la meditación no es un enfoque mágico. Al meditar, no estamos entrando en un estado súper mágico.

En lugar de reducir el pánico, la meditación lo va a aumentar porque el pánico, en el sentido de la sensación de no tener una base o fundamento, fue resultado de la meditación. De modo que, si el pánico ataca mientras esté meditando, termine la sesión; si usted entra en pánico cuando esté lavando los platos, deje de hacerlo, nos dice Rimpoché.

C.  Pero es ahora, que estamos comenzando a ver las cosas con claridad.

Generalmente tendemos a relacionarnos con nuestra confusión como con algo que nos es familiar, algo a lo que siempre podemos regresar, pero, inclusive cuando esa confusión ya no existe más, nos encontramos en una situación de pánico porque, desde el punto de vista del ego, si ya no hay confusión o caos, esa es la mayor amenaza posible.

C. Está clarísimo, la técnica meditativa es la peor enemiga de “yo”.  

En otras palabras, dice Rimpoché, como usted ya no puede seguir utilizando sus equivocaciones como su forma de existir, si ya no hay para nada ninguna equivocación posible -si todo es apertura, totalmente abierto, tremendamente abierto- eso es tremendamente amenazador, y es muy posible que, en esa situación usted trate de regresar a su ignorancia, pero inclusive ese esfuerzo tiene un efecto contrario porque esa ignorancia que usted conocía ya no existe, porque usted está viendo la totalidad de la ignorancia como no-existente.

Aquí, la presencia del guru o el amigo(a) espiritual juega un papel muy importante. El o ella le recuerda que usted no es una persona autosuficiente, sino que, en el sentido budista, ya es un refugiado quien no tiene otra alternativa que rendirse. Usted es parte del campo de refugiados. De modo que comienza a darse cuenta de que está en el camino y que no hay escape posible. Eso es lo que hace la meditación. Es un recorrido sin reversa y sin frenos.

C. Como lo hemos comentado en otras oportunidades, una vez que empezamos a ver, ya no es posible dejar de hacerlo, porque inclusive cuando lo hacemos, nos damos cuenta de que nos estamos engañando. Ya no hay escape.

Si alguien desea hacer una pregunta o quiere que volvamos a leer algún párrafo, por favor levante la mano.

 

5.

Hasta llegar a realizar completamente el verdadero dharma, no podemos desprendernos de la sensación de “ego”, de “yo”. El egoísmo no es visto aquí como una teoría sino como nuestra práctica constante, es la raíz del samsara, y para trascenderlo debemos desarrollar algún antídoto. El egoísmo comienza con esto: con el pensamiento de que nosotros realmente existimos, de que en verdad estamos aquí de la manera en que creemos estarlo. Podemos tener nuestras dudas acerca de nosotros mismos, pero no tenemos ninguna duda acerca de la noción de ser.

Al vivir cubriendo constantemente un nivel de consciencia con el siguiente, tratamos de sentirnos cada vez más sólidos, pero terminamos creando algo como una gran colcha de retazos, comenta Trungpa Rimpoché. Pudiese parecer que existe esta gran colcha llamada “yo”, “mi propia existencia”, pero, de hecho, no somos eso.

Esta colcha de retazos que creemos ser es conocida como “mente” o sem en tibetano. Lo que llamamos “mente” no es algo continuo. “Parece” una continuidad; “tenemos la impresión” de que se trata de una continuidad, pero eso se debe precisamente a que no es algo sólido.

Cada fracción de segundo la mente necesita nutrirse y mantenerse a sí misma. Como no existimos de la manera en que creemos hacerlo, permanentemente tratamos de probarnos a nosotros mismos que sí; constantemente tratamos de confirmamos a nosotros mismos que en verdad existimos como creemos hacerlo.

C. La permanente inseguridad que experimentamos nos lleva a reinventarnos de mil maneras.

  ¿Y cómo lo hacemos?

A través de las percepciones de los sentidos.

Vemos cosas, escuchamos cosas, olemos cosas, degustamos cosas, pensamos cosas. Todos los seis sentidos de percepción -los cinco sentidos y la percepción de contenidos mentales- están constantemente tratando de mantenernos en pie, pero todos ellos no son más que breves momentos de inconstancia e inconsistencia tratando de solaparse unos a otros.

C. Tratamos de fortalecernos en cada afirmación: “me gusta esto”, “que bello ese color”, “que rico huele eso” Ahora bien, ¿a quién le gusta eso? ¿A quién le parece bello ese color? ¿A quién le encanta ese olor?  A “mi por supuesto.

6.

Como lo hemos comentado antes, dice Trungpa Rimpoché, este proceso es constante, se da todo el tiempo. Pensamos que somos simplemente una gran cosa existiendo aquí, pero si tratamos de ver los detalles encontramos que lo que creemos que es nuestra mente no es tan una sola mente, son muchas de ellas brincando constantemente tratando de moldearse a sí mismas, tratando de mantenerse a sí mismas.

La mente trata constantemente de transferir su identidad y existencia de momento a momento con una gran cantidad de errores y olvidos, y la transferencia de un pensamiento o de un tema, tiene muy poca vida.

C. Es como si buscara dejar su huella en todo lo momento.

Tradicionalmente se dice que dura solo una sexta parte de un segundo, e inclusive lo que llamamos existencia, es dividida en tres partes: 1) está lo relativo a lo que sucede, 2) lo que está realmente sucediendo y 3) lo que se está disolviendo.

 De modo que aun cuando la mente sea vista como algo muy importante, es simplemente una colcha de retazos. Esa pobre existencia -que difícilmente se puede llamar existencia- es la mente. La mente proyecta hacia las situaciones; dentro del corto período de la fracción de un segundo, proyectamos hacia afuera y atraemos hacia dentro, nos sostenemos a nosotros rápidamente.

A partir de ese proceso de proyección desarrollamos una memoria extremadamente corta basada en la sensación de ciertos puntos en particular. Así que nuestra memoria es transferida en porciones muy pequeñas a lo que se conocen como pensamientos habituales.

Finalmente, todos estos pequeños estornudos de nuestra mente se juntan y se convierten en algo como una canción hecha de muchos estornudos, cada uno de ellos durando tan solo una fracción de segundo.

Es como el sonido de las abejas. Si uno lo escucha desde la distancia suena como una gran orquesta, pero si uno escucha a cada abeja individualmente, uno se da cuenta de que el sonido se ha formado por pequeños seres que están tratando de coordinar sus propios minutos.

A partir de allí se desarrollan toda clase de patrones. Comenzamos a desarrollar kleshas tales como la rabia y la lujuria, con las cuales nos volvemos totalmente estúpidos y confundidos. Perdemos el control, lo que es doloroso. A partir de las kleshas creamos la cadena de reacciones del karma. Creamos buen karma y mal karma, situaciones menos confusas y otras más desconcertantes.

La única forma de lidiar con esta terrible situación es practicando meditación. En la meditación estamos lidiando con todo lo que está sucediendo en nosotros. Nos sentamos con nosotros mismos y nos miramos de manera total y detallada. Eso es llamado mindfulness y, para poder lograrlo comenzamos con la práctica shámata para tranquilizar la mente.

Paz, en términos de la práctica shámata, no quiere decir bienaventuranza o un estado eufórico. Significa que finalmente hay cierto descanso. Con solo mirar al parpadeo de los pensamientos y a nuestra propia mente -la inquietud de todo nuestro ser se va asentando poco a poco, y eso es un alivio. Usted se dice a sí mismo: “Todo va a estar bien. Ya no hay necesidad de andar brincando de un lado a otro. Siéntate y mira tu mente. Mírate a tí mismo. Hazlo.” Luego la otra parte dice: “Yo no quiero hacerlo. Es embarazoso y me incomoda mucho.” La primera viene y dice: “Sin embargo, todo está bien. Lo sabemos ¿no es cierto? Así que hazlo. Simplemente hazlo.”

Al practicar meditación usted desarrolla simpatía hacia sí mismo y una actitud amigable y saludable. Su inquietud, y el no querer estar en un solo sitio provienen de la agresión, de no estar contento consigo mismo. Ahora, a pesar de la inquietud, hay una sensación de gentileza y bondad, de racionalidad y decencia. Usted está aprendiendo a estar en su propia compañía, lo que pudiese ser algo terrible, o al menos bastante difícil, pero también comienza a sentir que es algo bueno, que es algo estupendo lo que está sucediendo. De hecho, usted puede ir tan lejos como llegar a estar consigo mismo. Usted simplemente está aprendiendo a ser.

Si alguien desea hacer alguna pregunta o quiere que volvamos a leer algún párrafo, puede levantar la mano.

Dedicación del mérito

¡Dejar de grabar!