4. KTCZoom

Vipáshyana

Sábado 26 de diciembre de 2020

Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez

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¡Tashi Delek para todos; aquí estoy feliz de estar de nuevo con ustedes en el dharma! Confío que, en medio de las limitaciones que nos impone la pandemia, todos y cada uno de ustedes haya pasado una feliz noche buena.

En esta oportunidad vamos a compartir enseñanzas del Señor del Refugio, Kalu Rimpoché, uno de los grandes maestros tibetanos del siglo XX, con la plena confianza de que las palabras que escucharemos serán de gran beneficio para todos.

1.

Iniciemos la sesión con una breve sesión de meditación vipáshyana.

Instrucciones y práctica de 25 minutos.          Tocar el cuenco al inicio y al final.

2.

En el enfoque tradicional a la meditación, comienza diciendo Kalu Rimpoché, primero viene la práctica conocida como la de permanecer en calma, shámata en sánscrito y shi-ne en tibetano. En ella aprendemos a permanecer tranquilos, a dejar que la mente en su estado natural en el cual los pensamientos y aflicciones son pacificadas. Shámata permite que la mente repose sin distracción, tranquila y calmada.

Luego viene la meditación introspectiva, vipáshyana en sánscrito o lahk-tong en tibetano la cual conduce a la mente a reconocer su propia naturaleza, a entender su vacuidad, su lucidez y ausencia de obstrucciones a través de la experiencia directa. La mente misma se reconoce a si misma y finalmente alcanza la experiencia de mahamudra. Existen de hecho varios enfoques a shámata y vipáshyana: el nivel ordinario y el nivel ulterior de mahamudra, el cual es la forma última de vipáshyana.

Tomemos un ejemplo. Al comienzo, la práctica shámata estabiliza la mente, la cual está habitualmente agitada por sus pensamientos y emociones. Aquí, la mente es como el océano durante una tormenta; los pensamientos y emociones son sus olas. Shámata reduce la energía que mantiene la agitación, lo cual, en este ejemplo es como el viento. Cuando el viento cesa, el océano se calma. En ausencia de estimulación, la previamente agitada mente se calma.

La agitación mental es la fuente de nuestras ilusiones y doloroso condicionamiento y debemos aprender a que se asiente. El progreso en shámata introduce a la mente a un estado de claridad, de reposo y paz que también es un estado dichoso.

C. Esto es sumamente importante, porque pudiésemos pensar, como de hecho lo hacemos, que son los condicionamientos e ilusiones mentales las que conducen a la agitación mental. Pero sucede que es todo lo contrario. Una mente agitada conduce a que prosperen los condicionamientos e ilusiones mentales, resultando en sufrimiento.  

Posteriormente, dice Rimpoché, la práctica de vipáshyana nos permite reconocer la propia naturaleza de la mente. La mente en calma es como el océano, y la percepción de su naturaleza es como el reflejo de la luna en sus aguas. Un océano agitado por las olas no puede reflejar la luna con claridad, pero si el océano está calmo, la luna podrá reflejarse con precisión. Cuando la mente alcanza el estado de completa calma, su profunda naturaleza puede ser revelada. La calma de la mente corresponde a shámata, y la experiencia de la naturaleza de la mente a vipáshyana.

Otro ejemplo que ilustra la complementariedad de shámata y vipáshyana compara al océano de la mente con aguas revueltas opacadas por la agitación de los pensamientos y emociones, los cuales son como fango. La práctica shámata pone fin a la agitación mental y, de la misma manera en que las aguas se aquietan y se tornan límpidas, la mente se vuelve clara y transparente. Esta transparencia de la mente nos permite ver sus profundidades de la misma manera en que es posible ver en las profundidades de océano cuando las aguas están claras. 

Esta profunda visión es como la práctica vipáshyana. Por lo tanto, la práctica shámata es necesaria como preliminar a la práctica vipáshyana.

La meditación sin objeto es el aspecto esencial de shámata [dejar que la mente repose en su propia naturaleza]; la experiencia de pura atención sin objeto desarrolla tranquilidad y estabilidad mental como la primera experiencia de la naturaleza de la mente. Pero, es a nivel vipáshyana [de la clara visión o introspección], que la vacuidad de la mente es de hecho realizada en una experiencia completamente no conceptual libre de toda referencia y fabricación mental.

Más allá de las construcciones mentales, esta es simplemente la experiencia directa de la intangibilidad de la mente. Esto no es algo que podamos experimentar al comienzo, porque al principio nuestra práctica está inevitablemente mezclada con fabricaciones mentales. Pero vipáshyana gradualmente conduce la mente hacia la experiencia de la vacuidad e intangibilidad, libre de toda clase de concepciones.

Cuando la práctica de shámata-vipáshyana se estabiliza, esta nos introduce a la experiencia de mahamudra. *

3.

C. Me parece conveniente que, antes de seguir adelante, escuchemos una breve explicación de Kalu Rimpoché sobre mahamudra.

Podemos obtener, dice Rimpoché, una cierta definición tradicional de mahamudra explicando la etimología de la palabra, la cual es chagya chenpo en tibetano. Chagya es el equivalente a mudra en sánscrito y puede ser traducida como “signo”, “símbolo” o “sello”. El término tibetano chenpo es maha en sánscrito, y significa “gran”. De modo que, mahamudra es “el gran sello” o “el gran símbolo”.

El signo o sello hace referencia a la vacuidad de todo fenómeno. La imagen se relaciona con la experiencia de mahamudra, en la cual, todo fenómeno, samsara, así como nirvana, son esencialmente vacíos. Más específicamente, cha es interpretado como “la sabiduría primordial de la vacuidad”, y gya como “no ir más allá” o “no abandonar”. Chagya o mudra hace referencia por lo tanto al estado que nunca se separa de la sabiduría primordial de la vacuidad.  

 

Chenpo o “gran” es interpretado como la expresión de que ninguna práctica puede exceder la comprensión que nunca se desvía o se aparta de la vacuidad esencial de todo fenómeno. De todas las enseñanzas, esta es la mejor y la más profunda.

En cuanto a la realización de mahamudra, esta es la unión de la vacuidad y la compasión: la vacuidad tiene un dinamismo cuya manifestación es la compasión. En las enseñanzas Kalachakra, esta realización es designada como la unión no dual de la vacuidad fundamental de toda experiencia y la “gran bienaventuranza” mahasukha en sánscrito, la cual es la energía fundamental de la mente vacía.

¿Alguien desea intervenir antes de seguir adelante?

4.

Ahora bien, regresando a las enseñanzas sobre vipáshyana, cuando la mente permanece en su estado natural, su profunda naturaleza se revela gradualmente y en consecuencia todas sus cualidades pueden manifestarse. Esta es la práctica vipáshyana.

Vipáshyana, o “claridad de visión” es llamada lhak-tong en tibetano. Lhak quiere decir “claro” o “superior” y tong significa “ver”.  Lhak-tong es “poder ver claramente”, “tener introspección respecto a la naturaleza de la mente” y la “clara visión de su estado fundamental”.

En la práctica de vipáshyana, primero recibimos instrucciones, meditamos y luego llevamos nuestra experiencia al lama. El(ella) confirma o no, lo correcta de nuestra experiencia y nos ayuda a reconocer, poco a poco, la verdadera naturaleza de la mente.  

Existen diferencias en cuanto a la manera de enfocar las prácticas shámata y vipáshyana.

La meditación shámata utiliza como objeto o referencia una bastante sutil [como la respiración], sobre la cual medita la mente; se establece una relación dualista entre la mente y su objeto.

En vipáshyana, sin embargo, la mente y el objeto son esencialmente uno, no dos, y permanecen de este modo.

En shámata, la atención permanece, en cierto sentido, aparte de los pensamientos y la práctica es difícil. Somos como un principiante aprendiendo a manejar un carro; tenemos que prestar mucha atención cuando doblamos a la derecha, a la izquierda, etc.

En vipáshyana, muchos pensamientos pasan por la mente, pero estos no son ni suprimidos ni seguidos; ellos simplemente surgen y pasan sin que tengamos que interferir. Si permitimos que surjan, que pasen, y desaparezcan de este modo, allí no habrá ningún problema. La mente es clara y transparente; los pensamientos aparecen en su superficie y desaparecen como ondas en la superficie del agua. Surgen del agua y retornan al agua.

Cuando nos familiarizamos con la meditación vipáshyana, la cual consiste en dejar que los pensamientos se vayan, que sean pacificados y liberados por sí mismos, la meditación es fácil, es como andar en un carro con un chofer que tiene una maestría el arte del manejo.

La práctica shámata requiere inicialmente de un retiro, de un cierto distanciamiento de distracciones que pudiesen perturbarnos. El progreso en la meditación requiere de este distanciamiento, el cual puede alcanzarse a través de la práctica de la meditación sentada; pero, más adelante, con la práctica vipáshyana, aparece la atención y la presencia directa, una experiencia inmediata de las cosas. Habiendo alcanzado esta etapa, podemos meditar en cualquiera y en todas las situaciones.

Si hacemos meditación shámata-vipáshyana sin haber recibido las instrucciones adecuadas, la práctica puede irse por mal camino. La mente debe permanecer clara y lúcida; si se torna quieta y pesada, la meditación puede volverse como una práctica de marmotas. Algunas personas que son flojas siguen meditando sin hacer nada, y, sus mentes son embotadas y cerradas. Esta es una forma de estupidez. Permanecer así por un momento, la mente puede parecer estar sin pensamientos, e, inclusive feliz de cierta manera.

La gente que practica de este modo pudiese pensar que se han vuelto bastante buenos como meditadores e inclusive pensar que ya no necesitan cultivar buen karma y abandonar actividades dañinas, pero esta clase de meditación no es ni correcta ni útil. De hecho, es una forma de flojera que conduce al embotamiento mental o estupidez.

Esto no es para nada shámata-vipáshyana y es buena solo para renacer en un estado animal particular, como el de las marmotas. Es por esto, que cuando meditamos, debemos mantener la mente transparente, lúcida y clara.

Milarepa cantó mientras enseñaba a una de sus discípulas:

Medita en la naturaleza no nacida de la mente

Cual espacio, no centro, no límite

Como el sol y la luna, luminosos y claros

Como una montaña, inamovible, imperturbable

Como el océano, profundo, inconmensurable.

 

 

Esta mujer practicó durante un tiempo, luego del cual regresó a ver a Milarepa cantando:

Soy felíz de meditar como el espacio

Pero distraída por nubes y niebla que aparecen allí.

 

Soy felíz de meditar como el sol y la luna,

Pero distraída por las estrellas y los planetas que surgen con ellos.

Soy feliz de meditar como el océano

Pero distraída por las olas y la contracorriente que surge.

 

Soy feliz de meditar como una montaña

Pero distraída por las plantas y las flores que crecen.

 

Soy feliz de meditar en la no nacida naturaleza de la mente

Pero distraída por los pensamientos e imágenes que emergen en ella.

 

Milarepa dijo que ella había tenido una buena experiencia en meditación y respondió con otro cántico:

En la meditación como el espacio,

Las nubes y la niebla son sus placeres;

Permanece en su vastedad sin centro ni límite.

 

En la meditación como el sol y la luna,

Las estrellas y los planetas son sus joyas;

Permanece en su espacio, claro y luminoso.

 

En la meditación como una montaña,

Las plantas y las flores son su atavío;

Permanece en su esfera inamovible, imperturbable.

 

En la meditación como el océano,

Las olas y la contracorriente son sus movimientos;

Permanece en su esfera profunda y insondable.

 

En la meditación sobre lo no nacido,

Los pensamientos e imágenes son sus manifestaciones;

Permanece en su inmensidad, vasta y lúcida.

 

Si sabemos cómo dejar ser a los pensamientos y les permitimos desaparecer por sí mismos, la meditación es fácil porque la mente es abierta y lúcida.

Cuando tenemos algo de experiencia de la vacuidad de la mente, de la claridad y la infinita consciencia, experimentamos sus contenidos como manifestaciones de esta naturaleza vacía, clara y sin restricciones.

Los pensamientos y las emociones habitualmente nos limitan porque creemos que son sólidos y reales. Esto nos somete a su control, de modo que ellos determinan y dictan nuestras acciones.

Pero si no nos aferramos a nuestros pensamientos y emociones, no les atribuiremos ninguna realidad y permanecerán como manifestaciones vacías de una mente igualmente vacía. Si entendemos a todos los pensamientos, emociones y actividades mentales como experiencias de la mente que no son cosas independientes en sí mismas, entonces, cuando una pasión o una aflicción surge, podemos percibirla por lo que es, una mera expresión de la clara y vacía naturaleza de la mente. Reconocer y realizarlos como tales proporciona liberación.

Si alguien desea que volvamos a leer algún párrafo o tiene alguna duda, puede levantar la mano.

 

Dedicación

 

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