KTCZoom.
Charla. La Gratitud
Jueves 16 de septiembre de 2021
Anfitriona: María Mercedes Márquez
[Asegurarme de estar grabando]
¡Tashi Delek para todos!
¡Bienvenidos!
¡Me alegra mucho encontrarme con ustedes por aquí!
Como recomendaciones generales, les agradecería mantener apagado el audio de sus computadoras y celulares y activarlos solo cuando se abran espacios para la participación y deseen intervenir. Sus comentarios, preguntas y dudas serán bienvenidas. En cuanto a la imagen, pueden mostrarse en cámara o mantenerse ocultos; como prefieran, y, si en el transcurso de la charla perdemos la conexión, por aquí haremos todo lo posible por recuperarla y seguir adelante con la charla.
1.
Sesión de meditación
C. Quiero comenzar agradeciendo al Buda por sus sacrificios, por su constancia y perseverancia; por habernos dejado el dharma que nos muestra el camino a seguir, para poder liberarnos de tantas limitaciones y estar en capacidad de ayudar a otros a lograr lo mismo y mucho más; y finalmente a la noble sangha, esa gran comunidad de lamas, esas mentes trabajadas y realizadas que nos guían y nos inspiran, especialmente al Karmapa, por haberme abierto el portón a las enseñanzas y a mi amado guru-lama Khempo Karthar Rimpoché, fuente de todos los beneficios.
Ahora los invito a que emprendamos juntos unos diez minutos de descanso. Solo diez minutos apenas. Estos nos caen muy bien a todos y nos servirán para distanciarnos un poco de los asuntos cotidianos, de las relaciones familiares, de los quehaceres domésticos, de esos “pendientes” laborales, etc., para poder involucrarnos apropiadamente en la charla que está por comenzar.
De modo que, sentados frente al monitor, dejaremos que la mente repose tranquila en su estado natural de apertura sin intervención de nuestra parte. No hay nada que hacer con la mente salvo dejarla tranquila; permitirle que repose en su propia quietud. De eso se trata. Haremos eso durante unos breves minutos.
De igual modo, asumimos el compromiso interior de mantenernos con la técnica, de seguir las instrucciones sin cambiarlas, sin agregarles nada, y nos regocijamos en la sincera aspiración de que esta actividad pueda servir de beneficio no solo para nosotros sino también todos los seres sin excepción.
Sesión de 10 minutos
2.
La gratitud
Cuando me preguntaba cómo iniciar la charla, una respuesta surgió automáticamente en mi mente: tenía que comenzar necesariamente con ustedes, por agradecerles su presencia a todos y a cada uno de ustedes.
Este deseo de hablar sobre la gratitud nace a partir de darme cuenta de que todo lo que puedo dar en estos momentos, todo lo que he tenido en la vida, todo lo que haya podido haber logrado, ha sido gracias a la participación y al esfuerzo de otros, como en este caso en particular, donde, de no ser por ustedes, esto no podría estar sucediendo.
He encontrado que desarrollar conscientemente sentimientos positivos como la gratitud, enriquece nuestra vida y contribuye a iluminar la de otros, de allí que quiera compartir con ustedes estas reflexiones.
En vista de que tenemos distintas formas de ver las cosas, quizás sería conveniente comenzar por preguntarnos ¿Qué entendemos por gratitud?
¿Existen acaso diferentes clases de gratitud?
¿De qué nos sirve ser agradecidos?
¿Nos proporciona acaso algún beneficio a nivel mental o físico, o simplemente contribuye positivamente en nuestras relaciones sociales? ¿Conviene realmente desarrollar el sentimiento de la gratitud?
Por lo general, la mayoría de los seres humanos sentimos una profunda gratitud hacia nuestros padres por habernos dado la vida; por haber cuidado de nosotros y haber sido en gran parte responsables de que estemos aquí, ahora, siendo como somos.
Este tipo de gratitud surge de manera “espontánea”, sin pensarlo, casi por instinto, pero hay otra, que podríamos llamar “condicionada”, y es la que surge como actitud hacia alguien que nos ha hecho un favor, que nos ha regalado algo, que nos ha beneficiado de alguna manera.
Esta última consiste principalmente en una respuesta aprendida durante la niñez, en el hogar y en el colegio, donde nos enseñan a dar las gracias, a mostrarnos agradecidos ante las muestras de cariño, de afecto o generosidad de otros. Sin embargo, esa respuesta que sale de nosotros no solo es limitada, sino que al actuar en función de lo que recibimos, como no es una actitud genuina, en el fondo lo que hace es que refuerza el egoísmo.
También existen, quienes tienen la tendencia a dar por sentado toda clase de favores en la vida, piensan por ejemplo que sus padres o quienes se ocuparon de ellos tenían que hacerlo porque era su deber.
Esta tendencia a dar por sentado lo que recibimos de otros está presente de una otra manera en todos nosotros aun cuando no estemos conscientes de ello y, contribuye, no solo a reforzar nuestro egocentrismo, sino también a bloquear la posibilidad de desarrollar gratitud hacia “otros”.
3.
Los otros
Hablamos acerca de “los otros”, de “los demás”. ¿Pero quiénes son estos “otros” y qué tienen que ver con la gratitud?
Si vamos un poco más allá de lo aparente, podemos descubrir que, tras bastidores -por decirlo de alguna manera- hay una grandísima cantidad de seres sin cuya colaboración no habría sido posible reunirnos, y por quienes podríamos, y sería muy saludable -por decir lo menos- sentir una profunda gratitud.
Sin embargo, queda claro que no es suficiente con “saber”, con “entender” que las cosas son así. Es necesario “sentirlo”, es hora de que dejemos de intelectualizar nuestros sentimientos manteniéndolos en el congelador de las ideas. El probable que muchas personas utilicen este recurso por temerle a la empatía, pensando que así se protegen de acercarse y sentir demasiado la situación de otros al estar demasiado cerca de sus sufrimientos.
Pero si algo nos está enseñando la pandemia es que llegó la hora de abandonar esos comportamientos, derrumbar los muros que levantamos pensando que así nos protegemos y aproximarnos más unos a otros. No solo debemos hacerlo para comprendernos mejor sino para llegar a sabernos y sentirnos una gran “unidad”, y propiciar un desarrollo armónico de la vida en el planeta.
“Ellos”, los “demás”, estos “otros” constituyen esa inmensa mayoría de seres anónimos. Seres que no sabemos dónde se encuentran, ni tampoco conocemos sus nombres; que no sabemos cómo son, ni si son felices o desdichados, pero a quienes, personalmente me resulta imposible ignorar. Para ustedes y para ellos este sentimiento de gratitud que quiero que todo corazón humano conozca.
4.
Meditación guiada
Ahora les propongo que se dejen guiar confiados y hagamos juntos un recorrido por nuestras vidas, para darnos cuenta de este mundo maravilloso en el que vivimos poblado de seres que, sin saberlo, nos aportan permanentemente tanta felicidad y por los que podemos llegar a sentir un profundo nivel de gratitud, iluminar nuestras vidas y también las de ellos.
Siéntense cómodos, si quieren cerrar los ojos pueden hacerlo, como prefieran. Lo importante es que estén relajados y puedan centrarse y seguir las palabras.
-Despertamos a un nuevo día.
-Surge espontáneamente la sensación de gratitud al hecho de seguir estando vivos.
-El sol que nos alumbra y nos da vida es otro motivo para generar gratitud. -El haber podido descansar bajo un techo seguro y en una cómoda cama, son motivos que nos permiten generar gratitud. Nos podemos preguntar dónde estarán, quiénes serán esos seres que, sin saberlo, con sus trabajos hicieron posible la construcción de este sitio donde vivimos y ensamblaron esta cama tan confortable donde nuestros huesos reposan cómodamente todas las noches, y experimentar por todos ellos un profundo agradecimiento.
-Y pensar también, ¿dónde estarán esos cultivos de algodón? ¿quiénes fueron los que recogieron las cosechas? ¿y qué de las fábricas donde cosieron estas sábanas? ¿Y los choferes que las transportaron hasta un barco, quizás, para luego llegar a puerto en este país; después a la tienda y de la tienda a nuestros hogares?
¿Quiénes fueron? ¿Serán felices? ¿Tendrán qué comer? A todos ellos, hombres, mujeres y seguramente también niños, a todos les ofrendamos nuestra inmensa gratitud y les deseamos que, estén donde estén, todos tengan paredes, techo, comida y cama donde poder descansar tranquilos.
-Ahora nos dirigimos al baño para asearnos y allí nos encontramos con otra inmensa cantidad de seres igualmente anónimos, todos los que contribuyeron directa o indirectamente a que podamos tener agua y jabón para asearnos, unas piezas sanitarias para atender nuestras necesidades. ¿Dónde y quiénes habrán sido los que fabricaron la pasta de dientes que utilizamos, el peine o el cepillo para el cabello? ¿Dónde estarán esos seres? ¿Quiénes habrán sido? ¿Cómo son? ¿Serán felices? ¿Tendrán de comer? Ahí, tomando consciencia de su presencia en nuestras vidas, generamos gratitud hacia ellos, los otros, los demás.
- ¿Y qué hay de la ropa que usamos? ¿han pensado alguna vez en la cantidad de seres responsables de cada pieza de tela que usamos? Los cultivos, la distribución del algodón o de otro material, las fábricas, las cadenas de distribución y venta, las tiendas, los empleados que nos atendieron cuando fuimos a comprarlas, las bolsas donde las metieron, el dinero con qué pagamos.
Tantos seres detrás de cada una de esas cosas o acciones... y, sin embargo, nosotros seguimos siendo tan inconscientes, tan indiferentes, tan centrados en nosotros mismos, como si no existieran. Elevamos la aspiración de dejar de ser así, de vivir más conscientes de ahora en adelante de todos sus favores y retribuirlos de alguna manera con nuestra gratitud y deseos por su felicidad.
-Encendemos el celular y ahí están. Todos ellos. Lo importante es que estemos conscientes de que, detrás de todo lo que nos rodea existe una multitud de seres desconocidos hacia quienes podemos brindar nuestro agradecimiento porque permanentemente, ellos contribuyen a que podamos vivir como lo estamos haciendo.
Con tan solo pensar en las conexiones a través de Internet, en las redes sociales, la televisión, el radio y los teléfonos celulares, podemos ver a esa multitud invisible de la que hemos venido hablando. Hacia todos ellos, donde quiera que se encuentren, a todos va nuestra gratitud y deseos por su felicidad.
-Pensemos ahora en la comida. Vamos a la nevera a buscar alimentos para preparar el desayuno y allí está de pronto revelada la inmensa red de interconexiones: allí frente a nuestros ojos, con solo abrir la puerta. Todo, todo lo que vemos está allí gracias al trabajo, la cooperación, el entusiasmo, la dedicación, y la necesidad de tener recursos de miles y miles de seres anónimos... y también a la muerte de muchos animales, quienes fueron sacrificados para que podamos alimentarnos.
...y volvemos de nuevo a encontrarnos frente a la misma reflexión de que de no haber sido por todos estos seres, no habría nada en la nevera. Volvemos a hacernos las mismas preguntas ¿quiénes fueron? ¿dónde estarán? ¿de dónde habrá venido este pan? ¿estas naranjas, dónde estarán esos campos? A todos esos seres que contribuyeron a que todos estos alimentos estén aquí en la nevera, a todos ellos elevamos nuestra profunda gratitud y deseos de que puedan tener una buena vida donde quiera que estén.
Pero ¿puedo de alguna manera conciliar mi mente con el hecho de seguir comiendo pollo y pescado? ¿Cómo manejo eso si es que tengo necesidad de consumir proteína animal?
Los budistas vivimos con la consciencia de la interdependencia y siendo así, sabemos que existe una conexión entre nosotros y cada uno de los seres presentes en nuestras vidas en el pasado, en el presente y el futuro.
Si tenemos necesidad de consumir proteína animal, cada vez que vamos a ingerir la comida, agradecemos internamente a ese ser que murió para que nosotros pudiésemos alimentarnos, deseamos que ese haya sido su último renacimiento como animal, y elevamos la aspiración de volver a encontrarnos los dos, como seres humanos, en el dharma.
También pensamos en los que estuvieron involucrados en su matanza y deseamos para ellos que puedan abandonar esa clase de trabajo y encontrar una forma más sana de ganarse la vida.
- ¿Y qué hay de la naturaleza señores, ¿podemos encontrar algo más generoso que la naturaleza? ¿y qué hacemos nosotros por ella? ¿Cómo le mostramos nuestra gratitud? ¿Tomamos acaso en consideración su razón de ser antes de acumular tanto desperdicio que sabemos irá a parar a los océanos por ejemplo? ¿Cómo justificar nuestros niveles de codicia? Porque en la codicia de otros podemos vernos a nosotros también. Recordemos la interdependencia. No hay escape a eso; no estamos separados de eso, no somos del todo “inocentes”.
Nuestra indiferencia es nuestra cuota de contribución.
C. Estoy segura de que todo lo que hemos comentado da mucho en qué pensar y abre la oportunidad para una revisión importante.
¿Cómo se sintieron ante los planteamientos?
¿Se identifican con ellos o, por el contrario, los encuentran muy ajenos? ¿Se ven a ustedes ahí, tomando más en serio la presencia de todos esos seres que desconocen?
¿Cómo ven eso?
Estoy segura de que a todos nos encantaría escuchar sus planteamientos. Por favor levanten la mano los que quieran intervenir.
5.
Una transformación interior es posible
Llevando a cabo estas contemplaciones no nos queda duda de que estamos interconectados. Es precisamente esta conciencia que vamos desarrollando la que nos puede ayudar a encontrar formas de reparar el daño que hemos causado a otros por nuestra indiferencia, por no habernos dado cuenta de lo relacionados que estamos, de su esfuerzo, de su ayuda; por vivir centrados en nuestro egocentrismo buscando solamente alcanzar nuestros objetivos individuales sin tener en consideración la importante presencia de los demás.
A lo largo de todo el día podemos mantener la consciencia de la interdependencia porque nada podría haber sido posible sin la cooperación de otros.
Vivir no solo con la consciencia de la interdependencia, de las interconexiones entre los seres, los animales y la naturaleza, sino también con el sentimiento profundo de gratitud hacia todos ellos, hará que nuestra perspectiva del mundo en el que vivimos se modifique y que de ahora en adelante vivamos con una sonrisa interior, y podamos comunicar este nuevo descubrimiento a cada uno de los seres con quienes nos topamos en la vida.
Es toda una revisión muy profunda de nuestros patrones habituales de comportamiento, de nuestras formas de pensar, de actuar, de consumir, de relacionarnos con otros, de ver el mundo en el que vivimos y apenas vislumbrar ese mundo que nos gustaría para los que vengan después de nosotros. Porque también de eso se trata, no solo de estar aquí y ahora sino también allá, en el futuro, porque todo lo que hacemos ahora afecta el futuro.
Las enseñanzas budistas nos dejan ver que el cultivar actitudes positivas como la gratitud hacia otros, nos hace más felices de lo que creemos, aunque no estemos habituados a ser conscientes de ello.
Esta felicidad se manifiesta en nuestro estado de salud mental y física y también en la forma como nos relacionamos con lo demás. Poco a poco vamos abandonando la tendencia a tratar a los otros como si no fuésemos “iguales” a ellos, como si fuésemos superiores, o sus “patrones”, y sustituimos el tono fuerte y hasta agresivo por uno más suave lleno de consideración, de humildad, de aprecio y agradecimiento. Reconocemos que, sin ellos, no habría sido posible estar beneficiándonos, que todos deseamos igualmente ser felices y que todos pertenecemos a esta gran familia humana.
C. Ahora, habiendo tenido la oportunidad de vernos reflejados en esas meditaciones guiadas, podemos contribuir con nuestras reflexiones a enriquecer este encuentro con nuestras intervenciones. Quien desee hacerlo puede levantar la mano.
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Dedicación del mérito
¡Dejar de grabar!!!