KTCZoom 2.
La felicidad
Sábado 13 de noviembre de 2021
Edición y Comentarios: María Mercedes Márquez
¡Grabar!
¡Tashi Delek para todos!
Comencemos por tomar refugio.
En el Buda, en el Dharma y en la Noble Sangha
voy por refugio hasta alcanzar la iluminación.
Que, a través de esta práctica, de la generosidad y de otras acciones virtuosas,
pueda realizar el Buda para beneficio de todos.
[3 veces]
1.
Sesión de meditación
C. Sentémonos tranquilos y dejemos atrás la vida cotidiana y todos sus contenidos y matices, como lo son los asuntos laborales, las relaciones familiares, las diligencias pendientes, las inquietudes que arrastramos del pasado, los problemas o dificultades; los planes futuros, y también el celular que tanto propicia la dispersión y la ausencia de atención y consciencia. Despojémonos de todo eso que conforma nuestro día a día y simplemente sentémonos sobre el cojín o en la silla acompañados de la sensación de estar simplemente aquí, simplemente ahora, libres de peso.
Solo estamos aquí, ahora, y para dedicar unos minutos a la meditación con la disposición de darle un descanso a la mente. La instrucción consiste en “dejar que la mente repose en su estado natural de apertura sin intervención de nuestra parte”. Simplemente, no hay nada que hacer con la mente salvo dejarla tranquila, que descanse, que repose en su propia naturaleza. Esas son las instrucciones.
Sentados derechos en la silla, con las plantas de los pies sobre el piso y las manos reposando una sobre otra en el regazo. La izquierda abajo con la palma hacia arriba. La derecha encima, también con la palma hacia arriba y ambos pulgares tocándose suavemente. Asumimos el compromiso interior de seguirlas sin cambiarlas, sin agregarles nada, y nos regocijamos en la sincera motivación de estar emprendiendo esta sesión no solo por nuestro propio beneficio sino el beneficio de todos sin excepción alguna.
“Que la virtud que voy a cultivar pueda ser causa
de la eliminación de los obscurecimientos de todos los seres
y logre establecerlos en el estado despierto no sujeto a cambios”.
Sesión de 20 minutos. Sonar el cuenco al inicio.
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2.
Recapitulando
C. En la sesión anterior pudimos compartir una serie de ideas e inquietudes sobre la felicidad y nos dimos cuenta de que no es tan sencillo identificarla y describirla como quizás pensaban algunos; que la idea más generalizada es la de pensar que esta consiste en episodios “esporádicos” y “pasajeros” llenos de alegría, de ausencia de complicaciones, de negatividades y conflictos; es decir, una felicidad “condicionada” por lo que sucede “afuera”.
Sin embargo, es necesario reflexionar y darnos cuenta de que estamos equivocados, porque no tiene ningún sentido que lo que el ser humano ha venido buscando desde tiempo sin principio, en todas las latitudes, y en medio de las diferentes culturas en el planeta, sea eso solamente. Esa no es la felicidad verdadera a la que apuntan estos conversatorios.
El probable, que, al ver el título de esta serie de encuentros, algunos hayan pensado, ¡sobre la felicidad, ah, que bueno! Quizás lo hayan percibido como un “divertimento” o “entretenimiento” porque les sonó como un tema “light”. Sin embargo, está muy lejos de serlo.
No debemos olvidar que ésta y todas las enseñanzas tienen por propósito que trabajemos con nuestras mentes, que nos sirvan para desenmascarar nuestros egos, que podamos ver la forma en que pensamos, identificar nuestras ideas preconcebidas o suposiciones y analizarlas, entender cómo llegaron a establecerse en nuestras mentes, y podamos finalmente, poco a poco, ir aproximándonos a ver las cosas tal cual son.
3.
Qué dicen los maestros
Ahora bien, ¿qué dicen los maestros?
Aquí es donde entra el maestro Matthieu Ricard, quien comenta que, para el Dalai Lama, “la felicidad es el objetivo de la existencia. Bokar Rimpoché, por su parte, ha afirmado que, como humanos estamos dotados de inteligencia, somos capaces de expresarnos con la ayuda de un registro de significados complejo y extenso, podemos comprender y estamos provistos de un intelecto muy superior al de los animales, y siendo así, tomar conciencia de esta situación existencial favorable es una legítima causa de felicidad.
C. Cuando le estaba dando una segunda lectura a este material, pude ver algo que había pasado por alto la primera vez y ahora me pareció sumamente importante, y fue esto último que dijo Bokar Rimpoché: “Tomar consciencia de nuestra favorable situación existencial es una legítima causa de felicidad”.
¿Por qué es importantes? porque, si afirmamos que somos conscientes, por ejemplo, de la verdad de “causa y efecto” [C. karma], que nos deja ver que todo pasado, pasó, pero que tenemos en nuestras manos la posibilidad de “perfilar” nuestro futuro porque está abierto a toda clase de posibilidades, ¿cómo no podría ser una causa mayor vivir sacando provecho de esta condición humana que nos ofrece permanentemente todas las posibilidades de trascender el sufrimiento y alcanzar la felicidad?
Sin embargo, sigue diciendo Matthieu Ricard, vemos la felicidad como algo tan natural que ni siquiera se nos ocurre preguntarnos en qué consiste realmente y cuál es la causa verdadera de esta experiencia. [C. Tendemos a darla por sentado ¿recuerdan?] Se pregunta si ¿será acaso que la palabra está tan viciada que, asqueados por todas las ilusiones y cursilerías que inspira, nos provoca rechazo? Para algunos, dice, es casi de mal gusto hablar de búsqueda de felicidad. Cubiertos por un caparazón de suficiencia intelectual, se burlan de ella igual que de las novelas rosa.
Exclama ¿cómo se ha podido llegar a esto? y sigue haciéndose preguntas:
¿Se debe quizás al aspecto ficticio de la felicidad que nos ofrecen los medios de comunicación y los paraísos artificiales?
¿Indica el fracaso de los desacertados medios empleados con vistas a alcanzar una verdadera felicidad?
¿Debemos ceder ante la angustia, en lugar de hacer un esfuerzo sincero e inteligente para desenredar la madeja de la felicidad y el sufrimiento?
Según Henri Bergsón, eminente filósofo del siglo XX francés y padre de Matthieu Ricard, “llamamos felicidad a algo complejo y confuso, a uno de esos conceptos que la humanidad ha querido dejar en el terreno de la vaguedad para que cada cual lo precise a su manera”.
Pero, desde un punto de vista práctico, comenta Ricard, dejar la comprensión de la felicidad en el terreno de la vaguedad no sería demasiado grave si habláramos como mucho, de un sentimiento fugaz y sin consecuencias, pero está muy lejos de eso puesto que se trata
1. De una “manera de ser y estar en el mundo”,
2. Que determina “la calidad”
3. “De cada instante de la vida”.
C. Una vez más:
Lo que llamamos “felicidad”
es un “estado de ser y estar en el mundo”,
un “estado existencial”
que determina “la calidad”
“de cada instante de vida”.
Esto, por supuesto, difiere mucho de lo que buscan las personas cuando hablan de lograr una mejor “calidad de vida”, porque en esos casos, esa supuesta “calidad” está dada por lo que puedan conseguir afuera, y, una vez más, no se trata de eso.
Para algunos, sigue diciendo el maestro Ricard, parece ser que la felicidad es simplemente una “impresión ocasional, fugaz”, cuya intensidad y duración varían según la disponibilidad de los bienes que la hacen posible. Existen miles de concepciones distintas de la felicidad, e innumerables filósofos han tratado de exponer la suya, pero la felicidad no se reduce a unas cuantas sensaciones agradables, a un placer intenso, a una explosión de alegría o a un bienestar fugaz, a un día de buen humor o un momento mágico que nos sorprende.
Todas estas facetas no pueden constituir por sí solas una imagen fiel de la dicha profunda que caracteriza la “verdadera felicidad” sobre la que estamos hablando. Ni siquiera esos momentos de profunda paz sentida en un entorno natural armonioso, o un acontecimiento largamente esperado, como aprobar un examen, vencer en una prueba deportiva, estar con una persona a la que se deseaba ardientemente conocer, tener un hijo...
Parece ser que el factor común a estas experiencias, “fértiles” pero “fugaces”, es la “desaparición momentánea de conflictos interiores”. La persona se siente en armonía con el mundo que la rodea y consigo misma y, por espacio de unos momentos, los pensamientos del pasado dejan de surgir, los proyectos del futuro dejan de agolparse en la mente y el momento presente queda liberado de toda construcción mental.
C. Esto me hizo recordar una intervención de Adriana donde decía, si recuerdo bien, que para ella la felicidad consistía en esos momentos compartidos con la familia o amigos, o, el ejemplo de Aurora de su experiencia frente al mar. Podemos ver claramente que ambas experiencias estuvieron condicionadas por lo que las rodeaba en esos momentos, por lo que sucedía en esos momentos pasajeros.
En el caso de la experiencia de Aurora, por ejemplo, según Matthieu Ricard, es un “momento de tregua” durante el cual todo estado de emergencia emocional desaparece y se percibe como una profunda paz. Pero, aun así, se trata de una “mejoría efímera” producida por circunstancias concretas. No obstante, es posible sacar provecho de esos instantes fugaces, de esas treguas en nuestras incesantes luchas, en la medida en que nos dan una idea de lo que puede ser la verdadera plenitud y nos incitan a reconocer las condiciones que la favorecen.
C. Podemos hacer una pausa aquí para contemplar lo que hemos venido escuchando y si alguien desea intervenir, puede levantar la mano.
4.
Un punto de partida para su comprensión
C. Siendo que cada persona tiene una comprensión particular de la felicidad, se hace necesario establecer un territorio común para poder entendernos y comunicarnos, por eso, Mathieu Ricard nos propone partir de la base de entender por “felicidad” lo siguiente:
Para comenzar,
se trata de un “estado adquirido” [gracias al trabajo interior]
de “plenitud subyacente [no hay espacio menta que no abarque este estado]
en cada instante de la existencia” [presente en cada instante]
que “perdura [su condición no varía, es permanente]
a lo largo de las inevitables vicisitudes de la vida”. [independientemente de lo que suceda en la vida porque no depende de ellas].
Por otra parte, un “estado adquirido”, quiere decir también que es algo a lo que todos podemos aspirar porque se trata de algo innato en cada ser humano; sin embargo, de un estado por el que debemos trabajar para poder experimentarlo.
Seguidamente dijo se trata de un estado de “plenitud subyacente en cada instante de la existencia”. Una vez logrado es inalterable, no varía, siempre se mantiene presente. Habló de plenitud subyacente, es decir, algo que ya está presente como fundamento de la existencia misma y que “perdura a lo largo de las vicisitudes de la vida”. Es un estado que caracteriza la experiencia de la budeidad.
C. Si desean comentar este punto o tienen alguna duda, por favor, adelante.
5.
Sukha
C. Ahora Matthieu Ricard entra de lleno a hablar sobre lo que implica el Buda concibió como felicidad. En el budismo, dice, el término sukha designa un estado de bienestar que nace de una mente excepcionalmente sana y serena. Es una cualidad que sostiene e impregna cada experiencia, cada comportamiento, que abarca las alegrías y todos los pesares, una felicidad tan profunda que “nada puede alterarla”.
La experiencia de sukha va acompañada, efectivamente, de una “disminución de la vulnerabilidad antes las circunstancias”, sean buenas o malas. Una “fortaleza altruista y tranquila” reemplaza en tales casos la sensación de inseguridad y de pesimismo que aflige a tantas personas.
C. Repasemos las características propias de sukha:
1. “Estado de bienestar” que nace de una mente excepcionalmente sana y serena.
2. “Cualidad que sostiene e impregna cada experiencia”, “cada comportamiento”
3. Que “abarca las alegrías y todos los pesares”
4. Una felicidad “tan profunda” que “nada puede alterarla”.
Y luego dice que,
1. La experiencia de sukha va acompañada, efectivamente, de una “disminución de la vulnerabilidad antes las circunstancias”, sean buenas o malas.
2. Una “fortaleza altruista y tranquila” reemplaza la sensación de inseguridad y de pesimismo que aflige a tantas personas.
Luego de leerlo pensé ¡cómo no trabajar conscientemente por llegar a vivir desde ese estado de ser, que encima de todo, no solo nos beneficia a nosotros sino a todos sin excepción!
Lo contrario de sukha se expresa mediante el término sánscrito dukha, traducido generalmente como “sufrimiento”, “desgracia” o, de un modo más preciso, “malestar”. Esto no define una simple sensación desagradable, sino que “refleja” una vulnerabilidad fundamental al sufrimiento que puede llegar hasta la aversión a la vida, el sentimiento de que no vale la pena vivir porque nos resulta imposible encontrarle sentido a la vida.
C. ¿Qué implica para ustedes una mente sana? ¿Qué creen que está tratando de decir M.R. con eso? También me llamó la atención su señalamiento sobre la fortaleza que surge a partir del altruismo [vivir para y por el beneficio de otros, no solo de nosotros mismos] que a su vez revela lo dañino de vivir centrados de manera egoísta en nuestro propio bienestar y las inseguridades y el pesimismo que esto genera.
En cuanto a dukha, a todos puede resultarles sumamente efectivo tener presente que un simple “malestar” psicológico o emocional, no es tan simple como parece, porque, para comenzar está reflejando la no aceptación de lo que sucede. Es producto de la falta de apertura al momento presente y eso genera sufrimiento, traducido en este caso como malestar. Siendo así, me parece que estar pendientes de todo momento en el que experimentamos algo de malestar es sumamente importante porque actúa como señal que, si la atendemos haciendo un alto, contemplando lo que estamos sintiendo y averiguando por qué, puede ayudarnos mucho a trascender barreras inútiles que interponemos entre nosotros y los fenómenos o los seres.
Abajo las barreras, hay que derribar los muros.
Por otra parte, ese “malestar” es la etapa inicial de algo que si no lo atajamos a tiempo puede desarrollarse en un sufrimiento más intenso e innecesario.
¿Cómo lo ven ustedes?
6.
Cambiar
Cambiar nuestra visión del mundo, dice el maestro Ricard, no implica un optimismo ingenuo, ni tampoco una euforia artificial destinada a compensar la adversidad. Mientras la insatisfacción y la frustración provocadas por la confusión que reina en nuestra mente sean nuestra realidad cotidiana, repetirse hasta la saciedad “¡Qué feliz soy!” es un ejercicio tan inútil como pintar una y otra vez una pared en ruinas. La búsqueda de la felicidad no consiste en ver la vida “color de rosa” ni en taparse los ojos ante los sufrimientos y las imperfecciones del mundo.
La felicidad tampoco es un estado de exaltación que hay que perpetuar a toda costa, sino la “eliminación de toxinas mentales” como el odio y la obsesión, que envenenan literalmente la mente. Para ello, es preciso aprender a conocer mejor cómo funciona ésta y a tener una percepción más cabal de la realidad.
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Dedicación del mérito
¡Dejar de grabar!!!
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