KTCZoom 4.

La felicidad

Sábado 27 de noviembre de 2021

Edición y Comentarios: María Mercedes Márquez

¡Grabar!

¡Tashi Delek para todos!

Comencemos por tomar refugio.

En el Buda, en el Dharma y en la Noble Sangha

voy por refugio hasta alcanzar la iluminación.

Que, a través de esta práctica, de la generosidad y de otras acciones virtuosas,

pueda realizar el Buda para beneficio de todos.

[3 veces]

1.

Sesión de meditación

C. Sentémonos tranquilos y relajados, con la disposición de emprender una breve sesión de meditación. Lo hacemos porque sabemos que es importante y beneficiosa para la mente y tambien para el cuerpo; para nosotros y también para otros.

Sin embargo, saber esto no es suficiente para meditar apropiadamente; debemos cruzar las piernas si estamos sentados sobre un cojín o, si estamos sobre una silla, hacer que las plantas de los pies reposen sobre el piso; hay que mantener la espalda derecha y los hombros relajados. En cuanto a las manos, estas reposan en el regazo, una sobre la otra con las palmas hacia arriba y los pulgares tocándose. La barbilla estará levemente retraida, la lengua contra el paladar, la mandíbula relajada y los ojos entornados. Ahora estamos sobre el cojín o la silla acompañados de la sensación de estar aquí, ahora y libres de peso. 

Queremos dedicarle unos minutos de nuestro tiempo a la meditación y lo hacemos con la disposición de darle un descanso a la mente; sabemos que esto es necesario como parte del entrenamiento para conocerla cada día mejor. Dejamos que esta repose en su estado natural de apertura sin intervención de nuestra parte. No hay nada que hacer con la mente salvo dejarla tranquila; que descanse, que repose en su propia naturaleza. Esas son las instrucciones.

Es indispensable ser conscientes de que para llevar a cabo la práctica de la meditación no necesitamos celular; tampoco, para escuchar las enseñanzas apropiadamente, por lo que se les recomienda no tenerlo cerca y dejarlo apagado mientras dure este encuentro.

Asumimos el compromiso interior de seguir las instrucciones sin cambiarlas, sin agregarles nada, y nos regocijamos en la sincera motivación de estar emprendiendo esta sesión no solo por nuestro propio beneficio sino el beneficio de todos sin excepción alguna.

 

“Que la virtud que voy a cultivar pueda ser causa

de la eliminación de los obscurecimientos de todos los seres

 y logre establecerlos en el estado despierto no sujeto a cambios”.

Sesión de 20 minutos.   Sonar el cuenco al inicio.

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2.

Placer vs felicidad

A fin de determinar los factores externos y actitudes mentales que favorecen sukha y aquellos que lo perjudican, comienza diciendo Matthieu Ricard el día de hoy, conviene establecer una distinción entre la felicidad y ciertos estados aparentemente similares, pero en realidad muy distintos.

El error más común consiste en confundir placer y felicidad. El placer, dice un proverbio indio, “no es sino la sombra de la felicidad”; está directamente causado por estímulos agradables de orden sensorial, estético o intelectual. La experiencia evanescente del placer depende de las circunstancias y de los lugares, así como de momentos privilegiados, su naturaleza es inestable y la sensación que produce puede volverse rápidamente neutra o desagradable. Asimismo, su repetición a menudo acaba por restarle atractivo e incluso provocar rechazo: degustar, por ejemplo, un manjar delicioso es fuente de auténtico placer, pero una vez saciados, de apetecernos y, si continuamos comiendo terminaremos asqueados.

Es claro que el placer se agota a medida que disfrutamos de él. Casi siempre va unido a una acción y produce cansancio por el simple hecho de repetirse. Por lo demás, el placer es una experiencia individual, esencialmente centrada en uno mismo, razón por la cual se puede asociar con facilidad con el egocentrismo y entrar en conflicto con el bienestar de otros.

Por otra pare, el placer puede ir unido a la maldad, la violencia, el orgullo, la avidez y otros estados mentales incompatibles con una felicidad verdadera. Se da el caso de que un hombre de negocios se alegre de la ruina de un competidor, que un atracador se frote las manos contemplando el botín o que el espectador de una corrida se entusiasme viendo cómo matan al todo, pero son estados de exaltación pasajera, en ocasiones enfermiza, que, como los momentos de euforia positiva, no tienen nada que ver con sukha, y, sin embargo, casi siempre preferimos el placer y sus secuelas de saciedad a la gratificación de un bienestar duradero.

Sukha, al contrario que el placer, nace del interior. Si bien puede sufrir la influencia de las circunstancias, no se halla sometido a ellas, y, lejos de transformarse en su contrario, perdura y crece a medida que se experimenta, y engendra un sentimiento de plenitud que, con el tiempo, se convierte en un rasgo fundamental de nuestro temperamento.

Sukha no está ligado a la acción, es un “estado de ser”, un profundo equilibrio emocional fruto de una comprensión sutil del funcionamiento de la mente. Sukha se siente todo el tiempo que permanecemos en armonía con nuestra naturaleza profunda. Su componente natural es el altruismo que se proyecta hacia el exterior en vez de estar centrado en sí mismo.

Por otra parte, se puede ser feliz y al mismo tiempo estar enfermo, o incluso a punto de morir; se puede ser a la vez pobre y feliz, feo y feliz, por lo que queda claro que el placer y la felicidad son sensaciones de diferente naturaleza y ámbito.

Sin embargo, el placer, pese a ser por naturaleza diferente de la felicidad, no es enemigo de ésta. Todo depende de la manera de vivirlo. Si obstaculiza la libertad interior, impide acceder a la felicidad, pero vivido con una libertad interior total, la adorna sin oscurecerla. Una experiencia sensorial agradable, ya sea visual, auditiva, táctil, olfativa o gustativa, sólo tendrá un efecto contrario a sukha si está teñida de apego y engendra avidez y dependencia.

En cambio, vivido en el instante presente, a semejanza de un pájaro que pasa por el cielo sin dejar rastro, no desencadena ninguno de los mecanismos de obsesión, sujeción, cansancio, o desilusión que acostumbran a acompañar la atadura a los placeres de los sentidos. El “no apego” del que se hablará más adelante, dice el maestro Ricard, no es un rechazo, sino una libertad que prevalece cuando dejamos de aferrarnos a las causas del sufrimiento.

C. Si desean hacer alguna pregunta o hace un comentario pueden levantar la mano.

3.

La intensidad vs euforia.

La exhortación, a vivir intensamente, se ha convertido en el leitmotiv del hombre moderno. El sentido es lo de menos con tal de que haya intensidad. De ahí el gusto y la fascinación por la violencia, las proezas, la excitación máxima de los sentidos, los deportes de riesgo; hay que bajar las cataratas del Niágara dentro de un barril, abrir el paracaídas a unos escasos metros del suelo, bucear sin oxígeno a una profundidad de cien metros. Hay que exponerse a morir por algo que no vale la pena ser vivido, acelerar para no ir a ningún sitio, cruzar la barrera del sonido de lo inútil y poner de relieve el vacío. Así que pongamos a todo volumen cinco radios y diez televisores al mismo tiempo, démonos de cabezazos contra la pared y revolquémonos en la grasa. ¡Eso es vivir plenamente! Piensan algunos.

En ese maremoto sensorial, dice Matthieu Ricard, la alternancia de placer y dolor pintarrajea de colores fluorescentes la fachada de nuestra vida. Hoguera de papel sin calor ni duración. Hay que hacer vibrar lo absurdo para darle una dimensión. Estas emociones no se viven como alternativas a la felicidad, sino que, por el contrario, casi siempre son presentadas como señales indispensables de que, sin ellas, la vida sería mortalmente aburrida.

Jean, un amigo del maestro Ricard afirma que no puede vivir sin estímulos emocionales y psicológicos muy intensos, que necesita tener aventuras amorosas y acepta el sufrimiento que de deriva de ellas porque representa la contrapartida inevitable del amor. Que no puede prescindir de la intensidad. Una paz interior fuera de ese círculo pasional no le interesa, porque exigiría una disciplina, y eso le parece demasiado lejano, inalterable y sin relieve.

“Reconozco que tienes razón”, cuenta Matthieu Ricard que le dijo un día, “pero pese a todo prefiero mi intensidad. Yo funciono de un modo un poco dramático, pero me gusta ese drama. No tengo el valor para esforzarme, y, aunque pase por momentos duros, de grandes sufrimientos psicológicos, me gustan esos momentos”.

Ahora bien, una verdadera sensación de plenitud asociada a la libertad interior también ofrece intensidad a cada instante, pero de una calidad muy distinta. Es un centelleo, dice el maestro Ricard, vivido en la paz interior, en la que somos capaces de maravillarnos de la belleza de cada cosa. Es saber disfrutar del momento presente, libre de la alternancia de excitación y cansancio mantenida por los estímulos invasores que acaparan nuestra atención.

Pasión, sí, pero no la que aliena, nos destruye, oscurece nuestra mente y nos hace malgastar los preciosos días de nuestra vida. Más bien alegría de vivir, entusiasmo por engendrar altruismo, serenidad y por desarrollar lo mejor de nuestro ser: la transformación de nosotros mismos que permite transformar mejor el mundo.

Hay, también, una clarísima diferencia de naturaleza entre la alegría profunda, que es una manifestación natural de sukha, y la euforia, la exaltación jubilosa resultante de una excitación pasajera. Toda jovialidad superficial que no reposa sobre una satisfacción duradera va invariablemente acompañada de una recaída en el abatimiento.  A nadie se le escapa que la sociedad de consumo se las ingenia para inventar incesantemente infinidad de placeres falsos, euforizantes y laboriosamente repetidos, destinados a mantener un estado de alerta emocional que desencadena una forma de anestesia del pensamiento.

¿Acaso no hay un abismo que separa esas “felicidades de lata” de la experiencia de la dicha interior?

Las drogas blandas y duras son otro medio de provocar un éxtasis que quisiéramos que fuese inconmensurable. Sin embargo, la búsqueda de paraísos artificiales casi siempre conduce al infierno de la dependencia y a la depresión, o incluso a la peligrosa satisfacción egocéntrica de creernos únicos, al margen de una sociedad que rechazamos pero que, a nuestra manera, hacemos que funcione a la perfección.

C. Si desean intervenir con relación al tema de la intensidad y a euforia, por favor levanten la mano.

4.

La felicidad vs alegría

La diferencia entre la alegría y la felicidad es más sutil. Sukha se difunde espontáneamente en forma de alegría. Una alegría serena, interior, no se manifiesta forzosamente de forma exuberante, sino mediante una apreciación ligera y luminosa de la riqueza del momento presente. Sukha también puede verse enriquecido por sorpresas, alegrías intensas e inesperadas que son para él lo que las flores para la primavera.

Pero todas las formas de alegría no proceden, ni mucho menos, de sukha.  Hemos visto lo difícil que resulta ponerse de acuerdo acerca de la definición de “felicidad”, y también hemos precisado lo que representa la felicidad auténtica dentro del contexto budista.

C. A continuación, el maestro Ricard recurre a Paul Ekman para ayudarnos a entender aun mejor la forma en que, la alegría, siendo igualmente un concepto vago, se halla asociada a muy variadas emociones como los placeres de los cinco sentidos. Paul Ekman, es un eminente psicólogo norteamericano pionero en el estudio de las expresiones faciales, considerado como uno de los cien psicólogos más destacados del siglo XX y frecuente miembro de los grupos de científicos occidentales que se han venido reuniendo desde hace décadas con el Dalai Lama en las conferencias del Mind & Life Institute.

En este grupo encontramos:

-la diversión (que va desde la leve sonrisa hasta la risa a carcajadas),

-el contento (que se trata de una satisfacción más tranquila),

-la excitación (experimentada ante una novedad o un desafío),

-el alivio (que sigue a otra emoción como el miedo, la inquietud y a veces incluso el placer),

-la maravilla (ante lo que llena de asombro y de admiración, o sobrepasa nuestro entendimiento),

-el éxtasis (que nos transporta fuera de nosotros mismos),

-la exultación (por haber conseguido hacer una tarea difícil, realizado una hazaña), -el orgullo legítimo (cuando nuestros hijos reciben una distinción excepcional),

-la elevación (cuando somos testigos de actos de una gran bondad, generosidad y compasión),

-la gratitud (la apreciación de un acto altruista del que somos beneficiarios)

-y el júbilo malsano (cuando disfrutamos con el sufrimiento de los demás, vengándonos, por ejemplo),

-a los que se puede añadir, además, el alborozo, el deleite, el arrobamiento, etc.

Podemos ver claramente que cada una de las emociones de este catálogo, posee un componente de alegría; la mayoría hace sonreír y se manifiestan mediante una expresión y un tono de voz peculiares.

Sin embargo, aclara el maestro Ricard, -y aquí está el detalle y la gran diferencia-para que participen de la felicidad o contribuyan a ella, deben estar libres de toda emoción negativa. Cuando la cólera o los celos irrumpen, la alegría desaparece de forma súbita, y, cuando el apego, el egoísmo o el orgullo parecen aparecer, se apaga lentamente.

Para que la alegría dure y madure serenamente, para que sea una expansión del corazón, debe estar asociada a los demás componentes de la felicidad verdadera: la lucidez, la bondad, el debilitamiento gradual de las emociones negativas y el cese de los caprichos del ego.

C. Queda claro que no es lo mismo alegría que felicidad. Si desean intervenir, por favor levanten la mano

5.

Disipar las ilusiones

La mayor parte del tiempo comenta Matthieu Ricard, nuestra búsqueda instintiva y torpe de la felicidad se basa más en ilusiones que en la realidad; sin embargo, es posible una transformación radical de la mente. La experiencia muestra que un entrenamiento prolongado y una atención vigilante permiten identificar y manejar las emociones y los acontecimientos mentales a medida que sobrevienen. Este entrenamiento incluye el incremento de emociones sanas como la empatía, la compasión y el amor altruista.

Así mismo, exige cultivar sistemáticamente la lucidez, la cual permitirá reducir la distancia entre la realidad y los pensamientos que proyectamos sobre ella.

Cambiar nuestra interpretación del mundo y nuestra forma de vivir las emociones momentáneas engendra una modificación de los estados de ánimo que conduce a una transformación duradera del temperamento. Esta “terapia”, dice el maestro Ricard, no está destinada a “curar enfermedades mentales específicas” sino que guarda relación con los sufrimientos que afectan a la mayoría de los seres.

Su finalidad es la de reducir dukha, el “malestar”, y aumentar sukha, el “bienestar”. Es permitir un desarrollo óptimo del ser humano.

6.

Sufrimiento vs desdicha

C. Al igual que se ha diferenciado la felicidad del placer, también hay que establecer la diferencia que existe entre sufrimiento y desdicha. Como ha quedado claramente evidenciado, tenemos la tendencia a aplicar el término “felicidad” de manera indiscriminada a una serie de estados emocionales; no acostumbramos a identificar con claridad lo que estamos sintiendo, sino que, más bien decimos que estamos felices al estar presente cualquiera de ellos. Esto también muestra lo limitado que es el lenguaje que utilizamos.

A continuación, Matthieu Ricard afirma algo muy esclarecedor: “El sufrimiento se padece, pero la desdicha se crea”. Los sufrimientos son desencadenados por una multiplicidad de causas sobre las que algunas veces tenemos cierto poder y en la mayoría de los casos ninguno. Nacer con una minusvalía, contraer una enfermedad, perder a un ser querido, verse involucrado en una guerra o ser víctima de una catástrofe natural, son circunstancias que escapan a nuestra voluntad.

Otra cosa en la desdicha, es decir, la forma en que vivimos esos sufrimientos. La desdicha, por supuesto, puede estar asociada a dolores físicos y morales provocados por condiciones externas, pero no se halla esencialmente vinculada con éstos. En la medida en que es la mente la que convierte el sufrimiento en desdicha, le corresponde a ella controlar su percepción.

La mente es maleable; nada en ella impone un sufrimiento irremediable. Un cambio, por mínimo que sea, en la manera de encauzar nuestros pensamientos, de percibir y de interpretar el mundo, puede transformar considerablemente nuestra existencia.   

C. Me parece que sería conveniente detenernos aquí y revisar y comentar lo que hemos venido escuchando. Si alguno de ustedes desea intervenir, levante la mano por favor. Quizás nos ayudaría mucho contemplar un caso específico, una experiencia específica para identificar si se trata de felicidad o de simple alegría, de sufrimiento o desdicha, de euforia, de ilusión, etc.

 

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