20. KTCZoom.

Budismo, mente y meditación

Martes 4 julio de 2023 Suspendimos la sesión.

Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez   

¡Tashi Delek, bienvenidos todos!

Las Cuatro Contemplaciones que orientan la mente hacia la liberación

Primero, esta preciada existencia humana, tan favorable para la práctica del dharma, es difícil de obtener y se pierde fácilmente. En este momento debo hacer de esto algo significativo.

Segundo, el mundo y todos sus habitantes son impermanentes. En particular, la vida de cada ser es como una burbuja de agua. Es incierto cuándo moriré y me convertiré en cadáver. Como es sólo el dharma lo que me asistirá en ese momento, debo practicar ahora con diligencia.

Tercero, al morir no hay liberación y el karma sigue su rumbo. Como soy yo quien crea su propio karma, debo por lo tanto abandonar toda acción perjudicial y dedicar siempre mi tiempo a las acciones beneficiosas. Con esto en mente, debo observar a diario el flujo de mi mente.

Cuarto, tal y como un festín antes de que el verdugo me conduzca a mi muerte, la familia, los amigos, los placeres y las posesiones del samsara me causan continuos tormentos a través de los tres sufrimientos, Debo eliminar todo apego y esforzarme por lograr la iluminación.

1.

Primera sesión de meditación

C. -Estamos aquí, porque queremos aprender cómo meditar apropiadamente. Queremos desarrollar una atención enfocada y una mayor consciencia de cómo son las cosas.  

-Comenzamos por “ubicarnos” física y mentalmente en el momento presente”. Debemos tratar de que el cuerpo y la mente trabajen en equipo.

-Para que eso sea posible, es necesario dejar todo atrás: los asuntos familiares, las situaciones domésticas, los problemas laborales, las diligencias pendientes y también todo lo que nos llega por Internet.

No hay necesidad de traer nada de eso a la meditación; por el contrario, no serían más que obstáculos a lo que estamos tratando de cultivar.

-También debemos abandonar expectativas y planes futuros, incluso  expectativas sobre el resultado de la práctica. Hay que dejar atrás toda fantasía, toda especulación, todos esos planes, ilusiones y preocupaciones, porque, estemos donde estemos, distancian la mente de la posibilidad de estar plenamente centrados en el momento presente.

-Mantengamos en todo momento la consciencia de que el único lugar donde está pasando nuestra vida es “aquí” donde estamos “ahora”.

-Hacemos todo lo posible por estar “totalmente presentes y conscientes” en cada momento, en cada respiración.   

- “Estar en meditación” es sinónimo de mantener una mente “enfocada”, “despierta”, “atenta”, y “consciente”. Tener los ojos entornados no es una invitación a la ensoñación. De modo que, sentados sobre el cojín con las piernas cruzadas y un pie delante del otro, colocamos las manos hacia abajo sobre las rodillas, empujamos el torso un poco hacia atrás y enderezamos la columna.

-Estando dispuestos a llevar a cabo una breve sesión de meditación shámata, tenemos como principal motivación no solo nuestro propio beneficio personal sino el de todos los seres sin excepción.

-Retraemos la barbilla, pegamos suavemente la lengua del paladar, y mantenemos los ojos ligeramente entornados .

-Ahora, estando sentados cómodamente, con la columna recta, centramos la atención en cada inspiración y cada expiración. Con naturalidad, sin forzarlo, el foco en la respiración debe ser relajado. Estamos aquí con la respiración sin modificarla. La atención está en el aire en el preciso momento en que está entrando y saliendo por la nariz.

-Si nos damos cuenta de que nos hemos distraído con algún pensamiento que ha surgido o con cualquier otra cosa que no sea la respiración, dejamos eso de lado y volvemos a centrar la atención en la respiración.

-Mantenemos la atención cómodamente enfocada en la respiración y la mente neutral, es decir, sin preferir esto o aquello; simplemente estando aquí, tranquila. Si encontramos algo pesado el foco que tenemos en la respiración, lo relajamos para que se sienta bien, para que esté a gusto con la respiración.

-Hacemos el esfuerzo por mantener una mente ecuánime, que no juzgue ni se perturbe ante la presencia de estímulos externos o internos; una mente que esté bien en ella misma.

-Trataremos de estar física y mentalmente en cada “aquí” y cada “ahora” del momento presente, haciendo lo posible para que el cuerpo y la mente trabajen en equipo.

20 minutos de shámata

Participación con preguntas o comentarios sobre la práctica   

 

2.   

Ese mundo iluminado está disponible para todos en cualquier momento

C. Antes de seguir adelante, me gustaría que tocásemos el tema de la religiosidad, porque hemos llenado la mente de tantas ideas respecto a lo que esto significa, que es conveniente entenderlo apropiadamente desde la perspectiva budista.

¿Cómo definen ustedes la religiosidad?

¿Se ven ustedes a sí mismos como personas religiosas?

Quizás sea conveniente comenzar por escuchar lo que cada uno de nosotros entiende por religiosidad o por ser una persona religiosa. Este intercambio de ideas puede ser muy interesante y es probable que nos ayude a profundizar nuestra comprensión.

Participación

 

La religiosidad, por supuesto, está relacionada con las religiones y se expresa de muy diversas formas. Siempre se ha enfatizado que el budismo no es una religión sino una tradición espiritual que conduce al desarrollo del potencial original, plenamente iluminado presente en todo ser humano. Aún hoy día hay quienes no tienen esto del todo claro y siguen tratando de ubicar al budismo dentro de alguna categoría existente afirmando que es también una forma de vida o una filosofía.

En mi caso particular, a medida que pasaba el tiempo iba viendo con más claridad la orientación científica del planteamiento del Buda, el valor de la experiencia personal y la ausencia de dogma de fe, y, al realizar que no se trata de , sino de todos, mi perspectiva cambió por completo.

Me quedó claro que la religiosidad no tiene que ver con llevar a cabo o asistir a actos públicos, ni tampoco necesariamente con involucrarse en rituales, ni festividades, sino más bien con valorar incluso los más simples e insignificantes actos y cosas de la vida, acompañándolos de consciencia, estando allí en cada uno de ellos porque todo tiene igual valor. Siendo así, hasta una persona atea puede ser tremendamente religiosa.

A medida que practicaba, podía palpar como se iba transformando mi forma de vivir la vida, todo iba cobrando una importancia que antes no veía. Comencé a darme cuenta de que cada acto, cuando está desprendido del mero interés personal, cuando se abre al beneficio de todos los seres vivientes y va acompañado de atención y de consciencia, es, en sí mismo, un camino a la trascendencia.

Sinceramente pienso que, aun cuando el budismo no es una religión como el resto de las religiones occidentales porque no hay un dogma de fe, el practicante budista es un ser tremendamente religioso, porque todo, absolutamente todo en su vida está motivado por el más profundo respeto y vive centrado en eso momento a momento por el beneficio de todos.

El simple hecho de respirar, de caminar, comer, dormir, de estudiar, hablar, o lo que sea que uno haga cobra entonces una importancia inusitada porque, estando allí en eso, en el momento en que se da, se despliega su trascendencia. En la vida del practicante, todo deja de ser común y corriente para convertirse en pasos hacia la iluminación.

Participación  

3.

Devoción

Ahora, dice el lama, si no podemos vivir con ese grado de devoción cada día, algunas veces quizás logremos encontrar un momento a lo largo del día donde poner todo a un lado. Hacemos a un lado todas nuestras actividades mentales, también la rabia, el orgullo, el resentimiento, así como también todas esas historias que la mente está fabricando contantemente.

C. Fíjense que ha llamado devoción al abordar la vida cotidiana desde esos parámetros de respeto hacia todo, de presencia total en cada momento. Me ha llamado la atención porque efectivamente, si no sentimos reverencia y devoción por nuestra propia existencia ¿entonces dónde la vamos a poner?, el mayor de los milagros, si queremos llamarle de alguna manera, es la vida misma porque ella nos brinda la posibilidad de recorrer el camino a la iluminación. Recordemos... Este precioso renacimiento humano...

Podemos hacer a un lado las actividades ordinarias de la mente que creemos ser inofensivas como ese parloteo mental que parece ruido de fondo. Lo ponemos a un lado y entramos a un estado de consciencia donde nada está pasando. Lo único que subyace es nuestro anhelo de eterna liberación, nuestro ferviente deseo de libertad incondicional.

Literalmente, nos sumergimos en ese anhelo de vez en cuando. Es como el océano, comenta el lama, tiene muchas dimensiones, y, si podemos sumergirnos hasta las profundidades, sucede un gran milagro; finalmente realizamos lo que es llamada absoluta libertad incondicional.

Sin embargo, es probable que al ego esto no le guste mucho porque piensa que no desear nada es realmente malo; no le gusta esa clase de iluminación de la que se está hablando porque todo el placer que ha experimentado ha provenido de lograr algo que quería; eso es lo que el ego recuerda. ¿Entonces? 

Para el ego, toda la alegría y felicidad que ha probado en esta vida han sido resultado de querer algo. Si desear algo llega a su fin, la mente del ego no puede imaginar que pudiese haber felicidad, alegría o bienaventuranza. La mente egotista simplemente no puede entenderlo.

C. Llegado este punto yo misma comencé a hacerme preguntas. ¿Cómo compaginar de manera equilibrada y saludable el querer desempeñar bien nuestro trabajo, el querer tener éxito en nuestros emprendimientos, querer tener mayores ingresos para poder cubrir nuestras necesidades, y, al mismo tiempo cultivar ese estado mental donde no queremos nada? ¿Cómo resolver esto?

Participación  

C. Me parece que aquí se revela nuevamente la necesidad de mantenernos conscientes de que una cosa es el campo relativo donde suceden las experiencias que vivimos, y otra cosa es el campo absoluto a donde apunta el camino a esa libertad incondicional o trascendencia ulterior.

Son dos aspectos de la existencia que están presentes simultáneamente todo el tiempo. La apertura, la claridad y la libertad interior están presentes aun en medio de la mayor confusión, la más grande sensación de desamparo, de la oscuridad y el miedo.

Siendo así, sin aferrarme a nada y tendiendo esto claro y presente, hago todo lo que tengo que hacer por cubrir mis necesidades primordiales, me esfuerzo en desempeñar bien el trabajo que tengo que hacer sin dejarme llevar por la codicia, ni la promesa del éxito y la alabanza.

Por el contrario, no me separo nunca de la conciencia de que el valor de todo esto es relativo, cambiante, insustancial y pasajero, que lo que realmente importa es lo que simultáneamente estoy construyendo a base de atención y conciencia, desarrollando comprensión respecto a la naturaleza verdadera de cómo son las cosas, y, al hacerlo, ya, allí, encuentro liberación.

 

4.

Relajando la mente 

Se dice que la mente -o la consciencia- no tiene base o fundamento porque no tiene tamaño, ni color, ni forma, ni ubicación. Sin embargo, algunas personas piensan que ella vive en nosotros, pero ese enfoque es muy limitado porque la mente de la que hablamos está en todas partes. Nosotros somos ella.

C. De esto se deduce claramente que, una cosa es la mente u otra el cerebro. Anécdota del neurocirujano

De vez en cuando, la mente “olvida” -por decirlo de alguna manera- que su desempeño, o, la forma como actúa es su propia manifestación, y se pierde en creer que es separada de sí misma o, que se trata de dos cosas diferentes. Esta tendencia al olvido es la confusión fundamental que da nacimiento a todos los problemas, conflictos y luchas en interminables cadenas de reacciones.

C. Fíjense que el lama enfatiza que es “la mente” la que olvida y equivocadamente se pierde en creer que es separada de sí misma, es decir, que equivocadamente cree que, una cosa es “la mente” y otra cosa “soy yo”, es decir, el ego o lo que “yo cree que es”.

Como en esencia la mente común no está separada de la experiencia iluminada, si es consciente de ella misma, la iluminación puede darse repentinamente y romper la cadena creada por nuestro olvido, porque, en el gran escenario de la mente se dan ambos: el reconocimiento y el espejismo o la confusión.

Cuando se da el reconocimiento entonces hay liberación, apertura del corazón y amor, pero, cuando está presente la confusión entonces comienza la pesadilla del sufrimiento.

C. Me ha gustado mucho esta explicación del lama Anam Thubten porque nos deja ver con claridad que...

-Cuando hablamos del fundamento de nuestra mente o conciencia, estamos hablando de un solo escenario: espacio, espacio vacío donde puede suceder cualquier cosa.

-Que, en ese espacio, como dos caras de la misma moneda, están presentes tanto la iluminación como la confusión.

-Que, cuando se da el reconocimiento hay liberación.

-Y, cuando está presente la confusión, hay sufrimiento.

-Así de simple.

  

Al final, hay tan sólo consciencia, de modo que ambos, tanto iluminación como la privación de libertad, felicidad y sufrimiento, suceden en el reino de la mente. Desarrollar tal grado de consciencia es la única forma de poder liberarnos del auto engaño, de la olvidadiza e inconsciente dimensión de la mente misma.

Llegado un momento, puede que la mente combine condiciones internas y externas para su despertar; por ejemplo, se conecta con un auténtico guía y camino espiritual. Por esta razón vemos que, en todas las sagradas tradiciones de la antigüedad, la relación entre maestro y discípulo tiene un papel esencial.  Si llegamos a conocer a un maestro que no quiera otra cosa excepto que despertemos, este se convertirá en un claro espejo que refleje nuestro propio rostro original, nuestra pura consciencia interior.

El verdadero maestro nunca nos da nada. Nunca nos dirá que es nuestro salvador personal. Simplemente creará para nosotros el “clima apropiado” para que abandonemos todo lo que no somos, de modo que todo lo que nos quede sea nuestra pureza original. Cuando sea que encontremos tal clase de maestro verdadero, podremos decir que somos muy afortunados.

Si nos mantenemos buscando la verdad, con todo el corazón, el maestro nos va a encontrar. Aparecerá en muy diversas maneras, incluso como circunstancias y retos, como la historia de alguien que despertó a la verdad escuchando la recitación de unas oraciones.  

Por otra parte, si lo que andamos buscando es seguridad, aprobación y sistemas de creencias, con toda probabilidad nos toparemos con el tipo equivocado de maestro. Entonces seremos esclavizados en lugar de ser liberados. Cuando lo hacemos no somos conscientes porque con frecuencia estamos buscando esas cosas de manera inconsciente; somos como sonámbulos caminando hacia un despeñadero.

5. Sadhana

Tener una disciplina espiritual diaria es muy importante para aquellos que buscan liberación incondicional. Hay muchas sadhanas o disciplinas espirituales, y, con frecuencia se presentan en forma de una metodología particular de meditación, pero también pueden ser diferentes.

Estas nos ayudarán a propiciar una mayor consciencia de nuestros hábitos y procesos mentales, y los harán transparentes para que los podamos ver con claridad. Bajo la luz de tal consciencia se disipa naturalmente toda la oscuridad y nuestras cualidades iluminadas escondidas brillan sin haber tenido que mejorarlas de alguna manera.

Aun cuando puede que tengamos una que otra vez una epifanía espiritual que nos cambie la vida, sin embargo, hay que recordar que la mente continúa estando bastante habituada a la confusión. La mente debe ser purificada y la sadhana es el método para purificarla.

Esta mente humana está oculta bajo capas de patrones habituales inconscientes. Cuando, gracias a la práctica de purificación reconocemos lo que son queda expuesto el secreto de cómo son creados, y en consecuencia pierden su poder. Esto es lo que significa purificación en el contexto budista.

Podemos decir que toda sadhana es una práctica de purificación, sin embargo, la verdadera sadhana es la práctica de reposar como el observador en lugar de permanecer indiferentes a los juegos mentales que jugamos.

Participación

6.

Segunda sesión de meditación

C. Hemos nacido como seres humanos, eso no lo podemos cambiar, pero lo que sí podemos hacer, es modificar nuestro enfoque de la vida, la manera de actuar ante lo que conlleva el hecho de haber nacido humanos: estamos hablando de las enfermedades, la vejez y la muerte.

Seguiremos siendo humanos, y lo que nos rodea puede que siga siendo “aparentemente” igual, pero todo habrá cambiado, porque nos habremos transformado interiormente. El estudio y la práctica del dharma nos brindan valiosas herramientas para propiciar esta transformación.

-Siendo así, ahora nos sentamos apropiadamente con la intención de permitirle a nuestra mente un descanso profundo; dejaremos que la mente repose en su propio estado natural sin ningún esfuerzo por nuestra parte; simplemente dejamos que la mente sea lo que ya es.

-Sin ningún esfuerzo por nuestra parte implica dejar de buscar el descanso, es decir, estamos descansando totalmente, sin tener que esforzarnos para nada. El descanso profundo es una experiencia que tiene que “darse por sí misma”, “pasar por sí misma”. No buscarla.

-No queremos lograr nada. No estamos buscando nada. No deseamos nada. Sólo debemos dejar que la mente repose en su propia naturaleza tal cual es. Aquí, descansar” quiere decir “parar todos los esfuerzos mentales”, incluyendo el esfuerzo de buscar, de meditar, de analizar y tratar de aferrarnos a la noción de algo.

-Simplemente aflojamos y abandonamos, es decir, nos brindamos la posibilidad de permanecer en el reposo profundo, en ese estado natural de la mente sin que tengamos ni siquiera que tratar de averiguar de qué se trata.

-No tratamos de ubicarla en un estado de quietud, simplemente la dejamos reposar en sí misma. Cuando dejamos que la mente repose de esta manera, “no enfocamos”, no enfocamos en alguna parte dentro de nosotros, no enfocamos en alguna parte fuera de nosotros.

-No especulamos, no pensamos en esto o aquello. No propiciamos una “falsa meditación” o involucramiento mental, donde lo que estamos haciendo es tratar de “mantener una idea”.

 -Así como cada persona crea y vive en su propio estilo de samsara o sufrimientos, también tenemos la tendencia a “crear nuestra propia idea” de vacuidad, de lucidez, de liberación, de iluminación, y, cuando estamos en meditación, inconscientemente vamos tras ella. Esto es lo que el lama identifica como una “falsa meditación”.

- Es en ese profundo descanso donde surge una hermosa “quietud” que constituye el punto desde donde podemos vislumbrar algo de la mente luminosa y finalmente ser sólo eso: pura quietud, puro espacio.

-Tampoco permitimos volvernos inconscientes. Aprovechamos esta oportunidad para dejar atrás el error de “asociar” reposo, descanso y quietud con “ausencia de consciencia”, porque, al contrario, cuando permitimos que la mente alcance un reposo natural sin ser disminuida su inherente facultad de reconocimiento, su propia claridad verá su propia naturaleza.

20 minutos de práctica

Participación   

 

7.

El olvido original

Muchos maestros del pasado enfatizaron que, sin llevar a cabo la sadhana o la práctica diaria, tal purificación no es realmente posible aun cuando uno tenga eventuales extraordinarios destellos de verdad.  

Claro que, personas laicas, aquellos que no son monjes, monjas ni yoguis, algunas veces pueden tener epifanías espirituales, lo que es algo maravilloso de contemplar, pero eso no cambia mucho sus vidas. Puede que comenten a otros que han tenido destellos de la verdad, pero, por otro lado, esa es la mayor forma de presumir, porque si no tenemos otra alternativa, entonces lo hacemos con la espiritualidad.

En los círculos del budismo mahayana, con frecuencia hay quienes afirman que han tenido genuinas epifanías espirituales. Esas afirmaciones son muy auténticas, no las están fabricando. En efecto, hay quienes han tenido genuinas experiencias de la vacuidad porque esta es una posibilidad que no está lejos de nosotros, lo que sucede es que la mayor parte del tiempo estamos perdidos en un mundo de conceptos e ideas.

Constantemente nos encontramos a nosotros mismos luchando, nadando en un mar de confusiones, pesares, rabia, odio, soledad, inseguridad, sufrimiento; comparándonos con otros, compitiendo con otros. Algunos seres humanos no encuentran mucha paz ni serenidad de la que disfrutar en sus vidas y, sin embargo, no hay que perder de vista que toda esta noción de felicidad-sufrimiento, iluminación-encarcelamiento, no es nada más que simplemente el gran desempeño, o el gran juego de la conciencia.

El budismo enseña que la raíz de todos nuestros problemas no es nada más que un estado de conciencia llamado avidya, o, ignorancia original. Es probable que esto les proporcione a muchos una sensación de alivio porque no hay que luchar contra un imperio maligno llamado “pecado original”. Simplemente hay que lidiar con la ignorancia original que es una cierta forma de olvido.

C. ¿Olvido de qué? De nosotros mismos, de lo que realmente somos como seres humanos; vivimos tan volcados hacia afuera, tan tomados por el mundo externo o por el mundo interior de nuestras propias ideas y conflictos que no prestamos atención a lo que es realmente importante: a la consciencia siempre presente en nosotros, la esencia de lo que somos como seres humanos.

Participación  

Este olvido se manifiesta porque la conciencia olvida que esta miríada de manifestaciones, toda esta noción de “realidad”, no es otra cosa que simplemente su propio despliegue, su propio juego.

Cada vez que la conciencia cae en este olvido se va volviendo más y más estrecha, más y más contraída, hasta que toda la espacialidad se pierde y nos encontramos en el mismo infierno, y, este infierno no tiene fin hasta que realizamos que es nuestra propia creación.

El gran maestro tibetano Tsangpa Gyari dijo: “La gran bienaventuranza seguirá a aquellos que saben cómo descansar sus mentes”. La gran bienaventuranza de la que está hablando es pura felicidad y alegría, la vida misma, la existencia que constantemente derrama sus bendiciones sobre nosotros.

Por esta razón, el arte de la atención enfocada está considerada una de las más poderosas sadhanas; nos hace tomar conciencia de cada momento sin juicio ni aferramiento. En ese espacio, la conciencia se relaja, descansa y despierta. Se trata del estado mental que no está perdido en pensamientos ni emociones, es donde nosotros cambiamos nuestro centro, dejamos de identificarnos con el ego y nos convertimos en simples testigos.

C. ¿Testigos de qué?

Participación

  

Algunas veces esto sucede cuando enfocamos cierto objeto como por ejemplo en el espacio que se abre entre los pensamientos. Esto tiene la cualidad de no estar hipnotizado por el flujo de los pensamientos. Más bien, uno está inmerso en la unidad de ser. En el reino de tal atención individual se da una gran metamorfosis, de repente, el sufrimiento se convierte en alegría, el odio en amor y la oscuridad en iluminación.  

Lo opuesto de atención es fijación.

 

C. Es importante entender este término porque lo encontramos con mucha frecuencia en las enseñanzas budistas.

 

Fijación significa que nos consentimos o nos dejamos llevar por nuestro propio mundo mental y, al hacerlo, quedamos, afincados en nuestras propias ideas equivocadas, confinados o recluidos en estrechos estados de consciencia como son por ejemplo las aflicciones, la tristeza, los pesares y la agonía o el sufrimiento de los diferentes estados emocionales.

Cuando la mente está contraída, tensa o apretada, el samsara [o, el mundo de luchas y sufrimiento] se despliega a partir de la vacuidad, del vacío, del espacio mismo.

Para entenderlo mejor, simplemente imaginen, nos dice el lama, que el cielo azul está despejado sin ninguna nube. Luego, extrañamente, truenos, lluvia y relámpagos surgen del mismo cielo azul. Eso parece extraño, pero eso es lo que sucede cada vez que hay sufrimiento en nuestra conciencia, en nuestra mente; simplemente sucede debido a que la mente está muy contraída, muy apretada con pensamientos, ideas y emociones.

El mismo Buda enseñó el arte de la atención como la más directa y atemporal de todas las prácticas espirituales. Está más allá de las afiliaciones religiosas; trasciende todos los sistemas de creencias y pertenece a toda la humanidad.

El Buda enseñó que existe la atención correcta y la atención equivocada. Esta última es simplemente una forma de fijación o, en el peor de los casos, de obsesión que nos mantendrá ligados al mundo de nuestras propias creaciones, fantasías o ilusiones, donde repetimos el mismo error una y otra vez.  

Si nuestra mente cree que hay algo malo con la forma en que son las cosas, o que hay algo que está mal en nosotros, o con la ropa que nos vamos a poner, con el carro, con nuestra vida o con el pelo, entonces, en el momento en que ponemos atención a eso, a lo que salió mal o a lo que no nos gusta, repentinamente surge la tristeza o el descontento y el mundo del sufrimiento cobra vida... y, cuando dejamos de prestarle atención, ¡todo desaparece, ya no hay sufrimiento!

Esta es la atención no-iluminada; es el esfuerzo de la mente por seguir construyendo el mundo virtual de conflictos y sufrimientos. Esta atención no-iluminada está basada en un olvido primordial que no reconoce que todas las nociones de realidad, así como toda esa cantidad de miríadas de experiencias que estamos presenciando, son simplemente manifestaciones del dañino y el divino juego de la grandiosa conciencia.   

 

 

 

 

Table

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Dedicación del mérito

Que todos los seres puedan tener felicidad y las causas de la felicidad

Que todos puedan alejarse del sufrimiento y de las causas del sufrimiento

Que nunca se separen de la sagrada felicidad que no conoce sufrimiento

Que abandonen el apego hacia unos y la aversión hacia otros

Y puedan realizar la igualdad de todo lo que vive.