1.KTCZoom.

Curso para principiantes

Inspirado en las instrucciones de diversos maestros

Inicio: 7 de febrero, 2023  

Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez

 

 

¡Grabar!

¡Tashi Delek para todos! ¡Bienvenidos!

Me da mucho gusto verlos a todos por aquí.

Este curso se ha diseñado tomando como base para su desarrollo, enseñanzas muy claras y precisas impartidas por diversos maestros budistas a lo largo del tiempo. Como ustedes verán, aun cuando están hablando acerca de lo mismo, el que cada uno de ellos nos brinde su propia perspectiva personal contribuye a ampliar nuestra propia comprensión del tema y facilita el desarrollo de la técnica meditativa. 

 

“Es nuestra sincera aspiración

que la virtud que vamos a cultivar pueda ser causa

de la eliminación de los obscurecimientos de todos los seres

 y pueda establecernos en el estado despierto no sujeto a cambios”.  

 

 

  1.

Las Cuatro Contemplaciones que orientan la mente hacia la liberación

Para quienes no la conocen, o no las recuerdan, Las Cuatro Contemplaciones son cuatro planteamientos que, al recordarlos en ciertos momentos de nuestra vida diaria, tienen la virtud de reorientar la mente de manera efectiva hacia una perspectiva más sabia y saludable de la situación en la que nos encontramos en ese momento y, en consecuencia, actuar de manera más acertada.

Primero, esta preciada existencia humana, tan favorable para la práctica del dharma, es difícil de obtener y se pierde fácilmente. En este momento debo hacer de esto algo significativo.

C. En vista de que tenemos la equivocada tendencia a dar las cosas por sentado y no valorarlas apropiadamente, las contemplaciones comienzan con un llamado a la reflexión sobre lo afortunados que somos al haber nacido en la forma en que lo hemos hecho.

No solo tenemos nuestros cuerpos completos y sanos sino también nuestras mentes en perfecto estado.

Podemos movernos sin dificultad y pensar, darnos cuenta de las cosas, distinguir entre unas y otras, tomar decisiones, amar y también imaginar, para nombrar tan sólo unas, de las muchas cualidades que nos caracterizan. Pero ustedes podrán pensar, “bueno, eso también pueden hacerlo millones de otros seres en el mundo”, y es cierto.

Sin embargo, lo que lleva a considerar este nacimiento como “precioso”, lo que nos distingue por encima de esa gran mayoría de seres humanos es que, el estar aquí hoy demuestra que estamos interesados en algo más que llevar una vida común y corriente, que nos hacemos preguntas sobre la existencia misma, sobre nuestra propia forma de ser, y eso nos ha conducido a encontrar estas enseñanzas espirituales.

Queremos conocer más a fondo nuestra propia mente, desarrollar su potencial y evolucionar. Porque de eso se trata todo esto.

Las enseñanzas y prácticas budistas están diseñadas para lograr liberar a la mente de todas las limitaciones que conducen al sufrimiento y desarrollar todas sus cualidades virtuosas. De ese modo, no sólo estaremos en posición de ser de ayuda para nosotros mismos, sino también de alcanzar la completa evolución de la mente o, lo que se conoce dentro del contexto budista como “el despertar” o “la iluminación” para beneficio de todos.

Segundo, el mundo y todos sus habitantes son impermanentes. En particular, la vida de cada ser es como una burbuja de agua. Es incierto cuándo moriré y me convertiré en cadáver. Como es sólo el dharma lo que me asistirá en ese momento, debo practicar ahora con diligencia.

C. ¿Hacia dónde nos conduce esta contemplación? A darnos cuenta de que, a la hora de la muerte, sin importar cuántos especialistas tengamos a nuestro alrededor y cuántos amorosos familiares y amigos, lo único que realmente nos asistirá en esos momentos será nuestra propia mente clara y en paz. Una mente tranquila. Las enseñanzas y prácticas del dharma conducen la mente hacia ese estado de ecuanimidad donde, independientemente de lo que esté sucediendo, esa paz interior permanece inquebrantable.

Tercero, al morir no hay liberación y el karma sigue su rumbo. Como soy yo quien crea su propio karma, debo por lo tanto abandonar toda acción perjudicial y dedicar siempre mi tiempo a las acciones beneficiosas. Con esto en mente, debo observar a diario el flujo de mi mente.

C. Esta contemplación nos ayuda a tener presente que somos responsables de nuestras acciones y que nosotros, y tan solo nosotros, experimentaremos las consecuencias de nuestros actos, ya sean estos, pensamientos, palabras o acciones. Teniendo esto presente, nos volvemos más conscientes y cautelosos a fin de evitar acumular más karma negativo.   

Cuarto, tal y como un festín antes de que el verdugo me conduzca a mi muerte, la familia, los amigos, los placeres y las posesiones del samsara me causan continuos tormentos a través de los tres sufrimientos, Debo eliminar todo apego y esforzarme por lograr la iluminación.

C. Entendemos por “samsara”, el “estilo” de vida que todos conocemos, donde, creada por su propia mente, cada persona tiene su manera particular de sufrir. Esto es consecuencia de que, al “personalizar las experiencias”, las cargamos de contenidos que no necesariamente tienen y, en consecuencia, sufrimos.

Siendo así, el apego  a nuestra forma personal de ver las cosas y, a la vida en general, nos causa continuos sufrimientos que se manifiestan a través de tres enfoques o formas de abordar la vida, los llamados “los tres sufrimientos”: el apego, la aversión y la indiferencia. Esta contemplación nos hace un llamado a darnos cuenta de ellos y tratar de trascenderlos aprovechando que estamos aún a tiempo de hacerlo.  

Lo ideal es que memoricemos estas líneas porque al hacerlo, ellas surgirán de vez en cuando y de manera espontánea como recordatorio. Y, como lo dice el texto: reorientarán la mente de forma tal que podamos recuperar centro, enfocarnos en el momento presente y a partir de allí, actuar de manera más acertada y beneficiosa.

Siendo así, las estaremos repitiendo al inicio de cada sesión y, adicionalmente, se la enviaremos a cada uno de ustedes para que puedan tenerlas consigo.

Participación  

 

 

2.

Introducción

C. Cuando el budismo llegó a occidente -hace ya muchos años- lo hizo acompañado de la imagen del Buda Sakyamuni sentado en meditación. A partir de esa imagen simbólica, y, de manera equivocada, la meditación se ha venido asociando a diversos términos que, lejos de acercarnos a la “esencia” de lo que este símbolo significa, han contribuido a malinterpretar la razón de ser de la meditación que enseñó el Buda.

Comencemos con el término “tranquilidad”. Debido a la postura del Buda, la meditación está asociada a la tranquilidad de forma tan estrecha, que es algo natural que la gran mayoría de la gente de por sentado que “ese” es el objetivo de la meditación.

Siendo así, son muchas las personas que se aproximan llenos de ansiedad y preocupaciones buscando precisamente eso: alivio, tranquilidad, reposo, dejar de pensar tanto y poder experimentar una sensación de bienestar general. Quizás ustedes mismos lo hayan pensado -y es muy comprensible-. Por eso me parece importante que sepan desde el comienzo que “ese no es el propósito” de la meditación, que “esa no es la razón” por la que nos sentamos en meditación.

El verdadero propósito de la meditación consiste en conocer la propia mente. Saber cómo funciona, por qué o cómo llegó a ser cómo es; averiguar si es posible transformarla, si podemos deshacernos de tendencias negativas, si es posible llegar a ver las cosas con más claridad y trascender sufrimientos y limitaciones.

Ese es el verdadero propósito de la meditación que enseñó el Buda hace más de 2500 años y que ha llegado a popularizarse en occidente como mindfulness, disciplina meditativa a a través de la cual desarrollamos tres facultades innatas en nosotros como seres humanos que somos: 1) atención 2)consciencia 3)discernimiento

Ahora bien, entrenar la mente a estar tranquila requiere de mucha circunspección porque básicamente ella es ingobernable y tiende a ser contraria. No va a ser fácil que esté bajo la supervisión de mindfulness y del discernimiento así que debemos “desarrollar el conocimiento” que la va a mantener bajo control de manera apropiada. Para lograr que la mente permanezca bajo el control de mindfulness y del discernimiento, debemos “hacer un alto y mirarla”, “hacer un alto y conocerla”.

La forma en la que la mente está estructurada y cómo puede ser palpada son cosas difíciles de entender para nosotros porque a la mente le gusta andar por ahí según sus propias fabricaciones mentales. Si queremos sentirla en y por ella misma, tenemos que someterla a mucho entrenamiento.

Aprender a supervisarla, a lograr tenerla bajo el control de mindfulness y del discernimiento, toma tiempo, y tenemos que utilizar nuestros poderes de observación y evaluación; si no nos mantenemos observando y evaluando como parte de nuestra práctica permanente, la mente pronto se desviará y comenzará a vagar dondequiera que sus preocupaciones la lleven.

La mente simplemente sale a buscar problemas, e, independientemente de si nos gustan las cosas o nos desagradan, nos aferramos a ellas y las convertimos en sufrimiento y estrés. Los ojos, los oídos, y las otras puertas de los sentidos son puentes que cruza la mente en el momento en que vemos cosas, escuchamos sonidos o nos damos cuenta de otros contactos sensoriales.

Personalmente, creo, y es producto de mi propia experiencia, que la mejor forma de comenzar el día es haciendo una buena sesión de shámata, conocida también como simplemente meditación sentada. Encuentro que con esto establecemos el fundamento de nuestra disciplina. Luego, al salir de allí, y aprovechando que están “fresquitos” podemos aprovechar para llevarnos con nosotros los niveles de atención y de consciencia que acabamos de desarrollar.

Pero debemos tener cuidado, porque tenemos la tendencia acelerar nuestro paso tan pronto se termina la práctica convencidos de que debemos vivir la vida a un ritmo más rápido. También se acelera el ritmo cardíaco y nuestra respiración, y terminamos sumergiéndonos en un torbellino de cosas “permitiendo y consintiendo que éstas condicionen nuestra forma de vivirlas” cuando debe ser todo lo contrario, eso no tiene por qué ser así.

Debemos decirnos que eso no va a seguir siendo así porque lo hemos decidido en ese mismo momento, porque que esa no es la vida que queremos seguir viviendo. De ahora en adelante vamos a fijar el ritmo de nuestros propios pasos desde la atención consciente y el discernimiento porque queremos conocer nuestra mente. La meditación tiene que ver con esto, con conocer la mente. El budismo tiene que ver con esto, con conocer la mente. Todo, gira alrededor de la mente, porque, como decía el mismo Buda, “la mente es jefe y lleva la batuta”.

Es cuestión de sentido común; si lo que buscamos es tranquilidad mental, si no conocemos nuestra propia mente, si no sabemos cómo funciona, si no podemos ver con claridad la forma en que pensamos y actuamos, no vamos a poder tranquilizarla. De modo que hay que comenzar por conocer la mente, por saber cómo funciona, y la mejor manera es a través de la meditación.

Tranquilidad, quietud, reposo, relajación, todas estas son “consecuencias” de la aplicación de la técnica; son “efectos secundarios” de la práctica de la meditación pero no el objetivo primordial que es conocer la mente. Poder llegar a ver las cosas tal cual son y no como las interpretamos nosotros; liberarnos de toda clase de limitaciones y sufrimientos temporales, y ultimadamente, alcanzar nuestra completa realización como seres humanos convirtiéndonos en perfectos budas. Es decir: desarrollar todo el potencial innato que tenemos como seres humanos.

Agradecemos a todos los grandes maestros budistas cuyas enseñanzas e inspiración me ayudaron a preparar estas sesiones que hoy comienzo a compartir con ustedes. Estoy segura de que ellas marcarán un antes y un después en sus vidas, y que, los beneficios continuarán floreciendo a lo largo de ellas.

Participación

3.

Instrucciones y práctica

1. Comencemos entonces por sentarnos tranquilos y relajados, con la disposición de mantener el cuerpo en la postura apropiada para llevar a cabo una breve sesión inicial de meditación, donde los iré guiando paso a paso para facilitarles el camino.

2. Si están sobre el cojín se sientan sobre el borde delantero y cruzan las piernas tratando de que ambas rodillas reposen sobre el piso. Seguidamente, se estiran los brazos y se colocan las manos hacia abajo sobre los muslos cerca de las rodillas. Las manos descansan ahí, relajadas, tranquilas, lo mismo que los brazos y los hombros. Se endereza la columna y se mantiene derecha durante la sesión.

Si estamos sobre una silla, nos sentaremos de modo que los pies puedan reposar firmemente sobre el piso y esto nos ayude a mantener la espalda recta. Finalmente, visualizamos como si nos estuviesen estirando con una soga por el tope de la coronilla y de ese modo, estiramos y enderezamos un poco más la columna.

3. Ahora empujamos levemente la barbilla hacia atrás. Suavemente pegamos la lengua al paladar y palpamos que la punta de la lengua toque el borde interno de la dentadura superior. Los ojos deben mantenerse abiertos, pero ligeramente entornados como tratando de enfocar la punta de la naríz en dirección ligeramente descendente, como si trazásemos una línea imaginaria y dejamos los ojos entornados ante al espacio frente a nosotros. Si prefieren cerrar los ojos, pueden hacerlo.

4. Tratamos de que cuerpo y mente trabajen en equipo de modo que mantenemos la firme resolución de dejar atrás las inquietudes que arrastramos del pasado y los planes sobre el futuro. La vida cotidiana, los asuntos laborales, las relaciones familiares, las diligencias pendientes, los problemas o dificultades.., todo queda atrás; ahora estamos aquí; no necesitamos traerlos a la práctica. La vida, nuestra vida, está sucediendo sólo aquí donde estamos ahora.

5. Queremos mantenernos aquí, sentados y también asentar la mente en la respiración; si lo hacemos, podremos ver la forma en que cambia la respiración en un momento dado dependiendo de nuestros pensamientos y estados emocionales, y, a medida que nos vamos familiarizando con estas variaciones, encontramos que anclar la mente en la respiración es una tremenda fuerza sanadora.

6. Si sentimos ansiedad, en lugar de tensar el cuerpo y constreñir la respiración como hemos venido haciéndolo, podemos deliveradamente enfocar la mente en la respiración hasta que se torne lenta y constante y mantenerla así.

7. También nos alejamos del celular siendo conscientes de lo mucho que nos distancia del momento presente si lo mantenemos cerca aunque esté apagado.

Piensen en esto por favor, reflexionen seriamente por un momento: no existe ninguna instrucción de meditación que especifique que se necesita el celular para practicar meditación. Si siguen consintiéndose la tendencia a convertirlo en una extensión sus cuerpos llevándolo con ustedes a todos lados, entonces no tiene ningún sentido que asistan a estas sesiones porque sus mentes nunca podrán centrarse apropiadamente ni en la práctica ni en escuchar y tratar de entender lo que escuchan.

De modo que les daré unos momentos para que puedan apagarlos, no silenciarlos sino apagarlos totalmente, que los aparten de ustedes y se preparen para emprender la sesión de manera apropiada.

8. Hay que hacer todo lo posible por sentarnos sobre el cojín o en la silla acompañados de la sensación de estar aquí, ahora, libres de toda clase de peso, ya sea físico, psicológico, emocional o creativo. 

9. Dedicaremos unos minutos de nuestro tiempo a la meditación con la disposición de aprender a mantener la mente enfocada como entrenamiento necesario para propiciar el desarrollo de nuestra propia evolución.

10. La mente  enfoca su atención en la forma normal de respirar; la mente está allí en la inspiración y la expiración.

11. Lo hace desde la disposición de que, suceda lo que suceda en la mente o a nuestro alrededor, podrá mantenerse centrada en la respiración y nada más. No hay nada que hacer con la mente salvo dejarla tranquila, centrada, en el aire que entra y el aire que sale por la nariz,

12. Si en algún momento nos damos cuenta de que la mente está entretenida con otra cosa que no sea la respiración, tranquilamente, sin comentarios, regresamos la mente a la respiración.

Sesión de 20 minutos   

Tocar el cuenco al inicio y al final

Participación y comentario a sus posibles respuestas.

 

C. La meditación nos muestra un perfecto retrato de nuestro estado mental actual, y, lo primero que se hace evidente es la tendencia de la mente a estar involucrándose en una cosa tras otra. No sabe cómo quedarse quieta, no conoce la tranquilidad, no sabe cómo tener reposo.

Esto es lo primero que vemos, nuestra propia intranquilidad, la forma como se comporta normalmente nuestra mente, lo distraídos que somos, cómo nos cuesta estar atento a una sola cosa, y, cuando finalmente lo logramos por un segundo, entonces la mente quiere estar en otro sitio.

Es importante que, desde el primer momento sepamos que una mente tranquila no está necesariamente reñida con una mente activa. Tranquilidad aquí, implica que la atención de la mente está centrada en el momento presente.

Podemos estar haciendo lo que tenemos que hacer, ocupándonos  de lo que tenemos que ocuparnos, pero, mientras el cuerpo lleva adelante esas actividades, lo acompaña una mente tranquila que está allí, junto a él, trabajando en equipo. Esa mente no desea estar en otra parte; a esa mente no le interesa otra cosa más que estar allí, acompañando al cuerpo en lo que está haciendo.

Participación final

Dedicación del mérito

Que todos los seres puedan tener felicidad y las causas de la felicidad

Que todos puedan alejarse del sufrimiento y de las causas del sufrimiento

Que nunca se separen de la sagrada felicidad que no conoce sufrimiento

Que abandonen el apego hacia unos y la aversión hacia otros

Y puedan realizar la igualdad de todo lo que vive.