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¡Despierta a la vida! 

Descubre el camino budista de la atención.

Extractos del libro Wake up to your life de Ken McLeod  

Martes 20 de febrero, 2024

Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez

¡Tashi Delek para todos!

Me alegra mucho estar de nuevo aquí con ustedes y poder compartir el dharma. Que esto sirva de inspiración, que aporte muchos beneficios y propicie la liberación de todos.

 

1.

Sesión inicial de meditación

 C. Comencemos con unos minutos de silencio para ayudarnos a ubicarnos aún más física y mentalmente aquí, donde estamos ahora.

Es importante tener claro que, lo que buscamos en estas sesiones es aprender a “utilizar la atención” para “transformar nuestras mentes”. De eso trata esta práctica, de hecho, todo el camino budista señala la importancia trascendental de la atención.

Como vivimos acompañados de una mente dispersa, distraída y fragmentada, el estar aquí confirma nuestro interés en poder dejar eso atrás y llegar a vivir acompañados de una mente ubicada en el momento presente. Ese es tan solo el comienzo, porque de esa transformación, posteriormente se desprenderán muchos otros beneficios que pueden culminar, si el practicante así se lo propone, en la mismísima iluminación.

En este caso nos valemos de la atención para “recordar” que la mente debe estar en la respiración, ser “una” con la respiración. Estamos sentados aquí aprendiendo el entrenamiento, pero lo que buscamos es poder llegar a aplicar lo que vamos aprendiendo a toda situación estemos caminando, parados, acostados, como sea. 

Ahora tratemos de sentarnos cómodamente con las piernas cruzadas, la espalda derecha y el torso ligeramente hacia atrás. Las palmas de las manos pueden reposar sobre los muslos, cerca de las rodillas, empujamos la barbilla un poquito hacia adentro, pegamos la lengua suavemente contra el paladar y mantenemos los ojos entonados. 

Si estamos sobre una silla, es necesario sentarnos sobre el borde delantero y colocar las plantas de los pies sobre el piso. Las manos hacia abajo sobre los muslos, enderezamos la columna, empujamos el torso hacia atrás, retraemos la barbilla, la lengua va a permanecer pegada contra el paladar y los ojos entornados.

Dejamos atrás todo recuerdo pasado y no nos involucramos con especulaciones sobre el futuro, nada de eso nos interesa ahora, por el contrario, tanto el pasado como el futuro nos distanciarían de cada momento presente que es donde debemos estar.

Emprendemos la sesión desde una mente abierta a cualquier cosa que pudiese surgir como experiencia, ya sea a nuestro alrededor o interiormente. Sabemos que cualquier cosa puede suceder, pueden surgir pensamientos, podemos experimentar sensaciones corporales o sentimientos que surgen de repente acompañados de toda una historia; todo cambia y cambia momento a momento.

Mantenemos la atención en la respiración. Cuando el aire está entrando por la nariz, la atención consciente está entrando con el aire; cuando está saliendo, la atención consciente está saliendo con el aire. Aire y atención consciente son “uno” en la inspiración y en la expiración.

Que nuestra práctica sirva de beneficio para todos los seres sin excepción alguna.

15 minutos de práctica

 

 

 

2.

Algo de su experiencia personal

Mi propio entrenamiento, dice Ken McLeod, es en la tradición kagyu de budismo tibetano. Me sumergí completamente en la tradición, aprendiendo el lenguaje tibetano, estudiando los textos, aprendiendo y practicando los rituales y dedicando siete años en entrenamiento de retiro tradicional.

Aprendí mucho más de lo que jamás consideré posible, y, al igual que muchos de mis amigos y colegas, en mi práctica me enfrenté a obstáculos dolorosos y aparentemente imposibles de superar, y, al confrontarlos, pude ver que, aun siendo poderosos y potentes, los métodos del budismo tibetano no pueden ser fácilmente practicados dentro del contexto de la vida americana en la forma tradicional.

Así que me enfrasqué en la tarea de reexaminar todo lo que había aprendido y practicado. Llegué a entender el papel central de la atención en el trabajo interior transformativo, y vi como todos los aspectos de la práctica budista pueden ser descritos en términos de la forma en que opera la atención. Teniendo todo esto en cuenta, los animo a que vean estas enseñanzas como “ejercicios de atención”.

El budismo es más que una serie de herramientas para despertar a nuestra naturaleza original, más que un sistema de creencias dice Ken McLeod. Por esta razón, muchas de estas herramientas son utilizadas por seguidores de otras tradiciones religiosas. Con la atención como su principal elemento de práctica, los principios espirituales involucrados en los diferentes métodos de práctica pueden ser claramente discernidos.

El proceso de despertar espiritual se torna claro de forma que ustedes, los que escuchan, puedan reconocer su propia práctica y progresos. Los métodos presentados aquí son relevantes independientemente de sus antecedentes o tradición. Ustedes pueden utilizarlos para profundizar su propio trabajo.

Aun cuando las ideas presentadas aquí resuenan con sus propias experiencias, ustedes necesitan tiempo para absorber nuevas perspectivas. En vez de asistir por un breve tiempo, pongan mucha atención y manténganse claros y despiertos. En resumen, estas sesiones son ejercicios de atención. 

3.

Algo más de lo que somos 

A lo largo de las dos sesiones anteriores hemos venido contemplando la pregunta fundamental de qué es esta experiencia que llamamos vida, qué somos, y, la respuesta de Ken McLeod ha sido que  la vida es sólo esto: lo que experimentamos en cada momento.

En cuanto a qué somos, qué es un ser humano, nos recordó que  estamos vivos, que somos conscientes, que experimentamos pensamientos, emociones y sensaciones. Resumiendo: la vida es esto: lo que experimentamos en cada momento

Siendo así, he querido aprovechar esta oportunidad para que podamos ver con claridad que, a través de su sencilla explicación, lo que Ken McLeod ha venido tratando de explicarnos no es otra cosa que la enseñanza fundamental de las Cinco Skandhas, que, con frecuencia tienden a resultarnos algo confusas.

Sin embargo, he recurrido una vez más a las igualmente sencillas enseñanzas del maestro ningmapa Khenchen Sherab Rimpoché para que podamos enfrentar las dos explicaciones y así comenzar a entender  -al menos intelectualmente- lo que somos como seres humanos y qué es esto que llamamos “vida”

Para comenzar dice, que, la manifestación de los fenómenos debe verse y comprenderse claramente tal cual es, sin amplificación ni disminución alguna; sin añadir ni quitar nada, y, por otra parte, entender que la vacuidad -el fundamento de toda manifestación- no está hecha ni fue creada por nadie, es natural, nonata, increada por naturaleza e indivisible.

Todo lo que existe en el mundo fenoménico, tanto en el samsara como en el nirvana, puede clasificarse en dos categorías: lo divisible y lo indivisible. Nada queda fuera de estos dos grupos. La vacuidad, por otra parte, no está hecha ni fue creada por nadie, es natural, nonata, increada por naturaleza e indivisible.

C. ¿Alguno de ustedes podría decir qué significa esto que acabamos de escuchar, de que todo lo que existe en el mundo fenoménico, tanto en el samsara como en el nirvana, puede clasificarse en dos categorías: lo divisible y lo indivisible? ¿Es que acaso cuando el lama habla de samsara está apuntando a un lugar y cuando habla sobre nirvana, está señalando otro?

Participación  

C. Entiendo “samsara” como la experiencia de la vida vivida desde la confusión de pensar que somos una entidad separada y todos los sufrimientos que se derivan de eso, mientras que nirvana viene a ser la experiencia opuesta, es decir, desde la visión de una mente despierta, totalmente liberada de confusión y condicionamientos.

 

Todo lo que existe, tanto en el samsara como en el nirvana, puede clasificarse en dos categorías: lo divisible y lo indivisible. Los cinco skandhas, sigue diciendo Rimpoché, pertenecen al grupo de lo divisible y, de hecho, conforman esta categoría puesto que skandha, en sánscrito, significa “cúmulo”, esto es, la unión de varios elementos distintos como en una gran feria o mercado, y se opone, por lo tanto, a un elemento único e individual. 

En castellano los cinco skandhas se denominan los cinco “agregados” y son los siguientes:

1) El agregado de las formas. Todo cuanto tiene forma posee volumen y peso y tiene la capacidad de bloquear u obstaculizar. Por “forma” no se entiende sólo al propio cuerpo, sino todo aquello que posee masa y ofrece resistencia. Así pues, todo lo que está formado por “materia” es parte del agregado de la forma.

2) El agregado de las sensaciones. La importancia de las sensaciones radica en que “condicionan al agregado mental” y determinan lo que finalmente se experimenta. Se las clasifica en dieciocho categorías, a partir de la combinación de los seis sentidos -la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto y la mente- y los tres estados de atracción, rechazo e indiferencia, puesto que, para dar lugar a una sensación en particular, se reúnen muchas causas dispares; además, nos gusta tener sensaciones alegres y placenteras, en cambio, evitamos las sensaciones tristes y desagradables.

3) El agregado de las percepciones o conceptualizaciones. Algunas de estas  conceptualizaciones nos vienen dadas y otras las ponemos nosotros. Para empezar, todas las normas, sistemas y tradiciones propias de nuestro país, ciudad o familia son formaciones mentales, ideas, y, por lo tanto, parte del agregado de las conceptualizaciones.

4) El agregado de las formaciones mentales o el agregado del karma, que parte de la mente, pero se refleja en la palabra y el cuerpo, y

5) El agregado de las consciencias, que no depende de los cinco órganos de los sentidos, aunque, en el momento en el que estos se activan, las consciencias operan de acuerdo con cada uno de ellos. Siendo así, se habla de consciencia de la vista, del oído, del olfato, del gusto y del tacto. Esto es lo que somos. Participación 

4.

Siddhartha 

Hace aproximadamente 2.500, Siddhartha, un príncipe del clan shakya  al norte de la India, abandonó su patrimonio real para buscar el origen del sufrimiento humano. ¿Por qué este sufrimiento? ¿De dónde viene? Su primer paso fue recurrir a los maestros religiosos de su tiempo. Pronto aprendió todo lo que tenían que enseñarle; sus filosofías, técnicas de meditación y códigos de conducta.

Practicó lo que aprendió y desarrolló habilidades semejantes a las de sus maestros; sin embargo, sus preguntas siguieron sin encontrar respuestas.

Sin importar cómo crecemos, en la riqueza o la pobreza, en medio del amor o de la adversidad, nos formamos una idea de la vida. Subsecuentemente, todo lo que hacemos está basado en la creencia de que esa forma de ver la vida es como las cosas son.

Nos encontramos con el misterio de ser cuando nuestra visión del mundo es cuestionada. El encuentro inicial hace tambalear momentáneamente las estructuras de la vida ordinaria. Cuando todo se derrumba, se da un momento de apertura. En ese momento, somos libres -libres de los velos de las creencias e ideas acerca de quién y qué debemos ser.

En otras palabras, en medio de la destrucción de nuestras ilusiones acerca de la vida, experimentamos ser lo que realmente somos -libre, consciencia abierta. Pero estamos demasiado ocupados recomponiendo nuestra visión de la vida tal y como era antes; tanto, que incluso si nos damos cuenta, no nos detenemos mucho tiempo en eso.

El misterio de ser, con frecuencia se hace sentir en nuestras vidas en forma de preguntas. Recurrimos a instituciones, tradiciones y maestros respetados esperando encontrar respuestas a nuestras preguntas. Estudiamos y practicamos, aprendiendo mucho de lo que es de ayuda.

Sin embargo, cuando realmente escuchamos nuestras propias preguntas, sabemos que nunca podremos obtener respuestas de una institución, de una tradición o de otra persona. La respuesta sólo puede venir a través de nuestra propia experiencia. Llegado cierto punto, tomamos lo que hemos aprendido y lo aplicamos a nuestras propias preguntas porque es necesario hacer de la práctica algo nuestro.

C. Agregaría que eso es lo único que nos va a permitir dejar de repetir lo que hemos escuchado de los lamas y poder comenzar a expresarnos en nuestras propias palabras. Tal es el poder de la experiencia personal.

Junto con cinco compañeros, Siddhartha inició una vida de extremo ascetismo a fin de entender el origen del sufrimiento humano. La tradición sostiene que, durante seis años, comió tan sólo una semilla de ajonjolí, un grano de arroz y una gota de agua cada día.

En un museo en India, una vez vi una escultura de Siddhartha en ese momento de su vida. La escultura muestra una persona sentada en meditación quien es nada más que pura piel cubriendo un esqueleto. No puedo expresar adecuadamente, dice Ken McLeod, mi reacción al contemplar esta desgarradora visión de la intención de conocer el origen del sufrimiento, una intención tan poderosa que no dejaría que la muerte física se interpusiera.

Cuando descubren que su forma de abordar la vida está basada en una ilusión, muchas personas reaccionan persiguiendo riqueza y poder. Al buscar el ascetismo, Siddhartha estaba tomando una aproximación a la vida que era opuesta a la que la mayoría de la gente toma. Él había aprendido que riqueza y poder eran insignificantes. Quizás las respuestas a sus preguntas pudiesen encontrarse en la pobreza y la austeridad.

C. Esto nos muestra una tendencia muy común al inicio de la búsqueda espiritual. Tendemos a irnos a los extremos, pero esa no es la solución.

Ya sea que vayamos tras la riqueza o la austeridad, dice ahora Ken McLeod, nuestras vidas todavía están basadas en el mismo condicionamiento; estamos simplemente yendo en una dirección u otra. Como un tren que ha estado yendo en la dirección equivocada, nosotros nos paramos, nos damos la vuelta y nos enrumbamos en la dirección opuesta, pero seguimos sobre los mismos rieles, las mismas ideas y condicionamientos siguen operando. Para penetrar el misterio de ser, tenemos que bajarnos de los rieles. 

Luego de seis años de ayunos, Siddhartha ya no podía mantener clara su mente. Concluyó que la práctica del ascetismo por sí mismo no lo conduciría a entender el sufrimiento. Abandonó ese régimen y comenzó a alimentarse normalmente, a pesar de ser rechazado por sus compañeros.

Con su cuerpo recuperado, se sentó bajo un árbol y tomó la resolución de no moverse de allí hasta haber entendido el origen del sufrimiento. Dejó reposar su mente en atención, sin distracción, sin tratar de hacer que algo pasara, sin tratar de cultivar alguna cualidad o habilidad en particular. Lo abandonó todo y simplemente se sentó con esta pregunta: ¿cuál es el origen del sufrimiento?

¿Cómo hacemos para bajarnos de los rieles del tren?, nos pregunta Ken McLeod. Dejamos de tratar de evitar, cerrar, manipular o controlar lo que sea que surja en la experiencia. Cuando en verdad lo hacemos, inevitablemente somos vistos con sospecha e incluso rechazados por aquellas personas que siguen viviendo sus vidas basadas en los patrones y condicionamientos. Así que seguimos adelante solos.

Esa noche, Siddhartha entró progresivamente en más y más profundos estados de atención. La tradición describe como Mara, el demonio de la obsesión trató de distraer a Siddhartha y traerlo de vuelta al reino de la reacción y la confusión, el dominio de Mara.

Primero trató de distraer a Siddhartha con el deseo, enviando a sus hijas en forma de hermosas mujeres para seducirlo con afecto, relaciones y placer sexual. Entendiendo que toda esa experiencia, sin importar cuán placentera, va y viene, Siddhartha permaneció en atención. Luego Mara trató con la rabia enviando ejércitos de demonios para atacarlo. Siddhartha vio a la armada demoníaca como una lluvia de hermosas flores.

Entonces Siddhartha vio que el origen del sufrimiento era la reacción emocional a lo que surge en la experiencia. Pudo ver que la reactividad está basada en la malinterpretación de que “yo” existo aparte de lo que se experimenta.

Una vez que hubo visto a través de la malinterpretación, esta se disolvió completamente. En ese momento, Siddhartha se convirtió en un buda, en una persona que ha despertado del sueño de la inconciencia y los patrones reactivos. Mara tenía, sin embargo, un reto final para él y le exigió una validación externa de su experiencia. El Buda Shakyamuni sonrió, tocó tierra y dijo: “La tierra es mi testigo”. Ese fue el fin.

Despertar es difícil, comenta Ken McLeod. Primero debemos darnos cuenta de que estamos dormidos. Luego, debemos identificar qué es lo que nos mantiene dormidos, comenzar a desmantelarlo y seguir trabajando en eso hasta que deje de funcionar.

Tan pronto como hacemos un esfuerzo por despertar, comenzamos a abrirnos a la forma como son las cosas. Experimentamos lo que habíamos suprimido o evitado y lo que habíamos ignorado o descuidado.

Cuando eso sucede, se disparan los patrones reactivos que rigen nuestras vidas, que nos mantienen en confusión, que distorsionan nuestros sentimientos y causan que ignoremos lo que está frente a nuestros ojos. Surgen fuertemente para debilitar la atención que nos está llevando a una relación mucho más profunda con lo que somos y lo que experimentamos. Una vez que podemos ver esos patrones y todo lo que se construye a partir de ellos como movimiento de la mente y nada más, comenzamos a despertar.

C. Pero, me gustaría agregar que, si bien la experiencia de despertar es posible para todos, para poder lograrlo es necesario recordar que, partiendo de la disposición de estar atentos y conscientes, debemos mantener la determinación de hacer de la constancia nuestra disciplina y de la perseverancia nuestra forma de vida, y del beneficio de todos, nuestra motivación.

Participación 

Table

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Dedicación del mérito

Que todos los seres puedan tener felicidad y las causas de la felicidad

Que todos puedan alejarse del sufrimiento y de las causas del sufrimiento

Que nunca se separen de la sagrada felicidad que no conoce sufrimiento

Que abandonen el apego hacia unos y la aversión hacia otros

Y puedan realizar la igualdad de todo lo que vive.