5. KTCZoom
Despierta a tu vida
Descubre el camino budista de la atención.
Extractos del libro Wake up to your life de Ken McLeod
Martes 5 de marzo, 2024
Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez
¡Tashi Delek para todos!
1.
Sesión inicial de meditación
C. Comencemos, como de costumbre, con unos minutos de silencio para ayudarnos a ubicarnos aún más física y mentalmente aquí, donde estamos ahora.
Como lo hemos dicho y seguramente lo seguiremos diciendo, lo que buscamos en estas sesiones es aprender a utilizar la atención para transformar nuestras mentes, porque de eso trata esta práctica. De hecho, todo el camino budista señala la importancia trascendental de la atención.
Siendo que vivimos acompañados de una mente dispersa, distraída y fragmentada, el estar aquí confirma nuestro interés en poder dejar eso atrás y llegar a vivir acompañados de una mente ubicada en el momento presente. Sin embargo, es importante tener claro que eso sería tan solo el comienzo, no el propósito de estas sesiones de práctica y enseñanzas budistas, porque de esa transformación se desprenden muchos otros beneficios que pueden culminar -si así nos lo proponemos- en la mismísima iluminación.
En este caso, la técnica de la práctica shámata nos indica que debemos utilizar la atención para “recordar” que la mente debe estar en la respiración, ser “una” con la respiración. Estamos sentados aquí aprendiendo el entrenamiento, pero lo que buscamos es poder llegar a aplicar lo que vamos aprendiendo a toda situación cotidiana, estemos caminando, parados, sentados, acostados, como sea.
Mantenemos la atención en la respiración. Cuando el aire está entrando por la nariz, una consciente atención acompaña al aire que está entrando; lo mismo cuando el aire está saliendo; la atención consciente sale con el aire.
Aire y atención consciente son “uno” en la inspiración y en la expiración.
Si, en algún momento nos damos cuenta de que la atención se ha escapado y anda tras un estímulo externo o interno, abandonamos eso, lo dejamos ir y regresamos la atención a donde debe estar: a la respiración.
Sentarnos cómodamente con las piernas cruzadas, la espalda derecha y el torso ligeramente hacia atrás, colocamos las palmas de las manos hacia abajo sobre los muslos, cerca de las rodillas; empujamos la barbilla un poquito hacia adentro, pegamos la lengua suavemente contra el paladar y mantenemos los ojos entonados.
Si estamos sobre una silla, es necesario que nos sentemos sobre el borde delantero y colocar las plantas de los pies sobre el piso. Las manos hacia abajo sobre los muslos, enderezamos la columna, empujamos el torso hacia atrás, retraemos la barbilla, la lengua va a permanecer pegada contra el paladar y los ojos entornados.
Dejamos atrás todo recuerdo pasado y tampoco nos involucramos con especulaciones sobre el futuro, nada de eso nos interesa ahora; por el contrario, tanto el pasado como el futuro nos distanciarían de cada momento presente que es donde queremos estar.
Emprendemos la sesión desde una mente abierta a que cualquier cosa que pudiese surgir como experiencia, ya sea a nuestro alrededor o interiormente. Sabemos que cualquier cosa puede suceder, pueden surgir pensamientos, podemos experimentar sensaciones corporales o sentimientos que surgen de repente acompañados de toda una historia, porque todo cambia y cambia momento a momento.
Una vez más, mantenemos la atención en la respiración. Cuando el aire está entrando por la nariz, una consciente atención acompaña al aire que está entrando; cuando está saliendo, la atención consciente sale con el aire. Aire y atención consciente son “uno” en la inspiración y en la expiración. Una vez más, si, en algún momento nos damos cuenta de que la atención se ha escapado y anda tras un estímulo externo o interno, dejamos eso de lado y regresamos la atención a donde debe estar: a la respiración.
Que nuestra práctica sirva de beneficio para todos los seres sin excepción alguna.
10 minutos de práctica
2.
Las tres formas de sufrimiento
Ya estamos claros que, como dijo el Buda, toda su enseñanza gira alrededor del sufrimiento y sólo el sufrimiento.
El sufrimiento surge de tres maneras, sigue diciendo Ken McLeod, 1) a partir del dolor, 2) a partir del cambio y 3) a partir de la existencia misma.
El primer tipo de sufrimiento es el sufrimiento del dolor físico o emocional. Cuando nos enfrentamos al dolor físico, de manera reactiva tratamos de evitarlo, controlarlo o pararlo. Quemarse un dedo en la hornilla de la cocina es muy doloroso; inmediatamente ponemos el dedo bajo agua helada buscando que deje de doler.
C. Partiendo de los cuatro puntos iniciales a considerar:
- ¿Cuál es el problema?
- ¿Cuál es el origen del problema?
- ¿Hay una solución?
- ¿Cómo ponemos en práctica la solución?
y todo lo que han escuchado les pregunto ¿cómo enfrentarían por ejemplo un dolor físico como por ejemplo un fortísimo dolor de cabeza?
Participación
¿Cómo enfrentarían un dolor emocional, como por ejemplo el fallecimiento de un ser querido? Si eso es algo reciente, traten de ver qué es lo que les impide poner en práctica las recomendaciones del Buda que han escuchado, porque esta no es la primera vez que las escuchamos.
Participación
La segunda forma de sufrimiento es el sufrimiento del cambio. Cuando se da un cambio en nuestras vidas se desmantelan las estructuras internas y externas bien sea voluntariamente o por la fuerza de las circunstancias. Se acaba una relación, nuestros hijos parten para la universidad, asumimos un nuevo trabajo con nuevas responsabilidades.
Incluso cuando le damos la bienvenida al cambio porque este crea nuevas posibilidades, aun así, experimentamos cierto malestar a medida que se desploman las viejas estructuras. Al principio, el nuevo trabajo es excitante -más responsabilidades, más dinero, mejores oportunidades.
Al mismo tiempo, todo lo que nos era familiar se ha ido -es una nueva oficina, con nuevas personas, nuevas presiones, y nuevas expectativas que no estamos del todo seguros de poder complacer. El malestar que sentimos ante el cambio es el sufrimiento del cambio.
C. Ante todo lo que acabamos de escuchar me parece conveniente y muy provechoso aprovechar la oportunidad para detenernos un momento, mirar hacia dentro y preguntarnos ¿soy una persona abierta al cambio? Cuando este se presenta ¿cómo es mi forma habitual de actuar?
Participación
El tercer tipo de sufrimiento es el sufrimiento de la existencia misma. Pensamos que existimos y, sin embargo, si nos preguntamos ¿quién soy yo?, no encontramos respuesta más allá de los roles y funciones que desempeñamos en la vida. Nos sentimos vacíos internamente o separados de lo que experimentamos y reaccionamos con duda y temor.
C. ¿Creen haber experimentado este vacío interior del que habla Ken McLeod? ¿Se ha sentido vacíos alguna vez? Cuando ha sucedido, ¿podrían describir las características de la experiencia, lo que recuerdan de ella?
Participación
Incluso cuando todo está yendo bien en nuestras vidas, sigue diciendo Ken McLeod -cuando nos sentimos felices y satisfechos con nuestra familia y trabajo -una pequeña duda o temor sigue estando presente.
El sufrimiento de la existencia es la incomodidad que experimentamos a partir de nuestras dudas y temores con respecto a lo que somos o no. ¿Es esto lo que soy? ¿Es esto todo lo que hay en la vida? ¿Estoy en verdad totalmente solo?
C. ¿Se han hecho estas preguntas alguna vez? ¿Cuál ha sido su respuesta?
Participación
La primera noble verdad dice que el sufrimiento está presente en todo y nos invita a no ignorarlo ni evitarlo sino por el contrario, verlo, saber lo que es y comprender cómo surge.
Participación
3.
El origen del sufrimiento
La segunda visión o comprensión del Buda tiene que ver con el origen del sufrimiento. El sufrimiento proviene de la reactividad emocional. Toda experiencia es placentera, desagradable o neutral. Las tres reacciones emocionales fundamentales son atracción, aversión e indiferencia.
Atracción es la reacción emocional a lo que es placentero.
Aversión es la reacción a lo que es desagradable.
Indiferencia es la reacción a lo que es neutral.
Estas tres reacciones son llamadas los tres venenos porque envenenan nuestra experiencia de vida.
Supón que estás teniendo unos momentos estupendos en una fiesta, tanto así que desearías que siempre pudieses sentirte de este modo. Tu deseo de aferrarte a la sensación placentera es tal, que trastoca tu disfrute. La atracción ha envenenado tu experiencia de la fiesta.
Ahora supón que tienes hambre, pero no quieres comer lo único que hay porque no te gusta. La sensación de hambre crece en ti y te vas volviendo más y más irritable. La aversión ha envenenado tu experiencia de la comida.
Supón que tienes una tarde libre pero no puedes pensar en nada que te interese hacer. Te sientas en algún sitio aburrido y descontento. La indiferencia ha envenenado tu experiencia de paz.
En cada caso, la reacción emocional nos separa de lo que realmente estamos experimentando (compañía, alimento, paz), y nos conduce a “interpretar la experiencia” como negativa.
La negatividad no está en la experiencia misma sino en la forma en que reaccionamos a ella.
Si examinamos la experiencia del sufrimiento podremos ver que esta tiene dos componentes: el dolor y la reacción emocional al dolor. El dolor es lo que simplemente sucede. Dejamos caer un martillo sobre nuestro pie. Duele.
El sufrimiento consiste en una reacción emocional al dolor. Le gritamos al martillo, le reprochamos a nuestra esposa por haber dejado el martillo sobre la mesa a punto de caerse, o nos ponemos furiosos con nosotros mismos por no haber tenido cuidado.
Otro ejemplo es la ansiedad. Sentimos ansiedad ante la proximidad de la entrevista para un trabajo. Debido a que queremos quedar bien en la entrevista, no deseamos estar nerviosos y entonces comenzamos a sentirnos ansiosos por sentirnos ansiosos. El ciclo de reacción se nutre a sí mismo causando que la ansiedad y el temor aumenten rápidamente.
Las “reacciones” son patrones de emociones y comportamientos formados por “condicionamientos” que actúan automáticamente cuando son activados por eventos internos o externos.
Consisten en el resultado acumulativo de una compleja interacción entre emociones, comportamientos y percepciones. Las más significativas fuentes de condicionamientos incluyen las necesidades del cuerpo y la necesidad humana básica de amor, afecto y otras formas de atención. Podemos sumar a esto, historias familiares y valores, experiencias de niño y como adultos, e influencias sociales y culturales.
Los patrones reactivos también se desarrollan a partir de propensiones biológicas y rasgos evolucionarios como la respuesta de luchar o luchar. En el budismo, la formación de patrones y su papel en modelar lo que experimentamos es llamado karma.
Ken McLeod nos recomienda que pensemos en los patrones reactivos como mecanismos. Son preestablecidos por los condicionamientos y activados por eventos internos o externos y, una vez activados, continúan según lo que ha sido condicionado.
Tales mecanismos pueden parecer conscientes o sensibles, pero no son más sensibles que un programa de computación.
Participación
4.
El fin del sufrimiento
¿Es posible desconectarse de la reactividad? La tercera noble verdad es la poderosa respuesta de Shakyamuni: sí.
El Buda vio que la sensación de ser, de ser “yo”, es la base de la reactividad emocional, y que, “yo”, no existe como una entidad separada. En otras palabras, cuando el condicionamiento que subyace en la sensación de separación -la falsa dualidad de sujeto y objeto es desmantelada- entonces cesa el sufrimiento.
Nosotros NO podemos y NO hacemos que cese el dolor, pero SÍ podemos y ACABAMOS con el sufrimiento.
Le ponemos fin al sufrimiento...
“Dejando de identificarnos con lo que NO somos”, es decir:
Con un patrón que “interpreta” la experiencia
como separada y como otra,
y después “opera”
para “controlar o justificar”
“su propia existencia imaginada”.
Participación
5.
La atención
La atención es la habilidad para experimentar lo que surge SIN caer en reacciones condicionadas que causan sufrimiento. La atención siempre está presente como potencial, pero es incapaz de funcionar debido al condicionamiento.
La mayoría de nosotros hemos experimentado atención espontánea. Una persona te ataca verbalmente, pero en lugar de reaccionar a sus insultos, ves cuán brava y molesta está y respondes de manera apropiada, quizás simplemente preguntándole qué le está molestando tanto.
Tu respuesta los toma a ambos por sorpresa porque es diferente a la forma como usualmente reaccionarías.
Al darse cuenta del despertar del Buda, Mara, el demonio de la obsesión y su ejército representan patrones y condicionamientos. El Buda Shakyamuni permaneció en atención, sin distracción, sin ser perturbado por las tácticas y los ataques de Mara.
Su atención penetró a Mara y a su ejército de forma tal que pudo verlos y experimentarlos por lo que son: movimientos de la mente. Ellos se desmoronaron y dejaron de funcionar. Las cadenas de los condicionamientos se desvanecieron. Todo lo que quedó fue la mente original, consciencia prístina.
Cuando Mara, la sensación de ser “yo”, exigió una autoridad externa para probar la consciencia prístina y la experiencia directa, el Buda sabía que nada de eso era necesario de modo que simplemente tocó la tierra diciendo, en efecto, “Aquí está tu autoridad, esto es”.

Dedicación del mérito
Que todos los seres puedan tener felicidad y las causas de la felicidad
Que todos puedan alejarse del sufrimiento y de las causas del sufrimiento
Que nunca se separen de la sagrada felicidad que no conoce sufrimiento
Que abandonen el apego hacia unos y la aversión hacia otros
Y puedan realizar la igualdad de todo lo que vive.