6. KTCZoom
Despierta a tu vida
Descubre el camino budista de la atención.
Extractos del libro Wake up to your life de Ken McLeod
Martes 12 de marzo, 2024
Traducción, edición y Comentarios: María Mercedes Márquez
¡Tashi Delek para todos!
Muy buenas tardes. Me alegra encontrarnos de nuevo.
1.
Sesión inicial de meditación
C. Empezaremos con unos minutos de silencio para ayudarnos a ubicarnos aún más física y mentalmente aquí, donde estamos ahora. Yo también lo necesito. Nada mejor que terminar el día con una buena práctica de meditación. Personalmente experimento que esto me permite hacer un corte con todo lo que se vivió durante el día y comenzar fresca y descansada la noche que apenas comienza.
Estamos aquí, aprendiendo a “utilizar la atención” para “transformar nuestras mentes”. Estas técnicas psicológicas utilizadas en la meditación nos enseñan a trabajar la propia mente, no solo para que pueda estar más tranquila, sino para que, una vez trascendidas toda clase de negatividades y condicionamientos, podamos abrirle paso a la naturaleza inherente de la mente que es pura claridad y dicha permanente; esa clase de felicidad que surge de la riqueza interior y se expande hacia afuera convirtiendo en oro todo lo que toca.
Queremos ser seres que viven acompañados de una mente ubicada en el momento presente. Queremos lograr “presencia”, dejar atrás la forma de ser que nos ha acompañado a lo largo de todos estos años donde una mente confundida, dispersa, fragmentada y distraída ha sido la que ha guiado nuestras vidas.
Así que, en este caso de la meditación shámata, nos valemos de la atención para “recordar” que la mente debe estar en la respiración, ser “una” con la respiración. Estamos sentados aquí entrenándonos, pero lo que buscamos es poder llegar a aplicar lo que vamos aprendiendo a toda situación.
¿Y cómo logramos eso? Queriendo hacerlo; empeñándonos en estar ubicados en cada momento; estando atentos y conscientes de los pensamientos que surgen, de la forma en que decimos las cosas; de nuestras acciones. Esto nos muestra la importancia de la voluntad y el deseo de estar presentes.
Queremos y sabemos que podemos lograrlo. Ya hemos visto cambios muy positivos en nuestra forma de ver las cosas y eso, a su vez, nos ha llevado a pensar y actuar de manera más acertada. Queremos seguir por ese camino porque se trata de nuestro propio beneficio y del beneficio de todos que es lo que andamos buscando.
Sentados sobre la parte delantera de la silla colocamos las plantas de los pies sobre el piso. Ahora estiramos los brazos y colocamos las palmas de las manos hacia abajo sobre los muslos, cerca de las rodillas. Enderezamos la columna, empujamos el torso un poco hacia atrás, retraemos la barbilla, pegamos la lengua contra el paladar y mantenemos los ojos entornados.
Dejamos atrás todo recuerdo pasado y no nos involucramos con especulaciones sobre el futuro. Emprendemos la sesión desde una mente abierta a cualquier cosa que pudiese surgir como experiencia, ya sea a nuestro alrededor o interiormente. Sabemos que cualquier cosa puede suceder; pueden surgir pensamientos, podemos experimentar sensaciones corporales o sentimientos que surgen de repente acompañados de toda una historia; sabemos que todo cambia y cambia momento a momento.
Mantenemos la atención en la respiración.
Cuando el aire está entrando por la nariz, la atención enfocada permite que la consciencia se dé cuenta de que está entrando con el aire; cuando está saliendo, la atención enfocada permite que la consciencia se dé cuenta de que está saliendo con el aire. Aire, atención y consciencia son “uno” en la inspiración y en la expiración. Si, en algún momento nos damos cuenta de que la mente se ha distraído, abandonamos la distracción y la regresamos a la respiración.
Que nuestra práctica sirva de beneficio para todos los seres sin excepción alguna. 10 minutos de práctica
2.
La consciencia prístina
Cuando finalmente, gracias a la práctica constante permitamos que se manifieste la consciencia prístina, la “concientización” y la “experiencia” no estarán separados, por el contrario, serán “uno”, de modo que ya no habrá sensación de separación, de vacío interior, o de no estar completamente presentes.
Puede que no podamos afirmar exactamente qué somos o de qué trata la experiencia -debido al misterio mismo de la existencia- pero en el momento de la “presencia”, dejan de surgir preguntas acerca del origen, del significado, del valor y del propósito. Nosotros “sabemos”, y eso es.
La mayoría de nosotros hemos experimentado momentos de consciencia prístina. Estamos en una conversación con un amigo íntimo acerca de una tragedia, el tiempo se detiene y, sin embargo, la conversación continúa. Aun cuando puede que no recordemos lo que se dijo, la experiencia permanece con nosotros y se convierte en un recuerdo que atesoramos en medio de aquella tragedia. Puede que incluso haya despertado curiosidad en nosotros acerca del misterio que llamamos vida.
Nuestra intuición es correcta: no existimos en la forma que habitualmente creemos que lo hacemos; no sentimos como normalmente sentimos, y no percibimos como generalmente pensamos que lo hacemos.
Para la mayoría de nosotros, dice Ken McLeod, la experiencia de no existir como una entidad separada es aterradora, y, por otra parte, nuestra atención es demasiado débil como para mantenernos presentes en la experiencia y los patrones reactivos se forman precisamente para evitar que la experimentemos.
De modo que son estas reacciones condicionadas las que mantienen al mundo de las ilusiones, al mundo de sujeto y objeto que nos impide la experiencia directa de ser como realmente somos.
Se forman capas sobre capas de patrones reactivos para mantener la ilusión de que cada uno de nosotros es una entidad separada. “Sufrimiento” es el nombre que le damos a la “experiencia subjetiva” de toda esta reactividad emocional.
C. ¿Quedó claro este punto?
Es necesario entender claramente lo que es una experiencia subjetiva para poder entender lo que es sufrimiento. ¿Qué entienden por experiencia subjetiva?
Participación
El Buda Shakyamuni pudo afirmar de manera inequívoca que hay un fin para el sufrimiento porque el mismo desarrolló un altísimo nivel de atención, una atención que era como un diamante, y así pudo permanecer en el misterio de ser, en la experiencia de no existir como una entidad separada, y hacerlo sin temor y en completa claridad.
A ese nivel de atención, la experiencia de no existir como una entidad separada es conocida por lo que es y deja de ser la base del temor y la reactividad emocional.
El esfuerzo clave de la tercera noble verdad es la de llegar a este entendimiento, a esta comprensión de nosotros mismos.
Se acaba el sufrimiento cuando tenemos suficiente habilidad en la atención como para estar presentes en toda experiencia -incluso en la misma experiencia de no ser una entidad separada.
C. Aquí, una vez más, se pone en relevancia la importancia de la experiencia personal. Tal y como lo hemos comentado otras veces, podemos entender lo que leemos, podemos comprender lo que dice algún maestro cuando escuchamos sus charlas, pero hasta tanto no hagamos el experimento -por decirlo de alguna manera- hasta tanto no hagamos el experimento en nosotros mismos, no lograremos “saber” de qué se está hablando.
¿Y cómo lo hacemos?
Debemos entender claramente que lo que va a cambiar es el “objeto” de la atención, pero en el fondo se trata de lo mismo, de “ser uno” con lo que estemos haciendo, de que cuerpo y mente trabajen en equipo.
Fíjense bien. Si estamos, por ejemplo, apagando la computadora al final de la sesión, en ese caso, el “objeto” de la atención ya no es la respiración sino el botón de la computadora al que tenemos que presionar para apagarla.
De modo que la atención consciente y el gesto de la mano de presionar el botón “son uno” en el preciso momento en que eso está sucediendo. Estamos ahí, totalmente centrados en lo que estamos haciendo. No hay pensamientos, no hay distracción. Sólo existe ese instante de concientización.
Cuando estamos levantándonos al final de la sesión, la atención y la consciencia están ahí, haciendo posible que nos demos cuenta de todo lo que involucra ponernos de pie.
Si estamos colocando las manos sobre los brazos de la silla para levantarnos, la atención consciente está ahí, en ese esfuerzo puesto en las manos sobre los brazos de la silla para levantarnos, siendo “uno” con lo que está sucediendo. ¿Lo pueden ver claramente?
Es conveniente recordar estar en la respiración cuando la mente se encuentra completamente dispersa, fragmentada o confundida; en esos casos, volver a la respiración nos ayuda a “aterrizar” en el lugar donde estamos y en la actividad que estamos llevando a cabo, pero, una vez que hemos vuelto a centrar la atención en el momento presente, “la concientización y la experiencia son uno”. Lo hemos logrado.
Participación
3.
El camino
En la cuarta noble verdad somos introducidos al camino, la forma de vida que conduce a la liberación del sufrimiento y de los patrones reactivos que lo generan.
C. Recuerden lo que dice una línea de la oración al final de las sesiones con la que dedicamos el mérito, “que todos puedan liberarse del sufrimiento y de las causas del sufrimiento”. No es tan sólo desear que todos los seres se liberen de sus sufrimientos, sino que puedan llegar a identificar sus causas y erradicarlas, porque, de lo contrario, seguirán sufriendo, sería tan solo una liberación temporal.
Los patrones reactivos han estado bien establecidos desde hace mucho tiempo, comenta Ken McLeod. La mayor parte de la vida es producto de su operación. Para desmantelar estos patrones debemos desmenuzar nuestras vidas. La atención funciona para desmantelar los patrones en la misma forma en que el sol derrite el hielo. La directa energía de la atención disuelve la estructura de los patrones liberando la energía que yace bloqueada en ellos. Experimentamos la liberación de la energía como “concientización” y “presencia”.
Para cultivar y aplicar la atención, recorremos el camino óctuple:
1, la correcta forma de hablar,
2, la acción correcta,
3, la correcta forma de vida,
4, el esfuerzo correcto,
5, la concientización correcta,
6, la atención correcta,
7, la visión correcta y
8, la correcta cognición.
¿Cómo, por ejemplo, practicamos la correcta forma de hablar?, nos pregunta Ken McLeod. Una correcta forma de hablar no significa ni implica “decir lo correcto”, porque las ideas acerca de “lo correcto” usualmente provienen de condicionamientos. Como maestro, dice, él contesta muchas preguntas de los estudiantes acerca de diferentes aspectos de la práctica y podría fácilmente caer en el hábito de proporcionarles respuestas preestablecidas, respuestas preparadas.
Sin embargo, si les doy respuestas preestablecidas, estaré operando a partir de la “costumbre”, no de la “presencia”. No estaría realmente prestando atención al estudiante, a cómo él o ella está haciendo la pregunta, o cómo ha surgido la pregunta en el contexto de la práctica del estudiante. Una respuesta predeterminada o preestablecida no constituye la práctica de la forma correcta de hablar, aun cuando pudiese ser “correcta en un sentido técnico”.
Participación
Para cultivar la forma correcta de hablar, escúchate mientras hablas de modo que puedas oír, con tus propios oídos, exactamente lo que dices y cómo lo dices.
Cuando escucho mi voz a medida que respondo una pregunta de algún estudiante, dice Ken McLeod, inmediatamente tomo consciencia de si estoy cayendo en una respuesta prefabricada. Puedo notar que, cuando lo hago, el tono de mi voz es más plano y menos animado que de costumbre.
Cuando regreso a la atención, lo que digo sale de manera diferente. Aun cuando las palabras pudiesen ser las mismas, la atención está operando a medida que voy hablando, desmantela el impulso de dar una respuesta automática, acaba con la inquietud de ser visto como el erudito maestro y también con cualquier resistencia a estar presente con el estudiante.
A medida que hacemos este esfuerzo una y otra vez encontraremos que hablamos de manera diferente: que hablamos desde la atención. La práctica de la correcta forma de hablar consiste en hacerlo desde la atención.
Para recorrer el óctuple sendero hacemos el mismo esfuerzo en cada una de las ocho áreas. Además de traer la atención a cómo hablamos, también lo hacemos a cómo actuamos y nos comportamos, a cómo nos ganamos la vida, a la forma como enrumbamos nuestros esfuerzos en la práctica y en la vida, a cómo practicamos mantenernos atentos y conscientes y cómo vemos el mundo y pensamos.
En el contexto del camino óctuple, correcto no quiere decir correcto como opuesto a incorrecto o equivocado. El camino no es una prescripción para comportarse que es designada como “correcta” por alguna autoridad. En términos del camino óctuple, una acción es correcta, cuando la acción proviene de la atención y la presencia en vez de hacerlo como reacción.
El camino budista es el camino de la atención. La atención es cultivada a través de la meditación. A medida que la atención rompe con nuestros patrones habituales de “percepción” y “reacción”, la sabiduría de la mente original es progresivamente desvelada. La sabiduría se expresa a sí misma en moralidad, en cómo vivimos nuestras vidas. Participación

Dedicación del mérito
Que todos los seres puedan tener felicidad y las causas de la felicidad
Que todos puedan alejarse del sufrimiento y de las causas del sufrimiento
Que nunca se separen de la sagrada felicidad que no conoce sufrimiento
Que abandonen el apego hacia unos y la aversión hacia otros
Y puedan realizar la igualdad de todo lo que vive.